domingo, 1 agosto, 2021
Banner Top

Hay personas a las que el destino las golpea de forma prematura para prepararlas para la vida. Algunas son tumbadas por la fiereza de esos golpes mientras que hay otras que se recomponen, se limpian el polvo y vuelven a levantarse. “El mundo es un lugar malo y sucio y no importa qué tan duro seas te golpeará y te pondrá de rodillas. Y ahí te dejará por siempre si se lo permites. Nadie te va a golpear tan duro como la vida. Pero no se trata de qué tan fuerte puedas golpear, es acerca de qué tan fuerte puedan golpearte y seguir adelante”, es una frase icónica de la película Rocky Balboa y describe a la perfección la tenacidad de Thiago Braz.

A sus tres años fue abandonado por sus padres, por lo que sus tíos tomaron la custodia y lo criaron como a un hijo. Ese cruel y desalmado episodio terminó siendo de total relevancia en la vida de nuestro protagonista ya que su tío Fabiano, quien se dedicaba al decatlón, lo inició en el mundo del atletismo. Tuvieron que pasar un par de años de pruebas en triple salto, su primer amor por la admiración que le tenía al subcampeón mundial Jadel Gregorio, salto en largo y salto en alto para llegar a la conclusión de que ninguna de esas disciplinas lo llenaba por completo.

Recién a los 14 años se encontró con la garrocha en lo que fue un amor a primer salto. “Puedo volar, puedo sentir que mi cuerpo no está en el piso”, fue su primera sensación según lo que contó en una entrevista en 2017. Y esto tenía un trasfondo de su infancia: de chico se subía al techo de la casa de sus tíos, de un piso de altura, y se tiraba al piso porque le gustaba la sensación que le provocaba el proceso de caída. Y desde ese momento lo único que hizo fue ascender dentro de este mundo.

Con 15 años ganó el Campeonato Nacional de menores y juvenil, un año después obtuvo la medalla de bronce en el Sudamericano juvenil en Sao Paulo y en 2010 tuvo su punto más álgido a nivel internacional cuando se coronó campeón de los Sudamericanos de la Juventud y cuando volvió de los primeros juegos Olímpicos de la Juventud en Singapur con la medalla de plata colgada en el cuello, tras empatar en altura (5,05) con el español Didac Salas. En 2011 se estableció como una de las fuerzas dominantes de la categoría juvenil, sub-23, con su campeonato Panamericano Junior en Miramar y su segundo lugar en el Sudamericano de Medellín, aunque lo mejor llegaría en el Campeonato Mundial de 2012 en Barcelona donde se llevó el oro marcando el récord nacional juvenil de Brasil (5,55).

Con ese palmarés dio el salto a mayores ya con un histórico de la garrocha como Vitaly Petrov, entrenador de Sergei Bubka, campeón olímpico en Seúl 1988 y poseedor del récord mundial, y Yelena Isinbayeva, bicampeona olímpica y dueña del récord mundial femenino, a su lado desde que Braz y su pareja Ana Paula Oliveira se instalaran en el Federal Technical Center de Fornia en Italia. A nivel sudamericano trasladó su dominio al llevarse el Sudamericano de 2013 con récord incluido (5,83) aunque, ese mismo año, quedaría 14° en su primer Campeonato Mundial de mayores.

El brasilero empezaba a darse cuenta de que estaba compitiendo en la élite de su disciplina al toparse más seguido con nombres como Sam Kendricks y Renaud Lavillenie, campeón olímpico en Londres 2012 y su némesis en la olimpiada rumbo a Río 2016. De hecho, en 2013 venció por primera vez al francés en el meeting de Leverkusen al saltar 5,82, nada descomunal pero suficiente para demostrarle a Lavillenie que no tenía intenciones de quedarse esperando su momento de brillar.

Sin embargo, su progresión se iba a ver afectada por algunas lesiones entre 2014 y 2016, que, entre otras consecuencias, lo dejaron fuera de los Panamericanos de 2015, motivo por el cual su rótulo de futura estrella había sido puesto en consideración por la mayoría de los especialistas. Si bien tuvo picos de rendimiento como el récord sudamericano de 5,92 que clavó en Bakú en 2015, su desempeño a lo largo de esos años fue regular, con saltos que, en promedio, oscilaban entre el 5,60 y el 5,70. En 2016 mejoró levemente su producción y no saltó por debajo de 5,70 hasta la llegada de los Juegos Olímpicos en su país.

En Río, Braz y Lavillenie estaban llamados a dar espectáculo en un mano a mano que se había estado gestando durante cuatro años. La joven promesa local hambrienta de gloria contra el campeón experimentado poseedor del récord olímpico que, para dar un golpe sobre la mesa, en su cuarto salto ya había roto su propio récord olímpico por un centímetro (5,98) y sin haber registrado ningún nulo. Braz respondía los desafíos de su adversario pero ya había fallado dos veces, una en los 5,75 y otra en los 5,93. A esta altura ya era un salto a salto entre ambos dado que Sam Kendricks no había podido pasar los 5,93 y se tenía que conformar con la medalla de bronce mientras, al igual que todos los presentes en el Estadio Olímpico, presenciaban una de las definiciones de garrocha más atrapantes de la historia del olimpismo.

Ahora era el turno de la respuesta de Braz quien, en lugar de intentar igualar los 5,98 del francés, apuntó a los 6,03, 11 centímetros más que su récord personal hasta antes de los Juegos. Si lo conseguía se iba a convertir en el primer atleta en superar los seis metros en los olímpicos y, en consecuencia, establecería un nuevo récord de la competencia relegando, justamente, los 5,98 de Lavillenie al segundo lugar. En el primer intento chocó con el listón y la ilusión era puesta en jaque por la lógica: mejorar 11 centímetros una marca personal en un Juego Olímpico parecía muy utópico para volverse realidad. Pero, como dice el dicho, “nunca digas nunca”. 

En el segundo intento Braz pasó el listón sin problemas, con uno o dos centímetros de margen, para desatar la locura del Estadio Olímpico, romper el récord vigente y transformar la cara del francés que no podía creer lo que estaba presenciando. Ahora debía igualar esa marca, a la que nunca había llegado ni siquiera en competencias indoor, para mantener viva la pelea. Tras dos nulos en los 6,03 decidió ir por la heroica e intentar con 6,08 para asegurarse la medalla de oro y ser el protagonista de lo que hubiese sido el Maracanazo del atletismo, pero, definitivamente, ese no era su momento de brillar. Así como el 10 de agosto de 2012 todos los flashes estuvieron puestos en Lavillenie, el 15 de agosto de 2016 las cámaras se quedaron con Braz dado que sus 6,03 fueron imposibles de superar para su adversario.

Brasil cosechaba la segunda medalla de oro de esa edición y Thiago se daba el gusto de festejar un título olímpico frente a su país, la apoteosis de un huérfano que todos los días esperaba el retorno de su madre en la puerta de la casa de sus tíos con la mochila colgada en sus hombros. En la conferencia de prensa Lavillenie se mostró molesto con los silbidos que recibió por parte del público argumentando que en el atletismo no se manejaban los mismos códigos que en el fútbol y hasta llegó a comparar su situación con la de Jesse Owens en Berlín 1936, postura de la que tuvo que retractarse al ver la reacción de los fanáticos en las redes sociales. Esos dichos intensificaron los abucheos que recibió al día siguiente en la entrega de medallas a pesar del pedido de aliento por parte de Braz para alivianar el momento que estaba viviendo el francés.

El brasilero manifestó que su deseo es volver de Tokio con una nueva medalla, algo no tan imposible si se revisa la historia olímpica de la garrocha aunque bastante difícil si hablamos de dos oros consecutivos, solo conseguido por el estadounidense Bob Richards. Además, Braz tiene que hacer frente a dos contratiempos para lograrlo: el primero es su presente post coronación en Río dado que nunca volvió a acercarse a las marcas de aquel día. De hecho, en 2020 no superó los 5,70, marca súper baja pensando en los registros que acostumbran las finales olímpicas. El segundo, y más importante, es la inercia con la que llegará Armand Duplantis a Tokio, ya que el año pasado dominó todas las competencias post pandemia, se impuso en el torneo de la NCAA y se adueñó del récord al aire libre con un descomunal 6,18. Solo el tiempo dirá si volveremos a ver al Thiago Braz del 15 de agosto de 2016 o si sus marcas de 2020 serán parte de su nueva realidad.

 

AFP PHOTO / FRANCK FIFE

  • ¡Hola! Esperamos que hayas disfrutado del artículo. Antes de que te vayas queremos recordarte que estamos preparando cosas grandes, pero necesitamos la ayuda de nuestros lectores para hacerlas realidad. Por eso, si te gusta lo que hacemos en The Line Breaker, abrimos un canal para que consideres invitarnos a un café y así ayudarnos a mantenernos en pie.
(Visited 22 times, 23 visits today)
También puedes leer:   Shaul Ladany: el sobreviviente por excelencia
Tags: , , , , ,
¡Buenas gente! Soy Facundo Osa, tengo 20 años y me gusta escribir de todo un poco. Últimamente estoy en una parte más polideportiva de mi escritura ya que me alejé del fútbol porque dejó de atraparme como antes. Así que ya saben, cada vez que vean alguna nota que sea de algún deporte que no frecuentamos tanto en la página, seguro sea mía jajajaja. Ya que están, síganme en Twitter (@FacuOsa) si no se quieren perder de nada del mundo polideportivo (especialmente rugby, básquet y automovilismo).

Related Article

The BreakerLetter

Archivos

Nuestras Redes

INSTAGRAM

Mis Marcadores