lunes, 23 septiembre, 2019
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Un jugador que ha cambiado la historia del deporte más bonito del mundo. Uno cuyo brillante camino y arribo al Olimpo balompédico no ha estado exento de esfuerzo y de lágrimas, las de un pibe de Rosario que luchaba contra un problema de crecimiento. Un 14 de diciembre Carles Rexach, tras reunirse en un bar con sus padres y con su entonces agente Horacio Gaggioli, redactó un principio de acuerdo sobre una servilleta de papel. Todas las partes implicadas firmaron una suerte de contrato, donde Rexach se comprometía a fichar al chico argentino.

Irónicamente, empezó a ser conocido como La Pulga al mismo tiempo que derrochaba talento y habilidad siendo apenas un adolescente. Heredó la corona y la 10 de Ronaldinho, otro mago del balón. Sabía que tenía que asumir galones importantes en una etapa de transición del club que lo había traído a Europa, el FC Barcelona. La llegada de un hombre de la casa y técnico inexperto recién salido de La Masía auguraba un largo camino por recorrer.

Pep Guardiola llegaba al banquillo del primer equipo buscando lavar la cara de unos blaugranas que, en la última temporada de Rijkaard, apenas si llegaron a clasificarse a la Previa de la Champions. Quedaba trabajo por hacer. Unos meses después ya la bestia argentina comenzaba a desatarse y todo este esfuerzo se vería coronado e inmortalizado en el Olímpico de Roma.

El pasar de los años ha permitido al gran público verificar con sus propios ojos la evolución futbolística de Leo, de ser una suerte de extremo imparable al farol omnipresente y director de jugadas de los equipos que tienen la dicha de tenerlo en el campo. Con Argentina no ha habido manera. Varias finales perdidas y las críticas, algunas duras y sin sentido, siempre sobre el mejor. El fútbol no se distingue tanto de la vida en ese aspecto.

  1. 91 goles y dejar atrás un récord que parecía inalcanzable, Balón y Bota de Oro, récord goleador del club, amén de otra liga en el bolsillo. El tiempo pasaba al ritmo de sus regates, goles y hazañas. Como cualquier figura de época, tenía un rival que le pone las cosas un poco más complicadas. La disputa por el trono futbolístico entre Messi y el portugués Cristiano Ronaldo alcanza el grado de épica, una década que ha sido de total regocijo para los que disfrutamos de este espectáculo.

Infinidad de ligas y Pichichis han caído a sus pies como fruta madura y él, tranquilo, sólo sonríe. Su palmarés es de locura y Messi entiende que el juego no se detiene. No termina muy bien un partido y ya hay otro pocos días después. Crecer y superarse. Ya el hecho de ser finalista al The Best lo vale, sabiendo que tiene un gran rival en el Red Virgil.

Ha visto, con sumo pesar, como jugadores como Xavi o Iniesta han dejado de hacer maravillas a su lado. El tiempo no perdona y las lesiones tampoco. El club Culé ha sentido su ausencia y sabe que el argentino no durará para siempre… para lástima de todos. Ojalá que ese momento tarde en llegar y que las maravillas que Leo hace en el campo sean eternas.

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Juan Zavala
Venezolano del 96. Literatura, geopolítica y deportes. Contando aquellas historias que tanto nos apasionan desde otro punto de vista.

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