martes, 5 noviembre, 2019
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  • El ascenso del SC Bastia (Parte 1)
  • Tras la gloria, la caída (Parte 2)

 

Tres temporadas después del regreso a Primera en la 93/94, el Bastia vuelve a finalizar en las cotas altas de la liga con un séptimo puesto y clasifica nuevamente para competición europea luego de dieciséis años, en donde disputa la vieja Copa Intertoto en el verano de 1997 con gran desempeño en la que gana, por ejemplo, en Hamburgo y se consagra como vencedor ante el Halmstads BK sueco, compartiendo el título europeo con otros dos franceses, el Lyon y el Auxerre, todos clasificando, por ende, a la Copa de la UEFA de ese mismo año, la tercera para Les Bleus en su historia. Por más pequeño que parezca, el hecho de haber obtenido un torneo oficial de UEFA no fue algo menor para un club como el Sporting, y el éxito de aquel entonces fue y sigue siendo un motivo de orgullo para aquellos ligados al club y al equipo.

Además del orgullo causado por la victoria en la Intertoto, la historia europea del Sporting siguió agigantándose con una victoria ante el Benfica en la primera ronda de la Copa de la UEFA en la que un sólo gol como local de Pierre-Yves André bastó para avanzar en la eliminatoria. Una derrota por diferencia de goles en la siguiente etapa ante el Steaua de Bucarest privó al club de intentar realizar otra histórica participación europea, pero sirvió para devolver un poco de esa sensación que los viejos días de gloria habían traído a un Furiani que, de paso, comenzaba a remodelarse con la reconstrucción de una de sus tribunas en un largo proceso que culminaría en 2010. 

Esas sensaciones europeas volvieron a hacerse presentes brevemente en 1998 en una nueva edición de la Copa Intertoto gracias a un noveno puesto liguero. Para aquel entonces, Antonetti se había marchado para realizar su propia aventura al mando del Gamba Osaka de Japón, y Henryk Kasperczak había sido nombrado como su reemplazante. Una derrota en semifinales a manos de la Vojvodina por un resultado global de 2-4 eliminó al elenco bleu y tras nueve jornadas Kasperczak era removido de su cargo. Una mala racha de resultados que vio al cuadro corso acumular un balance de cuatro empates, cinco derrotas y ninguna victoria en cuatro meses de competencia fue el detonante para nombrar al tercer entrenador del curso cuando a cinco compromisos para el final, Jose Pasqualetti, ex jugador del club, fue el elegido en aquella temporada 98/99 para terminar de cumplir el objetivo de la salvación. Cuatro puntos en cuatro partidos fueron suficientes para salvar al equipo que había escapado, otra vez, de la boca del lobo. 

El cambio de siglo y milenio apareció con ánimos renovados y caras conocidas, ya que Antonetti volvió de su experiencia oriental para hacerse cargo del equipo nuevamente. Con él al mando, el Sporting trepó hacia el décimo lugar en la clasificación y dio que hablar llegando a las semifinales de la Copa de la Liga, para caer derrotados ante uno de los que a esta altura se había convertido en su verdugo histórico, el Paris Saint Germain. Tras una temporada 2000/2001 de gran nivel, la 01/02 tuvo como protagonista a Robert Nouzaret quien llegó en reemplazo de un Antonetti que se marchó al Saint Etienne tras sus buenas temporadas al frente del Sporting.

Aquella última cosecha de Antonetti al mando dio entrada una vez más a la Copa Intertoto, en la que el Sporting no fue capaz de superar su primer escollo cayendo por un doble 0-1 ante el modesto Slaven Belupo croata. Con un corto verano para trabajar, Nouzaret guió al equipo a otra final de Copa de Francia a disputarse en el Stade de France en París. Desafortunadamente para ellos, la fortuna de 1981 no pudo repetirse y el resultado culminó, nuevamente, en derrota ante el Lorient, que ya había sellado su descenso a la rebautizada Ligue 2.

Las tres temporadas subsiguientes vieron pasar a tres entrenadores por los banquillos de Furiani en una época en la que la performance del club iba disminuyendo año a año. Tras ser decimosegundo en 2003 y decimoséptimo en 2004, la 04/05 marcaría la vuelta del equipo a la división de plata tras terminar último en la clasificación y quedar condenado a pasar sus cien años de existencia en el segundo escalón. Tras esto, son cinco temporadas en las que el proyecto está en el aire, sin grandes recursos económicos y con una directiva que no puede encontrar el camino y se ve envuelta en una temporada 09/10 que sería un verdadero horror para Les Bleus. Con constantes sanciones económicas a las que tuvo que responder por incidentes provocados por sus aficionados, las tempranas derrotas que marcaron la tendencia de una temporada que el equipo no supo dar vuelta y sufrió otro descenso, volviendo a pisar la tercera categoría del fútbol francés por primera vez desde 1965, nada más y nada menos que 45 años después de la última vez, mientras que en los escritorios la Dirección Nacional de Control de Gestión había dictaminado su descenso administrativo a la cuarta categoría al encontrar un déficit de 1,2 millones de euros en las cuentas del club. Sólo la intervención del Comité Nacional Olímpico y Deportivo hizo que el club pudiera mantener la categoría que deportivamente se merecía, mientras una nueva directiva -que había tomado el control total del club a mediados de temporada- comenzaba a orquestar la operación de retorno tras la resignación de Charles Orlanducci como Presidente de la Comisión Supervisora que estaba al mando del club.

Aquella operación no podría haber salido mejor, y es que el Sporting logra un ascenso meteórico que le dio la satisfacción de volver a Ligue 1 siendo campeón de la National y de la Ligue 2 de forma consecutiva. Los corsos, en primera instancia, pudieron volver rápidamente al fútbol profesional de la mano de Frédéric Hantz como mandamás y los 20 goles de David Suarez que firmaron el retorno a Ligue 2 ese mismo año, consiguiendo 92 puntos producto de 27 victorias en 40 cotejos y dominando el tercer nivel francés con total autoridad, sellando la promoción varias fechas antes del final. 

La vuelta en el profesionalismo vio llegar a un nombre pesado del fútbol francés de vasta experiencia en el más alto nivel. Jérôme Rothen era su nombre, alguien que tuvo sus mejores años como futbolista jugando para el Paris Saint Germain y quien también había formado parte de la Selección Nacional. Además de Jérôme, nombres como el joven Florian Thauvin (que luego despuntaría en el Olympique de Marsella de Marcelo Bielsa) y David Suarez, uno de los héroes del primer ascenso, sumado a Toifilou Maoulida, fueron los nombres que aparecieron con sus goles para guiar a los hombres de azul a un segundo ascenso seguido que les devolvió a la Ligue 1 en un suspiro, y con dos trofeos de campeón bajo el brazo.

Luego de los ascensos, dos tranquilas temporadas dieron una estabilidad al equipo que, para la temporada 2014/2015, tuvo otra buena dosis de éxtasis copera, con Les Bleus participando de la que hasta ahora es su última final disputada. Fue por la Copa de la Liga frente a, quién sino, un PSG con el que ya habían formado una rivalidad histórica que trascendía los orígenes geográficos para trasladarse al campo de juego. Los capitalinos, otra vez, vencieron sin atenuantes en un partido que se desvirtuó a partir del minuto 20 cuando el árbitro del encuentro expulsó al defensor bleu Sebastien Squillaci. Aquel once del Bastia contó en sus filas con jugadores de la talla de Djibril Cissé, el internacional marfileño Romaric o un incipiente Alphonse Areola, que no pudieron evitar que el equipo se quedara a las puertas de la gloria.

Dos temporadas después de aquella final, dos entrenadores habían pasado por Furiani con más dificultades que aciertos, que llevaron al club a un hundimiento deportivo e institucional. Además de su mala campaña en el césped, las cosas hacía años que iban mal en las tribunas, con los ultras ocupando un espacio violento en la imagen del fútbol francés, una violencia que llegó a su punto máximo en la segunda década del siglo 21, culminando en una de los mayores escándalos del último tiempo después de que los ultras atacaran a pie de campo a los jugadores del Olympique de Lyon en 2017. Las malas conductas de aquellos quienes se hacían llamar aficionados le significaron suculentas sanciones a las que se agregaron las correspondientes a los tristes abusos raciales que también existieron hacia jugadores de otros equipos. 

Todo aquello fue un detonante de una crisis que vio al club dirigirse sin frenos a la debacle de 2017. Sin muchas armas de las que valerse en liga, el Sporting desciende finalizando en la última posición del campeonato. Acto seguido, los problemas financieros crecieron y fue nuevamente la Dirección Nacional de Control de Gestión que apareció para posar sus ojos en el club isleño. 

En Francia, los clubes que no cumplen con los requisitos mínimos que este organismo de control inspecciona tras la finalización de cada temporada pueden sufrir diferentes sanciones que van desde la quita de puntos, la prohibición de fichar jugadores, hasta el descenso del club dependiendo de la falta cometida. La deuda que el Sporting Club de Bastia presentó a final del curso 2016/2017 fue de 20 millones de euros y, teniendo en cuenta que casi pierde la categoría años atrás por una deuda de algo más de un millón, un informe que reportó una deuda semejante no iba a ser tomado a la ligera.

La DNCG falló de la manera más cruel, quitándole su estatus de club profesional que mantenían desde aquel primer ascenso a segunda división de 1965. A raíz de aquel primer conflicto, el club entró en bancarrota y fue incapaz de obtener los avales correspondientes para cumplir con los requisitos para participar en la tercera categoría, por lo que debió solicitar un reingreso a la Federación para reiniciar su camino desde el fondo del sistema de competición nacional en la National 3, la quinta división francesa, una categoría en la que hasta esa misma temporada jugaba su equipo reserva. 

Cuatro descensos en un verano, uno deportivo, uno administrativo y dos por haber incurrido en bancarrota vieron a un club que había escrito su época dorada en los 70′ y que se había hecho un nombre importante en la historia del fútbol francés, ser relegado a los confines de las categorías regionales por primera vez desde su inserción al mundo profesional. 

Otra final perdida ante el PSG en 2015, la última de su historia hasta el momento.

Entre semejante hecho, el club estuvo, además, a punto de terminar en los torneos regionales de Córcega de no ser por dos accionistas que llegaron con una propuesta para hacerse cargo del club. De la mano de ellos llegó el actual entrenador, Stéphane Rossi, un ex jugador del club que estaba entrenando al CA Bastia, curiosamente, uno de los primeros rivales del SC Bastia durante sus primeros años de existencia. 

Casi como si de una tradición se tratara, en las filas del club corso siempre tuvieron protagonismo un gran número de jugadores locales, algunos formados en Furiani y otros reclutados desde otros clubes de la isla. Ejemplo de ello es Yannick Cahuzac, hijo del entrenador que llevó al club a la final europea del 78′, quien tuvo que abandonar el club ante aquel cuádruple descenso de 2017.    

Sí Cahuzac hijo era el vínculo nativo que mantenía firmes los lazos con los Papi, Orlanducci y Marchioni, fue otro nombre local el que tomó la responsabilidad de portar la cinta de capitán en uno de los momentos más oscuros en la historia del club. Gilles Cioni fue el llamado a continuar el linaje de sangre corsa dentro del once titular del club bleu. Cioni, también, es el único nombre que tienen en común aquel plantel que disputó la última temporada en Primera y el que le siguió en National 3. Un jugador criado en la casa, nacido en la isla y que ha jugado más de doscientos partidos con la camiseta del Sporting, que eligió quedarse para guiar al equipo de su tierra tal como lo hicieron Franceschetti, Marchioni, Papi o Cahuzac.

En la primera temporada en el club en el fondo de la pirámide, Rossi guió a un equipo prácticamente amateur a un meritorio segundo puesto, quedándose a sólo dos puntos del primer lugar que otorgaba el único ascenso del grupo. En el segundo intento en la temporada 18/19, el club logró el primer paso de una ardua reconstrucción ascendiendo de manera incontestable a la National 2 y ocupando un lugar en el cuarto escalón de la pirámide. Actualmente, el Sporting es una fuerza en su grupo de cuarta división, peleando por ascender a tercera, registrando los mejores números en cuanto a espectadores se refiere, aún en una categoría que le queda muy pequeña a los 33.000 asientos del Stade Armand Cesari.

El espíritu de resiliencia y lucha ante la adversidad siempre acompañó al equipo y a sus aficionados que, a pesar de la imagen negativa, son de los más pasionales y fieles que hay en Francia. Unos aficionados que ante la nube negra que acechaba Furiani comenzaron a recolectar fondos en busca de generar algún tipo de ingreso para ayudar a un club que de la noche a la mañana pasó de competir en el profesionalismo contra el PSG y Marsella a enfrentarse contra la reserva de su máximo rival local en un nivel completamente amateur.

Escenas como la protagonizada por Jean-Louis Leca en Niza, acérrimo rival del Sporting, en un partido disputado en 2014 en el que las autoridades prohibieron el uso de cualquier tipo de objeto referente a Córcega o al Sporting en el estadio, deberán esperar para volver a repetirse.

Jean-Louis Leca, nacido en Bastia, porta de manera provocativa la bandera de Córcega en el estadio del Niza en 2014.

Y es que el descenso dejó, además, a una isla sin su plataforma de comunicación más pública e internacional como lo era el fútbol de primera división. En una isla habitada por gente que se siente más corsa que francesa, el fútbol era el elemento social por excelencia a través del cual la sociedad podía mostrar su siempre intrínseco nacionalismo que, directa o indirectamente, el club se encargaba de masificar con su mera participación en el primer nivel. Mientras el club navega por aguas poco conocidas en un intento por volver a ser lo que alguna vez fue, aquellas muestras identitarias deberán esperar para volver a hacer el ruido que alguna vez hicieron, un ruido que hace un tiempo fue escuchado, incluso, en toda Europa.

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Enzo Del Llano
Periodista. De Córdoba, Argentina. Hincha del fútbol modesto y del básquetbol en todas sus formas. Convencido de que el deporte es cultura.

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