lunes, 23 septiembre, 2019
Banner Top

Sarina Wiegman (1969) comenzó a jugar al fútbol en pleno apogeo del fútbol femenino, en los primeros aleteos de la disciplina tras el Mundial del 71´. Tenía un hermano gemelo del que no se separaba y que también era aficionado al balompié. Al igual que Rose Reilly diez años antes que ella, tuvo que cortarse el pelo para poder infiltrarse como niño en los equipos en los que él jugaba. Estaba prohibido que una niña pudiese jugar, así que comenzó jugando en la calle con los chicos. El apoyo de su familia, como suele ocurrir en estos casos, fue clave. Abogaron porque la pequeña Sarina pudiera jugar e hicieron todo lo posible por encontrar clubes donde la admitieran. A los seis años, como benjamín, se unió a un equipo cerca de su ciudad natal, La Haya.

A los 18 ganó su primera Copa con el equipo donde se había profesionalizado, el KFC ‘71, equipo desaparecido en la actualidad. Gracias a la excelente calidad de su juego recibió una invitación, dos años más tarde, para unirse al equipo de la Universidad de Carolina del Norte. Anson Dorrance, entrenador que todavía dirige el programa – considerado uno de los mejores del mundo –, se fijó en ella. Fue clave para Wiegman pasar un tiempo en Estados Unidos, al igual que para Lucy Bronze en su día o Jill Ellis. Al otro lado del Océano Atlántico encontró que su pasión, extravagante en Países Bajos, era algo corriente. Miles de chicas como ella también jugaban: “era un paraíso para las jugadoras”.

A la vuelta a su tierra se unió al Ter Leede, donde ganó dos veces la Eredivisie femenina y de nuevo la KNVB Cup. Poco antes de su retirada en 2003 contaba con 104 apariciones con la Oranje. En el 2001 fue la primera jugadora en batir la cifra de las 100 internacionalidades. Desde antes de dejar de jugar mostró interés en pasar a los banquillos. Su mayor objetivo era conseguir hacer crecer el fútbol femenino de su país, llevarlo a tener las infraestructuras necesarias, las instalaciones y organigramas que había visto en Estados Unidos. Empezó estudiando la carrera de Ciencias del Deporte y acabó estando tanto en equipos femeninos como masculinos de scout y de segunda entrenadora. Esta experiencia hizo que aprendiera a dirigir los grupos y adaptar el modelo a las diferentes características personales de los individuos. Para Wiegman es vital tener una buena relación con sus jugadores, llegar a ellos y conseguir una comunicación de grupo.

Como entrenadora ganó un título de Eredivisie y empezó como analista del conjunto nacional antes de hacerse con el puesto principal. Desde entonces han llegado los éxitos más grandes de su carrera y de la Oranje femenina, donde han sacado sus garras como las leonas que las representan: una Copa de Europa en 2017 y este mismo año, la medalla de plata en un Mundial, el de Francia 2019. El conjunto está repleto de talento, con estrellas mediáticas de la talla de Lieke Martens, Vivianne Miedema, Shanice van de Sanden, así como la que fue elegida mejor portera del Mundial – ex del Arsenal y actualmente en el Atlético de Madrid – Sari van Veenendaal, Jackie Groenen o Stefanie van der Gragt.

Aunque su juego en el pasado Mundial no deslumbró como lo había hecho en otras ocasiones -valiéndose del balón parado como pieza clave en muchas acciones- lo cierto es que nunca antes había llegado tan lejos el conjunto femenino, además de conseguir entrar en los Juegos Olímpicos por primera vez en su historia. Wiegman ha dado garras y alas al conjunto nacional.

El logro de 2017 le valió para alzarse con el premio a Mejor Entrenadora de la FIFA, pero para Wiegman lo más importante no fue la victoria en sí, sino el cambio en la mentalidad de los neerlandeses. En un país que no cuenta con más de 17 millones de habitantes, más de cinco millones de espectadores vieron los partidos de la Oranje, aparte de la marea de fans que se trasladaron hasta Francia para apoyar al equipo este verano y que, de hecho, están nominados a Mejor Afición en los premios The Best.

Wiegman recordaba en la entrevista que le realizaron en The Coaches’Voice, emocionada, la sensación que tuvo cuando ganaron la Eurocopa y vio el recibimiento de todo el público al salir el autobús. Ese era el cambio por el que ella deseaba luchar durante tantos años, como jugadora, como entrenadora. Todavía, en sus últimas declaraciones durante el Mundial, dijo que siente que se necesita un mayor auge y promoción del deporte femenino en su país. Sin duda, todos los logros conseguidos deberían servir para que las niñas que ven en las jugadoras Oranje a sus referentes y heroínas, sean respaldadas por las autoridades y se les permita jugar. Ahora que gente como Sarina, que un día desafió a las prohibiciones, ha conseguido que el deporte rey lo sea también en femenino.

Tags: , , , , , ,
Maria Valentina Vega
Traductora, redactora y entrenadora de fútbol Nivel 1

Related Article

0 Comments

¿Qué te pareció la nota?

A %d blogueros les gusta esto: