jueves, 28 mayo, 2020
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No recuerdo cuándo fue que comenzó mi amistad a la distancia con Vadjiguiba Diaby. Si recuerdo que fue a través de Facebook que nos conectamos con este joven marfileño. Puede ser que nos hayamos “conocido” por una de esas recomendaciones que aparecen en esta red social ante algún amigo en común. En este caso el culpable fue otro argentino como yo: Ricardo Godoy.

Diaby nació en Costa de Marfil pero con doce años su madre lo mandó a Malí. No es que no lo quisiera. Lo hizo para protegerlo de la guerra civil que azotó al país de Didier Drogba en la década pasada. El padre de Diaby murió por ese tiempo y este niño llegó a Bamako –la capital maliense- solo y sin ningún conocido.  

Malí podría haber sido el primer país africano que visité desde que empecé con mi proyecto de seguimiento de fútbol de África en 2009. Pero un viaje que había sido pensado primeramente a Bamako terminó siendo a Dakar. Todo fue muy rápido. En abril de 2015 conocí la historia de mi compatriota Ricardo Godoy, organizador de Mundialitos en España, que quería llevar la iniciativa para los chicos malienses y estaba reclutando voluntarios. La cita sería en diciembre. Con los pasajes confirmados a Barcelona, donde haría escala, el 22 de septiembre cayó un mensaje que otra vez me hacía pensar que mis ganas de conocer África deberían seguir esperando. “Estamos con un problema para diciembre. Las leyes escolares son muy estrictas aquí y el gobierno me ha comunicado que a los niños no les dan permiso para disputar el torneo. Así que debemos buscar otra fecha”, me informó Ricardo desde Bamako.

Finalmente terminé yendo a Senegal, aprovechando que se disputaba la Copa Africana de Naciones (CAN) para menores de 23 años. Pero la relación con Diaby siguió a la distancia. “Cuando llegué a Bamako no conocía a nadie, dormí en la estación de bus y a la mañana siguiente me fui rumbo a la aldea de Sabalibougou. Ahí ví a un hombre entrenando con niños de seis años y me acerqué para decirle que quería jugar y ayudarlo con los niños. Su nombre era Sadio Diarra y tras el entrenamiento se interesó por mí y me ayudó dándome un hogar y una familia”, me contaría Diaby tiempo después. 

Con el paso de los años Diaby se convirtió en técnico en el Centre Sadio Diarra, llegó a dirigir por tres meses al Association Sportive de Bamako (ASB) en la Primera División maliense y hoy en día es el responsable de la metodología creativa de Serportero.com en su país. 

Malí nunca llegó a jugar un Mundial y tampoco pudo ganar una CAN. Sin embargo, en el último tiempo es un país que ha dado grandes jugadores como Seydou Keita o Frederick Kanouté y que también trabaja muy bien a nivel juveniles, siendo tercero en el Mundial Sub 20 en 2015 y subcampeón y cuarto entre los Sub 17 en 2015 y 2017. Por tal motivo entrevisté a Diaby para The Line Breaker y esto me respondía en 2018…

 

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¿Por qué crees que a pesar del buen trabajo en juveniles aún Malí no pudo ni ganar una CAN ni clasificar a un Mundial?

Creo que el buen nivel maliense mostrado en juveniles, es gracias al gran trabajo que se está haciendo desde las academias como Jean Marc Guillou, ASB y Yeelen. Pero con la absoluta no se consigue ganar la CAN ni clasificar para una Copa del Mundo. Creo que hay cosas que no están claras. No tengo nada en contra de los seleccionadores y su staff pero confío en el testimonio de un jugador profesional que conozco bien y prefiero no nombrar… Me confesó después de su primera convocatoria: “los jugadores están sujetos a todo tipo de formas de corrupción y clientelismo. El talento, la técnica y la resistencia no son las cualidades valoradas y los jugadores que lo merecen son puestos a la sombra”. Creo que debemos poner los jugadores correctos en el lugar correcto. Como estamos acostumbrados a ver en las selecciones europeas y americanas. Más que nunca hay que seleccionar los jugadores que tienen potencial real, un verdadero talento y que amen su profesión. Sólo así podremos algún día ganar la CAN o clasificarnos para un Mundial.

Desde hace tiempo se viene diciendo que algún país africano ganará un Mundial o superará la barrera de cuartos de final, ¿por qué piensas que eso todavía no se dio?

Todo es posible en el fútbol y soy optimista de que un país africano logrará ganar un día la Copa del Mundo. Pero lo veo muy difícil. No se gana un Mundial por casualidad, debe haber una preparación antes. Nuestros hermanos africanos quieren ganar el mundial sin estar lo suficientemente preparados. No se puede ganar el máximo certamen de fútbol cambiando entrenadores cada ocho meses o un año, ni cambiando constantemente las plantillas y si le sumamos los problemas de las federaciones… Creo que debemos trabajar en la continuidad de proyectos a todo nivel poniendo el interés en nuestro fútbol y no en intereses personales. 

A principios de 2018, en una entrevista con el sitio Foot Mali, manifestó Diaby: “Por el momento, solo soy un joven entrenador en busca de conocimiento… Me gustaría aprender y algún día parecerme a Djibril Dramé, Baye Ba o Jonas Komla, que han hecho cosas buenas por Mali. Por el momento solo tengo una Licencia D que aprobé en Costa de Marfil hace dos años. Mi ambición es hacer una capacitación de alto nivel para poder darle algo a mi país en un futuro. Sueño con algún día ganar un trofeo continental o incluso mundial con Malí”.

A pesar de su corta edad –solo tiene 23 años-, Diaby siempre se volcó más por dirigir que por jugar. Y en su objetivo siempre va por más. A fines de 2018 partió de Malí rumbo a Costa de Marfil para obtener la licencia C de la CAF. “En Malí no hay cursos de entrenador, por lo que tanto en 2016 como ahora me tuve que trasladar hasta suelo marfileño para poder crecer, capacitarme y obtener el título”, me contó por aquellos días.

Cuando a principios de 2020 el COVID-19 empezó a preocupar al mundo entero con cada vez más contagios y el crecimiento incontrolable de las muertes, Malí aún no tenía casos en su territorio. Por esos días, Diaby llegó a un acuerdo con el Al Farouk de Tombuctú y emprendió un largo viaje. Poco más de mil kilómetros son los que separan a la capital del país de la mítica ciudad. 

“El viaje fue muy complicado ya que lo hice en bus. Aunque he visto vestigios de la rebelión y personas armadas en el camino, la pasión por el fútbol hace que, a veces, ese tipo de cosas no me importen. Salimos un jueves a las seis de la mañana y llegamos al otro día a las cuatro de la tarde. El trayecto fue Bamako-Ségou-Tombuctú y dormimos en un pueblo intermedio”, cuenta Diaby. 

Tombuctú ha llegado a ser mencionada como la ciudad más legendaria del mundo, uno de los lugares más famosos del planeta que alguna vez fue centro neurálgico del comercio y el conocimiento. Está construida en una pequeña depresión u hondonada –lo que en songhai (una de las lenguas habladas en Malí) se denomina Tombuctú- rodeada completamente por el desierto.  

Podría decirse que hasta 2012 Tombuctú era una ciudad soñada por la mayoría de los viajeros. Pero ese año comenzó con una rebelión tuareg (enero), un Golpe de Estado (marzo) y poco después la ocupación de todo el norte de Malí por rebeldes y grupos terroristas de corte islamista radical que llevaban años en la zona dedicados al secuestro de occidentales y al tráfico de drogas.

Ante dicha realidad el turismo se extinguió casi por completo, muchos lugareños huyeron y volvieron tiempo después con las cosas más tranquilas. Diaby decidió asumir esos riesgos y condiciones difíciles para seguir en búsqueda de su sueño. “Los entrenamientos los llevamos a cabo normalmente en campos de arena ya que aquí hay mucho desierto. En Tombuctú a todos les gusta el fútbol. Los rebeldes, cuando hay partido, van a verlo. El fútbol es el fútbol”, contó sobre sus primeros días en la ciudad.

“Me contactaron de Al Farouk, que es un histórico de la ciudad y desde hace 10 años está en segunda división. El contrato es por dos meses ya que quedan seis partidos. Me dan vivienda, comida y sueldo. Solo me piden obtener buenos resultados”, agrega Diaby.

Unos días después de la llegada de Diaby a Tombuctú, un político opositor llamado Soumaila Cissé fue secuestrado en la región cuando hacía campaña electoral para las elecciones legislativas del 29 de marzo. Según France 24, la comitiva de Cissé fue emboscada por asaltantes, que mataron a uno de sus guardaespaldas y se llevaron como rehenes al referente opositor y seis miembros de su equipo. Fuentes citadas por la agencia AFP informaron que estarían “presumiblemente” en manos de yihadistas que responden al predicador Fulani Amadou Koufa, líder de una de las ramas de la principal alianza yihadista en el Sahel, afiliada a Al-Qaeda.

Cuando Vadjiguiba Diaby llegó a Tombuctú todavía no había casos de coronavirus en territorio maliense. “No hay ningún caso pero empezamos ya a protegernos tomando todas las precauciones”, contó a su llegada mientras empezaba a diagramar los primeros entrenamientos.

Dos semanas después había 45 casos y un fallecido por la pandemia que afectó al mundo entero. Tras conocerse los primeros casos de infectados, el Gobierno decretó el cierre de las fronteras terrestres -con excepción del tránsito de mercancías- y un toque de queda desde las nueve de la noche hasta las cinco de la madrugada. El cierre de las escuelas y la prohibición de reuniones de cualquier tipo obligaron también al Al Farouk a suspender sus entrenamientos.

Mientras conocía un poco más de la ciudad, Diaby admiraba la grandeza del desierto del Sahara y visitaba míticas mezquitas como las de Djingareyber y Sankore. Al mismo tiempo, pensaba en seguir adelante por su sueño. “En dos años podría tener la licencia CAF B y luego iría por la A que me permitiría ir por mi objetivo mayor: dirigir a mi país u otro seleccionado africano”, sostiene este joven entrenador desde Tombuctú.

A pesar de que en la mítica ciudad no se tomaron medidas contra la pandemia y la gente no tiene preocupación por la enfermedad, el fútbol está parado y no se sabe cuándo se retomará la actividad normal. Como las cosas hace días que están igual, Diaby no llegó dirigir al Al Farouk. Al no haber fútbol, y ni siquiera poder entrenar junto a sus jugadores, Diaby regresó a Bamako a fines de abril. 

Este obstáculo no hará que Diaby detenga su marcha. El viaje de Diaby seguirá su curso. Como en su inicial viaje de Costa de Marfil a Malí o el más reciente de Tombuctú a Bamako, este joven entrenador seguirá luchando por su objetivo. Por su sueño en los banquillos africanos.

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Suipachero de nacimiento y amante del fútbol africano. Casi una década de periodismo con pasado en Diario Clarín y El Gráfico. Colaborador en Revista Don Julio y El Enganche. Apostando por un nuevo periodismo en The Line Breaker.

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