jueves, 28 octubre, 2021
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Si decimos que África es el Olimpo de los atletas, habría que admitir que los keniatas serían el fiel reflejo de Zeus. Por eso si un individuo no nace en Kenia es consciente de que sus chances de pelear por títulos, medallas y récords en cualquier disciplina de larga distancia le será muy difícil. Basta ver las nacionalidades de los deportistas que frecuentan los podios de maratón, 5 mil y 10 mil metros en la Diamond League, Juegos Olímpicos y Mundiales para sacar esa conclusión. Es por esto que cuando alguien de Etiopía, los más cercanos al nivel de los herederos de Zeus, o de cualquier otro país del continente les planta cara e incluso a veces llega a superarlos, se convierten en semi dioses en su tierra. Esa es la historia de Zersenay Tadese.

Nuestro protagonista nació en 1982 en una localidad llamada Adi Bana, ubicada en el centro de Eritrea. En aquel momento el país estaba atravesando uno de los tantos conflictos que tuvo a lo largo de su historia con la particularidad de que este se estaba desarrollando, mayoritariamente, en la capital Asmara, motivo por el cual Tadese no se crió en un ambiente donde los disparos y los misiles fueran moneda corriente.

Desde chico tenía claro su sueño: convertirse en ciclista de ruta y ganar un Tour de France. ¿Acaso pensaban que el pequeño Zersenay siempre quiso ser corredor? Claro que no, eso se dio de pura casualidad. Él participaba en pruebas de 30 y 50 kilómetros e incluso llegó a ganar algunas y, como el ciclismo está asociado a una gran capacidad aeróbica, unos scouts de un club de atletismo vieron sus condiciones a bordo de la bicicleta y lo invitaron a participar en una carrera de larga distancia. Tadese se quedó con la victoria y continuó recibiendo invitaciones, y él siguió ganándolas sin ningún tipo de problema. Allí fue cuando su mente cambió radicalmente.

Cambió la bicicleta por sus piernas y comenzó a entrenar para competir a nivel internacional dado que su entrenador consideraba una desventaja que se haya iniciado en la disciplina siendo un adolescente. Poco le costó ya que con 20 años dio el salto al plano internacional: en 2002 finalizó 6° en los 10 mil metros del Campeonato de África, formó parte del top 30 en el Mundial de Cross Country en Dublín y estuvo cerca de meterse entre los 20 mejores del Mundial de media Maratón en Bruselas. Bastante prometedor para quien estaba camino a convertirse en uno de los deportistas más reconocidos de su país.

En 2003 cambió su estatus de novato a promesa emergente ya que finalizó en el top 10 en todas las carreras europeas en las que participó, además de romper dos veces el récord nacional de 5 mil metros, consiguiendo el segundo (13:05.57) en el Mundial de Atletismo en Francia. Al año siguiente firmó contrato con Adidas y llevó a Eritrea a un podio en la competencia de equipos del Mundial de Cross Country junto a sus compatriotas Yonas Kifle y Tesfayohannes Mesfen, además de su segundo lugar en la Corrida de Manchester, media maratón, y de establecer el récord nacional en 10 mil metros (27:32.61) en un meeting en España. Todo esto le proporcionó una confianza y una reputación tal que los especialistas lo empezaron a considerar como uno de los que llegaba en mejores condiciones para pelear por una medalla en los Juegos Olímpicos de Atenas.

 

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En ese momento para Eritrea el olimpismo era algo totalmente nuevo: recién en 1992 había creado su Comité Olímpico y su primera experiencia en unos Juegos llegó en Sydney 2000 con una delegación compuesta por tres atletas. Para Atenas habían conseguido una leve mejora y agrandaron el número a cuatro, siendo Tadese uno de ellos para competir en las pruebas de 5 mil y 10 mil metros. Fue en esta última donde protagonizó el momento deportivo más importante de la historia de su país: luego de poco más de 27 minutos corriendo en el Estado Olímpico cruzó la línea de meta en tercer lugar para darle a Eritrea la primera, y hasta el momento única, medalla olímpica de su historia. Poco importó su 7° lugar días después en la prueba de 5 mil metros porque Tadese ya había roto las predicciones. Al igual que con Etiopía y otros países con poca cultura deportiva, el atletismo le daba a esta pequeña nación del oeste de África un motivo de festejo al haberla llevado al podio de un Juego Olímpico.

Esa presea supuso el punto de despegue para el eritreo, ahora visto como uno de los mejores atletas del circuito y uno de los más polifuncionales de todos debido a su constante participación en carreras de 5 mil, 10 mil, Cross Country y Media Maratón. Fue justamente en la Media Maratón donde se cimentó como una leyenda de la disciplina, ganó cinco Mundiales (2006, 2007, 2008, 2009 y 2012) y fue el dueño del récord mundial, el 58:23 que estableció en 2010 en Lisboa, durante ocho años. De hecho, esa marca fue analizada por todos los especialistas del mundo dado que Tadese mantuvo un ritmo de 2 minutos y 47 segundos por kilómetro, algo nunca antes visto en esta distancia que estuvo a punto de repetir cuando estableció la segunda mejor marca de la historia con un 58:30 en 2011. 

Tan imbatible parecía que cuando en 2017 Abraham Cheroben estuvo a ocho segundos de batirlo en Copenhague se hablaba del posible futuro rey de los 21.097 metros. La hazaña tuvo que esperar hasta 2018 cuando el tiempo de Tadese quedó en la historia al verse superado por la aparición del keniata Abraham Kiptum y su 58:17, que no llegaría a mantenerse un año entero como récord mundial.

En cuanto a Juegos Olímpicos, compitió en las siguientes tres ediciones, Beijing 2008, Londres 2012 y Río 2016, sin poder conseguir una segunda medalla olímpica personal y del país, 5° en Beijing, donde compartió delegación con su hermano Kidane, 6° en Londres y 8° en Rio. Poco le importó ya que en 2009 se llevó la medalla de plata en la prueba de 10 mil metros en el Mundial de Atletismo y, de esa manera, se convirtió en el segundo atleta de toda la historia en ganar una medalla en un Mundial de Atletismo, de Media Maratón y de Cross Country (oro en Mombasa 2007).

Tanto fue lo que Tadese le dio a su país que se convirtió en una figura pública. Sin ir más lejos, su boda, a la cual asistieron 2500 personas, fue transmitida en vivo por la televisión pública de Eritrea y es el principal embajador del territorio en el extranjero. Un embajador que con 39 años sigue siendo considerado uno de los atletas top del mundo y un orgullo para todo el pueblo de Eritrea.

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Me declaro ferviente enemigo del monopolio del fútbol en los medios e impulsor de historias polideportivas. También soy fanático del olimpismo, su espíritu por lo que creo que hay que contarlo y difundirlo todos los días, no cada cuatro años.

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