lunes, 27 junio, 2022
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Por Sergio Nápoli

 

El 11 de diciembre pasado, Samuel Eto’o fue elegido presidente de la Federación de Fútbol de Camerún. Su nuevo cargo será un difícil desafío para la superestrella africana, que cuenta en su haber, como jugador, con tres Champions Leagues, varias ligas locales (en España e Italia) y dos títulos continentales con la selección de su país (2000 y 2002).

La tarea que lo espera no será para nada sencilla, ya que Camerún recibirá en enero próximo la Copa Africana de Naciones en el complejo contexto sanitario generado por la pandemia de Covid-19, a lo que se suma una delicada situación política derivada de los ataques terroristas perpetrados por separatistas en la zona anglófona del país. Este coctel ha generado, a menos de un mes del inicio del torneo, crecientes rumores de que la competición será trasladada a Qatar.

No será la primera vez que Eto’o deba enfrentar momentos complicados en su vínculo con el fútbol de su país. Pese a los muchos éxitos, su paso por los Leones Indomables ha estado marcado por puntos altos y bajos. Muchos de estos últimos, relacionados con penales decisivos en partidos cruciales para la selección nacional.

 

 

La fallida clasificación al Mundial de 2006

Corría el año 2005 y Camerún y Costa de Marfil luchaban, mano a mano, por un puesto en el Mundial de Alemania 2006. Los marfileños presentaban una de las selecciones más fuertes de su historia, con estrellas como Didier Drogba y Gervinho.

En el anteúltimo partido del grupo 3, los Leones Indomables viajaron a Abiyán y, guiados por Samuel Eto’o, consiguieron una histórica victoria por 3-2 sobre los locales. Con ese resultado, solo necesitaban ganar su último partido de local ante Egipto .ya eliminado- para garantizarse la clasificación a la Copa del Mundo.

Sin embargo, el encuentro contra los Faraones no fue como se esperaba. Con los noventa minutos ya consumidos, el resultado era 1-1 y, a la distancia, Costa de Marfil festejaba. Sin embargo, ya en tiempo de descuento, el árbitro maliense marcó un penal en favor de los locales. El público en las tribunas explotó de júbilo celebrando por anticipado la quinta participación en un mundial.

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Aunque Samuel Eto’o estaba en la cancha, quien se hizo cargo de la responsabilidad de ejecutar el tiro desde los doce pasos fue Pierre Womé, jugador del Inter de Milán. Para su desgracia, y la de todo Camerún, su disparo dio en un poste, se fue por la línea de fondo. El partido terminó 1-1. De esta forma, Costa de Marfil logró su bautismo de fuego en la Copa del Mundo.

El fallo le costó muy caro a Womé. La misma noche del partido, un grupo de hinchas enojados incendió su casa en Yaoundé, destrozó su auto e incluso atacó la peluquería de su novia. El futbolista tuvo que ser trasladado al aeropuerto en un automóvil camuflado de la policía, por rutas alternativas, para que tomara su avión de regreso a Europa.

Muchos cameruneses, en la cancha y en sus casas, se preguntaban el motivo por el cual Eto’o, el goleador y la figura del equipo, no se había hecho cargo de tan trascendente disparo. Luego del partido, la estrella del Barcelona señaló que había pedido patear el penal. Sin embargo, Womé se encargó de desmentirlo inmediatamente, señalando que era un mentiroso y que “nadie quería ejecutar ese penal. Ni Eto’o, ni nuestro capitán, porque sabían que podían fallar. Yo tuve el coraje de plantarme en el punto penal», señalaría ante la prensa. «Eto’o no tuvo atributos de tirarlo. Así que lo lancé yo», agregó.

A partir de ese momento, para muchos, Eto’o ingresó en el oprobioso grupo de jugadores señalados por desaparecer en los momentos en los que las papas queman.

 

El partido de los 24 penales

En 2006, el destino puso nuevamente a Costa de Marfil y Camerún frente a frente. En este caso, en los cuartos de final de la Copa Africana de Naciones desarrollada en Egipto.

El partido, luego del tiempo extra, concluyó 1-1, por lo que debió ser definido por tiros desde el punto del penal. En ese momento, comenzó una emocionante serie que pasaría a la historia del torneo continental.

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El primer tiro fue tomado por Eto’o, que lo cambió por gol. Inmediatamente, Didier Drogba emparejó el conteo para los Elefantes. Luego, todos los jugadores que debieron ejecutar disparos, incluidos los arqueros, convirtieron. La definición incluyó suspenso porque, con el tanteador 7-7, Alioum Saidou, erró su tiro, pero el penal debió ser repetido por adelantamiento del arquero marfileño.

Así, con el resultado 11-11, Eto’ó debió dirigirse nuevamente al punto del penal para ejecutar un segundo disparo. El delantero se paró recto hacia el arco e impactó la pelota muy abajo, enviándola al cielo de El Cairo. Lo siguió Drogba, que no perdonó y selló el pase de Costa de Marfil a la semifinal del torneo. Nuevamente Camerún quedaba eliminado por un penal. La maldición de los Leones y de su capitán continuaba.

Si bien Eto’ó terminó como goleador del torneo, muchos le recriminaron no haber estado presente en la práctica de su selección antes del partido de cuartos de final para estar presente en Togo en la ceremonia en la que le entregaron el premio al mejor jugador africano del año, elegido por la Confederación Africana de Fútbol.

 

 

La fallida clasificación a la Copa Africana de Naciones de 2012

El karma de Eto’o y los penales no se terminaría en Egipto. En 2011 Camerún integraba, junto a Senegal, la República Democrática del Congo y Mauricio, el grupo E de las eliminatorias para la Copa Africana de Naciones de 2012 a disputarse en Guinea. Con la mitad de los partidos jugados, los Leones Indomables, dirigidos por Javier Clemente, veían peligrar gravemente la clasificación, ya que se encontraban a 5 puntos del puntero Senegal, que los había vencido en Dakar.

La última oportunidad para volver a la pelea que tenían los cameruneses era el partido que debían disputar de locales contra Senegal, en Yaoundé. El partido fue sumamente parejo, y ninguno de los dos se sacaba ventajas hasta que, a los 87 minutos, el árbitro marcó un dudosísimo penal en favor de Camerún.

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Esta vez, Eto’o asumió la responsabilidad, tomó la pelota y se dirigió a ejecutar el tiro clave del partido. Nuevamente, la fortuna le dio la espalda. Su potente disparo se estrelló contra el travesaño. El partido concluyó en empate y, finalmente, Camerún no logró llegar a la fase final del torneo continental, a la que accedieron los senegaleses.

Al final del partido estalló la violencia en los alrededores del estadio Ahmadou Ahidjo. Los fanáticos rompieron los parabrisas de los automóviles y arrancaron las camisetas con el nombre de Eto’o de las espaldas de las personas que las llevaban. Otros directamente quemaban las casacas con el dorsal 9. Varias personas terminaron heridas.

Esa misma noche, en una entrevista en la televisión estatal, Eto’o pidió a los aficionados que lo perdonaran. «Cuando marco goles a menudo, me elevan a la cima, pero hoy fallé el penal que nos habría dado la victoria y asumo toda la responsabilidad por este bajo rendimiento», dijo visiblemente apesadumbrado.

Samuel Eto’o ya no debe encargarse de ejecutar penales decisivos para los Leones Indomables. Hoy pesa sobre sus espaldas la enorme responsabilidad de conducir los destinos del fútbol en una de las naciones africanas con más tradición y títulos del continente. Ojalá que en su nueva tarea haga recordar a los aficionados al implacable goleador que azotó las redes de dos continentes y no al titubeante ejecutor de tiros desde el punto del penal que vistió la casaca de Camerún.

 

 

 

 

 

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