sábado, 25 septiembre, 2021
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Los Juegos Olímpicos funcionan como escenario para que historias ocultas salgan a la luz. Es el ecosistema ideal para que los ecos de esfuerzos y lágrimas amargas puedan ver el fruto de su trabajo y proyectarlo al mundo. Parece increíble que todavía en esta década se derribaran barreras que tardaron mucho tiempo en caer. Y que, en algunos sitios, estén aun en pie.

Cada edición olímpica representa una nueva oportunidad para romper el molde en un mundo cada vez más globalizado. Hoy este relato nos lleva a La Meca. En esta localidad, cuna de Mahoma y la más importante de todas las ciudades santas del islam, nació hace 25 años Wojdan Shaherkani.

Pues bien, Arabia Saudí no se ha caracterizado por una trayectoria olímpica sobresaliente, apenas obteniendo tres medallas a lo largo de los años: Hadi Al-Somaily (plata en 400 metros con vallas) y Khaled Al-Eid (bronce en equitación), ambos en Sídney 2000, y el bronce del equipo de equitación en Londres 2012. En todas esas participaciones siempre hubo un denominador común: la falta de representantes en competencias femeninas.

Así llegamos a Londres. En la edición de la capital inglesa hubo un punto de quiebre con respecto a este punto, ya que, hasta ese momento, Qatar, Brunéi y Arabia Saudí nunca habían enviado mujeres a competir. Ahí entra en escena Wojdan. La judoca Shaherkani llegaba a Londres con solamente dos años practicando la disciplina y teniendo Cinturón Azul, muy lejos del Negro que poseía su primera contrincante. Compitiendo ante la puertorriqueña Melissa Mojica en la categoría de +78 kilogramos, el combate duro poco más de un minuto. La inexperiencia le jugó en contra y todo terminó con un ippon. Para comentar que Mojica caería en la siguiente ronda, de la misma forma, ante la rusa Elena Ivashchenko.

Era era la primera competencia para Wojdan, quien obtuvo el boleto por una invitación del comité. La Federación de Judo le había prohibido competir con hijab, pero las conversaciones entre el organismo, el Comité Olímpico y el saudí permitieron finalmente que pudiera participar, aunque con un hijab ′distinto′, ya que le cubría solo el cabello, pero que le posibilita cumplir con sus consideraciones religiosas. Debemos recordar que el hijab es un velo que cubre la cabeza y el pecho y que utilizan las mujeres musulmanas en presencia de hombres que no sean familiares directos.

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Claro está, todo ello causó polémico en un país en el que las mujeres tienen que solicitar permiso a un hombre para realizar actividades tan cotidianas como viajar, conducir o trabajar. En Londres 2012 también competiría Sarah Attar. Nacida en California y estudiante de la Universidad Pepperdine, fue una de los dos integrantes de esa institución en la competencia (la otra era Roxanne Barker, portera de la selección de fútbol de Sudáfrica). Culminó penúltima en los 800 metros, aunque también probaría suerte con la maratón en la edición de Rio 2016.

Es apenas una vista de lo que sigue sucediente en nuestro mundo. Es una historia de cómo, contra todo pronóstico, se abrieron nuevas fronteras a las mujeres de un país y un precedente deportivo para el análisis. Lucha y honor.

 

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