domingo, 17 octubre, 2021
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¿Se imaginan tener que viajar 10.000 kilómetros para disputar partidos de fútbol? Pues esto es lo que le sucedió al Luch Vladiviostok durante unas cuantas temporadas. Un equipo que consiguió poner a su ciudad en el mapa de Rusia ascendiendo a la máxima categoría, pero que a la larga, lo ha pagado caro, y actualmente se encuentra en el peor momento de su historia.

 

 

La puerta al Pacífico

Rusia es un país con un tamaño descomunal. Su territorio ampara desde el mar Báltico hasta el Océano Pacífico, llegando a tener 11 husos horarios distintos. Pero el país es conocido por su parte occidental, donde se encuentran la mayoría de sus ciudades: Moscú, San Petersburgo, Sochi, Krasnodar, Rostov, Kazán… Es por eso que la zona de Siberia queda totalmente aislada. Nos la imaginamos como un lugar hostil, frio y seco, pero va más allá. En el extremo este encontramos la ciudad de Vladivostok, la protagonista de esta historia.

Los rusos se apartaron del resto de potencias europeas, que deseaban colonizar América y África, y se centraron en expandirse por toda la zona de Siberia. Es por eso que, actualmente, se trata del país con la extensión más grande del mundo. Y, de hecho, Vladivostok se convirtió en rusa a partir de 1860. Nada más llegar a ese lugar decidieron construir un puerto y, poco a poco, la ciudad fue creciendo, pasando de 4000 habitantes a los 600000 que encontramos a día de hoy.

Y es que Vladivostok adquirió un carácter militar desde la llegada de los rusos, e incluso estuvo cerrada para los extranjeros durante el periodo soviético. Pero esta ciudad es un importante enclave para el país. Se trata de la puerta al Océano Pacífico, lo que hace al transporte marítimo el principal sector económico, con una gran relación con el mercado asiático. Y no solo eso, esta ciudad da fin al famoso Transiberiano. Por lo que a pesar de su situación geográfica tan alejada del núcleo de Rusia, estamos ante una ciudad con una privilegiada ubicación. No pensará lo mismo el equipo de fútbol.

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Los tigres siberianos

En 1952 se formó el Luch, el equipo de fútbol de la empresa eléctrica ERA. Equipo de aficionados que en sus primeros años, buscaba defender el honor de su empresa. No fue hasta 1958 que llegaron al fútbol profesional, concretamente a la tercera categoría. Bajo el seudónimo de los tigres siberianos, una especie en peligro de extinción que representa a la ciudad de Vladivostok, vivieron el crecimiento del fútbol soviético y de su propia ciudad.

De hecho, en 1961 vieron como el Dinamo de Moscú visitaba la ciudad para enfrentarse en un partido de Copa. Y para quienes no lo sepan, en ese Dinamo se encontraba el mítico Lev Yashin, el guardameta que poco después ganaría el Balón de Oro y que, sin saberlo, se convertiría en un mito. Pues bien, fue un partido de lo más ajustado, donde el Luch consiguió plantar cara y perdió por la mínima por un penalti en los últimos instantes.

Entonces a comienzos de los ´70 la URSS reestructuró su fútbol, y formaría parte de la segunda categoría. Lo mismo sucedió con la caída de la Unión Soviética, de nuevo el fútbol viviría cambios, pero el Luch se mantendría en la nueva Primera Liga Rusa (Segunda Divisón), hasta que justo después logro el ascenso. En 1993, el Luch hacia historia, porque por primera vez jugaba en la Premier League Rusa. Por desgracia suya, a pesar de quedar en el 15º lugar, les tocó jugar un playoff para no descender, y se quedaron sin lograr el objetivo, por lo que volvían al barro.

La cosa fue a peor. Empezaron una caída que les llevó a la tercera categoría, de donde no lograrían salir hasta 2003. En ese momento, llegó la luz a la ciudad, porque la empresa de distribución eléctrica Luch-Energiya financió el club a cambio de llevar su nombre. Y no les fue nada mal. Les permitió ascender de nuevo a la Primera Liga y, después de una gran temporada sumando 92 puntos, regresaban a la Premier League.

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De la época dorada a la caída

Un equipo con años de historia pero que no se asemejaba a sus rivales occidentales. Hasta que en 2006, con su vuelta a la máxima categoría, consiguieron alcanzar la séptima posición, quedando muy cerca de Europa. Un año que se recuerda por las 11 victorias que lograron en casa y que les permitió acercarse a la zona noble. Ese hecho fue fugaz, porque para la siguiente temporada apenas pudieron salvarse y, ya en 2008, fue imposible mantenerse, sobre todo por problemas económicos que debilitaron al club.

De nuevo en el infierno de segunda, y por si fuera peor, pasando una temporada en tercera, aunque lograron regresar. El ascenso a la Premier League quedaba muy lejos, y poco a poco ese Luch se debilitaba. Bien es cierto que en la temporada 2013/14 consiguieron otra gran hazaña llegando a las semifinales de la Copa de Rusia, pero las cosas ya no eran como antes. Junto con los problemas económicos acabaron perdiendo el patrocinio, y sin una fuente segura de ingresos, la llegada de la pandemia todavía lo complicó más. Sin apenas recursos, perderían el estatus de equipo profesional.

 

 

Más que un viaje, una odisea

Pero lo más interesante de este Luch es la historia que tiene detrás de sus partidos. A una distancia tan alejada, el Luch Vladivostok debía recorrer más de 10000 kilómetros para jugar la mayoría de sus encuentros durante su estancia tanto en Primera como en Segunda. Y es evidente que este fue el principal motivo de los problemas económicos. Viajar cada dos semanas suponía un coste muy alto. Pero no solo eso. La fatiga lo hacía todavía más complicado. Lo hemos dicho antes, son 11 husos horarios distintos en el propio país.

Quizá en casa consiguieron hacerse fuertes, pero de hecho, durante sus años en la Premier, solo consiguieron tres victorias a domicilio. Al final la supervivencia del Luch en el fútbol de elite colgaba de un hilo, y definitivamente, fue imposible evitar la debacle. Incluso para los equipos rivales suponía una carga tener que viajar a Luch, y hubo ciertas polémicas reclamando que ese equipo estaría mejor en una liga asiática como la coreana.

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Si normalmente ya se hacía cuesta arriba, hay que recordar también el enclave ruso de Kaliningrado situado entre Polonia y Lituania. Allí encontramos al Baltika, un equipo de la Segunda División que también tuvo que enfrentarse al Luch. Coincidieron un total de 28 veces, con 9 triunfos para el equipo de Kaliningrado y 7 para los de Vladivostok. 10.300 quilómetros en coche y 13:30 horas de vuelo. No hace falta dar más cifras para ver la dureza de disputar un partido de este tipo. Y es que hay un dicho en Rusia que dice: cuando en Vladivostok ya celebran el año nuevo, en Kaliningrado todavía ni se han sentado a cenar.

 

 

 

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Periodista de la generación del 1997. Aficionado a la NBA, La Liga y la Premier League. Trust the process.

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