viernes, 4 octubre, 2019
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Todos tenemos una oportunidad de hacer algo grande. La mayoría nunca aprovecha su oportunidad porque tienen miedo o porque no la reconocen cuando se les acerca a sus zapatos. Sebastián Córdova es alguien que desde los 15 años tuvo muy claro que las grandes oportunidades no las podía, ni puede, dejarlas pasar.

La historia del héroe del Clásico Nacional 200 está cimentada en dos baluartes importantes: en su familia, que siempre lo ha apoyado en su sueño de ser futbolista, y en sus amigos, que juntos, desde niños, se impulsaron para poder llegar a sus metas.

Todo comenzó al sur de la ciudad de Aguascalientes, de donde es Córdova. Desde niño siempre mostró cualidades e interés por el futbol. Pero fue en la Primaria y Secundaria del Fútbol donde Córdova encontró lo más preciado que te deja el futbol: la amistad.

Su generación marcó un antes y un después para la institución. No solo por los logros, si no por el compañerismo que mostraron durante esos años y que aún les hace reunirse, a pesar de estar a siete años de distancia, de la última vez que compartieron una cancha.

Y fue hace siete años cuando Córdova tomó su primera decisión relevante: dejar a esos amigos, dejar a su familia, su ciudad, un futuro quizás más claro, por el sueño de la mayoría de los niños de 14 años en México: llegar al Club América.

Jesús Ramírez, campeón del Mundo Sub-17, fue el encargado de aquella visoría en Aguascalientes y fue él mismo quien le avisó a Córdova que él y Gerson Torres, compañero de su escuela, estaban entre los seleccionados para entrar al club y que eso representaba ir a vivir a la Ciudad de México, 494 kilómetros lejos de su querido Aguascalientes, de su familia, de sus amigos.

“Salir del entorno familiar, venir a una ciudad, adaptarte a una casa club, no es fácil, a veces piensan que sólo es lo futbolístico y no, hay otras situaciones importantes como es lo extracancha, son retos importantes dejar a su familia siendo muy chavito, creo que a él le ha generado una experiencia diferente y que seguramente eso lo va a consolidar en un futuro”.

Tomar acción crea cambios, pero razonar, analizar y sustentar el por qué se toman las decisiones, es lo que permite el aprendizaje y el crecimiento; es la clave de cómo maduran las personas. Córdova lo ha hecho, pues en el 2012 fue la primera de muchas decisiones y situaciones que le tocó vivir, que le tocó experimentar, para madurar en lo futbolístico y, sobre todo, como persona, y es gracias a eso que hoy su futuro luce un mejor panorama que aquella vez que tomó su maleta en Aguascalientes y emprendió su viaje a Coapa, con un sinfín de sentimientos en el alma.

Hoy, Córdova puede voltear a ver su pasado y ver a su familia que siempre lo apoyó, a sus amigos que tomaron todos un camino diferente pero que llevarán en la mente y en el corazón las tardes interminables pateando un balón.

El doblete en el Clásico Nacional 200 de México, luego de vivir una expulsión en el Clásico Capitalino, deja una enseñanza a Córdova, y él a todos los demás jóvenes que están buscando, conseguir sus sueños.

No tenemos que planear cada paso, tenemos que dejar que sucedan y no podemos tampoco ser rígidos, tenemos que ser flexibles con lo que suceda. No podemos llenarnos de inquietudes con las consecuencias, tenemos que vivir el momento para poder disfrutarlo y aprender.

Sí, tenemos que arriesgarnos como motor para vivir experiencias, superar temores, conocer nuevas cosas y abrir caminos no explorados. Esos pasos a veces los tomamos solos, pero cuando se hace con la familia y los amigos, puede traer mejores lecciones y más duraderas, especialmente cuando se trata de amigos en crecimiento, descubriendo la vida, sus sueños y sus oportunidades.

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Vicente Escobar
Especialista en scouting y análisis

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1 Comment

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Leo 04/10/2019 at 01:13

De crack

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