lunes, 8 julio, 2019
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Es difícil entender a esta Perú sin Ricardo Gareca. El argentino ha llevado a esta generación de futbolistas al Mundial de Rusia 2018 y la final de la Copa América 2019 tras 36 y 44 años de ausencia respectivamente. Mucho tiempo ha pasado definitivamente.

La celebración en las calles de Lima demostraba lo que esta actuación en Brasil representa para el país. La emoción, las ganas, la sensación de lograr algo grande. A pesar de toda esta seguidilla de buenas actuaciones, el nombre de Gareca no siempre fue bien visto en el país inca.

El Gareca futbolista inició su carrera en 1978 en Boca Juniors. Poco después, tras no contar mucho para el equipo, tomó sus maletas y se fue cedido a Sarmiento. En el club de Junín tuvo grandes actuaciones y Boca reclamó su vuelta. Del club Xeneize, en el que tuvo un gran paso, saldría tras un conflicto contractual que desembocó en una huelga de futbolistas. Junto a Oscar Ruggeri terminó arribando en el archirrival boquense, River Plate.

En el Millonario jugó poco (12 partidos y cuatro goles) y optó por dirigirse a Colombia, donde con el América de Cali fue protagonista tanto en liga (ganando un par de títulos y un subcampeonato) como en la Copa Libertadores (subcampeón en 1985, 1986 y 1987).

Eran épocas duras en Colombia, incluso una curiosa anécdota envolvió la vida del argentino en esos tiempos y de la cual no se sabría hasta más de dos décadas después. Pablo Escobar buscaba una forma de vengarse después de que El Cartel de Cali, en constante disputa con el de Medellín, buscó atentar contra su familia.

El fútbol representaba una importante fuente de satisfacciones tanto para el bien como para el mal y El Tigre, en ese momento, era la figura del América. “El amor de Pablo por el fútbol salvó a Gareca. Escobar tenía pensado colocarle un carro bomba”, reveló John Jairo Velásquez “Popeye”, el reconocido sicario de Escobar.

Un par de años después regresó a su país y vistió la camiseta de Vélez, club del que era hincha desde niño, y terminó ganando el título liguero y la Supercopa Sudamericana con otro grande, Independiente de Avellaneda, en 1994.

Con la Argentina disputó 20 partidos y marcó seis goles. Ni Menotti ni Bilardo lo tuvieron en consideración para disputar los Mundiales de 1982 y 1986. Cosas del destino, en las Eliminatorias para la Copa de México tuvo una actuación especial… ante un rival especial.

Argentina estaba en dificultades y Bilardo decidió llamar para el último partido a Gareca. Allí marcaría, ante Perú, un agónico gol que le permitió a su selección clasificar y enviaba al equipo que ahora dirige a un repechaje, que terminaría perdiendo ante Chile. A pesar de todo, el futuro entrenador campeón del mundo no lo incluyó en la lista de jugadores que disputarían el Mundial. “No estaba bien anímicamente, tenía expectativas muy importantes en la Selección y no se me cumplieron, fue un golpe muy duro no ir al Mundial”, comentó poco después.

Como entrenador se dio a conocer a nivel internacional por su trabajo en Vélez, donde ganó cuatro títulos y supo potenciar a futbolistas surgidos de la cantera. En 2015 tomó el mando de la selección peruana, tras un paso poco afortunado en Palmeiras. Así llegaba Gareca, sabiendo que tomaba un equipo sin identidad y sin resultados. Uno que venía de sufrir varias decepciones.

Gareca colocó a Perú en las semifinales de la Copa América 2015 y lo clasificó para Rusia 2018, amén de un meritorio quinto lugar conseguido en la Copa América Centenario, en medio de un proceso de renovación de la plantilla y cayendo dignamente en penales ante Colombia. Tuvo un pésimo arranque en Eliminatorias, con apenas 4 puntos de 21 posibles. Luego del fallo del TAS, tras un partido ante Bolivia en La Paz, todo cambió. Con gran parte del país en contra comenzó el repunte. A partir de allí solo perdió dos partidos y quedó en el quinto lugar…por encima de Chile.

Eso llevó a que jugaran el repechaje mundialista con Nueva Zelanda, el representante de Oceanía. Goles de Farfán y Ramos le daban el pase a Rusia, instancia que no alcanzaban desde España 1982. No tuvo mucha fortuna en su paso mundialista pero eso no decayó en el ánimo general.

Muestra de ello es que recientemente, por sus logros conseguidos al frente del equipo nacional, se colocó un monumento al entrenador en el distrito limeño de San Miguel e incluso el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil de Perú le dio la nacionalidad de forma simbólica. La cuenta en Twitter del RNIEC colgó una imagen de un documento con los datos de Gareca y el texto “DNI de un peruano de corazón”.

Para bien o para mal, Ricardo Gareca es un nombre que está escrito en la historia del balompié de Perú. Ya pocos se acuerdan de aquel 5-0 frente a Brasil en Sao Paulo en primera ronda, resultado que dejaba a Perú mirando atentamente lo que ocurría en los otros grupos. Esta situación coloca en escena nuevamente lo mejor y lo peor del fútbol. Gareca sabe que todo esto forma parte de la vida de un entrenador.

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Juan Zavala
Venezolano del 96. Literatura, geopolítica y deportes. Contando aquellas historias que tanto nos apasionan desde otro punto de vista.

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