jueves, 10 octubre, 2019
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La amazona platense es una de las figuras ecuestres que ya rompió con la etiqueta de promesa, hoy es una realidad que participó de siete sudamericanos, en uno de los cuales logró el bronce en equipo en 2017 como young rider 1,50 y al año siguiente volvió a conseguir el bronce, esta vez de manera individual, conformó el equipo de coordinación deportiva para los Juegos Olímpicos de la Juventud 2018, y hoy sigue construyendo su perfil en base a la educación y la docencia.

Influenciada por la película Spirit, el corcel indomable, según cuenta ella, donde empezó a dibujar caballos, y un paseo a caballo en unas vacaciones, según cuenta su madre, Marcela, empezó a montar a los 11 años en el Hípico de La Plata en donde le recomendaron que pase a otro club donde pueda desarrollar sus cualidades de manera más efectiva. Al año siguiente, pasaría al Hípico de City Bell, donde el entrenador, Marcelo Brandolino, pidió darle clases particulares porque le veía condiciones para llegar a la primera categoría.

Hoy con 22 años, Victoria García Colombo compite sin entrenador en la primera categoría, saltó hasta 1.60 metros de altura en la World Cup de Sol de Mayo, prueba selectiva para los Juegos Panamericanos 2019, en un deporte sin límites de edad y que, además, no distingue géneros, es decir, las competencias mezclan adultos, jóvenes y cualquier persona que quiera concursar. “Este año hizo las pruebas selectivas para los Panamericanos en donde elegían a los primeros cinco para ir. Quedó octava, no está lejos de que algún día le llegue su oportunidad de llegar a los Juegos Olímpicos o algún Panamericano”, confía su padre, Fabián. “Fue la única mujer que se presentó”, agregó Marcela, su madre.

Una de las anécdotas que predomina en la familia García Colombo fue la de su primera caída: “En el Hípico de La Plata su profesor fue Marcelo Cacace; ella se cae y cuando va a curar sus heridas, Marcelo se acerca y me dice que “si vuelve y quiere cabalgar igual, es porque no se va a bajar más”, y ella volvió”, recuerda Marcela. “Yo me asusté un poco, pero quería volver a subir; obviamente el profesor no me dejó”, aporta por su parte Victoria.

Además de concursar en la primera categoría, Colombo reparte su tiempo en su educación al leer e informarse sobre todos los aspectos que tengan que ver con el cuidado y el desarrollo de los caballos y en la docencia: es profesora nivel uno avalada por la Federación Ecuestre Internacional y da clases en el Club Alemán de Equitación. Asegura que hay un preconcepto sobre los deportistas que “no les gusta leer, pero que en realidad los mejores deportistas son los que estudian”.

En esa misma lógica, la platense también había caído: pensó que no se podía vivir del deporte. Luego de algunos años en incurrir en carreras universitarias como diseño industrial y desarrollo web, notó que si quería avanzar en lo que le apasionaba debía dedicarle el tiempo que sea necesario, por lo que su próximo paso fue empaparse en el mundo de la equitación: “Leo de todos los manuales que encuentro, averigüé para ser coach, estoy avalada por la FEI hasta para dar clases internacionales y me di cuenta que hay todo un mundo para estudiar. Uno se olvida cuando está arriba de la montura”.

En la actualidad Manuela Vigo es su única alumna. Compite en la segunda categoría, se conocen desde chicas y saltaban en las categorías bajas. Empezaron a formar una relación cuando Manuela empezó a montar uno de los caballos que Victoria tenía: Dougan. “Decidió prestármelo para empezar a entrenar, ahí es cuando comenzamos a formar una relación. Ella es súper exigente, siempre está en el detalle y hasta que no te sale puede dedicarle todo el día. Se preocupa mucho por el caballo también, es muy profesional”. A su vez, para Vigo también “es un ejemplo de perseverancia y esfuerzo al notar la búsqueda constante para profesionalizarse siendo tan joven y teniendo sus objetivos tan claros”.

Por otro lado, Florentina Burgol, colega de la platense, recién empieza a concursar, a sentir el roce competitivo en la tercera categoría y, a pesar de que no la siente como un par, si que la ve como uno de los modelos en los que se apoya para progresar en el deporte: “Tiene mi edad y la admiro. Cuando las personas se sienten admiradas se les sube el humo a la cabeza, ella se muestra transparente y se marca ella misma los errores, lo cual la hace humana y a nosotros nos hace bien”. En ese aspecto, y según Florentina, Victoria se humaniza en cada consejo, en cada gesto que hace acordar a los aduladores que el deportista también es mortal.

Aunque la belleza del deporte radica en la unificación de dos seres vivos que conforman un binomio en el que superan pruebas en una relación simbiótica, las dificultades que se presentan constantemente son las económicas.

Victoria fue becada por el ENARD durante tres años por el Plan de Jóvenes Promesas y la ayudó en capacitaciones especiales, clínicas y un aporte económico que fue disminuyendo año a año por el recorte de presupuestos hasta que se puso fin a ese proyecto, que era algo que aliviaba los gastos que conlleva todo lo que implica el deporte.

Mantener a un caballo es caro: tiene que tener un lugar acorde a sus dimensiones, en un club donde pueda salir preferentemente todos los días, come pasto, alfalfa, avena, tal vez algún suplemento alimentario, las vacunas, se cumplen reglas sanitarias de SENASA, el herraje que es una vez al mes, desparasitarlos, equipamiento acorde a sus medidas y veterinario. Victoria prioriza al caballo y afirma que su atuendo no es tan importante, que puede usar el mismo atuendo por mucho tiempo hasta que se gaste. Además, en cada concurso, se paga la inscripción y el traslado de caballos que son algunos de los gastos más grandes que contiene.

“Es muy difícil costear este deporte, por suerte yo tengo y tuve el apoyo de mi familia para seguir mis estudios y mi pasión”, afirma la platense. Como dijo Fabián, su padre, el principal sponsor con el que cuenta Victoria hoy es su familia, pero que lo importante es que ella “tenga el empuje de formarse”.

A pesar de que la realidad económica asedia el romanticismo de la imagen de un binomio superando las pruebas, en una mezcla de disciplina, elegancia y potencia, la relación de un caballo y el jinete es esencial. Así como su alumna mantiene una conexión con Dougan en la que ambos se entienden, Florentina con Carolina, por la complejidad en el carácter de ambas, Victoria estableció un vínculo estrecho con Daikiri:

“Conectamos en muy poco tiempo, él es muy sencillo, entonces nos entendemos muy bien y tiene una fe ciega en mí, aunque vea que se le viene una valla encima, la va a saltar igual”.

Además, el salto ecuestre atrae un preconcepto de maltrato animal, pero que en realidad, “el reglamento del deporte especifica que se cuiden las condiciones que velan por el bienestar del caballo, que por ciertas actitudes visibles de violencia hacia el animal descalifica al jinete”, según cuenta Colombo.

Con respecto a sus objetivos y anhelos, es consciente de que aún debe mejorar ciertas facetas de su perfil deportivo que la ayuden a pulir su temple o para adquirir experiencia para ser parte de un Juego Panamericano, los Juegos Olímpicos o conseguir el primer puesto en un Gran Premio de 1,50, pero en el proceso, en cada binomio que conforme, ya sea con Coccinelle, Evadintza o especialmente Daikiri, Victoria García Colombo competirá, se formará y educará.

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Lucas Acosta
Porteño nacido en 1996 que está en una constante búsqueda de conocimientos. Plasmo mi pasión por el periodismo en cada nota que escribo. Amante del deporte y la sociología, las cuales busco combinar a menudo. Entusiasta en aprendizaje.

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