viernes, 30 julio, 2021
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“Siempre dije que quería ser número uno del mundo. Desde que tenía cinco años ese es mi objetivo. Tengo mucha energía y muchas ganas de trabajar y entrenarme para lograrlo”. Estas palabras, que son toda una declaración de principios, le pertenecen a Sofia Kenin, la estadounidense que sorprendió al mundo el año pasado en Australia cuando logró consagrarse campeona siendo la número 15° del mundo. Muchos entonces empezaron a poner sus ojos en aquella rubia nacida en Moscú (14 de noviembre de 1998) pero criada y crecida en el coloso norteamericano. Sin embargo, ella ya era una estrella desde hace mucho tiempo atrás.

Sus padres, Alexander y Svetlana, eran soviéticos que buscaban tener una vida mejor. En 1987 decidieron probar suerte en la Tierra de las Oportunidades, aprovechando las flexibilizaciones del gobierno de Mijaíl Gorbachov. No tenían mucho dinero en el bolsillo, pero eligieron intentarlo a pesar de todo. Sofía nacería años después, pero no lo haría en los Estados Unidos, sino en la Rusia natal de sus progenitores, que habían vuelto por un tiempo a su reformada patria para que la familia les ayudara a criar a la pequeña durante los primeros meses.

La pequeña Sofía (o Sonya, como la llamaban) era una fanática de los deportes desde siempre, prefiriendo, según sus palabras, los balones a las muñecas. Había comenzado a engancharse con el fútbol, pero a los cinco años se pasaría al tenis, uno de los pasatiempos de su padre, y no lo soltaría nunca más. Dicen las personas que la vieron jugar que era un verdadero prodigio, sumamente talentosa y también inteligente, como demuestra en uno de los primeros videos en los que aparece (teniendo tan solo siete años), en donde demuestra como podría frenar el potente saque de Andy Roddick. Si, era apenas una cría, pero se notaba cuanto comprendía del deporte blanco.

Cuando sus padres vieron su talento buscaron a Rick Macci para que entrenase a su pequeña. El entrenador (miembro del Salón de la Fama de la Asociación de Tenis de los Estados Unidos por su labor acompañando a futuros número uno del mundo como Roddick, Jennifer Capriati, Maria Sharapova y las hermanas Williams) quedó asombrado con el potencial que la nacida en Rusia mostraba. “Fue único: la coordinación ojo-mano y su capacidad para tomar la pelota inmediatamente después del rebote. Tengo muchos niños que hacen eso, pero era casi como si ya estuviera horneada, a pesar de que ella era pequeña y la raqueta era más grande que ella. La única jugadora que he visto así es Martina Hingis” le comentaría al New York Times. Tan buena era Kenin que ya era la mejor de la categoría Sub-10 teniendo solo siete.

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La progresión continuó y la joven, mientras crecía, mantendría su dominio entre los juniors, siendo la mejor estadounidense en las categorías Sub 12, 14, 16 y 18, llegando a ser la número dos en el ranking junior de la ITF. Incluso tendría su primera aproximación al mundo Olímpico, participando en los Juegos Olímpicos de la Juventud de Nankin en el 2014, aunque la experiencia allí, a diferencia de otros torneos, terminaría siendo amarga, y cayó en primera ronda con la bielorrusa Iryna Shymanovich, a la postre plata en single y oro en dobles.

Sin embargo, los buenos resultados obtenidos le sirvieron para animarse a competir en sus primeros certámenes ante jugadoras mayores, ganando sus primeros partidos a los 14 años. En el 2015 obtuvo una Wild Card para jugar el US Open, cayendo en primera instancia ante la colombiana Mariana Duque-Mariño por 6-3 y 6-1. “Fue una experiencia increíble. Es una pena haber perdido, pero he trabajado muy duro y sabía que iba a ser difícil ” le diría al sitio Tennis.com .

Para el 2016 no solo volvió a tener una oportunidad en el Grand Slam disputado en su patria (cayendo en primera ronda ante Karolina Pliskova 6-4, 6-3, la cual sería número uno apenas un año más tarde, algo que habla de la progresión de Kenin), sino que también logró ganar sus primeros títulos de la ITF.

Todavía no sabía si dedicarse plenamente al tenis o buscar una universidad, pero aquella difícil decisión se resolvió una temporada después. Nuevamente invitada al US Open, lograría pasar dos rondas antes de caer ante Sharapova por 7-5 y 6-2, algo que le dejaría en claro que en el deporte blanco estaba su lugar. A partir del 2018 ya no faltó a ningún torneo grande, dando incluso algunos golpes como en el 2019 cuando derrotó en primera ronda a su compatriota Coco Vandeweghe en casa o el mismo año en Roland Garros, cuando se cargó nada menos que a Serena Williams en la tercera ronda con un contundente 6-2 y 7-5, antes de caer en tres sets ante la futura campeona Ashleigh Barty. Sin embargo, su mejor momento no fue ni en Estados Unidos ni en Francia, sino que conseguiría que las miradas del mundo se posen sobre ella estando en Oceanía.

 

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La hora de Sofia

Aquel 2019 culminó con una Kenin en estado de gracia, consiguiendo tres títulos (Hobart, Mallorca y Guangzhou) y una final (Acapulco) para llegar a ser número 12° del ranking de la WTA. Con ese impulso llegaba la gran cita australiana, buscando llegar lo más lejos posible. Era la 14° preclasificada -y 15° del ranking-, aunque solo defendía 70 puntos.

Su calidad fue imposible de contrarrestar para sus primeras rivales: la italiana Martina Trevisan (6-2 y 6-4), la estadounidense Ann Li (6-1 y 6-3) y la china Zhang Shuai (7-5 y 7-6) no ofrecieron tanta resistencia, por lo que Sofia ya había logrado su primer objetivo: realizar su mejor certamen en Melbourne. En la cuarta ronda se midió ante otra joven promesa estadounidense, Cori Gauff, una muchachita de apenas 15 años que ya había superado tanto a Venus Williams como a vigente campeona Naomi Osaka. De hecho, la nacida en Delray Beach se llevaría la primera manga por 7-6, aunque aquello solo despertó la furia interna de Kenin, que se llevó los siguientes dos parciales por 6-3 y 6-0.

Sofia había llegado hasta los cuartos de final, siendo ya su mejor certamen de Grand Slam. Ella estaba en un lugar donde jugadoras como Pliskova, Elina Svitolina, Belinda Bencic, Serena Williams o Angelique Kerber no pudieron acceder, por lo que, en la teoría, era la cuarta favorita a ganar el certamen, por detrás de Barty, Simona Halep y Petra Kvitova. Su rival en aquella instancia fue la tunecina Ons Jabeur, la primera mujer árabe en arribar hasta dicha ronda en un torneo grande. La mejor jugadora norteafricana de la historia daría lo mejor de si, pero no lograría quedarse con algún set: doble 6-4 a favor de la de Pembroke Pines, Florida.

En semifinales la estadounidense debió medirse nada menos que ante la local Barty, la número uno del mundo que buscaba quedarse con su primer Australian Open, algo que el público pedía a gritos dado que desde 1978 ninguna australiana había conseguido alzar el primer trofeo importante del año (la última fue Chris O´Neil en 1978).

El duelo fue sumamente disputado, con una Ashleigh alejada del nivel que la había llevado hasta dicha instancia. Por su parte, Kenin, sabiendo que no tenía nada que perder, presionó a su rival, logrando quedarse con el primer set por 7-6. En el segundo parcial la aussie mejoró su nivel, pero enfrente tenía a un muro cada vez más alto. Barty tuvo su chance estando 5-4, pero eso fue todo: la bestia estadounidense se devoró a su rival y se llevó el juego 7-5 para pasar a la gran final. Se acababa el sueño australiano, pero crecía el norteamericano.

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En el último día esperaba la española Garbiñe Muguruza, ex número uno del mundo en el 2017 pero que en aquel momento había llegado sin ser una de las preclasificadas. Sin embargo, en el rápido suelo australiano la nacida en Caracas volvió a encontrarse con su mejor nivel, eliminando a grandes tenistas como Svitolina, Kiki Bertens o Halep.

En el primer parcial la experiencia de Muguruza la ayudó a sacar adelante un juego sumamente parejo, ganando 6-4. Parecía que la ex campeona de Roland Garros y Wimbledon se llevaría su primer Abierto de Australia, aunque algo pasó. José Morón, periodista de Punto de Break, lo explicó a la perfección: “En el tenis femenino siempre existe la posibilidad de ese ‘pero’. La hispano venezolana, que estaba dominando perfectamente hasta este punto, perdió un poco el foco y todo se dio la vuelta. En este segundo set fue Kenin la que obligaba siempre a su rival a un golpe más y empezó a poner en apuros a una Garbiñe que por primera vez en el encuentro, no veía la forma de ganar puntos”. Sofia se creció, empezó a golpear cada vez más suelta y al final Muguruza terminó cayendo ante el poder de la norteamericana, que se llevó los dos sets restantes por 6-2.

“Mi sueño se hizo realidad. No puedo ni siquiera describir este sentimiento. Si tienen un sueño, ¡búsquenlo! le diría al público presente. La niña que jugaba con raquetas más grandes que ella lograba levantar el trofeo más importante de sus jóvenes 21 años, siendo la estadounidense más joven en levantar un Grand Slam desde Serena Williams en Wimbledon 2002. Kenin lograría un título más en aquel extraño 2020 (Lyon) y también arribaría a la final en Roland Garros, donde cayó ante Iga Swiatek, logrando terminar en el puesto número 4 del ranking. Todavía tiene un largo recorrido de cara al número uno, pero tiene todo por delante para llegar hasta allí.

 

 

Fuentes:

  • The New York Times
  • Punto de Break
  • Clarín
  • La Nación
  • Web de la WTA
  • AS
  • Marca
  • Tennis.com
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Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

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