sábado, 19 septiembre, 2020
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El año pasado salía la noticia de que Sun Wen era nombrada vicepresidenta de la Federación China de Fútbol. Ahora mismo se encuentra supervisando el reinicio de la Superliga de fútbol femenino en el país, tras toda la situación vivida con la pandemia. Una futbolista que marcó un antes y un después para su país y para el fútbol femenino. 

 

El origen del fútbol y del femenino en China

Este juego comenzó en las tierras del lejano Oriente como un ritual para pedir la lluvia. Así aparecía en antiguos escritos donde se hablaba de una danza que era acompañada de huesos y caparazones de tortugas a los que se daba patadas. En el libro A Beautiful Game: International Perspectives on Women’s Football, Jean Williams habla de un relieve en un templo en Dengfeng, construido en el 123 d.C., donde aparecía una figura del sexo femenino con un balón en los pies. Durante el reinado de la Dinastía Tang (618 – 907 d.C.) las doncellas que vivían en palacio comenzaron a practicar como pasatiempo un juego, sucesor de los ritos primitivos.

Siglos después, en 1991, las Rosas de Acero se convirtieron en las anfitrionas del primer Mundial reconocido por la FIFA de la historia del fútbol femenino. Llegaron hasta cuartos de final y una tal Wen, de dieciocho años, apareció en el XI ideal del torneo. Más de 500 mil personas fueron a ver los partidos, pese a las críticas de algunos medios internacionales. A la final acudieron 63 mil personas, mientras ciudades como Guangzhou o Jiangmen se unieron a la fiesta. China era pionera en organizar eventos futbolísticos, ya que también albergó el primer Mundial Sub-17 masculino en el 85. 

Dos años atrás, en el 83, organizaron una primera cita de manera no oficial. Asia estuvo un paso por delante de muchos países cuando en 1968 – en gran parte de occidente no estaba permitido que jugaran –, se creó la Confederación Asiática de Fútbol Femenino, fundada por la República de China, Malasia, Singapur y Hong Kong. La primera Copa de Asia se celebró en 1975, algo que entonces criticó la FIFA argumentando que no reconocían la existencia de dicha asociación, ante lo que les contestaron desde el organismo asiático:  

“No existe ninguna ley, en ningún país, que prohíba que las mujeres puedan formar sus propias asociaciones para regular sus actividades deportivas. En el hockey, en el cricket, y en otros deportes, las mujeres tienen sus propios organismos donde los hombres solo aportan su apoyo técnico y consejo. ¿Por qué no puede ser así también en el fútbol? ¿Qué derecho tiene la FIFA para insistir en que la Confederación Asiática de Fútbol Femenino no puede funcionar por su cuenta?” 

La organización del Mundial puso en marcha todo un mecanismo de inversión para el crecimiento del femenino. Había 634 equipos de fútbol en diferentes regiones del país, incluidos los equipos nacionales absolutos y las categorías inferiores, una primera y segunda división con jugadoras de diferentes universidades, además de una liga Sub-15. También existían divisiones regionales, contando con cerca de doce niveles desde la base. Pero para poder desarrollar esto en la rama femenina necesitaban financiación, y que los entrenadores tuvieran el nivel técnico y táctico requerido. 

Un par de países contaban con grandes avances desde hacía años, y este fue el modelo en el que se fijaron: Dinamarca y Noruega, quienes jugaron sus partidos número 100 en el primer Mundial reconocido del 91. 

 

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Sun Wen, la dama del balompié

Su padre, Sun Zonggao, jugaba de manera amateur. Wen comenzó en clase, a los nueve años, cuando la profesora de educación física puso como tarea jugar tanto para chicos como para chicas, y cuando vio que les gustaba tanto pidió que pudieran competir en el torneo de su ciudad. De ahí llegó a su primer club, Shanghai SVA, siempre siendo considerada profesional. 

En sus inicios algunos de sus entrenadores pensaron que no era suficientemente buena y otros la animaron a seguir. Las dudas no la llevaron a desistir, la hicieron más fuerte, y fue perfeccionando aún más su técnica. Como ella misma dice, para ser profesional hay que trabajar muy duro. Sus padres, de inicio, no estaban muy seguros porque había pocas mujeres futbolistas en aquella época, pero acabaron siendo quienes más la apoyaron. 

Verla jugar nos recuerda los orígenes del fútbol en China. Era como verla bailar sobre el césped. No para conseguir que llegase la lluvia, sino para encandilar al espectador que observaba la gracia técnica, el ritmo y la velocidad con que aquella mujer hacía que el país que había defendido los derechos de las de su sexo llegase casi a lo más alto. Quedó una sensación agridulce porque no pudieron lograr la medalla de oro, pero el nombre de Sun, Hong, y otras futbolistas de aquella generación quedaron en la historia del fútbol. 

Consiguieron el mejor resultado desde entonces en un Mundial, la medalla de plata de 1999, al igual que otra en los Juegos Olímpicos de Atlanta (en la primera ocasión que el fútbol femenino se presentaba en la cita olímpica), y en ambas Estados Unidos consiguió el oro por delante de ellas. Durante su carrera llegaron a cuartos en el 91, al cuarto lugar en el 95, fueron finalistas en el 99 y quedaron de nuevo entre las ocho mejores selecciones en 2003. 

Para la futbolista, el Mundial de Estados Unidos fue un evento inolvidable. Aquella final en Pasadena marcó a toda una generación y fue el primer gran impulso a nivel global. Rozó el gol en la final y su penalti, en la tanda que decidió el encuentro, fue uno de los de más bella ejecución, lanzado a la derecha de Briana Scurry, que no pudo detener su tiro. Sun se encaminó a tirarlo con la mirada fija en la portería. 

Con el 9 a la espalda, Sun deslumbró en la final al igual que su rival y otro icono de aquel partido, Mia Hamm, a quien tampoco le tembló el pulso al tirarlo antes que ella frente a una gran Gao Hong que había ayudado a mantener la portería en blanco para las Rosas de Acero. Los comentaristas estadounidenses decían que allá iba una de las mejores delanteras, pero cuando salió Sun añadieron que era la estrella goleadora del Mundial – ganó la Bota de Oro junto a Sissi de Brasil, con siete goles cada una – y el Balón de Oro del torneo por su maravilloso juego. Además, fue la primera mujer en ser nominada a los premios de Mejor Futbolista de Asia ese año. 

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Se agachó a colocarse y subirse las medias hasta las rodillas. Con el brazalete de capitana en el brazo tomó el balón entre sus manos y se lo acercó a los labios, antes de colocarlo en el punto a los once metros de distancia. Toda una ceremonia previa. Y no falló. Scurry había detenido anteriormente el de Liu Ying – de un modo que con la regla actual no sería válido, así han sido los cambios para los guardametas – pero el de Sun era imposible de detener.

 

 

Cuando pasen los años se la recordará como una de las futbolistas más grandes de la historia, elegida por la FIFA como Mejor Jugadora del Siglo XX, junto a Michelle Akers de la selección estadounidense. La futbolista china jugó 163 partidos con la camiseta de la selección desde los 17 años, marcando 106 tantos. Su imagen se convirtió en un icono global. Hamm era la imagen de Nike, Sun Wen la de Adidas, con un anuncio fantástico y entrañable:

 

El impulso del femenino

Explicó para FIFA, antes del Mundial 2019, lo que significó jugar en un país occidental como Estados Unidos para ayudar a la promoción, después de todos los prejuicios, prohibiciones, y la falta de reconocimiento vividos en el mundo: “Fue una gran experiencia en mi vida. Algo inolvidable para todas las futbolistas que allí estuvimos. Había 90 mil personas en el estadio viendo la final entre China y Estados Unidos en Pasadena. Fue un momento mágico. Incluso ahora, años después, siento que aquello fue como un sueño”, recuerda con una sonrisa. 

Perdimos en la tanda de penaltis, pero el resultado del partido es lo que menos importa. Sí lo hace el modo en el que conseguimos elevar el fútbol femenino a un nivel superior. Para mí, como futbolista, fue un momento del que estar orgullosa”.

En el año 2001, dos después de la gran cita mundialista, emigró a Estados Unidos siendo elegida la primera en el primer Draft organizado por el Atlanta Beat. Tuvo mala suerte con las lesiones: una en la rodilla y otra en el tobillo cortaron sus presencias ese año como titular. Scurry, su rival en la mítica final, era su compañera de equipo. 

En la 2001/2002 llegarían a la final de la liga, donde las San Jose CyberRays ganaron en la tanda de penaltis. Se quedó de nuevo a las puertas de la gloria con aquellos tiros. En 2003 anunció que se marchaba de la liga estadounidense y volvía a China para preparar su último Mundial. Fue el fin a los tiempos sobre el césped, pero su afán por seguir haciendo progresar al fútbol femenino no cesa, y aún lo hace dando ejemplo con su historia, y ayudando desde las instituciones de su país.

 

(DPA/TOBIAS HEYER)

 

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Maria Valentina Vega
Traductora, redactora y entrenadora de fútbol Nivel 1

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