martes, 22 septiembre, 2020
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Con el paso del tiempo el fútbol ha evolucionado. Y tanto lo ha hecho, que si lo comparamos con lo que se veía a principios de siglo, se piensa que han pasado todavía más años. Aspectos como la táctica, la metodología de entrenamiento, el ritmo, los diferentes estilos de juego, entre muchos otros, son disímiles. 

Actualmente, la táctica pareciera predominar sobre el resto de las otras cosas. El sacrificio defensivo, el retroceso y la capacidad de presionar al rival importan mucho más que antes. Por consiguiente, son pocos los jugadores que están exentos de estas responsabilidades. Mientras que antaño, era muy común que elementos que formaban parte de la ofensiva se dedicaran solo a eso: a atacar. También podemos mencionar la restricción de las libertades de movimiento de los futbolistas, como es el caso de la mítica figura del número 10, que ha ido desapareciendo o mejor dicho: cada vez hay menos, mucho menos. 

Quienes ya sobrepasaron el tercer piso (quien escribe este artículo es uno de ellos), se dieron el lujo de ver a estrellas en sus mejores años como Roberto Baggio, Diego Maradona, Zinedine Zidane, Alessandro Del Piero – que era más una especie de segundo punta que también jugaba de enganche y lo hacía fenomenalmente -, Francesco Totti, Zico, Michael Laudrup, Gica Hagi, Carlos Valderrama, Juan Román Riquelme, Pablo Aimar o Rui Costa (sobre quién se hablará en este artículo), entre muchos otros.

El maestro  

Costa es prácticamente una hechura del Benfica. Sin embargo, sus primeros pasos los dio en un lugar cerca de casa, el Damaia Gimnasio Club, cuando tenía apenas cinco años de edad. Recién a los nueve fue a unas pruebas con Las Águilas. ¿Adivinen quien estaba viendo los entrenamientos? Nada más y nada menos que Eusebio, quien se percató de su talento al poco tiempo de haber comenzado. Ahí comenzó un idilio que duró muchos años. 

Durante una década, estuvo en el sistema formativo del club de la capital lusa. Cuando dio el salto al profesional, fue cedido al Fafe de la segunda división B en la temporada 1990/91. A la temporada siguiente, ya formaba parte del primer equipo del Benfica, que tenía al sueco Sven-Göran Eriksson como director técnico. Tres cursos más tarde, Costa ya sumaba más de 100 encuentros y 13 dianas. Ese rendimiento le valió para que equipos del extranjero se fijaran en él. Entonces, la Fiorentina pagó 6 millones de euros, que ayudaron al club a aliviar una serie de deudas. 

Antes de eso, se convirtió en campeón del mundo sub 20 en 1991 en un torneo disputado en Portugal, con una selección dirigida por Carlos Queiroz y que tenía jugadores como Luis Figo, Jorge Costa, João Pinto, Emílio Peixe, Capucho, entre otros. En ese torneo, Costa disputó 5 encuentros y marcó una vez. La final se jugó en el Estadio Da Luz contra Brasil, que tenía en sus filas a Roberto Carlos y Giovane Elber. 

Su estadía en Italia

En la 1994-95, inició su periplo en la Fiorentina, dirigida por Claudio Ranieri y que ya tenía como figura al delantero argentino Gabriel Omar Batistuta, con quien además conformó una dupla que es recordada como una de las más letales que ha pasado por el fútbol italiano. Lamentablemente para ambos, fueron pocos los títulos que levantaron en aquella escuadra: solo una Copa Italia y una Supercopa. Aunado a eso, disputó 277 encuentros y 55 goles en la escuadra violeta en la que compartió con compañeros como Enrico Chiesa, Abel Balbo, Francesco Toldo, entre muchos otros.

A pesar de no estar en un equipo que peleaba títulos, era considerado (junto a Batistuta) de ser uno de los mejores futbolistas de la Serie A e incluso, fue considerado el mejor 10 durante dos años. El AC Milan le ganó la competencia a varios clubes que querían sus servicios y terminó formando parte de un equipo histórico que ganó una Liga de Campeones, una liga, dos copas, una Supercopa de Italia y una Supercopa de Europa, con Carlo Ancelotti a la cabeza.

El portugués, símbolo y capitano de la Viola, comenzó a hacerse grande en Florencia.

Regreso a casa

Al término de la temporada 2005-06, había tomado la decisión de regresar a Lisboa con el Benfica para finalizar su carrera donde todo comenzó. En dos años participó en 67 encuentros y rompió las redes en 11 oportunidades. Sumado a eso, dejó muchos destellos de calidad, pese que los años ya mermaban su rendimiento físico.

No obstante, su labor más importante en esta segunda etapa vino después. Al retirarse, asumió la dirección deportiva de la institución a partir del 2008. En los años siguientes, inició una nueva etapa de éxito de Las Águilas con un número importante de títulos, dos finales continentales y un sinfín de ventas de jugadores que han llenado las arcas del club. 

Actualmente, el cuadro rojo es considerado una referencia a la hora de hablar sobre formación, potenciación y venta de futbolistas. Eduardo Salvio, Nicolás Gaitán, André Gomes, Nelson Semedo, Bernardo Silva (que nunca jugó un partido oficial en el primer equipo), Axel Witsel, Joao Felix, etc, son un claro ejemplo de eso. 

“¿Mi ídolo? Rui Costa. Fue uno de los mejores jugadores en Portugal, del Benfica. Luego se fue a Italia, donde hizo grandes cosas antes de terminar en Portugal. Es un modelo para mí, porque yo también quiero terminar un día para el Benfica y lo que ha hecho en el fútbol es hermoso”. Bernardo Silva

La selección absoluta

Con el combinado portugués de mayores vivió momentos de tristeza y también de felicidad. Desde clasificaciones a mundiales a quedarse fuera de Francia 98 tras empatar con Alemania luego de ser expulsado por doble amonestación al demorarse para salir del terreno de juego. Pasando por la decepcionante actuación en Corea-Japón 2002 a llegar a semifinales y final en la Euro 2000 y 2004, respectivamente. 

Por cosas del destino, esas dos generaciones que ganaron dos mundiales juveniles (en la de 1989 se encontraban nombres como Fernando Couto y Paulo Sousa), no trasladaron ese éxito a la de mayores. Estuvieron cerca, pero ese título anhelado nunca llegó. Con Portugal, disputó 94 cotejos (octavo puesto en el ranking histórico) e hizo 26 goles (séptimo lugar). 

Sin olvidar aquella disputa junto a Figo con Luiz Felipe Scolari por la nacionalización de Deco, que no cayó muy bien por el núcleo de jugadores. 

El mago de Lisboa es considerado una leyenda, tanto en Italia como en Portugal, con una carrera prácticamente intachable y que se recordará por siempre. Sus regates, pases entre líneas, asistencias y goles están grabados en las memorias de los aficionados, que nunca olvidarán las lecciones del maestro que tan bien representó aquella figura del número diez.

 

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Fuentes: SFR Sport

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Fernando Cámara
Caraqueño (1986), residente en Lisboa. Periodista. Gerente deportivo FIFA/Cies. Durante 7 años escribí de fútbol para Pantalla Deportiva, el diario El Nacional de Venezuela, entre otros. Además de hacer radio en diferentes emisoras. Intenté dirigir un equipo de fútbol sala amateur, pero siempre terminábamos en el tercer tiempo.

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