lunes, 11 noviembre, 2019
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La historia del Sporting Club de Bastia es de esas protagonizadas por héroes locales y hazañas sorpresivas. Esta es la historia de un club que ha sido traicionado por sus directivos, que ha conocido Europa, que ganó títulos y que hoy en día disputa una pelea por volver a ser lo que fue. Es la historia de un club representativo de su lugar y de su identidad que ha luchado para hacer resonar su nombre a lo largo y lo ancho del continente.

 

 

La Testa di Moru en el pecho, las siglas SECB inscriptas encima del escudo. Jean François Larios poco pudo haber imaginado de lo que estaba por venir. Con un gol suyo, de esos que quedan vivos en la memoria de aquellos que vivieron para verlo, un pequeño club de la isla de Córcega asaltaba el Stadio Comunale de Torino ante más de 60.000 personas. Parecía impensado estar viviendo aquello en ese momento. Impensado era que después de tan poco tiempo en el profesionalismo un club de ese tamaño pudiera estar haciendo lo que hacía en semejante escenario. Mucho río tuvo que correr para llegar a ese punto, un río cargado de gloria y crecimiento que derivó en una de las historias más mágicas del fútbol francés y europeo.

Fundado en 1905 por Hans Ruesch, un profesor suizo de la escuela pública de Bastia que durante la primer década del Siglo XX se encontraba en la isla de Córcega, el Sporting nació en un principio como un club multideportivo. Era el deseo de el señor Ruesch que el club sirviera como lugar de esparcimiento y socialización de la juventud mientras realizaban actividades deportivas como el ciclismo, el atletismo y el boxeo, las más populares en la época. Fue durante aquellos años que el fútbol, un deporte relativamente nuevo para los locales, comenzó a llamar la atención de los más jóvenes y rápidamente se convirtió en el deporte principal de la isla.

El club comenzó a disputar sus primeros partidos en la plaza de San Nicolás situada en plena zona portuaria, en el mismo lugar del que, a metros de distancia, se sitúa aún hoy aquella mesa del Café des Palmiers donde Ruesch y compañía decidieron la creación del club.

El Sporting pasaría a disputar partidos y torneos amistosos con otros clubes de la zona y algunos del continente francés mientras el deporte ganaba adeptos y la población se acostumbraba a ver a once muchachos dar patadas a una pelota. Esos fueron los comienzos del deporte en Córcega, momentos en los que el fútbol se iba haciendo un hueco en las pasiones de la gente y ganando popularidad en la isla hasta que la Primer Guerra Mundial desató el horror que no sólo se llevó un enorme número de vidas y de familias destrozadas, sino que también apartó a la gente del fútbol.

Una vez finalizada la guerra, el deporte retomó su rumbo al igual que el resto de los ámbitos de la vida. Al particular avance del deporte en Córcega ayudaron, por un lado, la fundación de los otros principales clubes históricos de la isla como el Athletic Club Ajaccien y el Gazélec Football Club Ajaccio en 1910, más la aparición de el Étoile Filante Bastiaise y el Círculo Atlético de Bastía, fundados ambos en 1920.

Fueron estos clubes los que comenzaron a disputar cada vez más competitivamente los encuentros contra el Sporting, peleando por la soberanía de la isla. Por otro lado, e impulsado también por la llegada de esos nuevos clubes al espectro local, fue la creación de la Liga de Fútbol Asociación de Córcega en 1921 la que terminó de sentar las bases competitivas y organizadas para que la verdadera historia del fútbol corso diera inicio y la discusión sobre quién era el mejor equipo tuviera por fin un sustento oficial.

Tras ganar siete ligas y cinco copas entre 1922 y 1931, en diciembre de 1930 ocurrió un primer hecho que catapultó al club a nuevos horizontes. Habiendo jugado primeramente en la plaza en la que había sido fundado y luego en otros estadios temporales, Pierre Luciani, miembro fundador del club allá por 1905, tomó las riendas del SC Bastia y se encomendó realizar una tarea que era necesaria para mantener el ritmo que el deporte llevaba a lo largo del continente. Con clubes a lo largo del país y de Europa construyendo nuevos estadios e infraestructura, el SC Bastia no quiso ser menos y entendía que tal paso era necesario para seguir en la senda de crecimiento en la que se encontraba.

Durante su primer año de mandato se decidió hacer uso de un terreno que era propiedad de un grupo de directivos del club llamado Campaleone, que había sido adquirido en 1926. Aquel lugar fue destinado a albergar la nueva casa del club, cuya construcción comenzó el 4 de febrero de 1931 y finalizó al año siguiente. Con aquella brillante novedad en términos de infraestructura, el club se mantuvo en la cima participando en su nueva casa en la liga y en la también en la Copa de Córcega con él nuevo doblete conseguido en el curso 1934/1935. Durante la temporada 36/37, el estadio tomó su nombre actual debido al trágico fallecimiento del capitán y símbolo del club de aquella época, Armand Cesari, que contaba con once títulos con la camiseta azul y una carrera de catorce años en el club de su vida.

El segundo gran paso que dio el club fue hacia el profesionalismo, algo impulsado por el que quizás sea el presidente más importante de su historia, Victor Lorenzi. Habiendo ganado todo a nivel local, con catorce ligas y once copas acumulándose en sus vitrinas, los límites del Bastia y de Lorenzi habían encontrado su techo y era necesario un salto al siguiente nivel. Es por eso que en 1958 el club solicitó la entrada al Campeonato de Francia Amateur, la tercera divisional en la pirámide y la última categoría profesional que servía de competencia para equipos de todo el territorio nacional. El club consiguió revocar la negativa inicial de la Federación Francesa de Fútbol y en la temporada 58/59 se convirtió en equipo del CFA al vencer nuevamente en la liga local y ganarse la condición de equipo ascendido.

Luego seis cursos que incluyeron un descenso y un ascenso, el Sporting abandona nuevamente la tercera categoría pero en esta ocasión para ir hacia arriba, a las luces más brillantes de la Segunda División en la primera parte de un ascenso meteórico que solo estaba por comenzar. Al igual que en su anterior ascenso al CFA, la promoción del Sporting requirió de una nueva reunión ante un pedido del Presidente Florenzi de acceder al profesionalismo tomando la plaza vacante que existía, acción que el AC Ajaccio repetiría tiempo después ante la aparición de varios clubes en bancarrota.

Así comienza entonces su andadura en el profesionalismo, manteniendo el pasado exitoso que llevó al club a reinar la isla de Córcega durante los años 20′ y 30′ y desterrando cualquier miedo y duda que podría haber existido ante aquel salto a lo desconocido de la competencia nacional. El Sporting estaba hecho de una madera apta para la competencia nacional y, poco después, demostraría su aptitud para competir a nivel profesional. Como para sumar a semejante momento histórico del club, el 31 de mayo de 1963 el Sporting Club de Bastia acordó realizar una fusión con el Étoile Filante Bastiaise, club vecino con el que protagonizaron los inicios del fútbol organizado en la isla, formando de esta forma el Sporting Etoile Club Bastiais.

Ya en su segunda temporada en la división de plata -en la 66/67- se sitúa tercero en liga e ingresa a la liguilla de ascenso aunque no lograría los resultados necesarios para subir ese año. La revancha, afortunadamente para ellos, vendría más temprano que tarde y, un año después y con sólo tres temporadas de competencia en el profesionalismo, consigue el primero de sus ascensos a la élite, haciéndolo además como campeón y obteniendo su primer título profesional.

Aquella primer temporada vería al club corso finalizar la campaña en un sorprendente sexto puesto por encima de clubes como el Olympique de Marsella y el Olympique de Lyon gracias a los 28 goles convertidos por los delanteros Jean Pierre Serra y Rachid Mekhloufi, dando un cachetazo a sus rivales locales del AC Ajaccio, quienes terminaron un solo punto por encima de la liguilla de descenso.

En la temporada 71/72 ocurre el primer gran golpe del Sporting al máximo nivel cuando se presenta en la final de la Copa de Francia luego de asegurar un cómodo noveno puesto en liga. La final, disputada en el Parque de los Príncipes de París, vio cómo el ya campeón liguero Olympique de Marsella le arrebataba el sueño a los más de veinte mil corsos en el estadio producto de dos goles convertidos por Didier Couécou y Josip Skoblar que no pudieron ser contrarrestados pese al tardío descuento del capitán Georges Franceschetti.

 

 

Como consuelo para Les Bleus quedaría una gran oportunidad de codearse por primera vez en su historia con los equipos europeos en la Recopa de Europa como subcampeón de Copa y un segundo intento de lograr su primer título en el máximo nivel cuando un mes después se volvieron a enfrentar al cuadro marsellés en un partido que el Sporting dominó de principio a fin para conquistar su primera pieza de plata endosando un 5 a 2 final al actual doble campeón francés y levantando el trofeo del Desafío de Campeones de Francia.

Aquel partido no sólo es recordado por lo que fue el primer título grande del club, sino también porque fue el partido en el que comenzaron a ser parte importante del primer equipo dos chicos locales que se convertirían en pilares fundamentales de lo que estaba por venir: el defensor Charles Orlanducci, quien se transformaría en capitán y símbolo de la escuadra y Claude Papi, un renombrado ¨playmaker¨ de espigada apariencia bochinesca que hizo delirar a los aficionados turchini con su calidad durante la década de los 70′.

Su primer periplo europeo dio inicio curiosamente en el estadio François Coti de los rivales de Ajaccio cuando recibieron al Atlético de Madrid del austríaco Max Merkel que tiempo después pasaría a estar en manos de un tal Luis Aragonés. En el segundo partido de la eliminatoria los madrileños probaron ser demasiado para el debutante Sporting al vencer por 2 a 1 en el Vicente Calderón remontando el gol inicial de François Felix tras el 0 a 0 de la ida.

Unos años más tarde, la televisión se pasaba poco a poco al color y el Sporting seguía haciendo de las suyas en la élite del fútbol francés, confirmando que su buen nivel copero podía verse también en liga y trepa hasta un histórico tercer puesto en la 76/77 que llega incluso a liderar por un puñado de fechas peleando cabeza a cabeza con pesos pesados de la época como Lens y Nantes. Dragan Dzajic y François Felix con 21 goles cada uno, Jacques Zimako con 15 y Claude Papi con 14 son los principales artífices del mejor ataque del campeonato que pulverizó las redes del campeonato francés con 82 goles en 38 jornadas y dejando para el recuerdo partidos como el de la goleada de local por 4-0 al Marsella o el 5-2 al Paris Saint Germain. Gracias a semejante torneo, el equipo clasifica por segunda vez en su historia para competir en Europa, y sería esta vez bajo las luces de la Copa de la UEFA que los azules de Bastia pondrían rumbo nuevamente más allá de las fronteras nacionales.

El Sporting se preparó de gran manera para tamaña cita. Ante la partida del genial goleador Dragan Dzajic al Estrella Roja de Belgrado, tres jugadores reforzaron al club desde el Saint Etienne, entre ellos Felix Lacuesta, un mediocampista de gran recorrido, velocidad y técnica. Pero la mayor incorporación que desembarcó en el puerto de Bastia aquel verano fue el espectacular wing holandés Johnny Rep, que venía de jugar en el Valencia y de ser miembro importante del totaalvoetbal subcampeón del mundo en Alemania tres años antes.

 

Jonnhy Rep, jugador total que brilló en el Bastia

 

La temporada no comenzó de la manera esperada en Bastia. Tras tres jornadas, el equipo había perdido en todas las presentaciones, en las que había conseguido marcar solo un gol. Llegados al debut europeo, victorias ante Lyon y Reims en el ámbito local maquillaron el flojo inicio y era otro Sporting, esta vez el de Lisboa, el que probaría el verdadero nivel de los muchachos conducidos por Pierre Cahuzac. El cotejo de ida disputado en Bastia tuvo como protagonista a un Johnny Rep que con sus constantes desbordes y centros llevó peligro al área visitante y a excelso un François Felix que marcó los tres goles de la victoria de su equipo por 3 a 2 ante los 6.000 espectadores que abarrotaron las pequeñas tribunas de Furiani aquella noche.

La vuelta en Lisboa, apenas dos semanas después, arrancó con unos primeros minutos de asedio local, pero tuvieron que pasar 72 largos minutos para que el conjunto lisboeta encontrara el gol que tanto necesitaba tras una jugada de crack de Manuel Fernandes que dejó atrás a dos de sus marcadores para luego rematar a la izquierda de un Petrovic que solo pudo estirarse. Contra las cuerdas, Les Bleus siguieron intentando con desbordes y centros hasta que a falta de cuatro minutos para el final, en uno de esos centros la pelota encuentra de alguna forma a Rep que llegaba solo por el medio del área para sellar el empate y dos minutos más tarde, con los portugueses a la desesperada, una contra finalizada por Felix a pase de Mariot terminaría de finiquitar el pase a los dieciseisavos de final.

 

 

Dos victorias y una derrota en liga después de la gesta de Lisboa ayudaron al equipo a cosechar buenos puntos que lo mantendrían fuera del descenso ante las distracciones europeas que demandaban descanso y rotaciones. El siguiente rival iba a ser nada más y nada menos que el Newcastle United. Recibiendo a su rival en el primer partido de la eliminatoria, el Sporting sufrió un gol a los 8 minutos del inicio del cotejo obra de Alan Gowling. Mucho tiempo tuvo que pasar hasta que a los 51 minutos Claude Papi aprovechó un grosero error de la defensa inglesa para empatar el partido y, cuando el encuentro llegaba a su ocaso, una avanzada de Guesdon por el centro del mediocampo habilitó a Papi que venció otra vez al arquero Hardwick para sorprender a las urracas y llevarse una agónica victoria a St. James Park.

Previo a su viaje a Inglaterra, el Sporting era una enfermería. A la baja del arquero Petrovic, con problemas de salud desde el partido de vuelta en Lisboa, se sumaron las de Franceschetti, Mariot, Desvignes y Burkhard, cuatro piezas clave del engranaje titular de Cahuzac que no iban a poder decir presente en el partido de vuelta. Sí la tarea se preveía complicada, aquella visita a Newcastle había tomado otras dimensiones.

No había otra manera de enfrentar tamaña oposición que siguiendo el mismo estilo que los había llevado hasta allí. En reemplazo de los lesionados entraron, entre otros, el joven de 20 años Didier Knayer que ocupó el puesto en la defensa de Orlanducci que pasó al mediocampo junto con Papi y Lacuesta.

El Sporting golpeó primero con un sorpresivo gol del joven De Zerbi y aumentó la diferencia con un gran gol de Rep que tomó la pelota en el aire y con un gran gesto técnico batió al guardameta inglés. 2 a 0 a favor de los franceses a los diez minutos de juego que parecían sellar un resultado impensado por la igualdad del partido previo. El descuento de Gowling amagó con hacer tambalear al Sporting finalizado el primer tiempo, pero Johnny Rep se encargaría de consumar la historia con un gol todavía mejor que el anterior cuando, llegado al borde del área sacó un derechazo cruzado que fue como un misil hacia el ángulo de Hardwick que no pudo hacer nada para evitar que la gesta Bleu se hiciera realidad.

Con cuatro victorias seguidas en Europa y una campaña aceptable en liga, el envión anímico iba in crescendo y no haría más que aumentar cuando el 23 de noviembre se enfrentaron al Torino. La expectativa crecía, y si ante el Newcastle la asistencia al estadio fue de unos 10.000 espectadores, para el cotejo contra los italianos aumentó a 12.000, con varias personas presenciando el encuentro desde el techo de las gradas laterales. El nivel de los jugadores no mermaba, y los goles de Papi y Felix, que ya se había acostumbrado a brillar en Europa, sirvieron para remontar el primer gol de Pulici.

La revancha en Torino dejó nuevamente un partido para el recuerdo. Un Stadio Comunale lleno hasta la bandera esperaba a los dos equipos en lo que fue el partido más memorable de la campaña europea del Sporting. Se estima que unos 15.000 hinchas se desplazaron hasta la ciudad del norte de Italia para presenciar aquel cotejo. Rodeados por la nieve que había caído la noche anterior, el Sporting jugó uno de los mejores partidos de la temporada gracias al trío Papi – Rep – Lacuesta, aunque el partido sería recordado por el gol convertido por Jean-François Larios que los anteriores tres ayudaron a crear. Jean-Marie De Zerbi recuperó una pelota en campo propio a los 19 minutos de juego y recorrió unos metros hasta pasarle el balón a Papi quien acto seguido conectó con un Lacuesta que volaba por el círculo central. Con gran calidad en los pies, Lacuesta zafó de la marca de dos rivales y abrió para Johnny Rep, que llegó hasta el área y devolvió a Lacuesta que venía desde atrás. Larios observaba todo desde una posición más retrasada y en lo que parecía iba a ser un remate de Lacuesta, éste ve venir a Larios y le cede la pelota con un delicado toque para que Larios reviente el cuero que sale disparado al costado del palo del arquero turinés en un gol de antología que abrió el marcador e hizo callar a todo el estadio.

Los italianos, sin embargo, parecieron sacudirse el impacto rápidamente porque sólo dos minutos tuvieron que pasar para que Graziani igualara la contienda. Las tablas en el marcador persistieron hasta que fue otra vez Graziani quien batió a Weller justo a la salida de los vestuarios. Les Bleus e Il Toro se encontraban empatados en el global de la serie hasta que Krimau dijo basta y restauró la igualdad en el partido, poniendo en una situación complicada a los locales. Minutos después fue el mismo Krimau el que hizo estallar a la fanaticada corsa cuando estampó el tercer gol tras una recuperación del balón que culminó en una solitaria carrera por tres cuartos del campo y aseguró el pase a cuartos de final en una jornada inolvidable para el fútbol de Córcega. El ¡Allez Les Bleus!, resonaba en Turín.

¨Fue lo mejor que hice. Nunca me arrepentí de venir incluso cuando no me mostraron el estadio…cuando el Torino vino a Furiani, ¡los jugadores pensaron que era el campo de entrenamiento! Al final, 6.000 espectadores ahí hacían más ruido que 40.000 en cualquier otro lado.¨ Johnny Rep.

Alemán iba a ser el rival de cuartos de final, cuando el Sporting se enfrentó al Carl Zeiss Jena de Alemania del Este. Previamente clasificado como tercero en una Oberliga que mucho distaba de la competitividad y del nivel de la que gozaba su hermana del oeste, los alemanes vieron destruidas sus ilusiones tras un incontestable 9 a 6 global de los franceses que habían dejado prácticamente cerrada la clasificación en la ida. En Zurich, lugar de la semifinal de ida, fue la primera vez que el Sporting tuvo que comenzar una eliminatoria como visitante frente al Grasshoppers. Un 3 a 2 tras un reñido partido mandó a los corsos a casa con la necesidad de ganar para hacer realidad sus sueños de progresar a la final.

Tras conseguir nueve puntos de nueve posibles en liga y marcando diez goles en el camino el Sporting se mostraba preparado para plantar cara ante la adversidad en Furiani cuando el 11 de abril el Grasshoppers aterrizó en Bastia para la vuelta de semifinales. La afluencia de público, de alguna forma, seguía aumentando y los reportes de la época afirman que unas 13.000 personas se encargaron de llenar Furiani como nunca antes lo habían hecho. Sin Rep, lesionado con un codo dislocado, el peso ofensivo del equipo recayó aún más sobre los hombros de Claude Papi y Felix Lacuesta, y estos no iban a esconderse ante semejante oportunidad de hacer historia. En el minuto 68 de partido Orlanducci baja un centro con la cabeza a Papi, que no duda en estirar la pierna y sacar un sablazo que se termina colando por la derecha del arquero suizo para desatar el delirio de un Furiani totalmente lleno y extasiado por lo que estaba presenciando. Aquel solitario gol sería suficiente para conseguir el ansiado pase a la final de la Copa de la UEFA 77/78, haciendo del SECB el tercer club francés en clasificar para una final europea tras las gestas del Stade de Reims en los años 50′ y el Saint Etienne en 1976.

Una derrota en la Copa de Francia a manos del Mónaco en cuartos de final precedió al fixture más importante de la historia del club hasta el momento. En frente, un PSV Eindhoven que venía de eliminar al FC Barcelona de Johan Cruyff y Johan Neeskens dirigidos por Rinus Michels representaba el último escollo hacia la gloria. La previa del partido vio cómo las calles de Bastia y sus alrededores se inundaban de gente portando los colores del club.

Niños y niñas se asomaban curiosos ante los sonidos que los instrumentos de viento y los bombos lanzaban al aire. Un clima de fiesta se vivía en la ciudad y en el resto de la isla también, con barcos que zarpaban desde varios rincones del lugar con destino a Bastia para presenciar el evento más importante de la historia deportiva de Córcega. Aquel día no se habló de otra cosa, no existía otro tema de conversación que no involucrase a los hombres de azul y la cita que tendría lugar al caer el sol.

El clima, que había acompañado durante las primeras horas de la mañana se transformó en un factor sorpresa que modificó las reglas del juego. Mientras los hinchas llenaban las gradas del Stade Armand Cesari con horas de anticipación, el agua hacía lo mismo inundando el campo de juego de un estadio que, rudimentario y humilde como era, no contaba con sistemas de drenaje que permitieran aliviar el ahogo del terreno. Durante 90 minutos, el PSV solo pudo desear que el partido terminara en empate a cero. Los continuos ataques del Bastia fueron cancelados por el desacierto de los que lo intentaban o por las manos salvadoras de un Van Beveren que intervino en más de cinco ocasiones claras de los locales. Habiendo dominado de punta a punta el cotejo, los jugadores del Sporting y sus aficionados abandonaron el estadio con la sensación de que una oportunidad de ir con cierta ventaja a Eindhoven dos semanas más tarde se les había escurrido de las manos.

 

El campo de juego de Furiani, previo a la final de ida de la Copa de la UEFA

 

El partido de vuelta no ofreció muchas oportunidades a un elenco que sintió todo el cansancio sobre sus piernas en el último partido de la temporada. Un gol de Willy van der Kerkhof a los 24 minutos marcó el tono del juego que se mantendría durante todo el partido y con dos goles en dos minutos promediando la segunda parte, el PSV se consagraría campeón de su primer título europeo frente a su gente en el Philip Stadion.

La mágica historia había llegado a su fin, probablemente mucho más tarde de lo que muchos hubieran esperado, pero aquella gesta quedó para siempre en la memoria de la gente de Bastia y de toda la isla, en un recuerdo que sigue vivo en los corazones de aquellos ligados al club. Lo conseguido por aquel grupo de jugadores demostró a toda una isla que un club pequeño sin mucha historia pudo construir la suya a base de sacrificio y ambición, para finalmente vivir para siempre en la historia grande del fútbol europeo, aún con una medalla de plata en el pecho.

 

El PSV Eindhoven supuso demasiada oposición para un fatigado Sporting

 

En la próxima entrega, vendrán títulos, la tragedia, un período de estabilidad en la élite y el ocaso del que hoy en día busca salir de la mano de un ex jugador y un renovado grupo de dirigentes.

 

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Enzo Del Llano
Periodista. De Córdoba, Argentina. Hincha del fútbol modesto y del básquetbol en todas sus formas. Convencido de que el deporte es cultura.

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