lunes, 18 octubre, 2021
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La geopolítica y sus conflictos impactan de manera notable nuestras vidas. Y el fútbol, obviamente, no escapa de esta realidad. Una realidad que comenzó a hacerse palpable tras la celebración del sorteo de la fase de grupos del Mundial de Francia 1998.

Seis meses antes de la cita futbolística, en Marsella, el mundo deportivo (y el no tanto) contenía la respiración, mientras el caprichoso destino hacía de las suyas para emparejar a dos rivales: Irán y Estados Unidos. Todo esto, por supuesto, tiene un preámbulo que tuvo su cénit un par de décadas antes, con la llamada ”crisis de rehenes” en Irán, donde un grupo de estudiantes locales mantuvo en cautiverio a 66 diplomáticos y ciudadanos norteamericanos por 444 días, todo esto en medio de la Revolución liderada por el ayatolá Jomeini y que terminó con el derrocamiento del Sha Mohammad Reza Pahlevi, quien estaba en Nueva York para un tratamiento médico.

Todo esto propició el rompimiento de relaciones de ambos países, por lo que el evento futbolístico trajo a colación esta complicada situación. Incluso la cuestión de qué equipo iba a hacer de ‘local’ traía polémica, con el entonces líder supremo iraní, el clérigo chiita Jomeini, dando órdenes expresas de evitar cualquier gesto amigable con sus contrapartes.

Pues bien, los iraníes venían de quedar segundos en la zona de clasificación asiática, tras Arabia Saudí, por lo que les tocó enfrentarse a Australia en la repesca. Con sendos empates (y siendo beneficiados por la regla del valor doble del gol de visitante en caso de empate), los asiáticos terminaron logrando el pase a Francia, su segundo campeonato mundial absoluto tras Argentina 1978. Menos de un mes antes del torneo se anunció la llegada de Jalal Talebi para dirigir al equipo.

Talebi venía de entrenar al Geyland de Singapur (donde coincidió con su compatriota Hamid Estili) y a la selección olímpica de Indonesia, por lo que su llegada al equipo sorprendió en cierta forma. Hablamos de un clima de cierta incertidumbre, con la salida de Badu Vieira y la llegada del veterano croata Tomislav Ivić, que en medio de una gira de amistosos previa al Mundial fue destituido tras caer por goleada ante la Roma. Lo curioso es que Talebi, en su momento internacional, olímpico y campeón de Copa Asia en 1968, vivía desde 1983 en California.

Lo cierto es que el nuevo mandamás tomaba a un equipo cuya base jugaba en la liga local, con las excepciones de Karim Bagheri, Khodadad Azizi y el mítico Ali Daei, que estaban ya en la Bundesliga alemana. Se trataba de una interesante generación que había llegado a la final de la Copa Asia par de años antes. El Stade de Gerland de Lyon, se convertía, el 21 junio de 1998, en la sede de un partido que podría generar un antes y un después. En todo sentido. Incluso una organización terrorista con base en Irak tenía pensado utilizar el partido como una forma de amplificar su mensaje contra el líder iraní, por lo que compró miles de entradas para lograr su objetivo. 

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Finalmente el combinado asiático salió al campo con ramos de rosas blancas, símbolo de paz en Irán, y se tomaron una fotografía con ambos equipos intercalados. Era un punto de quiebre para, probablemente, el encuentro mundialista con mayor carga política de la historia. El mensaje para el mundo era poderoso, saltando de pronto lo que habían sido años de frustradas conversaciones diplomáticas. Se volvió la atención al balón y poco antes del mediotiempo Estili abrió el marcador. Estili, actual seleccionador nacional sub-23, fue contratado por el Austria Viena poco después del campeonato (aunque no pudo debutar). 

El talentoso Mehdi Mahdavikia, a escasos minutos del final, puso el gol definitivo para la victoria del Team Melli. El extremo pasaría doce años en la liga germana y le sería otorgado el premio a Jugador Asiático del Año en 2003. El fútbol pasó a un segundo plano aquel día, siendo superior el deseo de superar las diferencias. Por muy palpables que estas fueran.

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