lunes, 19 septiembre, 2022
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Para un desprevenido, que el rostro de Bob Marley aparezca en la camiseta de un club de fútbol de Irlanda puede resultar toda una rareza, pero lo cierto es que entre el Bohemian de Dublín y el músico jamaiquino se estableció un vínculo que aún perdura en el tiempo. El 6 de julio de 1980, Marley y los Wailers dieron un show en el estadio Dalymount Park, la casa de los Bohs, el cual con los años adquiriría carácter histórico debido que fue el último recital en un recinto abierto que realizó el músico antes de su muerte en mayo de 1981. Por ese entonces, Irlanda no era un punto al que las bandas y los artistas internacionales prestaran demasiada atención, por lo que ya de por sí resultaba una rareza que los Wailers hicieran una parada por allí en medio de su gira europea.

El encargado de llevarlos fue el promotor local Pat Egan quien, tras averiguar la dirección en Londres del promotor europeo que organizaba la gira, lo esperó por varias horas sentado en la puerta de su oficina. Después de mucho insistir, finalmente Egan consiguió su cometido y empezó a planear el show. En un principio, el recital se iba a llevar a cabo en el RDS Arena, recinto propiedad de la Royal Dublin Society, pero como los dueños se negaron a recibir a un rastafari, finalmente la organización propuso el Dalymount Park, ubicado en el barrio de Phibsborough.

Tras definir el lugar, comenzó la puja sobre el precio de las entradas. En un principio, el promotor irlandés quería cobras 10 libras por cada boleto, pero como el músico tenía como regla inamovible que los tickets debían venderse a un precio accesible, finalmente fijaron el valor en 7 libras. También fue este el primer recital en la historia de Irlanda que permitió que los niños ingresen gratis con sus padres. Pese a que en un principio la venta de boletos arrancó lenta, para el día del show se habían vendido 23,000 localidades, más un plus de 5000 tickets falsos, cortesía de la familia criminal más prominente de Dublín. Quizás arrepentidos de esta pequeña gran estafa, los mafiosos concurrieron al concierto con un regalo especial para Bob Marley y su séquito. En los días previos, la prensa irlandesa alimentó la polémica sobre si se les debería permitir a los músicos entrar cannabis al país, algo que finalmente no ocurrió. Atentos a esto, y como una manera de darle la bienvenida al ilustre invitado, el jefe de la banda le entregó en mano 450 gramos de la mejor marihuana de la ciudad.

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El show fue todo un suceso. Aunque no apareció en la portada de los periódicos al día siguiente, si fue un hito en la vida cultural de la ciudad. Si bien después muchas bandas importantes tocaron en ese mismo estadio (Thin Lizzy, Black Sabbath, Faith No More, Sonic Youth, etc), ningún acto causó tanto impacto. Uno de los momentos más memorables fue cuando Marley dedicó “Redemption Song” a la lucha del pueblo irlandés. Por esos años, la violencia en Irlanda del Norte también impactaba en su vecino del sur. Los enfrentamientos entre el Ejército Republicano Irlandés (IRA) y las fuerzas militares de ocupación inglesas (y algunos grupos paramilitares unionistas como la UVF) estaban a la orden del día y las esquirlas de la batalla llegaban hasta Irlanda.

En la memoria de todos estaban frescas las imágenes de las cruentas represiones de la Royal Ulster Constabulary –la policía del Imperio Británico en tierras norirlandesas- contra los católicos de Belfast y Derry. Como era usual, estos hechos tuvieron su correspondiente réplica, con el IRA elevando la apuesta. En 1979, en las costas de Sligo, el grupo asesinó a Lord Mountbatten, tío de la Reina Isabel y ultimo Virrey de la India. En Jamaica, mientras tanto, pese a que la independencia había sido alcanzada en 1962, tantos años de opresión y violencia británica (sobre todo contra los rastafaris) había dejado una marca imposible de borrar. De allí el reconocimiento de Marley a aquellos que buscaban el fin de colonialismo del imperio y la unificación de toda la isla de Irlanda. Para colmo, el destino quiso que los Wailers tocaran en el estadio del equipo más político de la región. Al igual que el St.Pauli de Alemania, los Bohs tienen una gran tradición obrera, antifascista y antirracista que exhiben orgullosos.

Como suele suceder con esa clase de eventos masivos y que dejan marca, el número de asistentes a este show se fue incrementando con los años, lo que hizo que la ligazón entre el club y Marley se reforzara aún más en la memoria colectiva. Prueba ello es el mural que el artista Niall O’Lochlainn pintó en el estadio y que recuerda aquel famoso recital. Pero esto no es todo. En 2011, cuando Bohemian atravesó una dura situación económica, los hinchas tomaron a “Three Little Birds” de los Wailers como una especie de himno para infundirse esperanza (el Ajax de los Países Bajos también adoptó como propia esta canción). Más tarde, en 2019, el club y la empresa que lo viste idearon un modelo de camiseta suplente en donde apareciera el rostro de Marley a modo de homenaje. La nueva indumentaria fue un suceso inmediato y O’Neill, la marca de indumentaria que viste a los Bohs, recibió pedidos desde todo el mundo. Desgraciadamente, debido a que el club había lanzado el producto sin la autorización de los herederos del músico, este debió eliminarse rápidamente del catálogo.

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El Bohemian mantuvo el diseño, aunque reemplazó la cara del músico con un puño negro, símbolo de las Panteras Negras, una conocida agrupación política de la comunidad negra fundada por estudiantes universitarios estadounidenses en la década de los 60’s. El dinero obtenido por las ventas de estas camisetas –aproximadamente 20,000 euros- fue donado para organizaciones de ayuda a refugiados políticos asilados en Irlanda. Recién a comienzos de 2022, y después de acordar con los herederos, el club pudo finalmente utilizar la imagen de músico en su camiseta suplente, la cual mantuvo el diseño original vetado en 2019.

Ahora bien ¿a Bob Marley le gustaba el fútbol? Lo adoraba. En múltiples entrevistas el jamaiquino confeso que el amor por este deporte estaba solo por debajo de su amor por la música. “El fútbol es libertad” solía decir, pero para él fue más que eso. Fue su primera forma de expresión. Nacido en la región rural de Nine Mile el 6 de febrero de 1945, durante sus primeros años experimentó los avatares de vivir en una de las zonas más pobre de su ya empobrecido país. A los 12, cuando se mudó al vecindario Trenchtown en Kingston, la pelota fue la alternativa que encontró a la violencia que inundaba las calles de su barrio. En los partidos callejeros, en donde abundaba la pierna fuerte y las cosas no siempre terminaban de la mejor manera, el joven Marley aprendió a valerse por sí mismo. Habilidoso como era, soportaba estoicamente las patadas de sus rivales y seguía jugando.

Eso no quiere decir que dentro del campo de juego el músico fuera todo paz y amor. Cierta vez dijo que, si le hubiese gustado más el fútbol que la música, estaría en problemas porque cuando jugaba, lo hacía duro, lo hacía para ganar. Tanto amaba el deporte que, una vez consagrado, construyó un pequeño estadio en su casa de Kingston para poder jugar con sus amigos. En las giras, era usual que se arman partidos improvisados antes de los shows entre los Wailers, con Marley incluido, y periodistas, músicos de las bandas soportes, roadies y cualquier persona que anduviera por allí. De hecho, antes del show en Dalymount Park, el famoso picado fue interrumpido por el jardinero de los Bohs quien, visiblemente enojado, los echó del campo de juego.

¿Y de qué equipo era Bob Marley? Su manager, Allan Cole, fue un destacado futbolista jamaiquino que jugó para el Atlanta Chiefs de North American Soccer League (la predecesora de la actual Major League Soccer) y el Nautico de Brasil. Cole, que también miembro de la selección nacional y el jugador más celebrado en su época fue quien transformó al músico en hincha fanático del Santos de Pelé. Debido a que su selección no trascendía a nivel internacional, Marley mutó ese amor por el club de Sao Paulo a un fanatismo por el equipo nacional brasileño. Para su hija Cedella, la influencia de su manager fue solo una de las causas por las que Marley amaba el fútbol brasileño: “La música, la cultura, la comida, las mujeres. Si lo piensas, hay muchos puntos en común con Jamaica. Creo que fue eso lo que lo hizo enamorarse de Brasil”.

Curiosamente, su fanatismo por la verdeamarella no le impidió tomarle cariño al seleccionado argentino que ganó la Copa del Mundo 1978. Durante ese Mundial, el músico estaba en plena gira por Europa y Norteamérica, pero se aseguró que sus shows estén organizados de tal manera que pudiera ver la mayor cantidad de partidos. El triunfo de la selección albiceleste hizo que Bob se enamorara de Osvaldo Ardiles, una de las piezas claves en el equipo de Cesar Luis Menotti. Por esta razón, cuando Ossie y Ricardo Villa firmaron con el Tottenham a la siguiente temporada, el cantante también se hizo fanático del club de Londres.

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Por desgracia, la muerte de Marley también tiene relación con el fútbol.  A mediados de los 70’s, el músico perdió la uña de uno de sus dedos en el pie derecho durante un partido de futbol, situación a la que le restó importancia en ese momento. Lamentablemente, esa lastimadura fácilmente tratable derivó en la aparición de un tumor maligno. La única solución era amputar el dedo, pero, por motivos religiosos, el paciente se negó a aceptar el tratamiento y por varios meses se sometió a distintos y polémicos tratamientos, pero ninguno dio resultado. Bob Marley murió el 11 de mayo de 1981.

Tras su deceso, la familia se encargó de mantener el vínculo del artista con el balompié. En 1998, cuando la selección jamaiquina tuvo su única e histórica participación en una Copa del Mundo, su hijo mayor, Ziggy fue el encargado de grabar el himno oficial del equipo conocido por todos como los Reggae Boyz. Más acá en el tiempo, en 2014, una de sus hijas donó una gran cantidad de dinero a la federación jamaiquina para mantener activa a la selección femenina de fútbol. El aporte de Cedella, quien además de cantante es empresaria y diseñadora, fue vital para que Jamaica clasifique a la Copa Mundial Femenina 2019.

 

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Changarín de la palabra, termo de la A-League. Una vez me insultó toda la comunidad croata de Melbourne.

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