jueves, 23 septiembre, 2021
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Hablar de boxeo en el siglo XXI es sinónimo de Floyd Mayweather, la superestrella que potenció el deporte y lo elevó a cifras estratosféricas nunca antes vistas. Desde su irrupción en el ocaso de los ´90 su carrera no hizo más que ir en subida, tanto en el aspecto deportivo como en el económico, ya que Floyd ostenta todos los récords habidos y por haber en premios por cada pelea. A esto hay que sumarle su impresionante registro de 49-0 frente a boxeadores, aunque técnicamente finalizó 50-0 por su victoria frente al ex campeón de UFC Conor McGregor, consiguiendo ser uno de los pocos gigantes de la disciplina en retirarse invicto.

Sin embargo, ese famoso 49-0, 0 50-0, dependiendo los parámetros que quieran utilizar, sólo contempla su etapa de más de 20 años en el boxeo profesional y deja de lado sus primeros pasos en la versión amateur del deporte porque, claro está, nadie se inicia en el profesionalismo sin experiencia previa. Mientras su padre cumplía una condena por venta de drogas, Mayweather puso en práctica todo lo que había aprendido en el cuadrilátero de él y de sus tíos para mantener a su madre, quien tenía problemas para encontrar trabajo por su adicción a la heroína.

Se puede decir que su paso por el amateurismo fue bastante exitoso dado que ganó tres Guantes de Oro (el campeonato nacional estadounidense de boxeo amateur) entre 1993 y 1996 y finalizó esta etapa con un record de 84-8, un promedio de una derrota cada 14 combates, ganándose el apodo Chico Lindo (Pretty Boy) por recibir pocos golpes y, por ende, no poseer marcas propias del deporte en su cara. La última competencia del Chico Lindo como aficionado fue la más grande en la que un luchador puede participar: los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996.

En su tierra natal Mayweather, que todavía no sabía que estaba a las puertas de la decisión que lo convertiría en la leyenda que terminó siendo, quería conseguir una medalla para dedicársela a todo su país. Con unos centímetros menos (1,69) que su registro oficial en el profesionalismo y una cara de adolescente, a sus 19 años daba inicio a su primera y única experiencia olímpica con victorias accesibles en las primeras dos rondas frente a Bakhtiyar Tileganov y Artur Gevorgyan y con una más ajustada frente al cubano Lorenzo Aragón, todas ellas por puntos.

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El primer objetivo estaba cumplido: Mayweather había llegado a las semifinales del torneo, por lo que ya se aseguraba un lugar en el podio dado que en el boxeo se comparte la medalla de bronce al no haber combate por el tercer puesto. En semifinales se jugaba la posibilidad de pelear por la medalla de oro aunque primero debía superar a nuestro protagonista Serafim Todorov, un búlgaro con todos los rasgos que se les están viniendo a la cabeza en este momento mientras piensan en el estereotipo de europeo del este.

El problema para Floyd es que Todorov no era un rival del montón: entre 1989 y 1995 había cosechado tres campeonatos, un subcampeonato y un tercer lugar en los mundiales de la AIBA, dos títulos europeos y, además, contaba con experiencia en Juegos Olímpicos luego de participar en Seúl 1988 y Barcelona 1992, donde estuvo cerca de ingresar al podio tras caer en cuartos de final frente al norcoreano Li Gwank-Sik. Un hueso duro de roer que, como si todo lo anterior no fuese suficiente, en ese entonces tenía 27 años, ocho más que el estadounidense, un diferencial de experiencia que en el boxeo pesa bastante.

Sin embargo, Mayweather no se achicó y le plantó cara en los tres rounds con el mismo arsenal que lo haría destacar en el profesionalismo: una agilidad difícil de igualar, contraataques letales y su famoso roll de hombro al mejor estilo de la vieja escuela. El búlgaro no se dejó intimidar y consiguió conectar algunas bombas a la cabeza de su adversario que no parecían bastarle para llevarse la pelea.

Sin embargo, los puntos dijeron otra cosa: el resultado final de 10-9 fue uno de los más polémicos de la historia del boxeo olímpico por dos principales motivos: el primero fue que varios golpes de Mayweather, que en la grabación de la pelea completa que se encuentra en Youtube se pueden apreciar claramente, no fueron contabilizados pese a haber conectado en las zonas de impacto marcadas por el reglamento. El segundo tuvo al árbitro Hamadi Hafez Shouman como protagonista, ya que a la hora de la decisión levantó el brazo de Mayweather y, luego de corroborar con los jueces, se corrigió a sí mismo y levantó el de Todorov, provocando el abucheo de todo el Alexander Memorial Coliseum.

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Esa situación tuvo varios devenires. En primer lugar, la renuncia del juez Bill Waeckerie, quien antes de dar a conocer su decisión calificó la decisión como “incompetente”. En segundo lugar, puso el foco sobre Emil Jetchev, ex presidente de la Federación Europea de Boxeo, quien fue acusado de amañar el resultado. Por último, y no menos importante, provocó una de las decisiones que cambió para siempre el deporte. Luego de la pelea, un grupo de promotores estadounidenses se acercaron a Todorov para ofrecerle un jugoso contrato que incluía dinero, una casa y un auto para pelear profesionalmente, a lo que se negó instantáneamente ya que él creía que la Federación de Bulgaria le daría mucho más dinero si volvía a su país con la medalla de oro. Ante esta respuesta, los promotores le ofrecieron el mismo contrato a Mayweather, quien no dudó un segundo y aceptó la propuesta inmediatamente, cerrando oficialmente su etapa amateur con una medalla de bronce compartida con el argentino Pablo Chacón y dejando sin efecto la apelación que había realizado el Team USA por el fallo de los jueces.

Como si el destino se hubiese encaprichado, esa respuesta atormentó a Todorov por el resto de su vida. Perdió la final olímpica frente al tailandés Somluck Kamsing, no recibió dinero por parte de la federación de su país al regresar a Bulgaria con la medalla de plata y no pudo asegurarse una oferta de un millón de dólares para representar a Turquía en el Mundial de la AIBA de 1997 porque ambas federaciones no se pusieron de acuerdo en las condiciones. Frente a esta situación dio un salto desesperado e infructuoso al profesionalismo en 1998 para conseguir dinero. Poco se puede decir de esa etapa ya que solo tuvo siete combates sin pena ni gloria entre 1998 y 2003 hasta que decidió retirarse para alejarse definitivamente del boxeo.

Desde entonces tuvo dos trabajos como repositor de supermercado y como empleado en una fábrica de salchichas con ofertas para sumarse a una red de narcotráfico y para trabajar para la mafia de su ciudad. En los últimos años confesó que sufre depresión por la forma en que esa famosa decisión lo persiguió toda su vida, ya que veía las peleas y los millones de dólares de Mayweather mientras él llegaba a fin de mes con lo justo. Recién en 2015 dejó de sufrir un poco económicamente por la iniciativa de la Federación de Boxeo de su país de otorgarle una pensión de 435 dólares a los atletas con experiencia olímpica.

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Por más cruel que parezca, el caso de Todorov parece seguir la maldición de los otros boxeadores que derrotaron a Floyd en su etapa amateur. Tales fueron los casos de Augie Sanchez, Arnulfo Bravo, Tigran Oezlian, Nouredine Medjihoud y Juan Martin Castillo, quienes lo derrotaron pero no prosperaron en el profesionalismo. Las únicas dos excepciones fueron Juan Carlos Ramírez, que lo venció en el evento Estados Unidos vs México en 1995, y Carlos Navarro, que le costó la clasificación a los Panamericanos de Mar del Plata ese mismo año, quienes tuvieron carreras largas y exitosas en el ámbito profesional.

 

 

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Me declaro ferviente enemigo del monopolio del fútbol en los medios e impulsor de historias polideportivas. También soy fanático del olimpismo, su espíritu por lo que creo que hay que contarlo y difundirlo todos los días, no cada cuatro años.

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