jueves, 1 octubre, 2020
Banner Top

Somos muchos los que comenzamos nuestra infancia futbolística con su acento. Nacido en Leicester y criado en Blackpool fue en Brighton, otra ciudad costera situada en la otra punta de la vieja Albion, donde captó la atención de los grandes clubes, para acabar jugando con el de su corazón. 

Ha sido en Anfield donde nos despedimos de la competición europea por una epidemia y de su voz, guiada hasta la laguna Estigia por otra enfermedad. Y es que nuestros héroes no son inmortales, aunque lo sean en los mitos, pero como aquellos perduran en nuestro recuerdo. Fue una derrota para sus Reds, pero a la que sobreponerse al recordar que le vimos sonreír el pasado curso con la sexta Copa de Europa conquistada. 

Sus apariciones junto a Carlos Martínez, sus programas Acento e Informe Robinson, son parte de la memoria colectiva de cualquiera que haya vivido el fútbol en España los últimos tiempos. Escucharle en la radio y en televisión era sinónimo de sabiduría, experiencia y jovialidad. “La voz humana, dos minúsculas cuerdas sedosas, maravillosas, más que todo lo demás”, escribió James Joyce. La de Robinson nos acompañará siempre. 

Su carrera futbolística comenzó en equipos menores como el Waterloo Wanderers o el Dolphinstone pero a unos pocos kilómetros de su Blackpool, uno de los fundadores de la Football League, el Preston North End, quiso contar con él como Juvenil. Con Harry Catterick pasó al primer equipo para ayudarles en la promoción de Tercera a Segunda división en la temporada 1977/78. Al año siguiente, el extremo maravillaba a los aficionados en la FA Cup ante rivales de la talla de David Webb del Chelsea, o Roy McFarland del Liverpool. Era elegido mejor jugador de la temporada. 

Su velocidad en el césped llamó la atención del carismático ‘Big Mal’, Malcolm Allison, del Manchester City. Trataban de reconstruir el club en un mal momento y Micky Robinson llegaba como nueva savia. Un final de temporada cerca del descenso no ayudó a que pudiera demostrar su talento en Maine Road, no obstante los Citizens guardan un buen recuerdo de su paso gracias al gol que sentenció la victoria en el derbi ante el Man. United. 

El Brighton & Hove Albion quiso hacerse con sus servicios. Allí era figura su compañero de selección Tony Grealish, lo que favoreció su adaptación. 19 goles en su primera temporada, 43 a lo largo  de 133 partidos. Robbo dejó su sello en la FA Cup de la 82/83 marcándole al Man. City, también lo hizo en Anfield y en un soleado día en Highbury ante el Sheffield Wednesday, que condujo a las Gaviotas a la final y que celebró con su amplia sonrisa. La perdieron ante los Red Devils, a pesar de sus buenos pases a Gordon Smith en Wembley. 

En estas fechas fue cuando debutó con la Éire de su familia. Su madre recuperó la ciudadanía irlandesa, a la que podía acceder por serlo la abuela de Michael. La situación convulsa entre Inglaterra e Irlanda, el terrorismo y la política de Thatcher, hacían que no fuera fácil dar dicho paso. Pero Eoin Hand, quien ahora le ha recordado con tristeza, le dio la oportunidad de debutar, una vez que podía hacerlo legalmente, en el ataque junto a Frank Stapleton. 

Entre 1980 y 1986 vistió en 24 ocasiones la camiseta verde. Emocionó a sus compatriotas en Lansdowne Road con su ritmo ante la URSS y Suiza. Le inmortalizó para todos ellos su carrera dejando atrás a los defensores soviéticos para dar la asistencia de gol a Mickey Walsh.

El descenso del Brighton hizo que muchos clubes se interesaran por aquel atacante. Entre ellos el Newcastle United, su eterno rival Man. United, e incluso se habló del Sevilla. Llegó la oferta del Liverpool en el verano del 83, el club de su niñez y el que le daría los más grandes trofeos con Joe Fagan al frente del cuerpo técnico. 

Comenzó su breve pero intensa andadura con un nuevo encuentro frente al Man. United en la Charity Shield, que perdieron. El técnico pensó en utilizar a Kenny Dalglish como mediapunta, y que Ian Rush y Robinson jugaran más adelantados. Los días en Melwood no fueron sencillos, pero consiguió anotar en Anfield ante el Odense, así como en la League Cup, y los goles fueron subiendo a su cuenta personal pese a no ser titular. 

El gran evento de la temporada estaba por llegar: la visita al Stadio Olimpico de la capital de Italia. Desde el banquillo vio como el equipo empataba contra la Roma y en la prórroga tenía su oportunidad y minuto de gloria, sustituía a la estrella Dalglish y marcaba uno de los penaltis que les hicieron alzarse con la Copa de Europa. Ganaban, con él en sus filas, un triplete: Liga, League Cup y el máximo trofeo continental. 

Después de la gloria vinieron las sombras, tras la tragedia de Heysel, Fagan renunció a su cargo y con Dalglish al frente del equipo y nuevos fichajes, Robinson no iba tener minutos. Se marchó al Queens Park Rangers. Con ellos derrotaron a los Reds y alcanzaron la final de la League Cup, que perdieron ante el Oxford United. Otra medalla de plata. 

Las batallas por tierras inglesas habían terminado. Tanto Sammy Lee como él, antiguos Reds, acabaron vistiendo la equipación rojilla del Club Atlético Osasuna. Una nueva aventura en la que Robin, como era conocido en Navarra, dijo que antes que bajar a segunda tendrían que acabar con él. Dejó su alma sobre el césped de los campos hispanos. 

No tardó en dar por finalizada su carrera y colgar las botas para sostener el micrófono, y convertirse en la personalidad que nos ha instruido y entretenido a lo largo de estos años. Pasada la tormenta espera un cielo dorado, cantan los aficionados Red en su You’ll Never Walk Alone. Hasta siempre, Michael Robinson. 

También puedes leer:   Adrián, el héroe inesperado: con trabajo y confianza llega la recompensa
Tags: , , , , ,
Maria Valentina Vega
Traductora, redactora y entrenadora de fútbol Nivel 1

Related Article

The BreakerLetter

¡Ya salió la The Lines 13!

Consíguela haciendo clic aquí

Wing, el espíritu del fútbol

Mis Marcadores

Nuestras Redes

INSTAGRAM

Archivo