miércoles, 22 septiembre, 2021
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Ryan Giggs habló de él como el mejor futbolista que vio en toda su vida. Phil Neville lo comparó con Lionel Messi y su hermano Gary dijo que era de otro mundo. Incluso el historiador del Manchester United, Tony Park, aseguró que su talento era la suma del de Giggs, Andrei Kanchelskis y Cristiano Ronaldo. Sin dudas, un jugador de estas características debería haberle disputado el cetro a Diego Maradona como el mejor de la historia, pero su nombre se perdió en el tiempo y hoy pocos son los que realmente se acuerdan de Adrian Doherty.

Nacido en Strabane, Irlanda del Norte, este wing fue considerado como el mejor proyecto del United a inicios de los noventas y era un engranaje fundamental de lo que sería la histórica “Clase del 92”, aquel equipo juvenil integrado por Giggs, Paul Scholes, David Beckham, los hermanos Neville y Nicky Butt entre otros. Según sus ilustres ex–compañeros, Doherty se movía a una velocidad distinta que el resto de los mortales y en el campo de juego veía todo lo que sucedía en cámara lenta. Su capacidad de reacción, su gambeta endiablada y la habilidad para esquivar patadas lo hicieron rápidamente ilustre en The Cliff, el campo de entrenamientos que posee el club inglés en Salford, y además captaron la atención del manager principal de la institución, Alex Ferguson.

Entonces ¿qué le pasó? ¿por qué no llegó siquiera a jugar un minuto en la primera de los Red Devils? Como a muchos otros grandes proyectos que quedaron en el camino, una infortunada lesión –rotura de ligamentos cruzados- marcó el principio del fin de su incipiente carrera. Fue el 23 de febrero de 1991, en un partido de reserva ante el Carlisle United, y a tan solo una semana antes de su posible debut como profesional ante el Everton. Ese fatídico día su rodilla lo traicionó. Aunque Adrian regresó a la actividad meses más tarde, lo cierto es que algo se había roto en él, y no solo físicamente hablando. Finalmente, en 1993, y después de quedar libre del club inglés, Doherty retornó a su tierra natal para jugar en el Derry City, equipo del cual había salido en 1987 y en el que su padre había destacado durante la década del setenta. Solo lo hizo en tres partidos.

Aquí es donde termina la carrera futbolística e inicia la leyenda. Doherty no solo sería recordado como un talento inconcluso, sino como un artista por derecho propio. Obsesionado con Bob Dylan y fanático de la poesía gracias a la influencia de sus padres, mientras sus compañeros de academia preferían pasar el tiempo jugando con videojuegos o tratando de impresionar a las chicas con sus clichés de pichones de cracks, Adrian invertía su tiempo libre en tocar la guitarra acústica, componer canciones o leer libros. En un vestuario donde todos se peleaban por ver quién tenía la ropa o el calzado más cool, el muchacho de Strabane desentonaba con su bicicleta oxidada y sus pantalones comprados en tiendas de segunda mano. Eso sí, nadie ponía en duda que el field era su lugar en el mundo.

Quizás, esta profunda vida artística haya sido la consecuencia directa de nacer y crecer en una de las épocas más difícil de Irlanda del Norte. A principios de los 70’s, las históricas tensiones religiosas entre la mayoría protestante y la minorías católica pasaron al siguiente nivel cuando los distintos grupos armados de uno y otro bando se lanzaron al ataque. Si la vida en los seis condados del Ulster era ya de por sí tumultuosa, los Troubles transformaron la región en un polvorín donde las fuerzas de ocupación inglesa apenas si podían controlar la situación. Irse de ese infierno con tan solo 14 años amplió los horizontes de un muchacho que, gracias a la música y el fútbol, había descubierto que había algo más en el mundo que balas y sangre, pero también significó una dura prueba. Los primeros meses en The Cliff no fueron fáciles para Adrian y al joven proyecto de futbolista le llevó un tiempo acostumbrarse a su nuevo ambiente.

Ante todo, era un espíritu libre. Cuando todavía su rodilla no le había jugado una mala pasada -y no había cumplido siquiera los 17- el propio Alex Ferguson le ofreció un contrato de cinco años de duración para asegurarse a la gran estrella del futuro. Por increíble que parezca, el chico se le plantó al manager y le dijo casi premonitoriamente que no quería firmar por tanto tiempo porque no sabía que le depararía el futuro. Finalmente, el acuerdo se hizo por tres años, pero lo que estaba pensado para ser una relación duradera quedó en la nada. Su lesión –y la mala gestión de la misma que hizo el equipo médico del United- prácticamente lo empujaron a un retiro prematuro y, aunque intentó retornar a las canchas, nunca pudo recuperar su antigua forma. Durante su plenitud no había defensa que pudiera pararlo, pero tras el colapso de su rodilla derecha parecía un jugador mediocre que estaba teniendo un partido desastroso.

Casi como intuyendo lo que le sucedería, tiempo antes de quedar libre del Manchester, Adrian pidió licencia en el club y se marchó durante una temporada a Nueva York para perseguir su otro sueño: grabar un disco. Durante un tiempo vivió con un amigo en la zona del East Village y tocó en varios pubs bajo el seudónimo de McHillbilly, pero la buena estrella no estaba de su lado. Si bien sus dotes de compositor no eran malas, Doherty no se caracterizaba por ser un gran cantante y pronto volvió a casa hecho un cúmulo de decepciones.

Ya en Irlanda del Norte, el manager del Derry City lo persuadió para que se calce las botas una vez más. El equipo del condado sureño de Londonderry (de mayoría católica) había renunciado a la Liga de Irlanda del Norte en los 70’s cuando los Troubles comenzaron, pero, tras un impase de poco más de una década, retornó a la actividad como parte de la liga de Irlanda (FIFA autorizó la mudanza debido a que Londonderry estaba en la frontera irlandesa y era más seguro para el equipo jugar en Dublín que en Belfast). Pese a tener su rodilla destrozada, el talento natural de Adrian rápidamente lo hizo destacarse y hasta incluso marcó un gol en su partido debut, pero ya era tarde para él. Después de su tercer encuentro, la otrora futura estrella del Manchester United le dijo a sus compañeros “estoy cansado de esto. Solo quiero tocar la guitarra y divertirme”. El futbol ya no le daba alegrías, solo dolor.

Y así fue. Doherty se retiró definitivamente y comenzó a vivir la vida de un bohemio, ocultando a todo aquel que no le conociera desde antes su pasado como futbolista. Trabajó en una fábrica de chocolates y como botones en un hotel. Vivió aquí y allá. Mientras él se ganaba la vida como podía (y quería) sus ex compañeros se afianzaron en primera y conformaron una de las mejores escuadras en la historia del fútbol inglés.

El 7 de mayo del año 2000, un joven fue encontrado flotando en los canales de la ciudad de La Haya, Holanda. El hombre, que no tenía documentación y estaba inconsciente, fue llevado raudamente al hospital general, donde se comprobó que padecía severos daños cerebrales debido a la falta de oxígeno. Los médicos repararon en un detalle curioso: su rodilla derecha estaba surcada de cicatrices. El 9 de junio, Adrian Doherty, que durante la última etapa de su vida había estado viviendo en Holanda y trabajando en una mueblería, fue declarado muerto. Nunca se esclarecieron las circunstancias de su caída. Le faltaba un día para cumplir 27 años.

 

 

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Changarín de la palabra, termo de la A-League. Una vez me insultó toda la comunidad croata de Melbourne.

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