jueves, 23 septiembre, 2021
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El punto de referencia siempre es Brasil, siempre Pelé y su equipo, siempre aquella selección de 1970. En los partidos de barrio, los que jugábamos como afición en nuestra infancia, siempre existió esa sensación de jugar como esos grandes futbolistas que hemos visto en televisión o en el álbum de figuritas, pero hacerlo de manera simbólica como lo hizo aquel Brasil de Mário Lobo Zagallo es para guardarlo en los libros de historia.

Los grandes equipos se construyen luego de un gran punto de giro, casi nunca aparecen de la nada para lograr una hegemonía sin argumentos y Brasil no fue la excepción. La mala relación del director técnico João Saldanha con la máxima estrella de ese seleccionado, Pelé, se convirtió en la antesala de una etapa en la que este equipo será siempre recordado.

Saldanha carecía de ese tacto que deben tener los seleccionadores para manejar un equipo plagado de figuras. El director técnico había tomado a Brasil para las eliminatorias a México 70 y, debido a su insinuación en la que aseguró que Pelé estaba casi ciego, su continuidad en la ‘verdeamarelha’ estaba sentenciada. El técnico quería dejar al Rey a un lado y “prevenirlo” de una complicación en su vista, pero no contaba con que la Confederación Brasileña de Fútbol, no toleraría sus caprichos.

El gobierno brasileño presionaba para que Pelé disputara su última Copa del Mundo. Ese mismo gobierno que luchaba con una dictadura y una guerra civil en el país, parecía pedir los micrófonos para inmiscuirse en los temas de su selección de cara al próximo Mundial. 

“Yo no me meto a escoger a sus ministros, entonces que él no se meta a escoger a mi equipo”, fueron las palabras de respuesta de João Saldanha cuando le preguntaron si el presidente de Brasil podía decidir si Pelé iba a ser convocado a la copa. La CBD, indispuesta por las incendiarias declaraciones de Saldanha, decidió prescindir del técnico a tan solo dos meses de iniciar aquel Mundial.

El elegido: Zagallo. De inmediato asumió, reconcilió a su 10 con el plantel y lo designó para ganar su tercera Copa del Mundo. Gerson en São Paulo, Jairzinho en Botafogo, Rivelino en Corinthians, Tostão en Cruzeiro y Pelé en Santos era la apuesta del joven técnico que ya había sido campeón del mundo en 1958 como jugador.

Sin embargo, su arribo a la selección tampoco se salvó de cuestionamientos. Eran cuatro jugadores que se desempeñaban como mediocampistas de armado, a quienes Zagallo pretendía poner a jugar en la misma posición, en un Mundial y con la necesidad de revertir la confianza vulnerada por su seleccionador anterior. Tarea nada fácil.

Mário supo llevar a Brasil a la final ante Italia en el mítico estadio Azteca, mostrando un fútbol que difícilmente hoy, 50 años después, alguna selección pueda ejecutar en un Mundial. En aquella final Pelé abrió el marcador y Roberto Boninsegna empató para los italianos. 

El capitán de esa selección, Carlos Alberto, de 25 años de edad, había recibido las indicaciones de su entrenador previo al partido. La consigna era atacar por la franja derecha de Brasil, los italianos regresaban lentamente y todo el ataque brasileño se recostaba por la banda de Jairzinho.

Minuto 86: Tostão recupera una pelota en avance de Italia, entrega a Piazza quien de sutil toque pasa a Clodoaldo. Comenzaba la sinfonía brasileña en México. Pelé recibe en el medio y entrega a Gerson que también de primera pasa a Clodoaldo, y este elude de manera fantástica a tres rivales a más de 50 metros del arco. 

Rivelino recibe recostado sobre la banda izquierda y por esa misma banda envía de largo para que Jairzinho recepcione. Aún no la toca Italia y Brasil ya atravesó la mitad de la cancha. El número siete avanza intentando gambetear a la defensa italiana y se encuentra a Pelé.

 El jugador de Santos duerme la pelota y con una tranquilidad como pocos abre a la derecha una asistencia precisa y suave para que el capitán, el que entraba por la derecha, remate fuertemente al segundo palo de Enrico Albertosi.

El mundo del fútbol acababa de ver una lírica única, en un partido único, con una selección única, en un momento único. El estadio Azteca, a reventar de aficionados, es testigo de quizá el mejor gol de la Copa del Mundo. De paso también vio cómo ‘O Rei’ y su capitán se inmortalizaban al igual que aquellos niños cuando juegan en la calle. El Azteca acaba de ver el mejor Brasil, en el mejor Mundial.

 

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Comunicador Social y Periodista colombiano. Fanático del deporte en general y apasionado por el fútbol. Amante de las buenas historias que pueden cambiar la vida de las personas.

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