jueves, 17 octubre, 2019
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“Con el corazón apesadumbrado y después de considerarlo mucho, informo que a causa de los recientes acontecimientos, ya no voy a jugar con Alemania a nivel internacional mientras tenga este sentimiento de racismo y falta de respeto. Antes usaba la camiseta alemana con tanto orgullo y emoción, pero ahora no lo hago. Me siento indeseado y creo que lo que he logrado desde mi debut internacional en 2009, ha sido olvidado”. Así declaraba hace poco más de un año Mezüt Özil, jugador alemán de origen turco, que exhibía actos racistas en su contra y que ponía a Turquía como la víctima ante los ojos del medio futbolístico.

Y lo correcto fue apoyar a Özil contra el racismo. Pero también debemos contar la historia de la «otra ciudad» y que ahora ha traído despidos, suspensiones y una lucha política trasladada al rectángulo verde. Pero más allá de villanos o víctimas, debemos entender por qué la situación entre Turquía y los kurdos ha afectado a todos los niveles, incluido el futbol.

Siria es actualmente el epicentro de un conflicto entre Turquía, los kurdos y Estados Unidos. El pasado miércoles 9 de octubre, las fuerzas armadas turcas comenzaron una operación militar en la región, la tercera que el Ejército turco lidera en Siria desde 2016 y que ha causado al menos 60.000 desplazados.

El objetivo militar de Ankara es la milicia kurda de las Unidades de Protección Popular (YPG, por sus siglas en kurdo), que lideran las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), una alianza kurdo-árabe con la que Estados Unidos trabajó para derrotar al Estado Islámico.

 

 

Deniz Naki, el primer afectado y casi asesinado

Las YPG son consideradas como un grupo terrorista por Turquía debido a sus vínculos en su país con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), mismos a los que apoyó abiertamente el futbolista Deniz Naki, campeón de la Euro Sub-19 con Alemania y hoy semi-retirado, con prohibición de por vida para jugar en Turquía y de padres emigrantes kurdos.

En 2014, fue golpeado por tres hombres en Ankara y tuvo que dejar a su nuevo club en Turquía, pero nada lo detuvo y volvió a fichar por un club del mismo país. Ya ahí las cosas se complicaron, al seguir posteando a favor del PKK en sus redes sociales. 12 partidos suspendido y 18 meses de prisión, que no cumplió. Hasta que en enero de 2018, dos balazos alcanzan su automóvil en Alemania, sin producirle ningún daño, pero que sí lo pusieron en una situación extrema, hasta llegar a una huelga de hambre ante la ONU. Desde entonces, poco o nada se sabe del futbolista.

Así apoyaba el St. Pauli a Naki

El ST. Pauli, el equipo de izquierda

El Sankt Pauli de la Segunda División de Alemania es el club de izquierda del país, que solía hacer pretemporadas en Cuba y se enorgullece del antifascismo de sus seguidores. Aquí jugó Naki y pasó a ser ídolo de la institución inmediatamente. El club apoya abiertamente al pueblo kurdo, que es la minoría étnica sin Estado propio más importante de Medio Oriente, al rondar los 35 millones de personas.

Y así como hace un par de años el St. Pauli defendió a capa y espada a Naki y los kurdos, estas dos últimas semanas lo han vuelto a hacer, tras del apoyo abierto a las tropas turcas por parte de uno de sus jugadores, que desencadenó que los ultras del equipo, exigieran de manera inmediata la salida de Cenk Sahin, futbolista turco, de 25 años.

“Estamos al lado de nuestros heroicos militares y de nuestro ejército. ¡Están presentes en nuestras oraciones!”, escribió el jugador en su cuenta de Twitter y apenas hace unos días publicó en Instagram una foto, donde sus compañeros de la selección festejaron un gol haciendo el saludo militar.

La directiva del St. Pauli ha decidido separarlo del equipo ante la presión, pero sobre todo por “el desprecio reiterado, por los valores del club y al mismo tiempo por la protección del jugador”.

La publicación de Sahin que desencadenó su despido

El festejo militar y la invasión turca en Italia

Mientras, en Italia se debate estos días sobre la conveniencia o no del saludo militar que jugadores como Cengiz Under (Roma), Merih Demiral (Juventus) o Hakan Calhanoglu (Milan) han realizado el pasado viernes contra Albania, coincidiendo con la ofensiva militar.

De hecho, Cengiz Under ya había estado en medio de todo esto cuando publicó en su cuenta de Twitter una foto con la playera de la Roma y banderas de Turquía, que a los aficionados romanos no les cayó nada bien.

Demiral también fue protagonista en Italia al verse envuelto en un cruce de publicaciones en redes sociales sobre el tema.

“Turquía tiene una frontera de 911 kilómetros con Siria y ahí se formó un ‘corredor terrorista’. PKK/YPG han sido responsables por la muerte de 40 mil personas, incluyendo mujeres, niños y jóvenes”. Demiral, utilizó el hashtag “#OperationPeaceSpring“, el nombre de la ofensiva turca.

El festejo de la selección de Turquía en la reciente fecha FIFA

“Operación Manantial de Paz”. Al menos la primera parte de esa frase es cierta. Para Turquía, la consolidación de una administración kurda en el país vecino ha sido una obsesión desde el inicio de la guerra. No solo por el temor de que esa entidad estimule las reivindicaciones de su propia población kurda, sino por el desafío de seguridad que supone para la nación turca.

Hay una reflexión muy repetida por los nacionalistas kurdos y sus apologistas que dice: “Sin más amigos que las montañas”, título que también lleva el libro del periodista iraní-kurdo Behrouz Boochani, que recuerda: “No somos ni ángeles, ni demonios. Somos humanos, simplemente humanos, somos gente inocente“.

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Vicente Escobar
Especialista en scouting y análisis

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