lunes, 11 noviembre, 2019
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En este verano todas las miradas estarán repartidas por varios rincones del planeta fútbol. Tendremos el Mundial Femenino de Mayores, la Copa América, la Copa Oro, el Mundial Sub 20 masculino, la Copa Africana de Naciones, la Nations League… En fin, será imposible aburrirse.

Pero existe otra competencia, alejada del entramado mediático, que viene tocando la puerta desde hace algunos años. En ella, el balompié parece ser otro ingrediente de un receta muy particular. Este torneo se llevará a cabo en un lugar especial.

 

 

Con la vista puesta en Artsakh

En agosto pasado, la CONIFA (Confederación de Asociaciones de Fútbol Independientes) anunciaba que la edición de su Copa Europea 2019 -la tercera en total-, sería realizada en Artsakh. La CONIFA es una confederación internacional sin fines de lucro para equipos que no forman parte del universo FIFA. Entre sus miembros, 57 tras la aceptación reciente del Pueblo Mapuche, se incluyen estados no reconocidos, regiones de facto, territorios aislados y grupos minoritarios que representan a más de 300 millones de personas en todo el mundo.

 

Vamos al asunto. Artsakh es una conflictiva región que técnicamente pertenece a Azerbaiyán, pero que se encuentra controlada de facto por un régimen separatista. Para esta edición del torneo europeo se va a utilizar el nombre más antiguo y usado para designar a la décima provincia del antiguo reina de Armenia y no el más empleado, el cuál es Nagorno-Karabaj. Su historia es bastante larga y complicada, comenzando cuando los armenios que se encontraban en Nagorno-Karabaj aprobaron la creación de un estado independiente, cosa que no gustó a Moscú y Bakú.

No se logró llegar a un acuerdo satisfactorio para las partes y estalló la guerra entre el gobierno azerí y los independentistas de la región. Poco más que agregar. En 1994 se dio el alto al fuego y se ha mantenido una especie de tensa calma entre las zonas involucradas. Artsakh obtuvo la independencia de facto después del final de la Guerra en 1994, un conflicto que también involucró a Armenia y Azerbaiyán. Este territorio sigue sin ser reconocido por la comunidad internacional.

Inicialmente, 12 equipos participarían en el torneo, pero por distintas razones Cerdeña, Condado de Niza y las regiones de Donetsk PR y Luhansk PR terminaron saliéndose de la Copa y la organización decidió seguir con sólo ocho seleccionados.

Las expectativas son altas, sobre todo viendo la repercusión que se tuvo con la Copa Mundial de la CONIFA del año pasado. Ese torneo, celebrado en Londres en junio, contó con un interés sin precedentes de los aficionados, los medios y fue muy seguido en redes sociales. Inclusive más de 3.000 personas presenciaron la final, que vio a Karpatalya vencer a Chipre del Norte en penaltis.

Los torneos que ellos organizan solo quieren dar una oportunidad a las selecciones no oficiales en un mundo totalmente controlado por FIFA. Para muestra está el caso de Gibraltar. La selección del peñón participó durante años en campeonatos independientes antes de ser reconocida por la UEFA y FIFA. Algo similar a lo que ha pasado con Kosovo.

Un campeonato que puso los cimientos para ello fue organizado por el club alemán Sankt Pauli en plena víspera del Mundial de Alemania 2006, llamado FIFI Wild Cup. El mismo se jugó en Hamburgo y congregó a la misma Gibraltar, Groenlandia, el futuro campeón República Turca del Norte de Chipre, Tíbet, Zanzíbar y el mismo Sankt Pauli, que por aquel entonces disputaba la Tercera División germana.

 

 

Inicio con mucha historia

El 2 de junio la pelota comenzará a correr en Artsakh. Un Padania-País Székely que, aunque no abrirá el torneo como tal, posee tintes históricos variopintos. Padania es el término que designa a la región que ocupa gran parte del norte de Italia. Tiene una de las mejores selecciones “Non-FIFA” del mundo, quedando campeón en tres ocasiones en la Copa Mundial VIVA, y dos veces en la misma Copa Europa de Fútbol de CONIFA.

La VIVA World Cup era un torneo auspiciado por la ya desaparecida NF-Board, la organización que antecedió a la CONIFA en la tarea de agrupar a las selecciones fuera del rango FIFA.

Generalmente utilizan jugadores de la Serie D y de la Quinta División italiana. Una de sus máximas figuras en los últimos años ha sido Enock Barwuah, hermano del delantero del Olympique de Marsella, Mario Balotelli. Enock siguió con sus padres mientras que Mario fue adoptado por la familia Balotelli. También el popular delantero Maurizio Ganz –cuyos mejores años los pasó en Atalanta e Inter de Milán- llegó a disputar 11 partidos con los padanos. Esta es una región particular por donde se la vea: en los 90′ tuvo un referéndum consultivo que resultó con la aprobación de más del 97% de los votantes para solicitar una independencia del resto de Italia. Incluso celebraron un día de proclamación de la República y todo. Su movimiento nacionalista, conducido por el partido Lega Norte, es de gran relevancia.

Pues bien, la historia del llamado País Sículo, o Székely Land, no es menos peculiar. El papel de esta minoría magiar en Rumanía, de hecho, siempre ha complicado las relaciones entre los dos estados al estar Transilvania habitado por poblaciones de esta etnia. Sus habitantes, tras la Primera Guerra Mundial, trataron de crear, sin éxito, una comunidad independiente. Tienen sus propias costumbres y dialecto y usan el deporte para revindicar su identidad, aunque en la actualidad están plenamente reconocidos en el sistema político rumano.

Su equipo está integrado por jugadores provenientes, cómo no, de las ligas rumana y húngara, e incluso del fútbol sala. Un antecedente notable entre ambos combinados se dio en marzo de 2016. La CONIFA anunció que Padania había sido expulsado del torneo debido a irregularidades de procedimiento, siendo reemplazado por el País Székely. Sin embargo, tres semanas antes del comienzo del torneo se anunció que Padania había sido reintegrado, tomando el lugar del equipo de Pueblo Gitano, que se había visto obligado a retirarse debido a dificultades con sus documentación.

 

 

Hora de hablar de los otros equipos

La selección de Nagorno-Karabaj, o Artsakh como lo llaman los armenios, hizo su debut internacional en 2012, cuando jugó dos amistosos contra Abjasia. Empató 1-1 en Sujumi, la capital abjasia, y al mes siguiente ganó 3-0 de local en Stepanakert, la casa de la selección y también del Lernayin Artsakh FC de esa ciudad capital. Hace quince años fue completamente renovado, su capacidad aumentada y rebautizado nuevamente. Será uno de los cuatro recintos sedes del torneo, junto a Martuni, Askeran y Martakert.

Pero el camino del equipo nacional no es sencillo. Cuando se dio a conocer su participación en la CONIFA World Football Cup 2014, la federación azerí (AFFA) le escribió una carta de protesta a la FIFA. La AFFA, que al igual que el país, no reconoce a Nagorno-Karabaj como una República y la considera como parte de su territorio, también envió cartas a la federación sueca, país sede del torneo, y a la misma CONIFA. No obstante, al no tratarse de un torneo organizado por la FIFA, la AFFA no pudo ni puede impedir la participación.

Hablando de Abjasia, esta es una selección que representa a una región de facto al que apenas reconocen cuatro estados: Rusia, Nicaragua, Venezuela y Nauru. Declararon su soberanía en 1990 y Rusia la registró por primera vez en 2008. Georgia todavía considera que Abjasia es parte de su territorio. Vaya lío. La confrontación entre Abjasia y Georgia viene derivada de la caída de la URSS, cuando la región temió perder su autonomía y combatió contra el ejército georgiano. Esto acabó derivando en una persecución contra el pueblo abjasio.

El equipo tiene algunos elementos con experiencia en la liga local y en diferentes divisiones del fútbol ruso, con el veterano defensor Anri Khagush (que disputó la Champions League con el BATE Borisov y que esta campaña fue parte importante de la histórica clasificación a la Europa League de Arsenal Tula) como nombre destacado en los últimos torneos. Caso similar al de Ossetia del Sur, un disputado territorio ubicado al sur del Cáucaso, ocupando una parte del norte de Georgia y que es reconocida apenas por cinco países. Los problemas abundan por estos lados y el fútbol no escapa de ello.

El equipo de Armenia Occidental representa a la población armenia que está repartida por todo el mundo, pues el territorio que reclaman actualmente pertenece al este de Turquía, país en el que los armenios sufrieron persecuciones a lo largo del siglo pasado. Tienen varios jugadores de la Primera División de Armenia, Kazajstán y Eslovaquia, amén de algunos jóvenes con experiencia en divisiones inferiores en Suiza y Francia. Están entrenados por Harutyun Vardanyan, en su momento internacional armenio y con casi 20 años de carrera como jugador profesional.

Más al norte nos encontramos al Sápmi, equipo que representa a la comunidad que habita zonas del norte de Noruega, Suecia, Finlandia y la península rusa de Kola, donde suman más de 80.000 habitantes. Laponia es uno de los mejores equipos no reconocidos del mundo. En su nómina resaltan varios jugadores con experiencia en ligas nórdicas, y el seleccionado siempre recuerda con orgullo que internacionales noruegos como Morten Gamst Pedersen, Tom Hogli o Sigurd Rushfeldt vistieron su camiseta. En su palmarés figura el título ganado en la Copa Mundial VIVA de 2006 tras vencer a Mónaco… 21-1.

Culminamos con Chameria, conocida como Çamëria en albanés y Τσαμουριά en griego. Es un territorio que comprende el extremo sur albanés y el noroeste de Grecia. Es una región histórica de la península de los Balcanes.
Junio se hace esperar. La CONIFA representa un vínculo entre regiones que han sido objeto de ataques y menosprecios a lo largo de la historia. El objetivo siempre será darles un espacio en el deporte más popular del mundo. Veremos qué sorpresa nos deparan en Artsakh.

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Juan Zavala
Venezolano del 96. Literatura, geopolítica y deportes. Contando aquellas historias que tanto nos apasionan desde otro punto de vista.

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