miércoles, 26 enero, 2022
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Por Matias Chircoff 

 

La esgrima es uno de los 33 deportes que componen un Juego Olímpico (teniendo en cuenta el último evento en Tokio). Este es uno de los nueve que están desde el inicio de las olimpiadas, junto con el atletismo, ciclismo (ruta y pista), natación, gimnasia, tenis, lucha, halterofilia, y tiro. La disciplina, caracterizada por ser una de las más dinámicas y cambiantes en cuanto a resultados, tuvo una pequeña mancha en el tiempo propinada por Boris Onischenko. ¿Quién es este atleta y por qué su nombre pasó de lo más alto del deporte soviético a lo más infame?

 

Los Juegos del fracaso

Es necesario conocer el contexto para entender la historia que buscamos narrar. Para eso nos situamos en Montreal, una ciudad de Canadá que fue seleccionada para que se disputaran los Juegos Olímpicos de 1976, luego de una Sesión Extraordinaria del Comité Olímpico Internacional (COI) del año ‘70. Es para destacar que se impuso con 41 votos, mientras que la ciudad rusa de Moscú, quien quedó detrás, sumó 28. Además, Los Ángeles, se ubicó en tercer lugar.

A pesar de que en estos Juegos Olímpicos tuvieron sus primeras apariciones grandes deportistas como Nadia Comaneci, una de las gimnastas más relevantes, a quien apodaron como “La chica 10”, y, además, Leo Randolph, el campeón en peso pluma de boxeo más joven con 18 años, los medios internacionales de la época etiquetaron estos juegos como un “fracaso”.  Es para destacar también que 20 países, en su mayoría africanos, decidieron no participar del evento que arrojaron un saldo económico negativo que incluyó obras de infraestructura sin terminar.

Claro está que estos Juegos Olímpicos no soportaban un tirón de orejas más. Sin embargo, quedó expuesta la situación que nos compete: el pentatlonista Boris Onischenko fue descubierto por alterar tecnológicamente su espada en esgrima y quedó automáticamente descalificado.

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De héroe a villano

Onischenko, nacido en Ucrania el 19 de septiembre de 1937, fue, como la mayoría de los pentatletas de la época, un militar que sirvió a su país. En los llamados “Agones” (Juegos Olímpicos antiguos) los deportistas se entrenaban para ir a la guerra y participar de los eventos deportivos. Esta característica de “hombre fuerte” y bien entrenado se mantuvo en el tiempo, a la par del fervor de servir a su país.

El ucraniano desembarcó en Montreal 1976 como un héroe nacional, con cuatro campeonatos mundiales, un subcampeonato por equipo de México 1968, un título en Munich 1972 y otra condecoración individual a sus espaldas.

La escuadra soviética llegó al 19 de julio en la cuarta posición, luego de la prueba a caballo (el pentatlón cuenta con cinco disciplinas: equitación, tiro, natación, carrera y esgrima). A pesar de no estar en la cima de la tabla de posiciones, Boris y su equipo aguardaban el futuro con buenos augurios ya que, en las pruebas restantes, históricamente, los soviéticos marcaban una diferencia en la puntuación. Sin embargo, en el gimnasio de la Universidad de Montreal donde se disputó la prueba de esgrima, todo cambió.

Tras superar los primeros combates sin inconvenientes Onischenko se topó con Jim Fox, capitán del equipo de Gran Bretaña. Mientras la pelea promediaba, Fox notó que, pese a que la espada de su rival no tocaba ni rozaba su cuerpo, el marcador contabilizaba puntos para el soviético. Al percatarse de esto, reclamó, por lo que se le pidió a Onishchenko que entregue su sable y ahí es donde se descubrió que, en su empuñadura, escondía un botón en el cual se sumaba unidades al presionarlo. Ante el escándalo, se le entregó otra espada al soviético y el británico decidió seguir combatiendo. Minutos después, las autoridades decidieron frenar el combate y tanto el ucraniano como su equipo fueron desplazados de la competencia.

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Luego del evento, al llegar a la Villa Olímpica, los competidores no fueron bien recibidos por el resto de la delegación y fueron expulsados. Tras el bochorno, Onischenko volvió a su país de origen donde, sin mediar palabras, Leonidas Brezhnev (líder de los militares) lo desterró como servidor y se ocupó de sacarle todos sus honores deportivos.

Pese a estar en la parte más alta del deporte soviético y mundial, Boris Onishchenko, alejado de la esgrima, terminó trabajando como taxista en Kiev, la capital de su país. Fue vidriera para grandes potencias del deporte y ser partícipe de un asalto a mano armada fue su peor derrota.

 

 

 

 

 

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