lunes, 23 mayo, 2022
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Desde el inicio de los Juegos Olímpicos modernos Estados Unidos fue una fuerza dominante, incluso en una época donde cruzar el Atlántico era una odisea de meses para los deportistas americanos que se animaban a emprender semejante viaje para representar a sus países en la máxima cita del deporte. Sin aviones como los que estamos acostumbrados en pleno Siglo XXI, de vez en cuando las travesías en barco caldeaban los ánimos de los pasajeros a bordo quienes, además, debían ser capaces de soportar el destrato del mar a las embarcaciones que, pese a su gran tamaño, no estaban dotadas de una estabilidad suficiente como las actuales.

Esto no fue un impedimento para las delegaciones estadounidenses, ya que a lo largo de siete Juegos Olímpicos (desde Atenas 1896 hasta París 1924) habían cosechado 612 medallas, con un sorprendente promedio de 87 por edición que ponía un abismo de distancia con sus acérrimos rivales en el medallero histórico hasta el momento. Sin embargo, otro fue el cantar en el homónimo de invierno si se tiene en cuenta que en la única edición realizada hasta el momento (Chamonix 1924) finalizaron quintos en el medallero con una cosecha de 4 medallas (un oro, dos platas y un bronce).

Luego de cuatro años, la prioridad continuaban siendo los Juegos de Verano porque los de Invierno todavía eran una competencia en pañales. Los primeros pasos que había dado en Chamonix no habían sido los más prometedores y por ese motivo había muy pocas expectativas puestas en lo que pudiese ocurrir en Saint Moritz y, sobre todo, muchas dudas sobre la viabilidad y el sostenimiento de la competencia en el tiempo. Es por esto por lo que, tras asumir como presidente del Comité Olímpico de Estados Unidos (USOC) luego de la muerte de su antecesor William Prout en agosto de 1927, la mente del general Douglas MacArthur estaba puesta en Ámsterdam, aunque eso no lo relevaba de la responsabilidad de formar una delegación que pudiese dar la talla en Suiza.

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Su tarea era simple: conseguir a los mejores exponentes del país en las disciplinas que se iban a llevar a cabo en febrero de 1928 para elevar la cosecha de medallas obtenida en Francia cuatro años atrás. Estas eran bobsleigh, skeleton, hockey sobre hielo, patinaje artístico y de velocidad, esquí nórdico, esquí cross country y salto en esquí. Pocos problemas tuvo que enfrentar en este rubro con la excepción del hockey sobre hielo, donde comenzaron las complicaciones.

El 9 de diciembre de 1927 el USOC envió cartas a las principales universidades del país, debido al carácter amateur de los Juegos en aquel entonces, para saber cuáles estaban dispuestas a enviar a sus alumnos al Viejo Continente. Las respuestas comenzaron a caer y, con ellas, las negativas de los mejores equipos de la NCAA: Boston, Harvard, Chicago y Minnesota, alegando el poco tiempo de preparación con el que contaban y que, al mismo tiempo, no podían permitir que sus estudiantes se perdiesen tantos días de clase. Esto tumbó los planes del comité olímpico ya que, esperando una respuesta positiva, habían diseñado un torneo con formato de playoff para enero de 1928 en el que Minnesota se iba a enfrentar a Boston y a Chicago en condición de visitante para que el ganador del triangular representara al país.

Las únicas dos universidades que aceptaron fueron Eleveth Junior College (que luego se retractaría) y Augsburg, que bajo la conducción de Si Melby había mantenido un invicto entre 1927 y 1928 que la llevó a conseguir el campeonato estatal (que en ese entonces no tenía validez oficial) y, además, era conocida por su quinteto de hermanos Hanson: Louis, Joe, Julius, Oscar y Emil. Este es un dato importante, ya que había mandatarios de la URSS que sostenían que los Hanson eran canadienses, aunque MacArthur nunca se preocupó por sus sospechas, ya que se jactaba de tener evidencias que comprobaban que todos los hermanos habían nacido en Estados Unidos, más precisamente en Dakota del Sur, y que luego se habían mudado a Camrose, en la provincia de Alberta.

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El USOC le dio el visto bueno a Augsburg, aunque restaba definir las condiciones del financiamiento del viaje. Mientras que el comité se comprometía a hacerse cargo del 50% de la totalidad del costo, la universidad debía recaudar la otra mitad, para lo que solicitaron fondos, pidieron donaciones y hasta organizaron un partido de beneficencia para el 21 de junio de 1928. Fue justamente el coach Melby el que encabezó la recaudación, lo que facilitó una generosa contribución de 2500 dólares por parte del profesor Severson de Augsburg. Mientras él se encargaba de eso, Nick Kahler fue elegido como el head coach del equipo nacional por pedido expreso del presidente del Comité de Hockey del USOC William Haddock, en gran parte por su experiencia como jugador de hockey sobre hielo en los Juegos de Amberes 1920 y por sus años como entrenador asistente en el Minnesota Athletic Club. Su principal tarea fue encontrar urgentemente tres jugadores para completar el cupo de 11 que solicitaba el Comité Olímpico Internacional para cada equipo ya que, además de los cinco hermanos Hanson, el equipo también contaba con Pat Larson, el arquero Wallace Swanson y Merril McInerny.

Al ser conscientes de que estaban ante una oportunidad única, todos los directivos de la universidad de Augsburg actuaron con rapidez y organizaron todos los detalles con precisión: el equipo jugaría un partido a beneficio el 21 de enero, de allí partiría en tren a Nueva York para entrenar y disputar amistosos de preparación contra Harvard y Yale en el Madison Square Garden y el 25 del mismo mes comenzarían su viaje con destino a Saint Moritz. El partido de beneficencia estaba programado para jugarse contra el equipo de Fort Snelling con espectáculos de patinaje artístico y una carrera de patinaje de velocidad en el entretiempo para atraer a más espectadores y los pasaportes de los integrantes del equipo ya habían sido tramitados. Todo parecía indicar que era cuestión de que los días pasaran para que esos muchachos cumplieran el sueño de disputar un Juego Olímpico y representar a su país. Pero no todo cuento de hadas tiene un final feliz. El 18 de enero MacArthur informó a través de un telegrama que no enviarían al equipo de Augsburg a Suiza al catalogarlo como «no representativos del hockey estadounidense«, aunque diversas fuentes sostienen que recibió presión del presidente Calvin Coolidge, quien sólo veía potables a los equipos de Boston y Chicago.

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A pesar de los esfuerzos y las apelaciones de la universidad, la decisión no fue revertida y un mes después del escándalo Canadá, con un equipo compuesto íntegramente por jugadores de la universidad de Toronto, se alzó con su tercer oro consecutivo en hockey sobre hielo, seguido por Suecia y Suiza respectivamente. Ese mismo equipo había sido derrotado por la universidad de Boston meses atrás, por lo que se puede concluir que si MacArthur y el USOC hubiesen enviado las invitaciones con mayor anticipación y financiado el 100% de los costos del viaje, Estados Unidos podría haberlos enviado y podría haber conseguido su primer oro en esta disciplina, el mismo que los canadienses le habían negado cuatro años antes en Chamonix.

Esa fue la única edición en la que los estadounidenses no presentaron un equipo de hockey sobre hielo, aunque el maleficio de Saint Moritz continuaría en 1948, cuando su equipo fue descalificado de la competencia. Pero, si uno tiene en cuenta el panorama completo, mejoraron la producción de los Juegos de 1924 al cosechar seis medallas (dos oros, dos platas y dos bronces), que le permitió finalizar en el segundo lugar del medallero solo por detrás de Noruega, que dominó la tabla con 15 preseas en total. Tuvieron que pasar 32 años para que Estados Unidos consiguiese el primer oro de su historia en hockey sobre hielo cuando en Squaw Valley 1960 ganaron el grupo final con 10 puntos por sobre Canadá (8) y la Unión Soviética (5).

 

 

 

 

 

 

 

 

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Me declaro ferviente enemigo del monopolio del fútbol en los medios e impulsor de historias polideportivas. También soy fanático del olimpismo, su espíritu por lo que creo que hay que contarlo y difundirlo todos los días, no cada cuatro años.

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