lunes, 2 agosto, 2021
Banner Top

La gimnasia es uno de los deportes insignia de los Juegos Olímpicos, al igual que la natación y el atletismo. Estos dijeron presente desde su primera edición (1896) y, desde entonces, son una constante, llenando de emoción al público por las acrobacias y piruetas imposibles que los y las participantes realizan. Es, por lo tanto, una disciplina llena de grandes leyendas, de hombres y mujeres que se han alzado como mitos olímpicos por todo lo que le ofrecieron a su disciplina.

Nombres como los de Larisa Latynina, Nadia Comaneci, Vera Caslavska, Simone Biles, Agnes Keleti, Sawao Kato, Nikolai Andrianov, Vitaly Scherbo, Viktor Chukarin o Boris Shakhlin resuenan Juego a Juego por lo maravilloso de sus actuaciones y por haber sido lo mejor de lo mejor, verdaderos artistas de la gimnasia. Es verdad que se suele reconocer a los grandes campeones, acostumbrados a agachar su cabeza para recibir una presea. Son muy pocos los que consiguieron quedar tan marcados a fuego en la conciencia colectiva sin tener una gran trayectoria olímpica como ocurre con el japonés Shun Fujimoto.

Desde 1956 este deporte estaba fuertemente marcado por la rivalidad que atravesaban la Unión Soviética y Japón. Los asiáticos, desde 1960, se habían erigido como el mejor equipo del mundo, llevándose siempre el oro en las competiciones en conjunto, una hazaña mayúscula sabiendo que la gimnasia era fuertemente apoyada en el país comunista. 

Montreal 1976 marcó, posiblemente, el duelo más recordado entre ambas naciones. La URSS, liderada por Andrianov, buscaba romper la mala racha que los venía acompañando desde hacía ya 16 años. Sin embargo, aquella no parecía ser una gesta sencilla, ya que los japoneses contaban con el que, tras esos JJOO, sería el hombre con más medallas doradas ganadas, el experimentado Kato, que llegó a Canadá con 30 años pero con las ganas de un adolescente entendiendo que aquellos, seguramente, serían sus últimos Juegos, cosa que así fue. Todos esperaban con ansias el duelo entre ambos colosos, posiblemente los dos mejores gimnastas masculinos de todos los tiempos.

El elenco japonés era uno de los más poderosos y con experiencia del torneo, algo que los hacía candidatos a obtener nuevamente el all-around por equipos. Eizo Kenmotsu y Mitsuo Tsukahara sabían lo que era ganar tanto medallas olímpicas (ambos terminaron su carrera con nueve preseas en total) como mundiales, mientras que Hiroshi Kajiyama traía una experiencia positiva en el Mundial de Varna 1974. Los dos nombres que llegaban sin tanto cartel y que completaban la nómina eran Hisato Igarashi y el propio Fujimoto, quien se fue de tierras americanas como toda una leyenda.

La historia de Fujimoto comenzó durante su ejercicio de suelo, en donde el japonés (nacido en una aún sangrante Hiroshima un 11 de mayo de 1950) cayó mal tras unas volteretas, rompiéndose la rótula. El dolor que sintió sería indescriptible y, seguramente, el 99% de los atletas en su lugar hubieran dicho basta, retirándose ahí mismo de la competencia. Sin embargo, algo movió a Shun a seguir compitiendo pese al sufrimiento que sentía. Incluso no les contó a sus compañeros que se había lesionado para que nadie se desconcentrara, ya que el objetivo era mantener intacta racha ganadora de Japón. El gimnasta decidió utilizar su sufrimiento como motor, comprendiendo incluso que su carrera podía llegar a correr riesgo con esta decisión.

La segunda prueba que afrontó fue el caballo con aros y nadie hubiera podido imaginar que Fujimoto estaba lesionado, ya que la atravesó con éxito, recibiendo un 9.5 por parte de los jueces. Pero el tercero de los ejercicios parecía ser uno imposible, no solo por los movimientos que debía realizar y la fuerza que tendría que utilizar, sino por el final de la misma. Y es que tocaban las anillas, cuya distancia del suelo se encuentra a 2.4 metros, algo sumamente peligroso para su cada vez más dañada rodilla. Encima, la lucha con los soviéticos (liderados por un Andrianov en estado de gracia y a la postre ganador de cuatro medallas doradas, entre ellas el concurso general individual) era sumamente pareja, por lo que cada centésima obtenida era vital.

Solo el entrenador japonés conocía de la situación de Fujimoto, que nada pudo hacer para contener el dolor de su pupilo, ya que no utilizar usar ninguna droga debido a que no había alguna que considerada como legal y no podían arriesgar todo para luego perderlo por un dopaje, algo que hubiera sido una verdadera deshonra para todo el equipo.

El de Hiroshima, entonces, tuvo que afrontar las anillas comiéndose todo su sufrimiento (“toda la sangre me hervía en el estómago” le dijo posteriormente a los periodistas), pero sabiendo que debía darlo todo por su seguramente última performance. Shun fue colocado en las anillas y entonces comenzó la proeza. La fuerza de voluntad demostrada en aquella oportunidad fue sublime, la concentración estaba activada al máximo y los movimientos fueron sumamente precisos. En ningún momento se vio a Fujimoto quejarse, sino todo lo contrario. Solo al momento en el que le tocó girar en el aire y caer Fujimoto dejó de lado sus mentiras, dando un saltito y yéndose rengueando del lugar. 

“(En los anillos) a pesar de mi lesión, tenía que hacerlo, por mí y por el equipo. Era muy bueno en los anillos, por lo que sabía que podría. No pensé en la caída, el dolor fue inexplicable. Pensaba en lo que había hecho, no lo podría haber hecho mejor.”

Al final, el sufrimiento terminó valiendo la pena, ya que aquella prueba sumó unos vitales 9.7 puntos. La Japón de Kato y compañía finalizó el evento obteniendo nuevamente la medalla dorada por equipos por apenas cuarenta centésimas, algo que dedicaron a su compañero caído en batalla, que tuvo que ser retirado de la competencia debido a que aquel final de las anillas le deparó tanto una dislocación de la rótula como un desgarro en su pierna derecha, por lo que no pudo participar en los últimos ejercicios. 

Para Fujimoto ese fue su último torneo. Sin embargo, nunca dejó su pasión por su deporte, convirtiéndose en entrenador y sirviendo de motivación para las nuevas generaciones, que pueden observar en él un ejemplo de lucha, honor y valentía. Montreal 1976 también fue el final de la racha japonesa en la rama de equipos, quienes debieron esperar recién hasta el 2004 para obtener nuevamente el oro. Ese día en Atenas, seguramente, todos recordaron la entrega del nacido en Hiroshima, uno que seguramente festejó bastante el triunfo de los suyos.

“(Cuando ganamos la medalla de oro) estaba aliviado y empecé a llorar porque tenía la responsabilidad del éxito de mi equipo.”

Fuentes:

  • Uchina
  • Olympics
  • International Gymnastics Hall of Fame
  • The New York Times
  • ¡Hola! Esperamos que hayas disfrutado del artículo. Antes de que te vayas queremos recordarte que estamos preparando cosas grandes, pero necesitamos la ayuda de nuestros lectores para hacerlas realidad. Por eso, si te gusta lo que hacemos en The Line Breaker, abrimos un canal para que consideres invitarnos a un café y así ayudarnos a mantenernos en pie.
(Visited 60 times, 60 visits today)
También puedes leer:   Un oro contra todo y contra todos
Tags: , , , , ,
Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

Related Article

The BreakerLetter

Archivos

Nuestras Redes

INSTAGRAM

Mis Marcadores