lunes, 2 agosto, 2021
Banner Top

Triunfar en el mundo de las maratones sin haber nacido en África es extremadamente difícil y, en los últimos años, se ha vuelto cada vez más complicado acceder a alguno de los escalones del podio en las grandes competencias internacionales. Desde Atlanta 1996, cinco de los seis campeones olímpicos llegaron del continente africano y todo indica que en Tokio la dinámica no se modificará. El único intervalo de este dominio tuvo lugar en Atenas 2004, unos Juegos atípicos para la disciplina ya que ningún atleta de la región integró el podio en el Estadio Olímpico Panathinaikos. Fue justamente esa edición la que catapultó a nuestro protagonista a la historia del olimpismo.

Vanderlei Cordeiro de Lima nació en Cruzeiro D´Oeste en 1969, un pequeño pueblo ubicado en el estado de Paraná. Allí ayudaba a su padre José en la plantación de café y caña de azúcar en la que trabajaba y de la cual se iba corriendo a la escuela, algo que, mientras era pequeño, todavía lo hacía por simple diversión. Esa costumbre le permitió desarrollar una gran capacidad aeróbica, lo que le daba cierta ventaja cuando jugaba al fútbol con sus amigos y, en consecuencia, lo hacía destacar. En uno de esos partidos estaba presente un entrenador de atletismo que quedó hipnotizado por como Vanderlei no dejaba de correr por más que pasaran los minutos, por lo que le extendió una invitación para entrenar carreras de larga distancia.

Con los años continuó mejorando y a sus 18 años se mudó a São Paulo para luego sumarse a la União Esportiva Funilense, con la que se perfeccionó en la maratón ya que, hasta ese momento, su fuerte eran las carreras de cross country, disciplina en la que representó a Brasil en los Mundiales de 1989 y 1992. Luego de la muerte de su entrenador Asdrúbal en 1992 pasó a estar bajo la tutela de Ricardo D´Angelo, quien le hizo ver el potencial que tenía y lo llevó a una progresión continua y escalonada que, con el correr de los años, iba a dar frutos. Con él tuvo sus últimas experiencias en cross country, subcampeonato y campeonato sudamericano de 1993 y 1995 respectivamente. 

En cuanto a la maratón, tuvo que esperar hasta 1994 para conseguir su primera victoria internacional en la maratón de Reims, evento en el cual lo habían contratado como liebre para los primeros 20 km. pero, al sentirse pleno a llegar a esa marca, decidió seguir y terminó ganando la competencia. Fue el punto de inflexión en su carrera ya que en 1996 volvería a saborear la gloria internacional con su primer puesto en la Maratón Internacional de Tokio, una de las de mayor renombre de todo el calendario. Lamentablemente para él, no pudo trasladar esa inercia a los Juegos Olímpicos de Atlanta donde un 47° lugar lo dejaría descolocado mentalmente dado que se trataba de su debut olímpico, en el cual no había podido demostrar su mejor rendimiento.

Sin embargo, como la historia lo demostraría más adelante, de Lima sabe lo que es levantarse después de una caída. Terminó 23° en el Mundial de Atletismo de 1997 en Atenas, fue subcampeón de la Maratón de Tokio en 1998, donde dos años antes se había alzado con la victoria, y en 1999 se quedó con la medalla de bronce en la Maratón de Fukuoka. Japón le sentaba bien a Vanderlei, aunque a mediados de año debía hacerse fuerte del otro lado del mundo, ya que en Canadá tenía la chance de comenzar a emprender el camino de redención luego de su actuación en Atlanta 1996. En los Panamericanos de Winnipeg demostró el progreso que había mostrado en la olimpiada y se llevó el oro sin mayores complicaciones con un tiempo de 2:17:20 que le garantizaba un lugar en Sydney 2000 y la oportunidad de mejorar ese 47° puesto que lo atormentó por varios meses.

Así como se dijo que Japón fue su lugar en el mundo a fines de los 90, los Juegos Olímpicos parecían ser la antítesis del brasilero, quien llegó a la competencia con un pie inflamado y constantes dolores en la cadera por una lesión mal tratada sufrida en México unos meses antes. Esto lo obligó a caminar en tres tramos de la carrera y a llegar en un penoso 75° lugar que, al igual que cuatro años atrás, le afectó mentalmente. 

Otro ciclo olímpico que Vanderlei se veía obligado a encarar si quería tener esa gran actuación que él sabía que podía tener en la máxima cita del deporte internacional. Y, de nuevo, llegaba a unos Juegos con grandes aspiraciones: en 2002 ganó el Maratón de Sao Paulo, con el mejor tiempo de la historia de la competencia, y en los Panamericanos de Santo Domingo 2003 revalidó el título conseguido en Winnipeg y se aseguraba la clasificación a Atenas 2004. Antes de la competencia se quedó con el Maratón de Hamburgo y tuvo unas semanas de preparación en la altura de Paipa, una localidad de Colombia en la que hizo base para ultimar su preparación olímpica.

Todo parecía indicar que Atenas era la última oportunidad del brasilero dado que llegaba con 34 años y dos experiencias marcadas por la frustración de no haber cumplido con sus propias expectativas. Y, por cómo se fue dando el desarrollo de la carrera, los fantasmas de Atlanta y Sydney se iban desvaneciendo kilómetro a kilómetro. Se cortó en soledad en la parte inicial de Stefano Baldini y Mebrahtom Keflezighi y para el kilómetro 36 lideraba con 25 segundos de ventaja por sobre el italiano y el estadounidense. Ocho kilómetros lo separaban de su entrada triunfal al Estadio Olímpico Panathinaikos para adjudicarse el oro pero un entrometido tenía otros planes

¿Su nombre? Cornelius Horan, un sacerdote irlandés. ¿Su justificación? Propaganda religiosa, aunque 17 años después nadie entiende por qué pensó que de esa manera iba a atraer gente para su causa. ¿Qué fue lo que hizo? Burló a los agentes de seguridad y se abalanzó sobre de Lima, tirándolo contra el vallado del otro costado de la calle. “Es un idiota”, fue lo primero que se le cruzó por la cabeza a uno de los narradores de la cadena O Globo. Los espectadores ayudaron a nuestro protagonista a desprenderse de Horan, quien estaba ebrio por lo que dicen aquellos que estuvieron cerca de la escena, y a retomar la marcha. Pero, pese a haber perdido solo 10 de los 25 segundos de ventaja que llevaba, Horan había descolocado a Vanderlei, quien perdió la concentración y completó lo que quedaba de trazado con el miedo de desconocer si Horan tenía un arma o un cuchillo encima y calambres provocados por los movimientos atípicos de haber tenido a un hombre tirándolo hacia un costado contra su voluntad. Fue por esto por lo que dos kilómetros después fue superado tanto por Baldini como por Keflezighi, oro y plata del evento respectivamente, y se tuvo que conformar con el bronce de la prueba.

 

EFE /FILIPO MONTEFORTE

 

También puedes leer:   Bob Hayes, el hombre que triunfó en los Juegos Olímpicos y la NFL

Esto no le quitó la sonrisa de su cara al entrar al Estadio Olímpico ya que, tras años intentando obtener un buen resultado en los Juegos, por fin lo había conseguido. Su ingreso al Estadio lo hizo zigzagueando con los brazos abiertos en forma de “avioncito” y dibujando un corazón en el aire ya que, como explicaría luego del evento, no seguía preocupado por lo que había hecho Horan, sino que, simplemente, le agradecía a Dios por permitirle obtener una medalla olímpica. El objetivo de Vanderlei estaba cumplido y, por su muestra de humanidad en la llegada a la meta, fue el más aplaudido en la entrega de medallas. 

Horan, por su parte, fue condenado por un tribunal griego a un año de sentencia suspendida sumada a una multa de 3000 dólares y una prohibición de tres meses a cualquier evento deportivo. Esta última arista se debió a que esta no era la primera vez que el irlandés protagonizaba un hecho de estas características: en el Gran Premio de Silverstone de Fórmula 1 en 2003 se metió en la pista y se ubicó en el medio de la Recta del Hangar con los autos esquivándolo a 300 kilómetros por hora. El bochorno de Atenas también le costó la expulsión de la Iglesia Católica.

Dada la diferencia que le llevaba a sus perseguidores, la Confederación Brasileña de Atletismo presentó una apelación para que le fuera entregada la medalla de oro por interferencia externa, que terminó siendo rechazada. Esto no molestó a de Lima, quien sostiene que podría haberse llevado la de oro pero que, por cómo se dieron los sucesos, nunca lo sabrá. De hecho, un año más tarde el jugador de beach volley y campeón olímpico en Atenas Emanuel Rego le ofreció su propia medalla en un programa de televisión y Vanderlei la rechazó ya que la suya “es de bronce pero tiene un significado de oro”. A modo de compensación, el Comité Olímpico Internacional le entregó la Medalla Pierre de Coubertin por los valores y el espíritu olímpico que demostró al final de la carrera tras haber sufrido ese fatídico episodio.

Continuó corriendo hasta 2009 cuando, luego de participar en el Maratón de París, le puso el punto final a su carrera. Lo más destacado de su etapa post Atenas fue el intento de defender su título panamericano en Río 2007, que no pudo concretar al retirarse a 5 km. del final por dolores musculares.

Como por factores externos su carrera no tuvo una presea de oro, el destino se encargó de darle el broche de oro que merecía: en 2016 fue el encargado de encender el pebetero en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Río. Gustavo “Guga” Kuerten, tricampeón de Roland Garros, ingresó al Maracaná con la llama, se la pasó a Hortencia Macari, medalla de plata en Atlanta 1996 con la selección femenina de básquet, y ella se la entregó a Vanderlei para que hiciera los honores. Ante su público, se dio el gusto de ser reconocido y de que su historia llegara a aquellos que todavía no la conocían. Una historia de resiliencia, paciencia y de ver el lado positivo de la vida sin importar los desafíos que la misma te haya puesto en tu camino.

  • ¡Hola! Esperamos que hayas disfrutado del artículo. Antes de que te vayas queremos recordarte que estamos preparando cosas grandes, pero necesitamos la ayuda de nuestros lectores para hacerlas realidad. Por eso, si te gusta lo que hacemos en The Line Breaker, abrimos un canal para que consideres invitarnos a un café y así ayudarnos a mantenernos en pie.
(Visited 32 times, 32 visits today)
Tags: , , , , , ,
¡Buenas gente! Soy Facundo Osa, tengo 20 años y me gusta escribir de todo un poco. Últimamente estoy en una parte más polideportiva de mi escritura ya que me alejé del fútbol porque dejó de atraparme como antes. Así que ya saben, cada vez que vean alguna nota que sea de algún deporte que no frecuentamos tanto en la página, seguro sea mía jajajaja. Ya que están, síganme en Twitter (@FacuOsa) si no se quieren perder de nada del mundo polideportivo (especialmente rugby, básquet y automovilismo).

Related Article

The BreakerLetter

Archivos

Nuestras Redes

INSTAGRAM

Mis Marcadores