martes, 13 agosto, 2019
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“Las más grandes y más poderosas revoluciones comienzan a menudo muy silenciosamente, ocultas en las sombras”. Mucha razón tenía la escritora Richelle Mead al redactar estas palabras. Una revolución es una catarsis, el culmen perfecto que durante toda la Historia ha pedido un pueblo.

Muchas han sido las revoluciones que han cambiado naciones, pero todos estos incendios han tenido una pequeña chispa, muy desconocida para muchos. Toda Francia se armó para la guerra con el asalto a una cárcel; tirar un cargamento de té al mar fue el detonante en Estados Unidos; una huelga textil levantó a las masas en Rusia.

En Portugal, aunque resulte inverosímil, la chispa fue un partido de fútbol. No le faltaba razón a Nelson Mandela cuando citó aquella famosa frase de “el deporte puede transformar el mundo”. En la nación lusa, una final copera fue el desencadenante de la conocida Revolución de los Claveles. Quién le diría a una leyenda del balompié como Eusébio que uno de sus goles cambió por completo aun país.

 

 

 

Un país al borde del colapso

Pongamos al lector en situación. Corría el año 1969 en Portugal. En aquel entonces, una férrea dictadura disfrazada de República dominaba el país. El gobierno luso se regía por los ideales de António de Oliveira Salazar, que había fallecido un año antes. Había una crisis total en el país ibérico: en lo social, con un pueblo completamente amordazado; en lo político, con revueltas en sus tres colonias (Angola, Mozambique y Guinea-Bissau) y en lo económico, pues tres territorios en África no se mantenían solos.

Ese era el clima había en la ciudad de Coimbra y es aquí donde entra tanto su Universidad como su equipo de fútbol, en aquel momento formado exclusivamente por sus estudiantes. El Académica se había fundado en 1887 y había visto sus años de gloria a principios del siglo pasado. En la década de los 60′ estaba ya asentado en la máxima categoría del fútbol portugués.

Sin embargo, los éxitos del Académica no servían para aliviar los ánimos de la Universidad. El sector estudiantil era sin duda el más exigente con el régimen, algo que desde Lisboa se sabía. Fue entonces cuando el gobierno decidió actuar. El militar Américo Tomás, presidente de la República, junto a su primer ministro, Marcello Caetano, se reunieron para abordar la llamada “Crisis Estudiantil”. Caetano, que antes de iniciar su carrera política había sido profesor universitario, llegó a la concusión de que el gobierno debía implicarse más en el día a día de los jóvenes y daba así inicio a la llamada “Primavera Marcelista. Su primera decisión: hacer que su Presidente vaya, efectivamente, a la Universidad de Coimbra.

El pretexto era perfecto. Se acababa de construir el edificio que albergaría a la Facultad de Matemáticas y Américo Tomás sería quien inaugurara el centro. Todo el colectivo se escandalizó y se puso en marcha para boicotear el acto, que tendría lugar el 17 de abril. Un amplio dispositivo policial alejó al Presidente de los jóvenes, pero no pudo evitar las protestas, las pancartas y los abucheos.

Ya dentro de la sala, Américo Tomás inicia el acto con un discurso solemne. Había un silencio sepulcral hasta que el presidente de Académica se levanta y decide entrar en los anales de la historia. Alberto Martins se llamaba, y sus palabras aún se recuerdan en los pasillos de las facultades:

“Disculpe, Señor Presidente. ¿Me da usted su permiso para hablar en nombre de todos los estudiantes de esta Universidad?”

El silencio que siguió a estas palabras fue aún más incómodo. La sala de la facultad se encontraba expectante a la reacción de Américo Tomás. Por primera vez desde que el régimen del “Estado Novo” diera comienzo, un civil interrumpía al Presidente en discurso oficial. Tras unos minutos de angustia, se daba el acto por finalizado de manera abrupta y Alberto Martins es detenido en su Universidad, delante de sus compañeros y amigos.

Alberto Martins interrumpe el discurso del Presidente

Lo que siguió después lo podría narrar un cronista de guerra. Objetos volando, el presidente siendo escoltado por miembros del Ejército, cargas policiales en las afueras de la facultad…un caos que el Régimen fue incapaz de controlar.

Tras la detención de Martins, el consejo universitario, en reunión de emergencia, se declararía de “luto oficial” hasta la liberación de los suyos. Mientras, en Lisboa, temiendo un levantamiento en Coimbra, se tomó una decisión drástica. El 1 de mayo el Régimen suspende todas clases hasta el comienzo de los exámenes (programados para el 2 de junio) y ordena cerrar todas las facultades.

Los universitarios se tomaron la noticia como un acto de guerra y días después se declaran oficialmente en rebeldía. En una Asamblea Extraordinaria y con más de 6000 votos favorables, el colectivo se niega a presentarse a los exámenes. No había miedo ninguno a las consecuencias, era una decisión irreversible.

Américo Tomás y Marcello Caetano siguieron con el pulso. Ante los rumores de una manifestación masiva el 2 de junio, enviaron a Coimbra a los CNR, un grupo militar para tomar el mando de la ciudad. Aunque parezca surrealista, se estaban viviendo días más acordes al nazismo que a una democracia. Se decretó el toque de queda, se prohibió el derecho de reunión y los militares tomaron todas las plazas y calles más transitadas para evitar cualquier indicio de protesta.

 

 

 

La Taça de Portugal, oportunidad para extender la revolución

A estas alturas, el lector se preguntará qué tiene que ver un balón en toda esta historia. Pues tiene todo que ver. El Académica, pese a todo el clima de tensión, rebelión y violencia que imperaba en la Universidad, había seguido a lo suyo: jugar a fútbol. Y así, sin hacer ruido, en las sombras, el equipo se había plantado en las semifinales de la Taça, la Copa de Portugal.

El desafío no era nada fácil. El cuadro universitario tenía que viajar a la boca del lobo, a Lisboa. Su rival: el Sporting de Portugal y el escenario, el José Alvalade. Ante las pocas posibilidades que a priori tenía el Académica, la directiva del equipo decidió que el choque se recuerde por otro motivo. La Federación Portuguesa de Fútbol (FPF) no se llegó a comunicar con el equipo. No prohibió ningún gesto, ninguna manifestación. Absolutamente nada.

Y fue ahí, en la capital, en la sede del Régimen, donde el Académica salta a jugar con su indumentaria completamente blanca. Eso sí, con un pequeño detalle. Todos los jugadores y también el cuerpo técnico lucieron brazaletes negros. El luto universitario se extendía al campo. El palco de honor del Alvalade no podía dar crédito a lo que sucedía en el verde. No por el hecho de los brazaletes, sino porque parecía que estos daban una fuerza especial a los universitarios. Como Popeye con las espinacas, los jugadores se lanzaron a por todas y se llevaron el partido. Fernando Peres había adelantado al Académica, mientras que José Morais ponía las tablas para el Sporting. Pero a cinco minutos para el final, un español, Nené Ortiz, hacía el 1-2 y ponía patas arriba la capital.

El choque de vuelta fue sencillamente histórico. Coimbra fue una auténtica caldera el partido de vuelta. El 14 de junio, ni toda la policía del mundo hubiera podido evitar. Mientras el partido se jugaba, los estudiantes repartían balones por toda la ciudad balones con citas revolucionarias. Decenas de pancartas se colaron en el estadio que rezaban frases como “Educación real YA”, “Enseñanza Democrática” o “Venceremos” alentaron a los suyos.

Pancartas en contra del Régimen durante el Acádemica-Sporting

Y claro, si ya en el terreno enemigo el Académica fue capaz de vencer, ahora con los suyos apoyando la historia no iba a cambiar. Otra vez el equipo dio la sorpresa y nuevamente se impuso por la mínima (1-0), gracias a un solitario gol de Manuel António.

Aquella gesta ya no se pudo ocultar. La revolución de Coimbra llegó a toda Portugal y el pueblo luso quedaba asombrado con unos alumnos que, sin miedo, se enfrentaban al Régimen salazarista a través del fútbol. Eso sí, llegaba la final y eso conllevaba volver a Lisboa. El lugar, el Estadio Nacional do Jamor. El rival, el que se decía que era el equipo del Presidente: el Benfica de Eusébio.

Bajo ningún concepto, el Gobierno podía permitir que Académica ganara esa final. La revolución podría extenderse a todo el país. Se convocó en Lisboa una reunión de emergencia. Muy poco se sabe de lo que ocurrió en el despacho presidencial del Palacio de São Bento. Lo que si se filtró fue la famosa frase de uno de los asistentes, cuya fuente no quiso desvelar su identidad:

“Hay que obligar al Sporting a presentarse a la final. Quién sabe si el Académica decide no presentarse”

Nunca se sabrá que plan tenía el Régimen para boicotear a los estudiantes. Lo único que se puede asegurar al 100% es que el Sporting de Portugal se presentó en Jamor, pero el Académica también lo hizo y no hubo ningún atisbo de dudas. Fue entonces cuando el Régimen activó el plan de emergencia.

Para evitar cualquier señal de revolución o levantamiento, Marcelo Caetano tomó tres medidas:

  1. Se prohibió a la Televisión Nacional de Portugal (RTP) retransmitir el partido. Si el Académica daba la campanada, sólo lo verían los espectadores.
  2. Todos los cargos políticos (incluido el Presidente) y militares se “negaron amablemente” a asistir al partido. El palco de honor de Jamor estuvo vacío.
  3. No habría brazaletes negros, ni símbolos negros en el Académica. Como el Régimen no quería prohibirlo expresamente, directamente obligó al equipo a jugar enteramente de negro, para evitar lo que pasó en semifinales. Se sabía que si permitían a los estudiantes vestir del blanco, las decoraciones de luto volverían a resaltar.

Pero ya era demasiado tarde. Los estudiantes y habitantes de Coimbra acudieron en masa a Lisboa y llenaron Jamor. Cientos de universitarios se quedaron en los aledaños del estadio repartiendo propaganda y flores a los ciudadanos de uno y otro equipo. Acorde con los datos del colectivo, más de 35000 folletos fueron entregados en la tarde del 22 de junio. Si podemos dar veracidad al testimonio de los estudiantes, los aficionados del Benfica querían que ganara su equipo, pero “sería una derrota muy dulce y sabrosa si Académica ganase”.

Las pancartas de protesta también se colaron en Jamor, escenario de la final

Para mayor inri, el Académica encontró la forma de saltar al terreno de juego de luto. De manera improvisada, todos los jugadores llevaron capas negras como si de la Guardia de la Noche de George R.R. Martin se tratara. Con la ley en la mano, los estudiantes no habían realizado nada punible y volvieron a sacar los colores al Régimen.

Hasta cinco años después del partido no se pudo ver un pequeño resumen de lo que ocurrió en el campo. RTP tenía prohibido “retransmitir en directo” todo lo que sucediera dentro del estadio, pero aprovecharon un vacío legal. No se podía retransmitir, pero sí grabar. En un acto de valentía periodística, la televisión nacional pudo filmar y publicar, ya después de la caída del Régimen en 1974, un pequeño resumen de dos minutos.

Tras 80 minutos de igualdad y miedo entre ambos conjuntos, la revolución casi llega a suceder. A nueve del final, Manuel António controló con el pecho un centro al área y fusilaba con la derecha la portería de Viegas. El éxtasis llegó a las gradas de Amor. Una alegría que sólo duraría cuatro minutos. En el rechace de un libre directo, António Simões empataba y mandaba la final a la prórroga.

El tiempo extra es donde aparecen los genios y pese a la voluntad del Académica, el mayor de ellos estaba en el Benfica. Con un centro lateral y una mala salida del portero, Eusébio escribía su nombre una vez más en la historia del fútbol portugués con un cabezazo y daba la Taça al equipo encarnado. Lágrimas de impotencia inundaron a los estudiantes, tanto en el campo como en las gradas. Tanto esfuerzo para morir ahogados en la orilla.

Sin embargo y aunque no levantaran el título, Académica no perdió la final. La semilla estaba plantada. Toda Portugal sabía lo que había pasado en Coimbra. El pueblo estaba con los héroes de Jamor. Aquella gesta de los universitarios hizo que tanto el Ministro de Educación como el de Deportes dimitieran de sus cargos. Aunque el Régimen hizo todo por volver a ganarse el corazón de los estudiantes, ellos siguieron con su rebelión y Caetano tomó medidas drásticas. Muchos de los artífices de aquel levantamiento fueron obligados a prestar servicio militar en las colonias y los que iniciaron el nuevo curso en Coimbra replicaron con más y más protestas. Más y más manifestaciones.

Así, de esta manera, unos estudiantes, un equipo de fútbol y una final fueron el detonante una Revolución Social que llegaría a su cima en 1974, con unos claveles y la caída del Régimen. 50 años después de la llamada “Crisis Estudiantil”, el Académica de Coimbra milita en la Segunda División de Portugal. Sin embargo, todos las encuestas y datos que maneja la FPF confirman que es el cuarto equipo con más seguidores de todo el país, sólo por detrás de Benfica, Porto y Sporting. ¿Por qué será?

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Nehemías Dorta
21. Nací con una pluma en la mano y un balón bajo el brazo. Analista y especialista en fútbol portugués.

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