domingo, 1 agosto, 2021
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Existen deportistas capaces de trascender a su tiempo. Personas tan extraordinarias que son capaces de maravillar una y otra vez, incluso cuando se cree que ya se lo ha visto todo. No son muchos los y las atletas que logran semejante hazaña, ya que ser considerado como un mito está al alcance de unos pocos elegidos. Y, sin dudas, la estadounidense Simone Biles ya ha conseguido alcanzar dicha denominación, aun cuando su trayectoria no parece haber llegado a su pico de rendimiento todavía.

La gimnasia es una de las disciplinas insignia de los Juegos Olímpicos, estando presente desde los inicios mismos del torneo moderno, en 1896. Las mujeres recién pudieron comenzar a competir en Berlín 1936 (debido al machismo que imperaba en aquella época), pero desde entonces parecieron apoderarse del evento, creando una red de deportistas que se han convertido en verdaderos íconos. Larisa Latynina, Agnes Keleti, Vera Caslavska, Nadia Comaneci, Mary Lou Retton o Nellie Kim son solo algunas gimnastas que han logrado trascender a su deporte para convertirse en leyendas olímpicas. Y Biles ha logrado, en Río 2016, ponerse a la altura de los grandes mitos, sabiendo que incluso puede ir a más en Tokio 2020.

Simone Arianne Biles nació un 14 de marzo de 1997 en Columbus, Ohio. Su infancia lejos estuvo de ser feliz, ya que sus abuelos maternos (Ron y Nellie) tuvieron que convertirse en sus padres debido a que sus progenitores, lamentablemente, cayeron en el circulo maldito del consumo de drogas y el alcohol. Aquello fue muy duro para la pequeña, sin embargo sus nuevos protectores pasarían prácticamente a ser sus padres, proveyendo todo el amor y apoyo que tanto a ella como a su hermana Adria. “Ella me anima y nunca me deja sentir mal por algo durante demasiado tiempo” expresó Biles sobre su abuela en la CNN. Los dos hermanos mayores de estas serían adoptados por el hermano de Ron.

La niña pasaría a vivir en Texas y sería durante un viaje, a la tierna edad de seis años, donde se enamoraría perdidamente de la gimnasia. Ella ya era una persona bastante inquieta, que siempre estaba haciendo piruetas, saltando o girando, y cuando llegaron a un gimnasio durante aquella excursión se la pasó imitando los movimientos que realizaban las distintas gimnastas, algo que dejó asombrados a todos, por lo que la invitaron a anotarse.

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Sin embargo, nuevamente no todo sería color de rosas en la vida de la estadounidense, ya que a los 9 le diagnosticaron un desorden hiperactivo y déficit de atención, algo que parecía explicar por qué la pequeña estaba todo el tiempo en movimiento. Pero lo que para muchos puede significar una maldición, para ella fue un motor, y aprovechó esa energía para realizar ejercicios y rutinas imposibles. Si había que darlo todo, allí estaba ella en primer lugar.

El crecimiento de Biles, desde entonces, sería impresionante: empezó a competir a los 10 años y para los 13 ya era una junior de élite, ganando incluso el all-arround en el Mundial de Amberes del 2013, siendo la primera afroamericana en conseguir dicha hazaña. Desde entonces no paró de colgarse medallas en los torneos globales, llegando a 25 en este tipo de campeonatos (con 19 doradas). Por supuesto que todos los pasos que iba dando Simone tenían un objetivo bien claro: ganar la mayor cantidad de medallas posibles en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. La cosa, por supuesto, marchaba bien: un año antes ya se había convertido en la máxima medallista estadounidense en los Mundiales, con 14.

Triunfo tras triunfo, pirueta tras pirueta, Biles fue acrecentando su fama y ganando confianza de cara al mayor evento deportivo que existe. A las rivales les quedó bien en claro que si no daban el 100% en cada ejercicio les sería imposible arrebatarle el título a ella de forma individual y a los Estados Unidos como equipo. Este mismo estuvo compuesto por Gabby Douglas (campeona del all-around y por equipo en Londres 2012), Laurie Hernandez, Madison Kocian y Aly Raisman (también estuvo en el equipo ganador cuatro años atrás, siendo a su vez la campeona en suelo). Las rivales a vencer serían las rusas y las chinas, aunque las selecciones, por lo general, mostraban bastante paridad.

 

 

Sin embargo, Estados Unidos demostraría que contar con Biles era hacer “trampa”, ya que la adolescente de tan solo 19 años se convertiría en la primera de su patria en llevarse cuatro medallas de oro en este deporte. El salto a caballo y el ejercicio de piso serían suyos, derrotando en el proceso a la rusa Maria Paseka y a su compatriota Raisman, respectivamente. Pero, además, terminaría por quedarse también con las pruebas individual y por equipos, dejando en claro que era la mejor gimnasta del evento y que ya podía ser considerada como una de las grandes de la historia de este deporte.

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Para las norteamericanas, además, significó volver a demostrar que tras la caída del Muro de Berlín la gimnasia les pertenecía, ganando la división por equipos por segundos Juegos de forma consecutiva y el all-around individual por cuarta (Carly Patterson, Nastia Liukin y Douglas habían sido las campeonas anteriores). Cuando le preguntaron si se sentía la nueva Bolt o Phelps, ella contestó que no, que quería ser la “primera Simona Biles”, dejando en claro que no quería ser como alguien más.

Biles, convertida en la mejor gimnasta de su generación -logrando incluso realizar en el 2019 un Yurchenko con doble mortal carpado, un movimiento que ninguna mujer había realizado jamás en competición-, no estuvo exenta de vivir un verdadero horror, producto de los abusos que realizaba el médico del equipo Larry Nassar con las gimnastas estadounidenses. Las denuncias que realizaron tanto ellas como otras compañeras hicieron que pudiera haber un poco de justicia, poniendo tras las rejas al abusador. Simone fue la voz más potente de todo aquello, aprovechando su creciente fama tras Río 2016 para que la denuncia no quedara en la nada. “Ya no me da miedo contar mi historia tras escuchar las de mis valientes amigas y de otras supervivientes” expresaría, entre otras cuestiones más dolorosas.

Tras atravesar todo esto, la carrera de Biles siguió creciendo, logrando más medallas en mundiales (y superando en el proceso la máximo campeón de los mismos, el bielorruso Vitaly Scherbo), rompiendo nuevas marcas y siendo considerada como un ícono cultural, llevando alegría y arte a un deporte que necesitaba de nuevas heroínas. Simone, que permanece invicta desde el 2013, llegará a Tokio siendo una de las caras más conocidas y con el peso de ser la gran favorita a llevárselo todo. Talento, actitud y mentalidad ganadora es lo que sobra. ¿Hasta donde llegará?

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Fuentes

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Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

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