jueves, 28 octubre, 2021
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Vince Lombardi es el nombre que tiene el galardón que recibe el campeón del Super Bowl. Pero, ¿Por qué se llama así? Esta es la historia de un ganador con un final abrupto.

 

Ganar no es lo más importante. Es lo único”. Esa frase es quizá uno de los principales leitmotivs que tiene Carlos Salvador Bilardo, al punto que la dijo en reiteradas entrevistas. Sin embargo, el autor original de dicha frase no es el “Doctor”, sino otro entrenador de un deporte que también es fútbol y que requiere de mucha estrategia, aunque no es el tradicional de la pelota redonda, sino otro que se juega con un ovoide. Un hombre que se convirtió en leyenda, al punto que el trofeo de la gran final de dicho deporte lleva su nombre. Su nombre, Vincent Thomas Lombardi. O, simplemente, Vince Lombardi. El entrenador detrás del objeto más deseado del Super Bowl.

 

Nació en Brooklyn en 1913, en el seno de una familia descendiente de italianos, y arrancó a jugar fútbol americano a los 12. En la preparatoria se destacó como fullback, y eso le valió una beca deportiva en la Universidad de Fordham, donde pasó a la línea ofensiva para ser tackle. En 1936 formó parte de uno de los equipos más destacados de dicha institución, el cual incluso se quedó a las puertas de jugar un Rose Bowl. Pero esa chance quedó trunca al caer ante los Violets de la Universidad de Nueva York, un rival, en los papeles, inferior. La enseñanza de esa caída fue la de nunca subestimar a un contrincante.

 

A los 26 años de edad, empezó a trabajar como entrenador asistente en la preparatoria St. Cecilia en New Jersey, en la cual también se desempeñó como profesor de física, química y latín. Tres años después se convertiría en entrenador en jefe, puesto en el que estuvo durante un lustro. En 1947 volvió a Fordham como asistente, y dos años más tarde pasó a los Army Cadets, donde estuvo primero como entrenador de línea ofensiva y luego como coordinador ofensivo. Allí vivió una situación con casi todo el plantel, el cual quedó vetado de practicar el deporte por violar el código de honor de la Armada. Sin embargo, decidió quedarse junto con el entrenador principal, Earl Blaik. Así fue como en el último de sus cinco años en el equipo, el cual tuvo que ser “reconstruido”, los Cadets lograron un récord de 7 triunfos, 1 empate y 1 caída.

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En 1954 llegó a la NFL para ser coordinador ofensivo de los New York Giants. Allí coincidió con otro entrenador que se convertiría en leyenda: Tom Landry, futuro bicampeón del Super Bowl con los Dallas Cowboys como coordinador defensivo. La calidad de ambos era notoria, a tal punto que head coach, Jim Lee Howell, dijo en broma que su función principal “era que las pelotas estuvieran infladas”. Así fue como en 1956 logró con los neoyorquinos su primer título de la NFL.

 

Pese a esta etapa exitosa, Lombardi creía que su tiempo como asistente había llegado a su fin, y ahora le tocaba pasar a ser entrenador en jefe. Sin embargo, esa posibilidad se hacía rogar, y creía que sus raíces italianas influían negativamente en ello, aún con las recomendaciones de su “jefe” Howell. Hasta que en 1959 le llegó su gran chance: iba a tomar las riendas de los Green Bay Packers, no solo como entrenador en jefe, sino también como General Manager.

 

El equipo era una olla a presión: la temporada pasada ganaron solo un partido, empataron otro, y cayeron en los 10 restantes, generando un descontento notorio en la comunidad cheesehead mientras el equipo lidiaba, además de la desmotivación de los jugadores, una endeble situación económica. Pese a ese panorama desolador, poco a poco Lombardi empezó a cimentar la revolución en la franquicia de Wisconsin: en su primer año lograron tener récord ganador de 7 triunfos y 5 caídas, el cual no fue suficiente para ganar la conferencia oeste, mas sí para que Lombardi se lleve el premio al Coach del Año.

Ese primer año generó un efecto contagio en toda la franquicia: los jugadores se comprometieron al máximo, aún con la exigencia que llevaban los entrenamientos de quien alguna vez dijo que “la práctica no hace la perfección, la práctica perfecta sí la hace”, y los aficionados llenaban el Lambeau Field cada vez que los Packers les tocaba jugar en su casa.

 

La revolución de Lombardi tuvo que esperar al tercer año para ver sus frutos, cuando en 1961 lograron el título de la NFL al blanquear a los New York Giants por 37 a 0, y así se tomaron revancha de lo sucedido el año anterior, donde cayeron ante los Philadelphia Eagles en dicha instancia. Este triunfo ante los neoyorquinos se repitió al final de la temporada siguiente, aunque aquella vez por 16 a 7 para ser bicampeones.

 

Las dos campañas siguientes los Packers finalizaron en el segundo lugar de la Conferencia Oeste, y eso les privó de volver a jugar el encuentro decisivo de la Liga (cabe destacar que no había una postemporada como la actual, sino que simplemente los campeones de conferencia se enfrentaban en el juego de campeonato). Sin embargo, eso no se repitió en las siguientes temporadas: pese a que el empate ante los San Francisco 49ers hizo que tuvieran que jugar un desempate ante los Baltimore Colts (hoy en Indianapolis), el triunfo en tiempo extra por 13 a 10 les dio la posibilidad de enfrentarse a los Cleveland Browns, los campeones defensores, y derrotarlos por 23 a 12.

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Esa temporada fue la última temporada de la NFL tal como era conocida, porque al año siguiente empezaría a concretarse la fusión con una liga que había arrancado algunos años antes, y que, pese a su poco tiempo de vida, le estaba empezando a disputar la hegemonía: la American Football League. Así fue como en 1966 se anunció, entre otras medidas, que los campeones tanto de la NFL como de la AFL se enfrentaban en el “AFL-NFL World Championship Game”, partido que pocos años después fue rebautizado como “Super Bowl”.

Green Bay continuó con su buen andar y logró hacerse del título de la NFL al derrotar a los Dallas Cowboys de su ex compañero de staff Tom Landry por 34 a 27. Y ahí se llegó al esperado encuentro final, en donde se enfrentaron con Kansas City Chiefs, campeones de la liga rival y a la postre anexada. Allí tuvieron un triunfo menos dificultoso que contra la escuadra de la estrella solitaria, ya que terminó siendo triunfo por 35 a 10. Así fue como, pese a que en esa campaña los Packers de Lombardi ganaron la Liga, fue la primera ocasión en la que Vince se alzaría con el trofeo de plata que elaboró Tiffany & Co., que constaba de un ovoide sostenido por una base piramidal.

 

Al año siguiente, Green Bay volvería a jugar por el “título mundial”, ya que, tras ganar la división central de la Conferencia Oeste, se impuso en el juego de campeonato de la conferencia por 28 a 7 ante Los Angeles Rams, y en la definición de la NFL nuevamente ante los Cowboys, en un partido que terminó 21 a 17 para los cheeseheads, donde el frío fue uno de los protagonistas, proponiendo una gélida temperatura de -25 grados Celsius que dio al choque el apodo del “Ice Bowl” (Tazón de Hielo”). Esta vez el rival campeón de la AFL fueron los Oakland Raiders (hoy en Las Vegas), y nuevamente tuvieron un triunfo relativamente cómodo: 33 a 14.

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Ese partido marcó la despedida de Lombardi de las laterales de la escuadra de Wisconsin para poder ser gerente general a tiempo completo. Sin embargo, el “bicho” de la dirección técnica le volvió a picar, y regresó a las laterales para dirigir a los Washington Redskins (actual Washington Football Team), donde al igual que en Green Bay también cumplía el rol de GM. Si bien le dio a la escuadra de la capital su primera temporada ganadora en 14 años, no fue suficiente para superar a Dallas, que se haría con la División Capital de la NFL. La intención era que en 1970 pudiese llevar al equipo al siguiente nivel, pero en junio de aquel año todo cambió.

 

En 1967 empezó a experimentar problemas en el tracto digestivo, pero rechazó hacerse una proctoscopia. Un estudio que quizá pudo evitar el diagnóstico que se le dio tres años después: un cáncer de colon que avanzaba vorazmente, al punto que se había tornado incurable. Así fue como dos meses y medio después, exactamente el 3 de septiembre, falleció con apenas 57 años.

 

Las primeras cuatro veces que se disputó el Super Bowl el trofeo no tenía nombre. Era, simplemente, el trofeo del campeón, o bien “el trofeo de Tiffany”, en referencia a la famosa joyería que lo confeccionó. Pero esta circunstancia hizo que el trofeo tenga su nombre ya definido. Más allá de que los tributos se rinden en vida, era merecido que tuviese el nombre del primer entrenador que pudo hacerse con él. Un ganador, pero por sobre todas las cosas alguien que supo que la gloria llegaba tras trabajar duro durante la temporada. Y que los logros valen la pena el sacrificio, tal como lo dijo una vez: “Creo firmemente que el mejor instante del hombre, la mayor satisfacción de todo lo que ha querido, es cuando ha entregado su corazón a una buena causa y yace exhausto en el campo de batalla, victorioso”.

 

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Periodista deportivo, aunque también pueden decirle Licenciado. Escribió un libro, el árbol y el hijo aún los debe. Fanático de los deportes, pero también de los libros. Colaboró en varias revistas y webs.

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