jueves, 22 septiembre, 2022
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Muchas veces, la frase “esto es de culto” se utiliza para referirse a un objeto o producción artística, pero ¿Cómo es que se adquiere esa peculiar característica? La respuesta es sencilla: cuando algo que supo ser masivo deja de interesar a la gran masa y solo pasa a ser atractivo para una minoría intensa. Una condición (casi) sine qua non para que algo sea de culto es el paso del tiempo. Cuanto más viejo, más valor sentimental tendrá para aquellos que rinden pleitesía, ya sea a una banda, una película o un libro. Los melómanos de antaño –aquellos que existían antes de la era Spotify- solían recorrer las ferias callejeras donde los puesteros exhibían su variada y muy difícil de conseguir mercancía. Lo mismo pasaba (y pasa) con los buscadores de libros o camisetas imposibles, quienes pueden llegar a pagar una pequeña fortuna por algún tesoro inesperado.

Ahora bien ¿existen videojuegos de culto? Claro que sí. En la era de la PlayStation 5, las consolas de 8-bits, de 16-bits e incluso la famosa Super Nintendo ya son objetos de veneración por aquellos que están en los treinta y tantos o chicos más jóvenes que gustan de hurgar en el pasado reciente. En internet también abundan las páginas de abandonware donde los usuarios pueden descargar versiones piratas de juegos que hicieron las delicias de grandes y chicos en los 80’s, 90’s y principios del nuevo milenio. Y es en esa categoría entra la saga PC Futbol. Si bien la premisa de este videojuego desarrollado en España no era innovadora (los simuladores de manager de fútbol ya existían y eran populares en el Reino Unido), si fue el primero en adquirir masividad en Hispanoamérica.

Estamos en 1992, el año en el que, para muchos, España se subió al Primer Mundo. Barcelona fue sede de los Juegos Olímpicos, Sevilla acogió la Exposición Universal, se festejaron los cinco siglos del “Descubrimiento de América” (o del comienzo del genocidio latinoamericano, según desde donde se mire) y la vida democrática lucía vigorosa en un país que aún tenía muy frescas las heridas del franquismo. Pero, tras los JJOO, el castillo de naipes pareció derrumbarse. La economía entró en recesión y el Caso Filesa –la creación de un entramado de empresas cuyo único fin fue la financiación del Partido Socialista Obrero Español en las elecciones generales de 1989- golpeó con dureza al presidente Felipe González. Aunque el PSOE volvería a formar gobierno en 1993, no son pocos los que sindican este momento como el final anticipado del felipismo, el cual se cristalizó tres años más tarde con la llegada al poder el Partido Popular. Además, esa especie de clima de concordia –o al menos de tolerancia mutua- entre España y los catalanes que se vivió durante los Juegos se esfumó en cuanto el último atleta se despidió de la Ciudad condal (en la ceremonia de inauguración, los organizadores hicieron coincidir la entrada del Rey Juan Carlos con el himno de Catalunya para así ahorrarse el abucheo generalizado). Pero nada de eso parecía preocupar a miles de jóvenes (y no tanto) que, de la noche a la mañana, descubrieron una nueva droga bajo el nombre de “Simulador Profesional de Futbol”, a la postre la primera entrega de la saga.

Aunque Dinamic Multimedia –la empresa desarrolladora- disfrutó de un relativo éxito en los 80’s con algunos títulos para consolas 8-bits (lo que en esta parte del mundo conocimos como Family Game), al momento de lanzar el juego se encontraba en una verdadera encrucijada. Las máquinas de 16-bits no habían tenido una buena penetración en el mercado español y, aunque tenían acuerdos comerciales con grandes del rubro como Electronics Arts y SEGA, esta relación limitaba la capacidad de innovación e inventiva. Finalmente, sería este nuevo simulador de fútbol lo que les permitiría despegar en el mercado y consolidarse como la compañía de videojuegos más exitosa de España.

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Aunque muchos señalan que la fuente de inspiración fue el “Championship Manager”, la chispa que encendió todo fue el “Football Manager” del inglés Kevin Toms. Gaby Ruíz, reconocido periodista y actual ojeador del Leeds United, fue quien le acercó a su hermano Pablo –uno de los fundadores de Dinamic- la idea de crear un juego de similares características, pero abocado al mercado español: “Desde mediados de los 80’s ya les insistía que sacaran un juego de fútbol, pero cuando me reglaron el Football Manager –fue un presente de uno de sus hermanos que le trajo de Inglaterra- mi vida cambió. Me obsesioné con el juego y comencé a rogarles para que hiciéramos algo parecido aquí”.

Una de las características de esta versión primigenia del PC Futbol fue su fácil jugabilidad. Si bien en la actualidad este tipo de simuladores se empeñan en replicar hasta el más mínimo detalle, en ese entonces el mercado hispano desconocía por completo la modalidad. Incluso aquella primera edición del Championship Manager (también publicado en 1992) era demasiado compleja para un usuario que aún no estaba familiarizado con este tipo de juegos. Pero, sin dudas, el mayor acierto de la Dinamic Multimedia fue la manera en la que se distribuyó el juego y su precio.

En ese entonces, la cultura de los videojuegos no estaba tan extendida en España como hoy en día. Había salas de arcade y muchos tenían sus consolas particulares, pero la empresa decidió apuntar a un público mucho más amplio en el que no solo entraban los niños sino cualquier fanático del fútbol que tuviera una computadora en su casa u oficina. El “Simulador Profesional de Fútbol” comenzó a venderse en los kioscos de revistas a un precio más que accesible. Dinamic había hecho una cuenta sencilla: para 1992, en el país solo había 1000 tiendas especializadas en la venta de videojuegos, pero más de 30,000 puestos de diarios y revistas. La estrategia fue un rotundo éxito y de la noche a la mañana, el simulador se volvió el pasatiempo favorito de los españoles.

En el equipo detrás del juego estaban los hermanos Ruiz (Pablo, Gaby, Nacho y Víctor, aunque Gaby era el más fanático del fútbol y el que más trabajó en la base de datos), Carlos Abril y Pedro Sudón, quien se encargó de programar el simulador que recreaba los partidos. Una vez que el proyecto echó a andar, Dinamic se asoció con Hobby Press, una editorial muy conocida de España, la cual aportó no solo el músculo financiero sino también su experiencia en la distribución dentro el mercado editorial y una valiosa presencia publicitaria en sus revistas.

El último ingrediente para el éxito fue conseguir a alguien del medio con fama y prestigio para que fuera la cara visible del juego. Y ese fue Michael Robinson. Por ese entonces, el ex-jugador del Manchester City, QPR y Liverpool había iniciado su exitosa carrera como presentador deportivo (se había retirado en 1989 jugando para el Osasuna) y ya era uno de los periodistas más reconocidos del país gracias a su programa en Canal+, que conducía junto al argentino Jorge Valdano. Tras mucho insistir, Carlos Ruíz logró una reunión con Robinson y el inglés no tardó en subirse al barco, pero no lo hizo por el dinero. Según el co-fundador de Dinamic, el inglés creyó en el proyecto desde un principio y les puso muy fácil las cosas a la hora de negociar. Cuando el PC Fútbol 2.0 apareció en los puestos de diarios de todo el país, lo primero que vieron los compradores fue a un sonriente Michael Robinson como sello de garantía.

Con cada nueva edición y las mejoras en la interfaz y en la jugabilidad, el PC Fútbol iba ganando adeptos que se contaban por cientos de miles, y no solo en España. Esto provocó que Dinamic Multimedia empezara a idear versiones con ligas de otros países. La primera de todas fue la Serie A italiana con el PC Calcio, un juego que, si bien tuvo una buena recepción, tardó en consolidarse (para la temporada 1997/98 salió el PC Calcio 6.0, quizás el mejor de toda la saga por fuera de España). Más tarde vendrían las ediciones de Argentina e incluso Francia. Ahora bien, la apertura hacia los nuevos mercados hizo que el volumen de trabajo aumentara considerablemente, por lo que el equipo de Dinamic –que seguía funcionando como suerte de empresa familiar y no tenía demasiados empleados- se sometía a maratónicas sesiones de trabajo para cumplir con los plazos establecidos de lanzamiento. Las últimas semanas previas a que la nueva edición del juego saliera a la venta eran las más terribles, con agotadoras jornadas laborales donde se dormía muy poco y se trabajaba a base de un coctel de Red Bull y Katovit, un fármaco de comercialización legal que fue muy popular durante los 90s entre los estudiantes españoles por sus efectos similares a los de las anfetaminas, pero que fue retirado del mercado en 2002 cuando se comprobó que no solo no servía para mejorar la concentración sino que era muy perjudicial para la salud. Pese a esto, los retrasos a veces eran imposibles de evitar y la gente se impacientaba hasta el punto de organizar protestas.

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Ante este nuevo escenario de mucha información que procesar, no era inusual que surgieran algunos errores involuntarios como, por ejemplo, dotar a Gimnasia y Tiro de Salta con un presupuesto de cientos de millones de dólares o que Juan Manuel Suligoy, un delantero de larga trayectoria en el ascenso argentino tuviera valores como los de Ronaldo y Gabriel Batistuta. Fue por esta razón –y también por cuestiones impositivas- que Dinamic decidió tercerizar la producción del PC Futbol Argentina. También hubo pequeñas “trampas”, como la que hizo Gaby Ruíz con el jugador del Huachipato de Chile, Jorge Díaz. Cuenta el hoy ojeador del Leeds que, tras ver un partido de la liga chilena donde Díaz tuvo una gran actuación, quedó tan prendado del futbolista que decidió darle una de las calificaciones más altas en la siguiente edición.

Aunque Dinamic diversificó sus productos e incluso replicó exitosamente la fórmula con el PC Basket, la joya de la abuela siguió siendo la saga PC Futbol. El punto más alto fue en la temporada 1998/99, cuando se vendieron más de 370,000 copias solo en España. Pero, como le sucedió a Ícaro, cuanto más alto volaron en Dinamic Multimedia, más se acercaron al sol y terminaron todos prendidos fuego. Y este caso, el sol se llamaba José Ignacio Gómez-Centurión, dueño de Hobby Press.

Periodista de trayectoria en diarios de tirada nacional, Gomez-Centurion utilizó el dinero de una indemnización por despido para montar su propia editorial en 1981 y rápidamente se hizo un nombre en el mundo de las publicaciones con revistas que tuvieron éxito inmediato (Microhobby, una de sus primeras creaciones, llegó a vender 100,000 ejemplares semanales). Este excéntrico empresario fanático de los loros –siempre que iba a las oficinas de Dinamic lo hacía con uno de estos pajarracos sobre sus hombros- se acercó a los hermanos Ruíz tiempo después de que la primera edición del PC Fútbol fuera lanzada en 1992. Pese al exitoso debut, las ganancias que dejó el juego apenas si sirvieron para enfriar los números rojos de una empresa que trabajaba a pérdida. La inyección de dinero que aportó Hobby Press fue crucial para salvar a Dinamic de la bancarrota y darles el plafón financiero para poder desarrollar todo el potencial del proyecto, pero también significó subir a bordo a un incómodo acompañante.

El nuevo socio no era una persona de fiar en muchos aspectos y se manejaba como un déspota en sus propios dominios. Sus empleados solían decir que Gómez-Centurión tenía dos maneras de hacer las cosas: delegando o, si esto no funcionaba, infundiendo miedo. Durante algún tiempo, su presencia en Dinamic Multimedia fue más bien testimonial y solo en momentos puntuales, pero, cuando vendió Hobby Press en mayo de 1998 por 3,000 millones de pesetas (aproximadamente 500 millones de euros), el empresario editorial centró toda su atención en la industria de los videojuegos, un mundo el cual no entendía. Si bien para ese entonces las ventas del PC Futbol habían bajado un poco, aún seguía siendo el buque insignia y la fuente principal de financiamiento para Dinamic. De hecho, por esos días habían cerrado un acuerdo con los ingleses de Gremlin para lanzar en forma conjunta el PC Premier y competirle al cada vez más famoso Championship Manager, pero la traición estaba a la vuelta de la esquina. Al regreso de su viaje a Inglaterra, los hermanos Ruíz se encontraron que no podían entrar en su propia empresa. Aunque ellos sospechaban que Gómez-Centurión tramaba algo, no se esperaron un movimiento tan rápido y certero. El otrora salvador de Dinamic casi que los forzó a venderle su 30% de las acciones -antes intentó diluirlas, es decir disminuir su valor de forma ilegal- y se quedó con el control total de la compañía. Y fue allí cuando comenzó el principio del fin.

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El poco entendimiento del mundo de los videojuegos que tenía el nuevo propietario hizo que se deshiciera de aquellos que realmente sabían hacer el trabajo y delegó todo en las segundas líneas. A todo eso se le sumó a una arriesgada apuesta en el mercado de las “puntocom”, un negocio que fue un boom durante los últimos años del siglo XX pero, como toda burbuja financiera que finalmente explota, dejó un tendal de víctimas para principios del Siglo XXI. Metido de lleno en esta moda, Gómez-Centurión financiaba varios portales con las ganancias cada vez menores que obtenía del PC Fútbol. Finalmente, a tan solo tres años de hacerse con el control de la empresa, Dinamic Multimedia se declaró en quiebra y el PC Futbol dejó de existir de manera oficial.

La muerte del juego de video más exitoso de la historia de España no se debió únicamente a la avaricia de un empresario oportunista y los hermanos Ruíz también tuvieron su cuota de culpa al no reinvertir cuando la gallina de los huevos de oro daba ganancias astronómicas. Durante años, y aun cuando el volumen de trabajo era mucho mayor, la plantilla de empleados siguió siendo escasa y algunos de ellos -como los artistas especialistas en diseñar la parte gráfica del juego- eran muy mal pagos. Si la calidad del producto no se resentía, era porque todos los involucrados realmente amaban lo que hacían. Recién sobre el final, Dinamic contó con la cantidad de trabajadores necesarios para llevar adelante una tarea de este tipo, pero ya era muy tarde. Si bien hubo intentos de revivir la franquicia, la magia no se pudo replicar y estos terminaron en rotundos fracasos. Actualmente hay algunos simuladores online y de descarga gratuita que rinden homenaje al juego, pero ninguno llega a la calidad que supo tener el PC Futbol en sus mejores épocas. Esa calidad imperecedera quedó de manifiesto durante los días más sombríos de la pandemia del Covid-19. En ese tiempo, donde diariamente los muertos se contaban por cientos de miles y los infectados por millones, donde la mayor parte del planeta estaba encerrada en sus casas temerosas de un futuro que lucía apocalíptico, muchos matamos las horas perdidas con este viejo vicio que nos hizo olvidarnos, al menos por un rato, del pandemonio que se había vuelto nuestra realidad. Nada mal para un videojuego de mediados de los 90’s.

 

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Changarín de la palabra, termo de la A-League. Una vez me insultó toda la comunidad croata de Melbourne.

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