jueves, 18 julio, 2019
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Verano del 83. En Udine el calor se hace insoportable y la ciudad yace tranquila entre las montañas de la región del Friuli. El equipo acaba de terminar una cómoda campaña que lo vio finalizar en el sexto puesto de la clasificación y a tan solo dos puntos de la Copa de la UEFA luego de años y años acostumbrados a estar en el inframundo de las Series C y B. El Udinese y sus aficionados vivían con felicidad un período de estabilidad que por fin no se les hacía ajeno, comandados por un novel presidente dueño de una fábrica de electrodomésticos que por primera vez tomaba las riendas de una institución deportiva, Lamberto Mazza.

Era la quinta temporada consecutiva en la élite tras el retorno y Mazza, en su segunda campaña al frente del club, se propuso revolucionar el equipo con ansias de mejorar los resultados pasados y poner al Udinese entre los grandes de los grandes. El sexto puesto de la 82-83 había impulsado los ánimos de todos y la ilusión se palpaba en el aire. ¿Quién vendrá?, ¿cuál será el objetivo de Mazza? se preguntaba la gente. 

Aquel verano marcaba la tercera temporada en la que las fronteras del Calcio se abrieron para que jugadores extranjeros pudieran recalar en las diferentes plantillas de la liga. Ya habían llegado Platini y el polaco Zbigniew Boniek a la Juventus, el mago danés Laudrup había fichado por la Lazio y muchos más jugadores internacionales iban encontrando sitio en las filas de importantes equipos.

La época dorada de la Serie A comenzaba a gestarse y, entre tanto equipo grande y contrataciones rutilantes, un equipo del norte de Italia que hace poco rondaba por las categorías inferiores sorprendió a medio mundo con el nombre de su siguiente jugador en lista. Arthur Antunes Coimbra, mejor conocido como ¨Zico¨, era el jugador a conseguir por los friulanos. 

 

 

 

Problemas con la federación

La Federación Italiana, con su Presidente Federico Sordillo a la cabeza, intentó bloquear el acuerdo alegando que el club no contaba con los recursos necesarios para pagar las cifras del pase que el Presidente Lamberto Mazza pagó por el jugador -6 billones de liras en aquel momento, pagadas en parte por el club y por una empresa con la condición de poder usar la imagen del brasileño-.

Era la Federación, que en su pedido, escondía un recelo ante la cantidad de jugadores extranjeros que desembarcaban a la Serie A contra un pequeño club del norte cuyos fanáticos exclamaban ¨Zico o Austria¨ en referencia al país que limitaba con la región del Friuli en una demostración de odio ante una decisión que, a ojos de los tifosi bianconeri, buscaban prevenir a un humilde club de su sueño más impensado. Los tifosi amenazaron, incluso, con mudarse a la Bundesliga austríaca de no concretarse la transacción. 


Puestas las cartas sobre la mesa, la lucha de poderes se presentaba desigual. ¿Cómo podría un club del tamaño del Udinese plantar cara ante toda una federación? Estaba claro que desde la soledad, su reclamo no tenía el peso suficiente para doblegar semejante oposición, y cuando todo parecía evaporarse desde la capital llegó un aliado inesperado. Comandados por su histórico Presidente Dino Viola, era la Roma, que al igual que el Udinese, quería contratar a un extranjero. Su nombre era Toninho Cerezo. 

Luego de presiones y protestas en las calles que se encontraban abarrotadas de gente pidiendo por Zico, el caso se había transformado en un tema de Estado, llegando hasta el mismísimo Presidente de la República, que se pronunció al respecto en favor de que los jugadores pudieran jugar para ambos clubes. Al final, los dos equipos consiguieron sus ansiados jugadores y la temporada dio comienzo.

 

 

 

Un fuoriclasse llega a Udine

Zico llegaba a Italia luego de registrar 123 goles en 212 partidos con el Flamengo, habiendo jugado dos Copas del Mundo y habiendo, a su vez, conseguido la Bota de Bronce en el Mundial de 1982. Era la primera vez en la historia que el Udinese recibía a alguien con semejantes galones a sus filas.

Y, como no podía ser de otra forma, la ciudad se había revolucionado. Más de 26.000 abonos para la temporada se vendieron en tiempo y cantidades récord y la gente llenaba fecha tras fecha el Stadio Friuli para observar a uno de los mejores futbolistas de la historia recorrer el campo de juego en los colores de su club. 

La primer temporada fue un sueño para los fanáticos. Con partidos memorables y goles increíbles -particularmente los de tiro libre- Zico redimensionó la palabra fútbol en Udine y su magia se hizo palpable durante toda la competición y en partidos trascendentales. Su debut ante el Genoa no podría haber sido mejor. 5 a 0 para los visitantes con dos goles de la estrella brasileña, el primero dejando en ridículo al defensor con un enganche y el segundo un derechazo de tiro libre al ángulo derecho. En el Luigi Ferraris ya empezaban a saber de qué iba todo esto.

Semanas más tarde, su gol en el 85´contra la Roma, el último campeón, hizo temblar las gradas de un Stadio Friuli que veía caer al todopoderoso capitalino en el norte de Italia. Udine vivía una fiesta y la samba sonaba en las calles. San Siro también le vio desplegar todo su arsenal cuando Zico estrelló una chilena al costado derecho de para remontar y ponerse 3 a 2 abajo ante uno de los mejores Milan de la historia. Doblete para el brasileño esa tarde que terminaría en un empate a tres gracias a un gol en el 87´de Causio, con quien Zico hacía una dupla fantástica. 

Era durante aquellos partidos, en los estadios más imponentes y contra los rivales más majestuosos, que la calidad de Zico se manifestaba como una expresión de arte sobre el verde césped. Ante tal demostración, los tifosi, propios y ajenos, no hacían más que admirar al genio de Río que había cambiado los bastones horizontales y la inmensidad del Maracaná por la bianconera del Udinese y estampas como San Siro, el Olímpico de Roma y el Comunale de Torino. Veneración, aplausos, admiración y hasta envidia, todo eso despertaba Zico en los aficionados rivales. La fiebre por el brasileño era tal, que incluso algunos abonados del Udinese pagaban la membresía y viajaban desde otras provincias cada dos fines de semana a verle jugar, con la seguridad de que lo que ocurría en el Friuli era digno de ver mientras durase.


Con 19 goles en su primera experiencia fuera de Brasil, Zico quedó segundo en la tabla de goleadores a tan solo una diana de Platini y, si bien la clasificación final vio una merma en cuanto a la temporada pasada (terminando noveno), el presagio indicaba que lo mejor estaba por venir, con un Zico ya adaptado a un fútbol diferente, los del Friuli tenían todo para mejorar lo hecho en la 83-84.  

 

 

 

Ocaso

Solo 15 partidos y 3 goles en una temporada cargada de lesiones y desencanto con una dirigencia que no supo rodear a su mejor jugador de mejores compañeros para aspirar realmente a lo que muchos querían aspirar, incluído el propio Zico, darían por finalizada la travesía por las montañas del norte italiano.

A pesar de ello, Zico todavía dejó casi a modo de regalo de despedida otros destellos de su enorme clase con grandes performances contra la Juventus, Inter y un recordado último partido ante el Napoli de Diego Maradona, ensombrecidos por agresiones a árbitros y un caso de evasión de impuestos del que años después terminaría absuelto. 

Todo ello sería suficiente para no poder evitar la tentación de volver a su casa y a su templo. El gran maestro decidía entonces poner punto y final a su periplo italiano y volver a su Brasil natal y a su Flamengo, que todavía seguía llorando la ida de su emblema. Fue un período breve pero lleno de magia el que cautivó a cada una de aquellas personas que fueron capaces de ver al genio enfundarse la camiseta blanquinegra de los friulanos y disfrutar de una de las mejores épocas del club.

La memoria de aquellas dos temporadas todavía sigue fresca en las calles y en los alrededores del renovado Friuli y en los ojos de aquellos afortunados que pudieron verlo. Udine fue la casa de Zico por dos campañas mágicas en las que toda una ciudad y una región soñó despierta y vivió su fantasía más impensada, gracias a los pies de un mago de época.

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Enzo Del Llano
Periodista. De Córdoba, Argentina. Convencido de que el deporte es cultura. Hincha del fútbol modesto y del básquetbol en todas sus formas. Estuve en Canadá y también me enamoré del hockey sobre hielo. Creo que la calidad debe ser más importante que la primicia, ese debe ser el camino.

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