sábado, 8 junio, 2019
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Por Pedro Rodríguez Gálvez (los invitamos a seguir sus perfiles en Instagram, YouTube, Twitter)

La mayoría no habréis oído hablar de la Isla de San Martín y mucho menos os podíais imaginar que aquel pequeño territorio, con tan sólo 70.000 habitantes, es representado a nivel futbolístico por dos selecciones diferentes, ya que la isla Caribeña se encuentra partida por la mitad; una parte pertenece al Reino de los Países Bajos (Sint Maarten) y la otra es una colectividad de ultramar francesa (Saint Martin).

Cierto es que ninguna de las dos pertenece a la FIFA, pero sí están afiliados a la CONCACAF, por lo que hasta ahora únicamente disputaban la Copa Caribe y, cuando esta no servía de clasificación para la Copa Oro, jugaban la fase clasificatoria para el trofeo dorado, por lo que podían pasar largos períodos de tiempo sin que disputasen un solo partido.

Pero en la presente temporada, y con la creación de la CONCACAF Nations League -que todos los amantes de estas selecciones ya conocemos-, eso ha cambiado. Ahora estos equipos nacionales tendrán actividad cada pocos meses, siendo esta una gran noticia para ellos, ya que su crecimiento no quedará estancado y podrán ir progresando.

Casualmente, cuando se llevó a cabo el sorteo de la mencionada CONCACAF Nations League, hubo una gran sorpresa para todos, ya que quedaron emparejadas las dos partes de la isla y por primera vez en la historia se enfrentarían en un partido oficial. Curiosamente no se disputaría el tan anhelado encuentro en la isla de San Martín, debido al huracán Irma que arrasó la isla en septiembre de 2017. Siempre que alguna de estas dos selecciones juega de local lo hace en la vecina isla de Anguila. Para los curiosos de la geopolítica, esta no tiene nada que ver ni con Francia, ni con los Países Bajos, sino con el Reino Unido, ya que es un territorio británico de ultramar.

El viaje

Volvamos a lo importante, el derbi de San Martín, ese hecho histórico no podíamos perdérnoslo, por lo que decidimos viajar allí, para vivir con la federación de Sint Maarten toda la preparación y desarrollo del importante partido que determinaría quién manda en la isla. Sin más rodeos, me inicio a contaros todo lo que viví en aquel maravilloso lugar, abróchense los cinturones, allá vamos.

La persona que os está contando este reportaje reside en Portugal, por lo que tras coger un vuelo desde el aeropuerto de Lisboa y hacer unas cuantas horas de escala en New York, me disponía a coger el segundo vuelo del viaje, directo al aeropuerto Princesa Juliana, uno de los más curiosos del Caribe, ya que sus vuelos aterrizan a pocos metros de las cabeza de los turistas que se congregan en la playa de Maho, siendo uno de los sitios más turísticos de la isla.

El aeropuerto Princesa Juliana es uno de los más curiosos a nivel mundial. (Imagen extraída de http://sxmairport.com)

Cuando baje del avión un intenso calor me recibía y avisaba que ya estaba en el Caribe. Me dirigí al control de pasaportes y me atendió un sonriente policía, nada que ver con el que lo hizo en el control de New York, que no le cuadraba que un español hubiera despegado de Portugal para ir a ver el fútbol de Sint Maarten y estuviera en New York y, recién tras más de 10 minutos de preguntas, pareció entenderlo.

Pero volvamos a la isla. Aquel feliz policía selló mi pasaporte sin dudarlo, recogí la maleta y salí por la puerta del aeropuerto. No podía creérmelo, estaba en Sint Maarten, aquel curioso territorio que siempre quise conocer, la única frontera europea no ubicada en Europa y la única existente entre Francia y Holanda. Allí me esperaba el tesorero de la federación, Dwayne Wright, ataviado con un polo del equipo nacional y yo siendo el único español por la zona, nos reconocimos al instante.

Nos dirigimos al coche para poner rumbo al hotel; por el camino me cuenta que además de colaborar con la federación, él tiene su propio trabajo y no hay nadie en la isla que viva del fútbol. Por la carretera veo varios carteles que anuncian el importante derbi, y además observo una de las principales carreteras que conectan el aeropuerto con la capital de la parte neerlandesa (Philipsburg) y que pasa por la puerta del estadio local de Sint Maarten, donde no pueden jugar partidos oficiales.

El directivo que me ha recogido me comenta que al día siguiente habrá allí un partido amistoso contra un club que juega en la liga de la parte neerlandesa, llamado “758 Boyz”. Será una buena ocasión para que un servidor vea por primera vez a la selección nacional.

El primer amistoso en el Caribe

Tras 25 minutos desde que salimos del aeropuerto, llegamos al hotel, en el centro de Philipsburg, una ciudad muy tranquila y turística, ya que se encuentra en primera línea de playa. Su principal ingreso económico son los turistas, que se bajan de los muchos cruceros que atracan allí cada día. Me despido de Dwayne hasta el día siguiente, me dispongo a deshacer la maleta y descansar después del largo viaje.

Amanece en Sint Maarten y fui a curiosear la ciudad, donde pude ver que todavía hay muchas viviendas, establecimientos y coches destruidos por el huracán de hace 18 meses. Cada día los ciudadanos de aquella isla se levantan para intentar que sus vidas vuelvan a ser como eran antes de aquel septiembre de 2017, y cómo no podían ser menos la federación de fútbol también, con un duro trabajo, se va sobreponiendo a las dificultades, ya que al no ser FIFA no reciben la ayuda económica de la que si gozan las 211 selecciones que pertenecen al organismo internacional. Si a sus escasos recursos le sumamos que en sus partidos de local deben jugar fuera de casa, con el coste que supone el viaje, alojamiento y comida, nos da de resultado a una gran familia que lucha todos los días para sacar adelante a su humilde pero gran federación.

Llega la hora del partido amistoso y puedo ver por primera vez el estadio de Sint Maarten, de hierba artificial. Todavía podemos observar rastros de la catástrofe, como las gradas perjudicadas o una torreta de luz volcada. Respecto al partido, vemos una buena cara del equipo nacional y me llevo una gran sorpresa, ya que si me dijeran que es un partido de la selección Sub 19 no lo pondría en duda: todos los jugadores son, sorprendentemente, no jóvenes, muy jóvenes.

Hablando con Dwayne, que se encuentra viendo el partido, me dice que la baja edad se debe a que todos los adolescentes de la isla, cuando se disponen a empezar la universidad, abandonan Sint Maarten para seguir con sus estudios y con eso dejan el fútbol. Es por ello que la convocatoria elegida por el entrenador Elvis Albertus, junto a sus colaboradores (Alain van de L’Isle y Piet de Jong), está formada casi en su totalidad por jugadores de la liga local y que todavía van a la escuela en la isla, exceptuando a dos de la primera división de Curazao, Brandon Potmis (20 años, juega en el Inter Willemstad) y Remsley Boelijn (24 años, su equipo es el SUBT), y cinco de los Países Bajos: Kay Gerritsen (21 años, juega en el filial de un club de tercera división, el FC Lisse), Andre Knol, (18 años, su equipo es el Quick Den Haag, de la sexta división), Smally Lake (22 años, juega en el SV Poortugaal, también sexta división), Djai Essed (20 años, busca equipo, aunque nos cuenta que vienen tiempos de una nueva aventura y pronto se irá a vivir a Panamá) y Jaeremi Drijvers (19 años, se desempeña en el Rood-Wit Veldhoven, séptima división).

Continuamos viendo el partido y escuchamos un grito, se trata del anteriormente mencionado Brandon, parece que se ha lesionado, cosa que nos confirman a los pocos momentos, uno de los jugadores con más nivel del equipo nacional y que, con tan sólo 20 años, no podrá participar en el vital duelo que se disputa en 48 horas. Es, en definitiva, otro revés para esta pequeña selección que sueña con una victoria oficial, cosa que no consiguen desde hace ya 15 años. Pero si a algo está acostumbrada la federación de Sint Maarten es a superar problemas, y este no iba a ser menos. Rápidamente, su entrenador hace el cambio y comienza a probar con nuevos jugadores. No dejó muy claro cuál sería el once inicial en el partido oficial de dentro de dos días. A mí particularmente me dejó muy intrigado.

Brandon se lesiona y es una pena, ya que no podrá estar en el derbi ante Saint Martin.

Un viaje en coche muy especial

Tras el partido comencé a hablar con algunos de sus jugadores. Uno de ellos fue Brandon, que me contaba la gran pena que sentía al no poder participar en el importantísimo partido. Otro de ellos fue Andre Knol, que a pesar de sus 18 años, es todo un veterano y estandarte en su selección nacional absoluta. Él me dice que está muy emocionado e impaciente porque llegue el gran partido que toda la gente de la isla espera.

Tener la posibilidad de que sea el propio Brandon el que me llevase ha sido todo un placer.

Los jugadores se retiran a las duchas y me comunican que será Brandon quién me acerque a mi hotel. Y no os voy a engañar: sentí mucha emoción, yo, todo un apasionado de Sint Maarten, que veía sus partidos a miles de kilómetros de distancia, estaba montado en el coche particular de uno de sus jugadores y además había otro compañero (se trataba de Remsley el otro futbolista que juega en Curazao).

Aproveché el viaje en coche para preguntarles cómo llegaron al fútbol de Curazao y me comentan que ellos antes jugaban juntos en un club de la parte francesa de la isla, fueron creciendo y llegó el momento de salir de Sint Maarten. Remsley viajó exclusivamente a Curazao para jugar al fútbol, en cambio Brandon llegó hace apenas una temporada, para comenzar sus estudios de medicina y compaginarlos con este deporte. También me cuentan que a veces les resulta un poco difícil obtener el permiso del club para viajar con su equipo nacional, ya que al no ser FIFA, el club no está obligado a permitirles viajar, otra traba más que en cada parón de selecciones se interpone para la federación de Sint Maarten.

La conversación se pasa volando, hemos llegado a la casa de Remsley, quien abandona el vehículo y entra en su domicilio. Sigo en el coche de Brandon y comenzamos a hablar sobre el plan de viaje de la expedición de Sint Maarten para llegar hasta Anguila. Me dice que a la federación le gustaría viajar el día de antes del partido, pero en Anguila apenas hay habitaciones libres, ya que allí hay otros equipos concentrados que también juegan la CONCACAF Nations League y que recién al día siguiente sabríamos si han conseguido finalmente hotel o se coge el barco el mismo día del partido, por la mañana temprano. A los pocos minutos llegamos al hotel, le agradezco el agradable viaje y nos despedimos. Es hora de descansar, ha sido el primer contacto en estado puro con la Selección y estoy entusiasmado.

Palpitando el gran día

Llega el día previo al partidazo del siglo; finalmente me dicen que han conseguido algunas habitaciones en Anguila, por lo que tan sólo viajarán los 18 jugadores convocados, exceptuando a Brandon, que no podrá jugar por la lesión y viajará junto a un servidor, cuerpo técnico y directiva de Sint Maarten, en el primer barco del día, que sale desde el puerto de Marigot (capital de la parte francesa de la isla) a Anguila.

Además, el día anterior al choque, aproveche para pasear por Philipsburg y preguntar a los viandantes sobre su equipo nacional, hay que decir que es difícil encontrar a gente autóctona, ya que la gran mayoría son turistas, pero los encontré, y para mi sorpresa, a todos los que le pregunte, por supuesto que estaban enterados del gran partido y apoyaban sin dudar a su selección, incluso algunos ya tenían plaza en uno de los barcos de aficionados que se desplazarían a Anguila para el mejor derbi que puede suceder en toda la CONCACAF.

Se adentra la tarde en Philipsburg, me comunican que los jugadores convocados ya están en Anguilla, mañana debo estar a las 7.30 AM en Marigot para tomar el barco. Me disponía a mirar uno de los muchos minibuses que hay en la isla para saber cual debía coger la mañana siguiente, cuando Brandon escribe a mi teléfono y me dice que a las 7.10 me recogerá en mi hotel para ir al barco en el puerto de Marigot. Le doy los agradecimientos y toca ir a dormir, para el grandioso día que se avecina.

Suena el despertador, ¡¡estamos a 23 de marzo!! Ha llegado el gran momento, aún recuerdo muchos meses atrás cuando se procedió al sorteo de los partidos de la CONCACAF Nations League, y apunte en mi agenda esta fecha, por el gran derbi que se iba a disputar y ni en el mejor de mis sueños podría imaginarme que llegado este magnífico sábado de marzo, iba a estar presente y viviendo todo junto al equipo nacional de Sint Maarten, pero a veces los sueños se cumplen y yo estaba en uno de ellos.

Me dirigí a la puerta del hotel y a los pocos minutos llegó Brandon, pusimos camino a Marigot, y allí estaban miembros del cuerpo técnico y directiva, además del material necesario para el partido, como botellas de agua, balones, conos, bebidas energética… Tras presentar los pasaportes y hacer todos los trámites administrativos (no hay que olvidar que cuando viajamos a Anguila estamos cambiando de país), tomamos el barco y en solo 25 minutos atracamos en Anguila: de nuevo control de pasaporte, esta vez para permitirnos entrar en la isla. No hay ningún problema, aunque en la fila de artículos para declarar o no declarar, uno de los integrantes de la expedición le explica a la policía que allí se encuentra, que todos los sacos y cajas, el material deportivo para el partido.

La señora policía, sin oposición, permite que todo continúe según lo planificado, en la puerta nos esperan dos minibuses, uno se dirige al hotel y otro al estadio, Brandon y una parte del cuerpo técnico y directiva, toman el del hotel, yo y la otra parte de la expedición vamos al estadio.

El viaje hacia Anguila lo hice con el mismísimo cuerpo técnico de Sint Maarten.

La previa del “partido del siglo”

En apenas 15 minutos estamos en el Estadio Raymond Ernest Gordon Guishard Technical Center, donde también juegan de local la Selección Nacional de Anguila (lógicamente) y las Islas Vírgenes Británicas, -por el mismo motivo que lo hacen las dos partes de San Martín, el huracán que arrasó esta zona del Caribe hace un año y medio-.

Los miembros de la federación de Sint Maarten comienzan a preparar todo para el gran duelo: cantina, vestuarios, palco VIP. Además, dos trabajadores locales pintan las líneas del terreno de juego y las vallas de las gradas; hoy es un día que pasará a la historia y este estadio se viste de gala. Aprovecho para investigar los entresijos de este curioso campo, que tantas veces he visto en el ordenador y que todavía no puedo creer que haya contemplado en persona.

La gente trabaja para dejar todo listo antes del encuentro.

Algunos de los miembros del cuerpo técnico tienen la reunión previa cómo en cualquier partido oficial, en el que participan también el cuerpo técnico del conjunto visitante, Saint-Martin y los delegados de CONCACAF. Para mi sorpresa, veo llegar un minibus repleto de niños con la camiseta de Sint Maarten: resulta que en el campo anexo al estadio, van a jugar un partido amistoso Sub 15 (aunque gran parte de los jugadores eran mucho menores) contra Anguila. Simplemente magnífico. Una muestra más de la maravillosa previsión de futuro de la federación de Sint Maarten, que no descuida el más mínimo detalle de sus categorías inferiores.

Me dispongo entonces a ver el partido de los juveniles en un campo un tanto particular, debido a que no hay líneas pintadas, -son sustituidas por conos-, el terreno de juego es una mezcla entre tierra y algún pequeño brote de césped, los banquillos son un tronco bajo la sombra de un árbol y a no más de tres metros hay una carretera donde los balones llegan sin mucho esfuerzo. Pero, como curiosidad, si que había cuatro banderines de córner bien anclados al suelo.

¡Un partido Sub 15 se disputa en un terreno contiguo!

Pasan algunos minutos y observo, a lo lejos, a un grupo de chicos vestidos de rojo que vienen hacia este partido. ¡No puede ser, son el equipo nacional absoluto, los mismos que en apenas dos horas van a defender a Sint Maarten, ante los ojos de los aficionados del fútbol modesto de todo el mundo, ya que el partido se retransmite gratuitamente online!

Veo de nuevo a Remsley y Brandon, se acercan y conversamos: en el amistoso Sub 15 resulta que está jugando el hermano de Brandon, le digo que muchos de esos niños apenas parece que tengan 12 años y están jugando en una categoría superior; Remsley me explica que él, con 15 años, jugó en la selección absoluta de fútbol sala contra Cuba, Jamaica y Guadalupe, “incluso ganamos a Jamaica por 3-2”, me comenta. Un gol de Sint Maarten interrumpe la conversación, los jugadores del equipo absoluto lo celebran como si fuera en su partido oficial, ya que todos se conocen debido a la poca diferencia de edad entre ellos. De hecho, varios de los que juegan el amistoso comparten vestuario con muchos futbolistas del equipo absoluto en categorías inferiores como en la Sub 20. Muy a pesar de los jugadores, el equipo nacional absoluto debe ir al estadio principal, falta tan solo una hora y media para el comienzo del primer derbi oficial en la historia de la isla de San Martín.

Y, por fin, el derbi

Los jugadores marchan hacia el estadio, los acompaño y puedo ver a los primeros aficionados que entran a las gradas, muy bien ataviados con banderas y camisetas de Sint Maarten. Nada más ver a los jugadores comienzan a gritar y estos les agradecen los ánimos con saludos y se disponen a calentar. En breve se haría pública la alineación, y menuda alineación. Tan sólo un jugador supera los 30 años y siete tienen 22 o menos: concretamente uno tiene 22, otro tiene 21, otro 20, uno 19, dos 18 y uno 17. Una media de 22,36. Nada mal para ser una selección absoluta. Pero alto. Si miramos a los seis jugadores del banquillo, nos llevamos la mayor de las sorpresas, solo uno es mayor de edad y por muy poco, ya que tiene 18 años. Los compañeros que están a su lado tienen: tres 16 años y dos, 15. Repito que es la selección absoluta. La media del banquillo es de 16 años, y no penséis que son los típicos jugadores que están para rellenar, no, no, no, el entrenador, Elvis Albertus, apuesta por ellos, hizo los tres cambios y sacó a Daniel Lange (18), Michele Palella (16) y Jean Jacques Craane (15), pero todavía nos podemos seguir sorprendiendo; el bueno de Jean Jacques jugo de titular en el partido oficial del pasado septiembre contra la poderosa Haití. El resultado de aquel partido no les acompaño, pero sí en esta ocasión.

No, no es un encuentro entre juveniles: aquí todos son jóvenes, pero representan a la selección mayor de Sint Maarten.

Comenzó el encuentro y fue un festival de goles, siete en 90 minutos. Golpeó primero Sint Maarten, que tras una falta de entendimiento entre la defensa y el guardameta visitante, Danilo Cocks introdujo en propia puerta el esférico. Poco le duro la alegría a los holandeses, ya que en el siguiente minuto Akim Arrondell, con una muy buena jugada individual, puso el balón en la escuadra. Apenas corría el minuto 11, ya habían igualado los goles anotados por las dos selecciones juntas en los tres partidos disputados por cada una, es decir, en seis partidos, 540 minutos, dos goles en total.

El ritmo del partido no bajaba y en el minuto 23, Smally Lake hacía el segundo para los locales, recordad su nombre, hoy hará historia para Sint Maarten: tan sólo siete minutos después, provocó un penalti que transformaría en gol Remsley Boelijn para subir el 3-1 al marcador.

Se llegó al descanso con ventaja de dos goles y la hinchada incondicional de Sint Maarten no cabía en sí de la emoción. Tras la reanudación, en el minuto 52 volvía a marcar Danilo Cocks, esta vez en la portería correcta, por lo que recortaba distancias para los franceses, que parecían poder conseguir la machada e igualar el derbi. Sin embargo siete minutos después nuestro buen amigo, Smally Lake, -os dije que recordarais su nombre-, lanza un tiro libre, y adivinad, marcó el cuarto para los locales y el segundo de su cuenta particular, además de haber provocado el penalti del tercero. El hombre del partido es alguien que, a sus 22 años y jugando en la sexta división de Países Bajos, pocos pueden creer que tenga trabajo en un parón de selecciones, pero Sint Maarten es así, Sint Maarten es diferente.

Todavía hubo tiempo para que en el minuto 80, Wrubens Dupalus, de penalti, metiera el miedo en el cuerpo a los neerlandeses y pusiera el luminoso 4-3, aunque los locales sabían que este era su momento, el momento que llevaban esperando más de 15 años.

Esos 10 minutos se hicieron eternos, no se podía tirar por la borda el trabajo de años y todos los jugadores de Sint Maarten defendían con uñas y dientes, hasta que llegó el extasis, sonó el silbato del colegiado para señalar el final del partido. Sint Maarten lo había hecho, había conseguido ganar un partido oficial 15 años después y, además, lo hacía frente a la selección con la que comparte isla y que, aunque nos dicen que la relación entre ambas federaciones es muy buena, los derbis, lo sabemos, que hay que ganarlos.

El éxtasis es evidente…¡Sint Maarten gana después de 15 años!

Todos estos chicos (que poseen una media de 20,11 años y tras mucho investigar, no he encontrado un dato de otra selección con una media de edad tan baja que gana un partido oficial) jamás olvidarán el 23 de marzo de 2019, ese día que el mundo conoció a Sint Maarten.

Entre toda la fiesta que se ha montado en el césped, podemos hablar con Andre Knol, que a sus 18 años, ha jugado el partido completo con una genial actuación.Le pregunto que qué significa esta victoria para él, responde lo siguiente :

“Significa mucho para mí. Me ha dado mucha esperanza para el futuro, además la fuerza para entrenar más duro y también para motivar a los demás. Esta es una victoria en un torneo profesional oficial e internacional y es mucho más de lo que jamás soñé. Y, sobre todo, esto es solo el comienzo de un legado creado por una pequeña isla con un gran corazón”.

Sus palabras me emocionan, solo hay que verle la cara para saber lo que siente. Pasamos hablar con Djai, que también ha completado los 90 minutos (a pesar de no tener club) y le pregunto sobre la confianza que el entrenador debe tener en él, para darle la oportunidad de jugar con el equipo nacional pese a ser un jugador libre y nos dice:

“Creo que es por la forma en la que juego, es muy importante para mi cuando me pongo esta camiseta, si juego cualquier otro partido ahora, no podré aguantar 90 minutos, pero con la selección es diferente”.

El presidente de la federación, Sudesh Singh, también se encuentra en el césped celebrando con los jugadores el triunfo, hablo con él y le pregunto sobre un tema muy importante, la inclusión de Sint Maarten en la FIFA. Su respuesta es clara: “nuestra federación está trabajando en el proceso para ser FIFA en el futuro”.

Por último, pude hablar con Ramsley, jugador que anotó el penalti del 3-1 y fue muy determinante en el partido, consiguiendo, además, su segundo gol en partidos oficiales con el equipo nacional; a la pregunta sobre lo que sintió al marcar ese gol, responde: “significó mucho para todo el equipo, ya que hizo que el marcador fuera 3-1, nos dió tranquilidad y confianza para creer realmente que podíamos ganar. Para mi individualmente ha sido increíble, ya que hace tres años falle un penalti contra Islas Vírgenes Británicas y supuso que no pudiéramos ir a la siguiente ronda”. Al partido al cual se refiere Ramsley, fue el del 26 de marzo de 2016, precisamente donde anotó su primer gol en un partido oficial con la Selección, en el camino clasificatorio a la Copa Caribe, donde Sint Maarten no tuvo suerte y no consiguió clasificar.

Pero los tiempos han cambiado, y tras leer este reportaje todos sabremos situar a Sint Maarten en el mapa, conocemos el enorme futuro que le espera a una selección muy joven, que casi en su totalidad podría jugar un campeonato Sub 20 y tuvimos el placer de ver por dentro a una federación muy sana, que lucha por sobreponerse a aquel huracan y a todas las trabas que se encuentran en el camino, pero que no hace que dejen su sueño de ser una selección importante dentro de la CONCACAF y, quien sabe, si en un futuro no muy lejano tener el privilegio de pertenecer a la FIFA. Simplemente, gracias Sint Maarten.

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