lunes, 23 mayo, 2022
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El mundo del deporte está en constante evolución. Nuevas tecnologías que se aplican en la práctica y en los entrenamientos, nuevos descubrimientos que extienden la vida útil de los atletas, nuevas rutinas de nutrición y miles de aspectos más que permiten seguir corriendo un poco más los límites de cada disciplina. Pero esto también llevó a que haya deportistas que, con mayores cuidados y seguimiento desde pequeños, puedan sumergirse en las competencias de mayores a edades cada vez más tempranas. Esto era habitual en el ámbito de la gimnasia, tanto artística como rítmica, y el patinaje de hielo, aunque en este siglo se vio como esa tendencia se extendió a la mayoría de las pruebas. Así es como podemos encontrarnos con casos como el de Zoi Sadowski, quien con 20 años ya puede ser considerada como una de las deportistas más importantes de la historia de Nueva Zelanda debido a su irrupción en la escena internacional con tan solo 14 años.

Pese a provenir de una familia compuesta por un padre australiano y una madre estadounidense, Sadowski es neozelandesa, ya que su familia se mudó a la isla desde Australia cuando ella tenía seis años. Allí fue donde quiso mantener viva la llama del snowboard, que se prendió en su interior en una vacación familiar en Whistler, Canadá, en 2005. Fue justamente en territorio norteamericano donde se subió por primera vez a una tabla y donde experimentó la sensación que quiso repetir por el resto de su vida.

Si bien Nueva Zelanda no ofrece las mejores condiciones geográficas y climatológicas para la práctica de deportes de invierno, la familia ya sabía que en Snowpark podían recibir a la pequeña Zoi, ya que su hermana practicaba la disciplina allí. Pero, como la mayoría de los padres, la disciplina era vista como muy riesgosa para practicar regularmente y a un nivel mucho más avanzado que el de la escuela de un centro turístico, donde se cuida a los clientes para asegurarse la presencia de estos durante toda su estadía.

Pese a que tuvo que esperar tres años para que la dejaran sumarse a los entrenamientos de su hermana, seguía manteniendo la pasión por el snowboard. No importaba la cantidad de caídas que sufría ni las temperaturas del Snowpark, Zoi solo quería hacer lo que la llenaba de alegría. Y, con tan solo 11 años y dos de entrenamiento en su espalda, llegó a plantearle a sus padres la posibilidad de dejar el colegio para poder dedicarse de lleno al deporte. A tan corta edad ya tenía bien claros sus objetivos: participar en una edición de los X Games y representar a su país en un Juego Olímpico de Invierno.

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Tan errada no estaba, ya que en 2016 tuvo su debut internacional en la Copa del Mundo en Copper Mountain con tan solo 14 años. Si bien en el esquí y el snowboard se ve con frecuencia a atletas que dan sus primeros pasos antes de llegar a la mayoría de edad, Sadowski aventajaba a los protagonistas de las historias más conocidas del estilo por dos años. El resultado fue anecdótico al no contar con experiencia y al tener que medirse con las referentes del snowboard, aunque tardó poco en adaptarse a los viajes y al ritmo de estas competencias.

En 2017 no pudo participar en el Mundial Juvenil de República Checa por una lesión en el hombro, aunque sí pudo hacerlo en el Mundial de mayores de España, donde se convirtió en la medallista más joven de la historia al cosechar una medalla de plata en el Slopestyle, además de un 4° puesto en Big Air. Era el golpe sobre la mesa que necesitaba para dar a entender que no era una simple adolescente que se conformaba con su mera participación, sino que ella estaba con la cabeza puesta en los títulos, los podios y las medallas. Si bien es fácil decirlo con el diario del lunes, se podía percibir que algo se estaba gestando en el recorrido de Sadowski, ya que al finalizar el año fue galardonada en su país con los premios de Atleta del Año de Deportes de Invierno y Snowboarder del Año.

El siguiente reto llegaba en 2018 y era el primero de los dos objetivos que se había planteado cuando se dio cuenta que estaba enamorada del deporte: competir en un Juego Olímpico de Invierno. Con 16 años no se esperaba mucho de ella, de hecho, todas las esperanzas de una medalla estaban puestas en los hermanos Beau-James y en Byron Wells. Y cuando se habla de esperanzas hay que entender que, por primera vez en varios Juegos Olímpicos, la prensa neozelandesa se mostraba bastante ilusionada con la posibilidad de cortar la sequía de preseas desde la plata obtenida por Anelisse Coberger en Albertville 1992, única en la historia del país hasta Pyeongchang 2018.

Allí fue cuando la nueva generación dio un paso al frente: lejos de los focos mediáticos, Sadowski inició su participación con un aceptable 13° puesto en el Slopestyle y una semana después iba a hacer lo propio en Big Air. Consiguió un puntaje de 92 que la colocó entre las 15 mejores de la prueba y, en consecuencia, el acceso a la final tres días más tarde. El 22 de febrero fue un día que quedó marcado en la historia deportiva de Nueva Zelanda, un logro importante para los deportes de invierno si se tiene en cuenta las hazañas del deporte neozelandés a lo largo de las décadas. Tras una primera pasada bastante floja (65.50), Sadowski registró el mejor puntaje de la segunda (92), lo que la colocaba en la tercera posición provisoria de cara a la última. Pasaban sus rivales y todas sufrían caídas que no les permitían mejorar su puntuación general (se computan las dos mejores pasadas). La única que pudo elevar su puntaje fue Anna Graser, que tuvo el mejor registro de la prueba (96) y se distanció de Jamie Anderson en la lucha por el oro. Y así fue como terminaron de pasar las 15 finalistas y Sadowski terminaba tercera solo por detrás de Graser y Anderson, obteniendo la segunda medalla de la historia de su país y convirtiéndose en la medallista más joven de cualquier prueba de snowboard con 16 años y 353 días. Era el debut soñado para la joven de Wanaka que, horas más tarde, vio como su compatriota Nico Porteus daba la sorpresa en el esquí halfpipe y también conseguía el bronce en su prueba, quitándole el lugar de medallista más joven de la historia de Nueva Zelanda por 310 días.

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La medalla cambió su carrera y su mentalidad. Si con su subcampeonato mundial de 2017 había dado un gran paso hacia adelante, el bronce obtenido en Pyeongchang reafirmaba sus intenciones y, además, la posicionaba como una de las llamadas a liderar el recambio generacional. Y, de hecho, se convirtió en la cara de la nueva generación: en 2019 ganó la Triple Corona de Invierno (Mundial, X Games, US Open); ganó el Mundial de 2021, relegando a Jamie Anderson segundo lugar y se consagró en los X Games de 2021 y 2022, logrando en este último el doblete ya que también se impuso en Big Air.

Sus resultados y su palmarés durante la olimpiada rumbo a Beijing 2022 fue lo que la convirtieron en una figura mediática en la previa de los Juegos Olímpicos de Invierno, a los que llegaba como una de las potenciales medallistas pese a ser una chica de 20 años en su segunda participación olímpica. Tras superar la burocracia que supuso para todos los deportistas llegar a China debido a las restricciones impuestas para los participantes, Sadowski parecía encaminada a mejorar su producción de 2018 ya que, a falta de un descenso, se ubicaba segunda en la prueba de Slopestyle a 3 puntos de la estadounidense Julia Marino (87.68) mientras que la australiana Tess Coady había terminado su tercera pasada sin poder mejorar el puntaje que la ubicaba en la tercera colocación. Sin nada que perder, Zoi emprendió su último descenso con una soltura pocas veces vista en una situación en la que estaba en juego una medalla de oro: un backside invertido 900, un frontside 1080 y un backside 1080 hicieron que los jueces le dieran una puntuación de 92.88.

Cuando la neozelandesa vio que la última deportista había sufrido una caída se tiró al suelo para festejar acompañada de Marino y Coady que, pese a haber sido vencidas por la kiwi, ponían en alto los valores olímpicos al compartir la felicidad de su rival. Y, por más que haya sido muy improbable que lo supieran, habían presenciado un hecho histórico, ya que Sadowski se había convertido en la primera campeona olímpica no australiana del hemisferio sur. Atrás habían quedado los 26 años de sequía entre medallas para Nueva Zelanda porque, en una época donde se vive hablando de “la nueva normalidad”, para la isla eso puede significar aspirar a medallas en cada edición venidera de los Juegos Olímpicos de Invierno. “Anoche traté de pensar en lo que significaría si lograra ganar la medalla de oro y, sinceramente, se siente irreal. Me va a costar mucho procesarlo”, fueron las palabras de la flamante campeona del Slopestyle a la página oficial de los Juegos Olímpicos.

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La hazaña ya fue consumada, su cara recorrerá todos los portales web y canales de televisión de Nueva Zelanda, pero, sin ánimos de minimizar su gesta, todavía tiene margen para seguir haciendo historia ya que el 14 de febrero puede conseguir su tercera medalla olímpica en caso de acceder a la final de Big Air. Pero, independientemente de lo que ocurra, su legado ya está inscripto en las páginas doradas de la historia de su país. Cuatro años atrás parecía imposible imaginar una atleta kiwi que superara lo hecho por Anelisse Coberger y, sin embargo, estamos en presencia de una campeona olímpica que con 20 años tiene todo un futuro por delante.

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Me declaro ferviente enemigo del monopolio del fútbol en los medios e impulsor de historias polideportivas. También soy fanático del olimpismo, su espíritu por lo que creo que hay que contarlo y difundirlo todos los días, no cada cuatro años.

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