jueves, 7 noviembre, 2019
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El equipo de Copa Davis de la India quizás no sea, en la actualidad, uno de los más conocidos para el gran público. Si bien es verdad que ha contado con jugadores de la talla de Leander Paes (que posee un récord total en esta competencia de 91-35) y Mahesh Bhupathi, lo cierto es que desde hace años pasa más tiempo en el ascenso que en el Grupo Mundial.

Pero, y aunque parezca increíble, se debe decir que la escuadra asiática, entre las décadas de los 60´ y los 80´, fue uno de los mejores seleccionados del certamen, al punto tal de haber alcanzado nada menos que tres definiciones, aunque lamentablemente las perdería todas. En 1966 el conjunto liderado en las canchas por Ramanathan Krishnan perdería la Challenger Round -antes, el campeón no tenía que disputar ninguna eliminatoria, sino que esperaba a su “retador” directamente en la final- ante la poderosísima Australia de Fred Stolle, Roy Emerson, John Newcombe y Tony Roche (quizás uno de los cuartetos más poderosos que haya visto esta competencia en su historia) por 4-1 en Melbourne y en 1987 el seleccionado de los hermanos Amritraj (Vijay y Anand) y de Ramesh Krishnan -hijo de Ramanathan- nada pudo hacer ante la Suecia de Mats Wilander y los suyos en Gotemburgo, siendo vapuleados por 5-0. ¿Y la tercera derrota? De eso hablaremos justamente.

La Copa Davis de 1974 era diferente en cuanto a formato a lo que conocimos hasta el año pasado. No había un Grupo Mundial, sino que se dividía al globo en cuatro secciones: América, Oriente y Europa, la cuál estaba dividida en dos grandes grupos en donde también participaban seleccionados africanos. Los cuatro ganadores de estas zonas disputaban el Interzonal, que constaban de las semifinales y de la gran final, de donde salía el campeón.

La India, que había sido finalista de la Zona Este el año anterior (habían perdido como locales ante Australia), comenzaría su andadura en el torneo recién en la semifinal regional. Entre el 3 y 5 de mayo en Kampur se verían cara a cara con Japón. Los rostros más reconocibles de este equipo serían los jóvenes Amritraj (Vijay tenía 20 años y Anand contaba ya con 22 vueltas al sol), quiénes serían los responsables de disputar tanto los singles como el dobles, aunque en el equipo también se encontraban, prestos para cualquier eventualidad, Sashi Menon y Jasjit Singh. El menor de los Amritraj había comenzado a despuntar dentro del circuito en 1973, habiendo alcanzado los cuartos de final en Wimbledon y el US Open, desplazando de esta manera a su hermano, que no obtendría tan buenos resultados (el 6 de noviembre de 1974 alcanzaría su mejor ranking, 80°). “Me costó mucho tiempo darme cuenta de que él era más talentoso” diría Anand en un reportaje hecho por la web Open Magazine.

Solo Toshiro Sakai (75° el año anterior) lograría darle un susto a los indios, llevando a Vijay al quinto set en el primer punto de la serie, aunque luego todo sería más que previsible: los locales ganarían los dos puntos del viernes y luego el dobles para llevarse la serie, dejando los duelos del domingo como mero relleno. Sin embargo, la dificultad aumentaría una semana más tarde. La India, nuevamente jugando como local (aunque esta vez jugarían en Calcutta), tendría que vérselas con su verdugo del 73´, Australia. Y no era justamente un reto menor: los dos singlistas que había llevado el capitán Neale Fraser eran Bob Giltinan (16°) y el que sería semifinalista del Australian Open de aquella temporada, John Alexander. A ellos había que sumarle a Colin Dibley, un excelente doblista.

Curiosamente, para esta serie el ahora capitán Ramanathan Krishnan había decidido darle el número 2 del equipo a Singh (que llegaría aquel año a ser 89° en el ranking, su techo) por sobre Anand, algo que provocaría ciertas rispideces, aunque esta maniobra le saldría perfecta, ya que este vencería a Giltinan en la apertura de la serie por 11-9, 9-11, 12-10 y 8-6. Si bien Vijay caería en otra titánica batalla ante Alexander (14-12, 17-15, 6-8 y 6-2), la serie se mantenía abierta para el sábado, algo que parecía incierto antes de comenzar la serie debido al poderío del rival. Este punto si lo jugaría Anand (junto a su hermano), los cuáles disputarían uno de los encuentros más emblemáticos de la historia de la Davis ante la dupla Alexander-Dibley, venciendo finalmente los Amritraj por 17-15, 6-8, 6-3, 16-18 y 6-4. Alexander debía jugar el primer punto del domingo ante Singh con el marcador 2-1 abajo y estando, en teoría, bastante cansado tras dos arduas luchas. Pero si de verdad lo estaba no lo demostraría para nada, ya que liquidaría a su rival en tres sets, dejando todo en mano de su compañero Giltinan. Este debía verse las caras con un Vijay que estaría en estado de gracia y que no dejaría resurgir a su rival tras estar 1-1 en sets. Finalmente todo acabaría con un 6-1, 5-7, 6-4 y 6-4 a favor del nacido en Madras. La India ganaba 3-2 y se clasificaba para el Interzonal.

El rival en esta instancia sería la Unión Soviética de Alex Metreveli, uno de los grandes jugadores de inicios de los 70´. El hombre de Tbilisi (actual Georgia) había alcanzado el top-10 poco tiempo antes de disputar la serie (la cuál se jugaría del 20 al 22 de septiembre en Poona, India) producto de su final en Wimbledon el año anterior y de hacer base en los cuartos de final del US Open, aunque también había sido semifinalista en los dos torneos grandes restantes en 1972. Su acompañante, Teimuraz Kakulia, no sería una verdadera amenaza, aunque todo pasaría, nuevamente, por el dobles, donde los soviéticos contaban con Vladimir Korotkov, otrora estrella del circuito juvenil (había ganado allí Wimbledon y Roland Garros), quién haría dupla con el propio Metreveli.

El viernes finalizaría con una lógica igualdad en uno (Vijay derrotaría a Kakulia y Metreveli haría lo propio con Anand), aunque el sábado acontecería la verdadera historia: tras perder 13-15 el primer set, los dos hermanos fueron a por todas, destrozando poco a poco la resistencia de los comunistas, quienes caerían finalmente 7-5, 19-17 y 6-3 en los siguientes parciales. Con el 2-1 a favor todo pasaba, entonces, por el primer duelo del domingo: Anand saldría a la cancha a medirse con un Kakulia casi tan propenso a lo mejor como a lo peor (su historia en singles terminaría con un récord de 17 triunfos y 14 derrotas), por lo que todo podía pasar, aunque era menester el triunfo para los locales ya que Metreveli se encontraba en otro nivel. Los nervios serían tales que Vijay no vería el encuentro, si no que se quedaría en el vestuario escuchando todo por radio. Tras el 6-2 en el primer set a favor del local sobrevendría la duda, ya que el europeo se llevaría los dos siguientes por 10-8 y 6-4. Pero lejos de sentirse derrotado por la presión, Amritraj mostraría su mejor juego, logrando quedarse con las dos mangas restantes por un doble 6-3. La India era un puño apretado gritando por un par de hermanos que hacían historia. Una historia que no llegaría a buen puerto. En realidad, una historia que ni siquiera saldría del puerto.

 

 

El peor finalista posible

Sudáfrica no tenía rumbo fijo dentro del sistema del torneo y era todo un dolor de cabeza para la ITF (International Tennis Federation). Aquellos eran los años del apartheid (“segregación” en afrikáans), un sistema implementado en 1948 por el Partido Nacional y que consistía, entre otras cuestiones, en discriminar a las poblaciones que no fueran blancas en el país, sobre todo a los negros y a los indios, que vivían en condiciones sumamente deplorables. En muchos deportes la federación sudafricana fue vetada para competir o había tantos países negados en hacerlo que prácticamente no competían ya que no tenían rivales. En la Davis la situación era bastante delicada: los africanos, que habían sido readmitidos en el organismo tras haber sido expulsados, tuvieron que ser incorporados en la Zona Americana para evitar mayores conflictos, debido, sobre todo, a que gran parte de los europeos y asiáticos no querían medirse ante ellos.

El ambiente dentro del equipo estaba dividido. Como marca Open Magazine, las dos mejores raquetas del país, Cliff Drysdale y Raymond Moore, estaban en contra del sistema y lo denunciaban públicamente, mientras que jugadores como Bob Hewitt y Fred McMillan nunca se manifestaron al respecto, por lo que nunca se supo si estaban a favor o en contra del régimen. Drysdale, uno de los fundadores de la ATP en 1972 y ex número 4 del mundo, solo jugaría algunas series durante aquel 1974, para luego marcharse y renunciar a su ciudadanía, haciendo que el potencial de Sudáfrica se viera un tanto reducido, aunque es cierto que los demás jugadores no eran para menospreciar ni mucho menos: Hewitt había sido 6° en 1967, McMillan alcanzaría el 39° el 74´y Moore sería 36° dos años más tarde.

Los sudafricanos comenzarían a jugar en la subzona de Sudamérica. Allí derrotarían sin inconvenientes a la Brasil de Thomaz Koch (12° en 1967) por 5-0 en Montevideo -la serie se disputó allí ya que los brasileños eran uno de los tantos países que se negaban a recibir a los africanos en su tierra- y a Ecuador en Guayaquil por el mismo marcador. El problema aparecería en las semifinales regionales, donde debían medirse ante la Argentina de Guillermo Vilas. El año anterior los argentinos ya habían tenido que mudar la sede a Uruguay para poder disputar la serie, pero en esta ocación el duelo debía disputarse en Sudáfrica, algo que el gobierno de Juan Domingo Perón se negó a aceptar, por lo que los locales ganarían dicha serie sin jugar, algo que volvería a repetirse más adelante. La final sudamericana la jugarían ante la poderosa Chile de Patricio Cornejo y Jaime Fillol (14° durante aquella temporada), quiénes siempre se potenciaban en esta competición. Si bien se preveía una serie pareja en Bogotá, lo cierto es que todo concluiría el sábado, ya que Drysdale y Hewitt ganarían sus singles, mientras que el segundo junto con McMillan lograrían remontar un 0-2 en sets para ganar 6-4 en el quinto, llevándose también el dobles. Los chilenos ganarían los últimos -y decorativos- singles, aunque hay que destacar que la derrota de Drysdale ante Fillol se convertiría en el último duelo de Cliff para su patria, ya que sentía un paria, alguien no aceptado dentro del circuito. La gran final americana se disputaría del 10 al 12 de mayo en la misma sede que ante los chilenos, pero esta vez ante el local, que tenía en campo a los luchadores Iván Molina y Jairo Velasco, quiénes, una vez más, no serían rival para los sudafricanos, que volverían a liquidar la serie tras el dobles, perdiendo solamente los dos partidos de relleno (en el último juego debutaría Byron Bertram, que sería cuartofinalista de Wimbledon en 1977).

La semifinal del Interzonal midió, entre el 3 y 5 de octubre, a Sudáfrica (local en el Ellis Park de Johannesburgo) con la Italia de Adriano Panatta (que llegaría a ser 4° en 1976, año en el que ganaría Roland Garros), Paolo Bertolucci (12° el año anterior) y Antonio Zugarelli (27° en 1977). Tras el triunfo de Hewitt ante Zugarelli en cinco sets (4-6, 6-0, 9-7, 4-6 y 6-1) aparecería Moore para derrotar a la raqueta número uno visitante (4-6, 6-4, 6-3 y 6-4). La última esperanza de los italianos sería en el dobles, pero allí estarían los invencibles Hewitt y McMillan (ganadores de varios Grand Slam jugando juntos, siendo el último incluso número uno del mundo en la especialidad) para llevar a su país a la gran final gracias al 7-5, 6-4 y 10-8 con el que derrotaron a Panatta-Bertolucci. Por primera vez en su larga historia en el torneo (habían comenzado a jugar en 1913) los sudafricanos lucharían por el título.

 

 

Ganar sin jugar

El primero de diciembre de 1974 se debía disputar una de las finales más insólitas de la historia de la Copa Davis. El ganador se sumaría a la escueta lista de campeones, en las que solo estaban los equipos de los Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Australia (que había ganado sus primeros títulos como Australasia, la cuál era una unión con su par de Nueva Zelanda). El problema, una vez más, era que el duelo decisivo debía disputarse en Sudáfrica.

La primer ministro Indira Gandhi, a sabiendas de los dramas y vejaciones que sufrían día a día los indios en aquella nación, decidió que el seleccionado comandado por Krishnan finalmente se diera de baja, haciendo que, automáticamente, Sudáfrica se quede con la Davis sin jugar la serie decisiva, algo insólito hasta la fecha. En parte era un pensamiento lógico, ya que nadie le aseguraba a los visitantes (sobre todo a los hinchas) un buen trato durante la serie. Por caso, dentro del estadio los indios -al igual que los negros- apenas si tenían un lugar reservado y pequeño para ver los juegos, ya que no podían mezclarse con los blancos. ¿Los indios que quisieran ver el partido hubieran sufrido lo mismo? ¿También deberían viajar en transportes diferenciados o comer solo en los restaurantes que los aceptaran?

Las aguas quedaron divididas desde entonces. Moore le diría a Open Magazine que “si más países hubieran boicoteado al gobierno sudafricano, posiblemente el apartheid hubiera terminado antes”, algo que comparte Vijay, quién, pese al dolor por no haber jugado, expresó que la decisión tomada por Indira fue la correcta. Pero Anand manifestaría lo contrario: “la única vez que tuvimos una chance excelente de ganar la Copa Davis la regalamos. Y en realidad no cambió nada (en Sudáfrica)”. Menon, por su parte, expresaría su desencanto: “soy un deportista y quiero luchar mis batallas en el court”. Por su parte, Hewitt se burlaría de los hermanos Amritraj, ya que los llamaría “gallinas” no por haberse presentado.

En lo que ambos bandos si coinciden hasta nuestros días es que ambos contaban con las herramientas necesarias para ganar la contienda, algo que entristece todavía más a los dos grupos. A los sudafricanos por sentir que, al final, terminó siendo una victoria vacía, sin épica ni méritos. Y a los indios porque, tras eliminar a dos grandes selecciones de entonces como lo eran Australia y la URSS, contaban con el talento suficiente para llevarse una más que merecida victoria, más teniendo en cuenta que las otras dos finales que disputaron eran virtualmente imposibles. Lamentablemente nunca se sabrá que hubiera pasado de no haber ocurrido el boicot.

Sudáfrica sería nuevamente expulsada de la ITF en 1978 y volvería recién en 1992, ya con el maldito sistema opresor terminado, logrando jugar unos años en el Grupo Mundial, división que no pisan desde 1998. La India, tras aquella final de 1987, viviría subiendo y bajando, teniendo como último gran logro las semifinales de 1993. Les queda también el pesar de ser una de las selecciones qué más finales disputaron sin alcanzar el título, junto con Rumania y Bélgica. 

 

 

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Juan Pablo Gatti
Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

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