viernes, 30 agosto, 2019
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El cruce entre fútbol y política viene tomando bastante fuerza durante este último tiempo. Cada vez son más los casos de equipos que utilizan el balompié como modo de enarbolar su cultura y sus creencias. Es el caso, por ejemplo, del Pueblo Mapuche, población de origen amerindio que habita partes de Chile y Argentina, que representa una conjugación de su creciente presencia y de la paulatina pero incompleta legitimización social de sus reivindicaciones ancestrales.

Nativo“. Ya el nombre que ellos se dan deja entrever de qué se trata todo esto. Sufren discriminacion racial y social con respecto al resto de la sociedad; inclusive algunas de las iniciativas que promueven la recuperación de sus tierras se han encontrado con la negativa de empresas transnacionales.

Toda esa mezcla, cada vez más evidente en todo Chile, explica que, por primera vez, un futbolista con sangre mapuche confesara públicamente su anhelo de que, en algún momento, su pueblo contara con una selección de fútbol. Hablamos de Jean Beausejour. El veterano jugador militó durante muchos años en el seleccionado austral, con el que fue mundialista y ganó un par de Copas Américas. Jean, ya retirado de la comparecencia internacional, hace vida ahora en la Universidad de Chile.

Todo esto ha sido un fiel reflejo de la progresiva incorporación de esa etnia en el fútbol, relegada por años solamente al nombre, himno y escudo del club Colo-Colo, que incorporó la figura de un mapuche como su emblema a principios de la década de 1950. En la entrada del estadio Monumental, sede del club, un busto que sirve de símbolo del club les da la bienvenida a todos los fanáticos.

Poco más que ese nexo étnico-futbolístico, ya que los casos de futbolistas de origen mapuche han sido escasos a lo largo de los años. Colo-Colo, en lengua mapadungún, es un término referido a cierta especie de gato salvaje y que fue, a su vez, un sabio lonco mapuche durante el primer período de la Guerra del Arauco.

Todo este tema va más allá. Hace no mucho se disputó un partido amistoso entre Chile y Honduras en Temuco. Ambas selecciones rindieron homenaje a un joven de nombre Camilo Catrillanca, asesinado por un miembro del llamado “Comando Jungla” de Carabineros de Chile. Recordemos que el partido se disputaba en la región de La Araucanía, territorio emblemático de este pueblo originario. Catrillanca era nieto de un líder mapuche de la mencionada región. En las tribunas se podían observar pancartas recordando a Camilo, cuyo origen refleja una resistencia ancestral sobre aquellas tierras. Se buscaba que fuera homenajeado con un minuto de silencio, uno que las autoridades chilenas no permitieron.

Beusejour decidió jugar con el apellido de su madre, Coliqueo (Kolükew). Debemos recordar que el exinternacional tiene orígenes haitianos (paterno) y mapuches (materno). En el círculo central del Germán Becker de Temuco, los jugadores de Chile y Honduras se abrazaban. Un gesto que lograba, en pocos segundos, el efecto deseado. El tema atravesaba la agenda política y social en Chile. El sueño de Beausejour, seña de todo un pueblo, parecía viable.

La lucha del Pueblo Mapuche, por sus tierras ancestrales y autodeterminación, se ha vuelto un hecho ineludible para esta población. Es así como el mundo del deporte, y en particular el fútbol, ha comenzado a tomar en sus manos las demandas del pueblo trabajador. Hinchadas, clubes y jugadores de todo el país les han brindado su apoyo en los últimos meses.

Estaba latente el caso de los cuatro comuneros mapuches acusados por la quema de un templo evangélico bajo la aplicación de la llamada Ley Antiterrorista. Las detenciones y allanamientos de las casas de varios dirigentes y voceros de la causa Mapuche reforzaban aún más el clima de conflicto entre las partes involucradas. Pueblo sufrido.

Indudablemente, esa magra representación es consecuencia de la invisibilidad global sufrida por largo tiempo. Durante todo este tiempo la mayoría de ellos prefirió ocultar su origen, cambiar sus apellidos y fue dejando de hablar su lengua, olvidando poco a poco sus raíces.

A finales de mayo el fútbol mapuche daba otro paso importante, al oficializarse su entrada, junto a Papúa Occidental, a CONIFA. Se convertían en el miembro 57 de una organización que integran regiones de facto, dependencias, estados no reconocidos y minorías que, por una u otra razón, no están afiliadas a la FIFA. Eran el primer sudamericano en formar parte de la misma de forma oficial en los seis años de existencia que tiene el organismo, aunque no serían los únicos. Meses después, CONIFA anunciaba a Rapa Nui como el segundo miembro del área en ser aceptados. Ambas estaban, con distinto status, afiliadas al CSANF.

Por si se lo preguntan, CSANF funge como una especie de CONMEBOL no reconocida y que durante un tiempo organizó el Campeonato Nacional de Fútbol de los Pueblos Originarios, torneo del que el Pueblo Mapuche salió campeón en 2015 y que en dos ocasiones se tuvo que conformar con el subcampeonato.

Poco tiempo después fue confirmado como uno de los integrantes que participarían en la Copa del Mundial 2020, cuya sede era Somalilandia. Luego la organización comentaría que, por razones logísticas, la región africana no podría albergar el evento.

Cruzando la Cordillera, se puede apreciar una profunda conexión entre el fútbol y las demandas populares, donde importantes fenómenos políticos también consiguen instalarse como un potente mensaje al interior de la cancha. De eso se trata.

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Juan Zavala
Venezolano del 96. Literatura, geopolítica y deportes. Contando aquellas historias que tanto nos apasionan desde otro punto de vista.

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