domingo, 17 octubre, 2021
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Hace algunos años la periodista venezolana Shirley Varnagy redactó un monólogo titulado “Qué soy”, en el que reflexiona sobre las distintas etiquetas políticas que existen en Venezuela y su postura según la gente, dependiendo del ángulo en el que se le vea. Mas allá de la genialidad que hay en cada una de sus líneas, el mensaje final vale la pena resaltarlo:

 

Creo en la libertad, pero no en libertinaje. Soy bolivariana

No me educaron para defender la patria, sino para construirla, soy civil

En mi trabajo no soy de oposición ni soy oficialista, soy periodista

Pero ante todo, siempre seré ciudadana y para mí Venezuela es una sola, libre de etiquetas

(…)

Concluyo que no estaría mal derrumbar las etiquetas y mirarnos a los ojos, tal vez allí nos encontremos todos”.

 

Venezuela, por su contexto en los últimos años, es un pais extremista y radical en los temas políticos. Consecuencia, probablemente, de las mismas personas que han gobernado los destinos de la República durante los últimos 21 años, hay una brecha entre quienes apoyan y adversan no solo al presidente de la República sino también a su ideología política. Esto se deja ver inclusive en el plano deportivo, en donde esta nación ubicada al norte de Sudamérica está logrando sus mejores Juegos Olímpicos en cuanto a medallas en la historia, pero sí, todavía hay quienes usan la política para manchar momento tan positivo.

Sin intención de tomar partido por izquierda o derecha en el mapa, para nadie es un secreto que la estructura deportiva de Venezuela es paupérrima. Por ello no es secreto que la opinión popular considerara a tres atletas que hacen vida, y se entrenan en el extranjero y con entrenadores foráneos, como las principales opciones de medalla: Antonio Díaz, Yulimar Rojas y Daniel Dhers. Pero la vida ha sorprendido a quienes hacían esos cálculos con dos preseas de plata para Julio Mayora y Keydomar Vallenilla en halterofilia.

Hablemos de Julio Mayora: tiene 24 años y nació en Catia la Mar. Representa a Venezuela desde 2014 (tenía apenas 17 años) y según cuentan en Cinco8, con 16 años llegó a levantar 231 kilogramos. Sin duda, se trata de una gran promesa, ahora consagrada en realidad, en el equipo de halterofilia venezolana. En un país normal, su nombre debería sonarnos: medallista de oro en los Panamericanos de Lima 2019, Juegos Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla 2018 y Campeonato Panamericano 2018 en Santo Domingo. Además, suma dos medallas de plata en el campeonato Panamericano y una medalla de bronce en el Mundial de 2018, pero Venezuela lo conoció ahora, gracias a su segundo lugar en Tokio 2020. Tan rápido como subió el orgullo, cayó cuándo apareció en un video dedicándole su medalla de oro al fallecido presidente venezolano, Hugo Chávez.

La política en Venezuela se ha centrado en dividir a la gente: que el oficialista deteste al opositor y el opositor al oficialista. Resulta increíble pensar que entonces el logro de Mayora empezó a cuestionarse por algo tan banal como su inclinación política. Sin contar que, probablemente, muchos de los críticos en su lugar no rechazarían una llamada del presidente de la República, con la presión del Ministro de Deportes de Venezuela frente a ti y con toda tu familia viviendo aún en su vieja casa de La Guaira. Forzado o no, rápidamente se descartaron los elogios a una persona que llena de orgullo al país por pensar distinto. ¿Y la tolerancia dónde quedó?

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Inicio un microcuento rápido para cerrar el tema Mayora. Josué es un niño venezolano de 12 años, que tiene una cuenta en Instagram para mostrar sus esculturas hechas en plastilina. Tras el logro de Julio este joven artista decidió hacer una escultura con el nuevo medallista de su país, despertando el rechazo de parte de sus seguidores por ‘exaltar a un chavista’.

Horas más tarde, Josué y sus papás tuvieron que pedir disculpas por realizar una obra que no tiene nada de malo, pero que ofendió a sus seguidores enfermos por la política radical. Sin quererlo con esa publicación, un niño de doce años dio una lección al país. Una lección que debería darnos vergüenza y es que no es lo mismo tener libertad de expresión que caer en el libertinaje para hablar.

Muchos otros atletas venezolanos han sido señalados por su cercanía al oficialismo: hemos visto a quienes se alegran por la derrota del esgrimista, Rubén Limardo, por haber ocupado un cargo público en la administración de Nicolás Maduro y otros que recuerdan el pasado chavista de Yulimar Rojas o la garrochista Robeilys Peinado.

¿De verdad hay quienes le desean el mal a un compatriota por no coincidir con sus ideales políticos? ¿Tenemos tan poco raciocinio como para indagar por qué hay atletas que agradecen al gobierno? Sí, la estructura deportiva del país es deficiente, pero hay personas que catalogan al gobierno actual como una dictadura y se sorprenden por la ausencia de libertad de expresión. Qué incongruente.

Como no basta con una polémica, la comunidad LGBTI despertó otro debate que sacó a relucir la intolerancia y radicalización de los homófobos en el país. Yulimar Rojas, quien ganó la medalla de oro en salto triple en Tokio, ha declarado en el pasado que desearía ver leyes que protejan a las parejas homosexuales en Venezuela. La victoria de Rojas despertó el orgullo de la comunidad y el odio de los radicales, en algo que vale la pena señalar también. Yulimar Rojas no gana la medalla de oro en Tokio 2020 por pertenecer a la comunidad LGBTI, pero efectivamente su victoria envía un mensaje claro y fuerte para todas aquellas personas homosexuales que están reprimidas en una sociedad tan retrógrada como la venezolana: puedes ser querido y apoyado en tu país si eres bueno en lo que haces, independientemente de tu orientación sexual.

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El camino de Rojas no ha sido detenido por la discriminación o los malos comentarios (incluso políticos) que ha recibido, por lo que sus logros representan una bandera de esperanza. ¿Por qué hay personas a las que les molesta que se recuerde la sexualidad de la atleta? El venezolano debe aprender a dejar a un lado los prejuicios y entender que visualizar el problema es clave para que como sociedad avancemos y consideremos esos temas como algo normal en la vida cotidiana. De otra forma, viviremos frustrados buscándole defectos a nuestras alegrías. Valga un último recordatorio para este tema: cuando la comunidad homosexual habla de derechos o leyes que los protejan se refieren a matrimonio igualitario, derecho de adopción y mayor libertad para que las personas trans puedan cambiar de género y nombre ante las organizaciones del estado, algo con lo que Venezuela no cuenta hoy en día.

Tal vez la victoria de una atleta de la comunidad LGBTI sirva para reflexionar sobre este tipo de carencias y el gobierno pueda prestar apoyo a la diversidad sexual. Así, por ejemplo, Yulimar podría estar legalmente casada con una mujer en su país en vez de hacer ese trámite en el extranjero.

Las medallas obtenidas por Venezuela en Tokio 2020 no le quitan el hambre a nadie, ni son una solución a la crisis política, social y económica que atraviesa el país (por el bloqueo o la mala gestión del gobierno, eso ya lo dirá el lector). Sin embargo, representan una alegría dentro de tanta oscuridad. En vez de recordarnos aquellas cosas que nos dividen y molestan como venezolanos en nuestro día a día, deberíamos valorar estas pocas oportunidades que tenemos para unirnos como país. Si los atletas viven felices juntos en la Villa Olímpica, ¿por qué nosotros tenemos que vivir peleando?

No seamos un reflejo de lo malo de nuestra sociedad. Utilicemos estos Juegos Olímpicos como un examen para determinar todo lo que podemos mejorar como venezolanos, y si es posible, tendamos una mano para todos aquellos atletas que cada cuatro años luchan por un lugar en la magna cita deportiva del mundo. Quizás si apoyamos al deporte y seguimos los logros de nuestros coterráneos durante el período de las olimpíadas, sería más fácil quererlos tal y como son. Al igual que Shirley, en su trabajo no son ni de oposición ni oficialistas, son venezolanos que quieren que su himno suene en todo el planeta.

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“Creo en el diálogo para alcanzar la paz, como Rabin con Arafat.” – Shirley Varnagy.

 

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Loco según los conceptos de Marcelo Bielsa. Sobrevivo en la fúrica ciudad de Caracas. Diestro de pierna y ambidiestro con una cámara. Analizo futbol desde los 14 en La Pizarra del DT y relato mis historias en este rinconcito de la web.

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