martes, 30 noviembre, 2021
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El Mundial de España 82’ es uno de esos eventos que marcan la historia de un país; el gran acto que estaba a punto de comenzar era la carta de presentación de un estado aperturista que prefería olvidar los últimos 50 años en los que la dictadura había hecho mella en gran parte de la población para abrazar una Copa Mundial.

Más allá del deporte, celebrar esta competición era sinónimo de cambio, de reforma y de progreso: las ciudades renovarían sus calles, por las que los coches no circulaban con asiduidad, a excepción de Barcelona o Madrid y los españoles recibirían encantados a los múltiples turistas que se alojarían en el país; el concepto de “Spain is different” había calado hondo en el imaginario colectivo, y el fútbol era la tuerca que giraba las ruedas del molino.

A nivel deportivo, la Selección Española era un hueso duro de roer, un equipo sobrio y con altas aspiraciones que no tuvo demasiada suerte, fruto de los nervios de jugar como local. Despojada del águila bicéfala que manchaba el escudo, el hispano uruguayo José Santamaría había asumido la responsabilidad de dirigir a un combinado en el que Arconada, López Ufarte o Miguel Ángel Alonso eran los cabezas de cártel del club afincado en Atocha. Era la primera vez que formaban parte del bombo 1, gracias a su condición de anfitriones.

Camacho, Gordillo y Santillana llegaron desde la capital; Maceda y Quini, producto de Mareo y estrellas nacionales, mientras que Saura y Tendillo esperaban en Valencia para representar orgullosos a la selección, ya que los partidos se jugarían en el Luis Casanova; sin olvidar a una mascota como Naranjito, obra que homenajeaba a la naranja valenciana. Lo mejor de cada casa.

Un sorteo accidentado, en el que las 24 bolas sacadas por los Niños de San Ildefonso se resistían a salir, acabó con Blatter enviando a Escocia al grupo 6 y a Bélgica al 3… Cosas de antaño que el público prefiere no recordar. Pero hubo más: la bola que representaba a Honduras se atascó y acabó rompiéndose.

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Con el sorteo finalizado y un grupo que a priori era asequible (el E), España se jugaría la primera plaza frente a Yugoslavia, o eso pensaba todo el mundo. Un empate inaugural frente a Honduras reflejaba el manojo de nervios que era el equipo anfitrión, que gozó de muchas ocasiones y poca puntería.

El segundo partido, España sacó sus mejores galas y pudo derrotar a Yugoslavia, no aún sin esfuerzo. Con tres puntos (todavía se daban dos unidades por encuentro ganado), los anfitriones necesitaban ganar o empatar a Irlanda del Norte, equipo que viendo lo que le esperaba, decidió entrenarse en un hotel con todo incluido. Esta fórmula le vino de maravilla a los norirlandeses,  que en la primera acción del segundo tiempo marcaban el 1-0 y cerraban el marcador. España, que jugó con uno más unos 30 minutos, se estrellaba contra una defensa ordenada y esperaba en la segunda fase el Grupo de la Muerte.

En el grupo A, Italia pasaba por la diferencia de goles tras empatar sus tres partidos, mientras que en el B, Alemania y Austria jugaron un “simulacro” de partido en el que consiguieron clasificarse ambas. La gran damnificada fue una selección africana y debutante, Argelia, que había llegado a España a disputar un fútbol bien alegre y que sorprendió al público neutral. A partir del gol alemán, que clasificaba a los dos equipos, no se pudo ver mucho juego y los aficionados del Molinón comenzaron a cantar el famoso “que se besen”. La FIFA decidió unificar horarios en las últimas jornadas de la fase de grupos.

El grupo C recogió la mayor goleada de la historia de los Mundiales: 10-1 a favor de Hungría contra El Salvador del Mágico González. Aún así, Bélgica pasó como primera de grupo. En el D, Kuwait siempre será recordado por conseguir anular un gol en el terreno de juego. El culpable de tal esperpento fue el emir del país, que bajó al terreno de juego y le reclamó al árbitro, Miroslav Stupar, que un silbato en la grada había paralizado a su selección. Stupar, tras anular dicho gol, nunca más volvió a arbitrar. El F vio a Brasil presentar una candidatura en la que Zico y Sócrates llevaron en volandas a su selección, que marcó 10 goles en la fase de grupos.

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La segunda fase sufrió un lavado de cara en relación a los mundiales anteriores, ya que los equipos volverían a disputar una fase de grupos en las que el primero de cada uno de ellos pasaría a jugar semifinales. La suerte estaba echada, y a España le tocó jugar de tú a tú contra Alemania Federal (contra la que perdió) e Inglaterra, a la que arañó un empate pese a estar eliminada.

En los otros grupos, Polonia conseguía un acceso insólito a semifinales gracias a la diferencia de goles frente a la URSS, Francia no tuvo rival en su grupo tras ganar a Austria y golear a Irlanda del Norte (4-0) mientras que Paolo Rossi clasificaba a Italia con un hattrick en una pobre actuación de la que en la segunda fase se redimió.

Italia logró ganar en la semifinal a Polonia gracias a los goles de Rossi (0-2), mientras que Francia y la RFA jugaron una semifinal en la que un incidente transformó el partido: Schumacher arrollaba a Battiston en una jugada en la que el árbitro no pitó nada. El francés perdió el conocimiento y temieron por su vida. Este accidente generó un encuentro descafeinado que aprovechó RFA para superar a los galos en los penaltis, conmocionados.

Paolo Rossi, la estrella de la fase final, llevaba más de un año sancionado por un escándalo relacionado con amaños de partidos. El caso conocido como “Totonero” salpicó a una gran cantidad de equipos y jugadores italianos, hecho que provocó el primer descenso del AC Milan en toda su historia. En los primeros partidos del Mundial, Rossi estaba por debajo del nivel de sus compañeros, pero Enzo Bearzot, el entrenador de los italianos, apostó fuerte por él y la jugada le salió redonda.

Italia ganó en la final a Alemania Federal (3-1) con la actuación decisiva de Rossi, un jugador que se revalorizó y demostró que la sanción sufrida no había mermado sus capacidades en el terreno de juego. El sacrificio y la entrega italiana se vieron recompensados cuando Rossi fue galardonado como el mejor jugador del torneo. Además, otro de los hitos de este certamen fue el ganador más longevo de un Mundial: el portero italiano Dino Zoff, tenía 40 años cuando lo logró, una cifra a la que ningún jugador se ha acercado.

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1996. Periodista, nací con un balón en los pies y una idea en la cabeza. Escribo sobre muchas cosas, pero sólo pienso en el deporte. Me importa el fútbol y todo lo que le rodea: estoy aquí para contarlo. También en Agencia EFE.

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