domingo, 12 julio, 2020
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El éxito, uno de los funcionales primarios de la vida, llega así como se va. Sí, de un modo que tiende a tomar por sorpresa a todos los que se ven favorecidos por su llegada. Para reflejar esto, tomaremos el ejemplo de un equipo que hizo época en una república que formó parte de la Unión Soviética. El fútbol en Letonia siempre pasó por debajo de la mesa, incluso en una estructura que buscaba darle valor, ya que no generaba el suficiente interés en una competición (Primera División soviética) que apenas había tenido un club representante de aquel país en toda su historia.

No era el escenario más favorable, por lo que la irrupción del Grupo Skonto, vinculado a la construcción, no terminaba de arrancar. Fue creciendo poco a poco, utilizando inclusive jugadores de universidades cercanas, hasta lograr alzar el último campeonato celebrado en la entonces República Socialista Soviética de Letonia.

La Unión cayó y el país declaró su independencia. Soplaban vientos de cambio en un nuevo torneo que terminaría con Skonto Riga y RAF Jelgava empatados a puntos. Tocaba determinar el campeón de la Virsliga (liga letona) inaugural con un desempate, con el club de la capital resolviéndolo con un 3-2. El equipo se sabía superior, pero nada hacía pensar que se inaguraría un dominio total en el balompié de la joven nación.

El nuevo DT, Aleksander Starkovs, también estaba a cargo del seleccionado letón y el presidente del club, Guntis Indriksons, fue nombrado presidente de la Federación en 1996. Indriksons siempre estuvo relacionado con el grupo Skonto y había sido parte fundamental en cada etapa recorrida por un club que obtendría las primeras catorces ediciones de liga. Esto, a nivel masculino, es considerado un récord europeo que solo el equipo de Gibraltar Lincoln Red Imps ha podido igualar (la plusmarca la tiene Klaksvík con 17 títulos consecutivos de la liga femenina de Islas Feroe).

Intratable y sin nadie que pudiera plantarle cara, hubo temporadas que ganó sin perder ningún partido. Claro está, este dominio flaquea notablemente cuando observamos su récord en competiciones europeas, donde nunca pudo superar las etapas previas. Curiosamente, su debut en Champions League fue ante Klaksvík, la sección masculina del club nórdico ya mencionado. Pudo sacarle un empate como local a Chelsea y un triunfo a Aberdeen pero poco más.

Esto hizo que, a raíz del éxito que tenían, fueran la base que terminó obrando el milagro de clasificar al equipo nacional a la Eurocopa 2004, celebrada en Portugal. Obviamente el rendimiento de sus jugadores no pasaba desapercibido y se sucedieron transferencias a ligas europeas de mayor rendimiento, además de que Starkovs aceptó la oferta de Spartak Moscú.

La confianza en el asistente de Starkovs, Jurijs Andrejevs, y la temprana eliminación en Champions a manos del Rabotnicki macedonio marcaron el inicio de esta nueva etapa. Años muy malos, marcados por el surgimiento de rivales como Ventspils y Liepajas, hicieron recapacitar a Starkovs para volver, consiguendo el primer título liguera de Skonto en seis años y la primera Copa en diez. A pesar de ello, había algo extraño, algo inquietante en el ambiente. Esto se terminaría confirmando cuando, al año siguiente, terminaron perdiendo el campeonato en el último suspiro. Poco meses después comenzaron los conflictos de dinero, con la pérdida de sponsors y teniendo a los jugadores sin cobrar un tiempo.

Eso hizo que fuera expulsado de la Europa League y que la Federación le denegara la licencia para jugar y para adquirir jugadores hasta que saldara sus deudas. Todo se fue desmoronando poco a poco. Esas casi tres décadas en la cima supieron a poco cuando las cuentas comenzaron a hablar, todo esto tras una operación sospechosa que involucraba a una sociedad offshore de Chipre.

Resumiremos esta etapa diciendo que el club sufrió derrotas por default, múltiples renuncias de directivos y pérdida de puntos. Un camino muy triste definitivamente, concretado a finales de 2016 con la declaración de bancarrota por parte de la entidad.

Sus últimos pasos, el vestigio de una era que pudieramos catalogar como legendaria, las dio formando parte del equipo de la Universidad Técnica de Riga (RTU FC/Skonto Academy), colaborando en su fútbol base. Todo esto hasta que el fantasma de la desafiliación volvió a hacerse presente. A pesar de todo ello, su estadio se mantuvo en pie y hoy en día sirve de escenario para observar como un nuevo dominio se comienza a gestar, con el meteórico ascenso de un Riga FC que ha logrado los dos últimos títulos ligueros. Nada mal para un feudo que se ha jactado de albergar a Metallica, Aerosmith, Massive Attack o Depeche Mode. Qué la música siga sonando en Letonia.

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Juan Zavala
Venezolano del 96. Literatura, geopolítica y deportes. Contando aquellas historias que tanto nos apasionan desde otro punto de vista.

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