jueves, 14 noviembre, 2019
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Los insultos racistas en el partido de Inglaterra en tierras búlgaras podían haber empañado el debut de Tyrone Mings con la selección inglesa, pero si conoces todos los obstáculos que ha tenido que superar a lo largo de su vida, puedes comprender por qué afirmó con templanza y una media sonrisa – de resignación, pero con la dignidad y la satisfacción de saber que Southgate cuenta con él por su buen hacer en la máxima categoría del fútbol masculino inglés – que habían ganado moral y deportivamente, permitiendo que fuese el juego el protagonista de la contundente victoria: seis goles a cero en terreno extranjero.

A ese resultado contribuyó el jugador nacido en Bath un 13 de marzo de 1993. Hasta poco antes de cumplir el cuarto de siglo no vio despegar su carrera: en los últimos días del mercado de invierno de la pasada temporada el Bournemouth lo cedía a los Villans. El conjunto jugó la promoción y subió a Premier League a final de temporada. Había cumplido su cometido y los seguidores del club de Birmingham estaban más que contentos con la idea de que la cesión finalizase en compra. Y así fue.

Para Tyrone Deon Mings el sueño se cumplía, uno que en muchos momentos pareció prácticamente imposible, a pesar de que su apellido estaba vinculado al fútbol desde su nacimiento, aunque en categorías muy inferiores. Su padre, Adie Mings – con orígenes en Barbados – fue jugador en el Gloucester City, en una etapa en la que el conjunto llegó a las semifinales del FA Trophy. Colgadas las botas pasó a ser entrenador en Chippenham Town, donde Tyrone dio los primeros pasos de su carrera en 2012. Ahora mismo es ojeador para las categorías inferiores del Chelsea. Estos datos nos harían pensar que a su hijo no le habría costado tanto llegar a la Premier, pero su camino fue tortuoso.

 

Una infancia dura

Cuando era muy pequeño sus padres se separaron. El pequeño Mings vivía con su madre y sus tres hermanas, y tras otra relación fallida de su progenitora, las deudas – cuando su padre aún estaba acabando su carrera semi profesional y los ingresos eran bajos – les hicieron acabar cerca de un año viviendo en un albergue social.

Aquellos días compartiendo ducha, comedor y aseos, marcaron al futbolista. Su mejor recuerdo es que su madre le dejaba que -con los pocos rotuladores que tenía- pintara en la pared de aquellos lavabos que pisaban personas anónimas, algunas de las cuales no eran nada simpáticas para un niño que no comprendía muy bien por qué no vivían bajo su propio techo. Compartía litera con sus hermanas y su madre dormía en el sofá, lo único que había en una habitación de pocos metros cuadrados, el único espacio de privacidad del que disfrutaban.

Tyrone creció como persona gracias a aquella etapa, aunque la recuerde con amargura. De ahí que el día del partido en Sofia pareciera que desde su 1,96 pudiese ver el panorama con otra perspectiva. Dedica parte de su tiempo libre en fechas señaladas, como navidades, a acudir a los comedores sociales para charlar con los más necesitados. Dice que a veces, aquellos rostros que recuerda como poco amigables, lo único que buscan es poder hablar con alguien y desahogar sus penas. Aparte de proporcionarles ayuda material: compra sacos de dormir, comida, guantes y mantas que reparte por las calles de Bath, su ciudad natal, porque siente que ahora que posee dinero y una oportunidad de ayudar a los que están en la misma situación que él vivió tiene el deber de hacerlo.

Su labor se extiende también al conflicto racial: Mings es embajador de Kick It Out, la organización de Inglaterra encargada de estudiar y tratar de acabar con los casos de racismo en el fútbol. Fue una iniciativa conjunta del organismo de la Premier y de esta asociación la pasada campaña del No Room For Racism.

 

El fútbol: vía de escape, pese al rechazo

La idea de emular a un padre con el que guardaba relación, distante, hizo que pudiese vivir con una ilusión: su padre consiguió apuntarle en la academia del Southampton con ocho años. Durante su crecimiento esto le impulsó a olvidar los problemas familiares y pensar en una forma de vida con la que quizá podría ayudar a su madre con todas sus deudas – como ha hecho, según él mismo comentó.

La desilusión llegaba cuando era rechazado para pasar al equipo juvenil de los Saints por su, entonces, poca envergadura. Cardiff City, Swindon Town, y Portsmouth también le negaron un puesto. Acabó en los juveniles de los Bristol Rovers, pero al final encontró su salvavidas en una beca que compaginaba los estudios con el fútbol en una escuela independiente de Somerset, donde además se planteó cambiar la imagen que había causado tanto rechazo: comenzó a dedicar horas y horas a su trabajo en el gimnasio, lo que le ha llevado a tener un físico atlético, además de que el crecimiento – tardío – también llegó.

Las notas eran buenas y esto le brindaba la posibilidad de conseguir otra beca en Estados Unidos, pero prefirió quedarse en tierra materna. Buscó trabajo en un pub sirviendo pintas para poder subsistir junto a lo que ganaba en el equipo que dirigía su padre en Chippenham, tras jugar en el Yate Town.

Al poco consiguió un trabajo en Bath como asesor inmobiliario. En aquellos días comenzaron las dudas sobre si debería abandonar la carrera futbolística y vivir con una profesión como aquella. Pero fue entonces cuando el director deportivo del Ipswich Town, el ex defensa Russell Osman, lo recomendó para el equipo que jugaba en Championship. Le gustó su carácter, un jugador que daba confianza en línea defensiva y que a pesar de su juventud se imponía en el campo a los más veteranos. Jugaba como lateral izquierdo, aunque Osman destaca que sus características físicas predecían que acabaría siendo un buen central. No tardó en fijarse en él Eddie Howe, el técnico de un recién ascendido a primera división: el Bournemouth.

 

Un fatídico debut: el apoyo de Howe y la salud mental

Mings estaba ante la gran oportunidad de su carrera, pero el destino volvió a tumbar sus aspiraciones: en su debut con los Cherries, a los seis minutos de jugar en Premier League contra el Leicester – siendo uno de los fichajes más esperados – tuvo la mala suerte de lesionarse de gravedad, teniendo que despedirse de la temporada: sufrió un desgarro del ligamento cruzado anterior y del lateral medio. El futbolista recuerda cómo recibió el diagnóstico y sintió que toda su vida se colapsaba.

No quería dirigirle la palabra a nadie, ni siquiera hacer la rehabilitación, sentía que su carrera era una pérdida de tiempo, no había manera de que pudiese triunfar cuando al sentir que por fin podría alcanzar la élite, aparecía un nuevo obstáculo. Habló con Howe y este le señaló el camino adecuado: necesitaba ayuda psicológica.

Las sombras se prolongaron cuando en la temporada siguiente protagonizó un pisotón a Zlatan Ibrahimović en una entrada, y fue castigado con cinco partidos. La pasada temporada volvió a protagonizar una jugada similar en Championship con Nelson Oliveira, que tuvo que ser sometido a cirugía en el rostro, aunque esta vez los árbitros entendieron que no fue intencionada, aunque Tyrone declaró lo mismo del caso con Zlatan.

Lo cierto es que se vio afectado emocionalmente por estas dos acciones, por haber avanzado de forma descontrolada en la acción y no pensar con detenimiento – y pidió disculpas de manera personal –, por lo que habló de la importancia de la psicología para los futbolistas. Por ello puso en marcha – tras hacer una consulta en Twitter sobre si habría interesados, a lo que la gente respondió positivamente – la organización de unos talleres sobre salud mental con profesionales a través de asociaciones dedicadas a estas cuestiones.

 

De fénix del Aston Villa a león de Southgate: virtudes tácticas

Nunca acabó de sentirse del todo parte del conjunto del condado de Dorset, a pesar de la buena relación final con Howe, y fue la cesión al Aston Villa la que le ha dado las alas para alcanzar el último peldaño que puede imaginar todo futbolista nacido en Inglaterra: debutar con los Three Lions.

La llegada en cesión al club fue encontrar un paraíso donde Terry le esperaba como San Pedro para abrirle las puertas a convertirse en el central que ahora puede formar pareja con Harry Maguire a las órdenes de Gareth Southgate. Al principio algunos aficionados recibieron la noticia con dudas, pero no le costó ganárselos.

El mismo defensa, quien valora mucho las sensaciones, señala que no solo fue el objetivo de pelear con sus compañeros por conseguir el ascenso a Premier lo que hizo que se sintiese parte del proyecto: fue también sentirse apreciado por Dean Smith y poder trabajar y aprender del antiguo capitán de Chelsea – club con el que ahora trabaja Mings padre –, del conjunto Villan y de su selección, el segundo entrenador: John Terry.

Nadie dudaba en que la adquisición del jugador iba a producirse cuando para finalizar la relación contractual con su antiguo equipo llegó a la estación de tren de Bournemouth vestido con la equipación del conjunto birminghense.

Protagonista del regreso a Premier, era de esperar que en sus primeras jornadas de la 19/20 volviese a captar la atención de espectadores y, en concreto, una muy especial: la del seleccionador nacional.

Ha demostrado que puede adaptarse a la defensa de cuatro de Southgate como juega en su equipo. Es bueno en el 1 contra 1, gana muchos duelos aéreos por su estatura y en el cuerpo a cuerpo por envergadura, con su cobertura y sus tackles, recuperaciones del balón que le resultan sencillas. Quizá la única desventaja señalada por los analistas ingleses es que prefiere quedarse en la zona cerca del área – donde protege cualquier posibilidad de ataque de los contrincantes – y no hacer una defensa más adelantada, pero seguro que Southgate es capaz de ir ofreciéndole la manera de adaptarse a la perfección a su estilo, como ha hecho al cambiar de lateral a central, e ir creciendo bajo las indicaciones de Terry y Smith.

Pero, no hay duda de que la seguridad y dominio con la que se mueve por la línea defensiva y ejecuta sus pases largos sirve de buen emparejamiento con Maguire, quien avanza más hacia el centro del campo. Inglaterra tiene un buen refuerzo y parece que este zurdo, en el otoño de 2019, ha encontrado su lugar en el fútbol de élite. El lugar con el que siempre soñó.

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Maria Valentina Vega
Traductora, redactora y entrenadora de fútbol Nivel 1

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