jueves, 6 junio, 2019
Banner Top

Turquía es una nación, cuanto menos, peculiar. Su ubicación, su cultura y el aire que se respira en sus ciudades, a medio camino entre el estilo europeo y el bullicio asiático. Los turcos tienen fama por hacerse sentir y también por ser uno de los países con la carga futbolística más pasional dentro de la zona europea, la que más se le parece a la forma en la que se vive el balompié en América Latina.

Es bajo el contexto anterior que estadios como el ahora Türk Telekom Arena, hogar del Galatasaray, llamado así por los crecientes acuerdos comerciales que se apropian de las identidades de los clubes, tienen sobrenombres como ‘El Infierno de Estambul’, por su fortaleza al momento de hacerse sentir. Junto a otro recinto, Şükrü Saracoğlu, se disputa el clásico de la ciudad y del país: Fenerbahçe-Galatasaray.

Corresponde sacar a colación también al Beşiktaş. Hablar de las Kara Kartallar (Águilas Negras) es hablar de pasión en las gradas. Unos hinchas que provienen mayoritariamente de las clases medias y bajas de Estambul, y que alejan al club de ese toque glamouroso que siempre destilan sus dos eternos rivales.

Unos aficionados capitaneados por el grupo Çarşı, ultras de tendencia anarquista, contestarios en temas políticos y que participan masivamente en actos en contra de la agenda islámista del gobierno. Este hecho hace que Beşiktaş tenga mucho apoyo entre las minorías más perseguidas de Turquía, como los armenios y kurdos.

Poco después de la creación y registro de las dos instituciones (Galatasaray y Fenerbahce) en la Liga de Fútbol de Estambul a principios del Siglo XX, los presidentes de ambos clubes, Ali Sami Yen y Galip Kulaksızoğlu, decidieron hacer frente a la propagación de ingleses y armenios que estaban en una cruzada interminable de esparcir el futbol por el mundo. Propusieron unir al Galatasaray y Fenerbahçe para hacer un ‘súperequipo’ de turcos contra los foráneos y que tuviera por nombre Türkkulübü. Como bien dice el dicho, del odio al amor hay solo un paso, o en este caso, del amor al odio.

 

Las hinchadas turcas tienen la fama (bien ganada) de ser de las más pasionales de Europa.

 

Fue en los años 30′ cuando un conato de bronca en un partido amistoso terminó por detonar las diferencias sociales y culturales de sus aficionados: el Galatasaray era el equipo de los ricos, con un nacimiento que vino gracias a estudiantes de alta sociedad; mientras que el Fenerbahçe era conocido como el club del pueblo, además de que uno vio su génesis en el lado europeo de la ciudad, mientras que el otro se formó en el asiático. Este hecho desembocó en el nombre con el que se conoce a este partido: Kıtalararası Derbi, o Derby Intercontinental.

Lamentablemente, la rivalidad fue incrementando hasta rozar niveles pasionales absurdos, que detonaban,en muchas ocasiones, en altercados violentos, incluso asesinatos dentro de los estadios. El ‘hooliganismo’ que se ha erradicado en la mayoría de los países sigue intacto en Turquía, esperando su cita en un derbi que hace que sus aficionados rayen en una locura enfermiza. Un comportamiento que desemboca en otro aspecto de este tablero de ajedrez. Hablamos de la política, algo de lo que conoce muy bien Hakan Sükur, uno de los máximos goleadores de este partido.

Después de su exitosa trayectoria como profesional, Sükür fue elegido en 2011 como miembro del Parlamento turco por el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), el partido del presidente Recep Tayyip Erdögan, y se mantuvo en su cargo durante dos años y medio hasta que renunció por los escándalos de corrupción que había en el gobierno y por su estrecha vinculación con Fethullah Gülen, clérigo que se autoexilió en 1999 a Estados Unidos. Al ver que la situación política estaba en declive decidió buscar un nuevo comienzo.

En 2015 se mudó a Palo Alto, California. Un año después, un Golpe de Estado se llevó a cabo en Turquía en contra del régimen de Erdögan, pero solo quedó en un intento. El gobierno lo apuntó como el encargado de planearlo y orquestarlo junto a Gülen.
Este hecho ocasionó en pocos días cientos de muertos, las detenciones de más de 8.000 personas y 50.000 despidos. La Federación de Fútbol turca reveló que despidió a un grupo de 94 funcionarios, incluyendo a varios árbitros con grado regional y asistentes réferi, tras el golpe de estado fallido.

Al enterarse del suceso, Hakan insultó al jefe de Estado turco por Twitter y eso no gustó al político. Erdögan impuso una orden de arresto en su contra acusándolo de “pertenecer a un grupo terrorista”.

“Hubiera tenido una buena vida si hubiera hecho lo que ellos querían. Desafortunadamente, ellos (gobierno) han controlado a los medios para manipular la percepción que tiene la gente sobre mí. Tal vez un día regrese, pero por ahora vendo café”, declaró Hakan al New York Times. Ahora es dueño de Tuts Bakery’s, cafetería cuya especialidad son los desayunos turcos, alejado de persecuciones mediáticas y difamaciones en su contra.

El cambio radical de Hakan Sükür, pasando de héroe nacional elogiado hasta la extenuación a exiliado perseguido por la justicia, pone en relieve muchas cosas: la situación de una persona puede cambiar radicalmente cuando menos te lo esperas. Por difícil que parezca, es posible pasar de ser una figura reconocida en tu país a un fugitivo reguardado en otro. Este hecho en particular pone en evidencia la cada vez más delgada la línea entre los terrenos de juego y la arena política en Turquía.

La colisión entre ambos sectores que se vive en el país supera el amor por los colores. En 2013, durante las protestas antigubernamentales en el parque de Gezi, hinchas del Besiktas, Galatasaray y Fenerbahçe marcharon juntos bajo el escudo de un club ficticio al que llamaron Istanbul United. Líderes del Çarsi fueron procesados y luego absueltos tras protestar cerca del despacho de Erdögan. Allí entra el “otro lado” de Recep Tayyip, quien forma parte de un proyecto impulsado con empresas vinculadas al Estado y dirigido de cerca por él mismo.

Este comentado “proyecto” deportivo se ha atrevido a discutir el reinado de los clubes que se han repartido los títulos de la liga turca durante los últimos años. Aprovecha el hecho de que, endeudados por su mala gestión y la crisis de la lira, los “grandes” pasan por su peor momento en décadas. Cada vez se vuelve más conocido en el mundo del futbol, pero esconde una vinculación política que le ha conllevado un sinfín de críticas en el ambiente deportivo nacional.

Vayamos por partes. Basaksehir comenzó a levantarse a mediados de la década de 1990 a las afueras de Estambul. El entonces alcalde de la ciudad turca, el mismo Erdögan, pretendía convertirlo en un barrio modelo para la población más conservadora del país, la misma que lo había aupado al Ayuntamiento y lo llevaría más tarde al Gobierno y a la Presidencia del país.

El barrio y el club estaban destinados a unir sus caminos, cuestión que se logró al adoptar el nombre Basaksehir en 2014. Su presidente, Göksel Gümusdag, está casado con una sobrina política de Erdögan y participa activamente del AKP. Era sólo cuestión de tiempo para que el cambio llegara, por lo que rápidamente se forzó la privatización del club.

El presidente de Turquía ha ido ascendiendo en paralelo al club y flotan teorías que hablan de favoritismo y apoyo económico. Como dato curioso, y para entender el trasfondo de todo esto, decir que el consorcio de sanidad privada Medipol, el principal patrocinante del club, fue fundado por el actual Ministro de Sanidad Fahrettin Koca. Otro de los directivos es el ministro de Cultura y Turismo, el empresario Mehmet Ersoy.

Su moderno estadio, llamado Fatih Terim, se inauguró por todo lo alto. El propio mandatario salió al césped y se lució marcando varios goles. Desde aquel partido inaugural, el 12 que vistió el presidente ha sido retirado. Algún lector se sentirá extrañado por el hecho de que su estadio fuera bautizado como el legendario entrenador del Galatasaray, Milan y la selección turca y no, como parecía encaminado, el propio Erdögan.

Pues bien, eso no es del todo cierto. El recinto donde hace vida el Kasimpasa, modesto club de la periferia de Estambul y que participa también en la Süperlig, se llama Recep Tayyip Erdögan Stadyumu. Es un terreno de juego que ha desafiado la falta de espacio físico del barrio donde se ubica y ha reformado sus instalaciones tirando de ingenio arquitectónico, creando con ello el que es, sin duda alguna, el estadio de fútbol más extraño del país.

El mismo fue financiado en gran parte por el gobierno de Erdögan, el más ilustre residente del barrio y que había usado las instalaciones en su juventud como miembro del club de atletismo. Tras su largo proceso de renovación iniciado en 2004, y como homenaje, cambió su antigua denominación de Estadio Kasımpaşa para llevar el nombre del mandatario hace unos años.

Con ese fuerte apoyo detrás, encabezado por empresas con las que han firmado acuerdos y otras que tienen jugosos contratos con las administraciones del Estado, el Istanbul BB emprendió entonces una peculiar política de fichajes que le ha llevado a fichar a grandes nombres que han pasado por importantes ligas europeas como Adebayor, Gael Clichy, Robinho, Arda Turan, Gokhan Inler o Demba Ba.

Pese a ello, el club no despierta grandes simpatías entre los aficionados turcos, que lo ven como poco más que un forzado proyecto político, sin historia y sin pasión. No ayuda el hecho de que los colores que viste son los mismos que los del partido afín al presidente de la República. La entrada media del estadio es de poco más de dos mil hinchas, muy poco tomando en cuenta la capacidad de su campo, y la mayor parte de los cientos que acuden son los integrantes de la peña 1453. 1453 representa, por cierto, la fecha de la conquista otomana de Costantinopla.

Este caso constituye una representación del fútbol turco actual. A pesar de su tinte dramático, esta familar historia sí es de la vida real. Tan real como la posibilidad de ver a este pintoresco equipo en Champions la próxima temporada.

Tags: , , , , ,
Juan Zavala
Venezolano del 96. Literatura, geopolítica y deportes. Contando aquellas historias que tanto nos apasionan desde otro punto de vista.

Related Article

No Related Article

0 Comments

¿Qué te pareció la nota?

A %d blogueros les gusta esto: