domingo, 24 noviembre, 2019
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Luego de su paso por los distintos clubes de España, el catalán emigra al exterior guiado por la motivación de conocer nuevos lugares, culturas y contextos socio políticos que hoy atesora en su memoria futbolera.

Actualmente, se encuentra en el área de formación de juveniles del Dynamo de Kiev en Ucrania, pero antes de ese puesto incurrió en el fútbol de Nicaragua, Libia, Catar, Bagdad, China y Japón.

Cada experiencia le permitió mantener viva la llama que genera el deporte rey, en el cual vivir de ello es un sueño, según sus palabras. En esta segunda parte de la entrevista para The Line Breaker, relata lo que sintió fuera de su país, de sus costumbres y comodidades.

 

 

 

¿Cómo fue la experiencia en la Selección de Nicaragua?

Fui con Enrique Llena, un entrenador español, y estuve un año en otro puesto en el que fue todo distinto. La Selección era muy pobre: no podían estar concentrados mucho tiempo porque era muy caro. A nivel trabajo fue muy duro porque el fútbol está subdesarrollado y eso hacía difícil el trabajo. En el plano íntimo estuvo bueno porque realmente es un país bonito.

 

¿Qué fue lo que más te sorprendió del país?

Nunca había ido a América, por lo que ir a Nicaragua me generaba mucha ilusión. La verdad es que me sorprendió porque es como viajar en el tiempo como 70 u 80 años: no había edificios altos, paisaje increíble, los animales por la calle, los niños descalzos y sin ropa, la gente con poco dinero, en algunos momentos me pareció muy duro porque no esperaba que la gente pudiera vivir así. Yo estaba acostumbrado a tratar con “estrellas”, por así decirlo, pues de golpe me toca tratar con futbolistas que cobran 1.000 dólares al mes como mucho. A veces pasaba que era muy fácil comprar a los jugadores para que se dejaran ganar. Fue duro.

 

También me decías que contaban con recursos limitados para entrenar a la Selección, ¿cómo se las arreglaban?

La verdad es que no querían ir los jugadores porque las condiciones de entrenamiento eran muy pobres en la escuela de talentos en Diriamba, donde yo vivía. Todo era limitado: el campo de juego, las habitaciones, por ejemplo, pero como la FIFA los obliga a ir pues no tenían más remedio que presentarse. Cuando viajábamos lo hacíamos como un equipo normal, con todo en regla, pero cuando volvíamos éramos el grupo pobre de la zona. Se nos hacía difícil entrenarlos en esas condiciones y algunos tenían condiciones.

 

¿Cómo manejaban los ánimos en el vestuario con ese clima?

Aunque ninguno quería concentrarse, sí querían ir a jugar afuera, entonces era mezclar jugadores para jugar la Copa de Oro de la CONCACAF, había que utilizar a los jugadores más jóvenes, intentamos llevar menos veteranos y las situaciones personales fueron muy buenas. Luego me surgió la oportunidad de irme a la Selección de Libia porque me llamó Javier Clemente y no me lo pensé. Le dije a mi familia, pasamos por Barcelona y de ahí fuimos a Libia.

 

¿Qué diferencias encontraste entre ambos países?

Está mal comparar, pero Libia parecía Nueva York porque tenía edificios altos y calles grandes. Cuando fuimos a Tripoli había pasado la guerra, habían pasado cuatro años de lo de Gadafi y nosotros, apenas llegamos, ganamos una Copa África, nos tocó jugar  y ganar ese torneo. Estuve de asistente de él y la verdad es que estuvimos a gusto porque teníamos más medios: podíamos ver partidos contrarios, concentrar sin problemas, como una selección normal.

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Entre España, Nicaragua y Libia, ¿qué sentís que aprendiste hasta ese momento?

Todo es nuevo, todo significa renovar las ilusiones. En la liga española llevaba casi 20 años, pero al salir ves cosas nuevas, jugadores nuevos, formas de sentir diferentes, me pareció muy motivante. Aprendí nuevas formas de entrenamiento y al ser entrenador de selección puedes hacer mucho o no hacer nada. En Libia compartimos casa por meses con Javier (Clemente) y veíamos todos los partidos de fútbol que podíamos, tanto en televisión como en directo, hablábamos a lo largo el día del deporte y a mí me gustaba aunque no veía muchas formas diferentes de jugar.

 

¿Y del continente africano?

Es un continente increíble, es otro fútbol, con un talento y fortaleza física increíble, pero poca organización. Viajamos por distintos países africanos y la verdad es que fue muy bueno como época viajera. Sudáfrica, Ruanda o Cabo Verde, la verdad es que fue bonito.

 

¿Cómo eran las concentraciones de la Selección?

No podíamos hacerlas en Libia por la situación política que pasaba allí, entonces debíamos ir a Túnez o a Egipto, pero fue una época de tener jugadores nuevos, de viajar mucho, de ver cómo compiten en África y bueno, yo la verdad es que me la pasé muy bien.

 

¿Estaban atentos por el contexto político en el cuerpo técnico?

A nosotros nos decían que no pasaba nada, que no nos preocupáramos, pero los jugadores sí estaban pendientes porque, al ver que nos íbamos a concentrar a Túnez por la situación política, estaban nerviosos porque tenían familiares allí, entonces se hacía difícil. Además porque los partidos de local los jugábamos en Túnez o Egipto y no en Libia, entonces eso era una ventaja para el rival, y en África es muy importante jugar de local porque la presión del público no es como en Europa porque está menos controlado. Pero la verdad es que es una pena que pasen esas cosas en Libia porque es un país rico, la zona tiene petróleo, agua, gas, es grande y son pocas personas, y que no se pongan de acuerdo para reflotarlo es una pena.

 

¿Y los jugadores cómo eran?

Muchos tenían calidad y algunos tenían nivel para jugar en Europa de los que hemos convocado. No los he seguido mucho hasta ahora, pero sé que alguno llegó hasta Portugal.

 

¿Cuál era el objetivo cuando llegaron a la Selección de Libia?

Nunca se había clasificado a algún Mundial, por lo que ese fue nuestro objetivo cuando llegamos. Luego yo me fui, pero sé que Clemente, cuando vio que era imposible y que no podía clasificarlos, también se fue.

 

 

Luego, tu próximo destino fue Catar, ¿no?

Sí, hablé previamente con Clemente y me dijo que “me vaya que aquí ya no hacía nada”.

 

¿A qué equipo te fuiste?

Fui al Al-Duhail, que los dueños tienen al PSG y a este club. Antes se llamaba Al-Shorta Doha (shorta en árabe significa policía), pero luego se fusionó con otro equipo y pasó a llamarse Al-Duhail. Es un equipo potente en la zona asiática. Ganamos copa, liga, clasificamos para Champions de la AFC, pero luego de cuartos de final el entrenador ya no quería estar allí.

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¿Y cómo es vivir y trabajar en Catar?

Es una especie de burbuja, las condiciones de trabajo son muy buenas, los gimnasios donde entrenábamos son impresionantes al nivel del mejor equipo europeo, pero la competencia es muy fría porque no hay mucho público. No hay nadie que siga los partidos de los equipos. Tiene como dos millones de habitantes en el país, muchos son extranjeros y los doscientos mil cataríes no van a los encuentros. Tal vez van a las finales, pero cada uno tiene sus cosas y muchas veces jugábamos con pocas personas, que era muy curioso.

 

Una de las dificultades al momento de jugar al fútbol son las altas temperaturas, ¿cómo maneja esta cuestión la liga?

Hay campos que tienen aire acondicionado, por lo que se juega a 15 o 16 grados, eso permite jugar los partidos. Hay otros que no y se juega a 40 grados, entonces de marzo a octubre se hace muy difícil. Los encuentros se terminan partiendo por las altas temperaturas.

 

¿Recordás algún encuentro en especial con esas características?

Llegamos a jugar una Supercopa con 50 grados. Estábamos en el banquillo sudando a mares, era increíble. Hicimos una parada técnica a la mitad para la hidratación y listo, a jugar, todos en la misma igualdad de condiciones. Pero terminaba repercutiendo en el nivel de juego, sobre todo en los últimos momentos del encuentro porque, como siempre decíamos, nunca está acabado el partido hasta los minutos finales. Le decíamos “los minutos cataríes” porque desde los 35 minutos del segundo tiempo en adelante podía pasar cualquier cosa.

 

El próximo Mundial de Catar se jugará a fin de año por la cuestión de las altas temperaturas que mencionaste. Aun así, ¿ves viable la ubicación del evento?

Sí, el clima en la calle estará genial porque habrá 15 o 20 grados, y en los estadios la temperatura será la que ellos quieran porque las construcciones que estuvieron realizando les permiten regularlo. Otro problema puede ser la organización de un país como Catar que en una sola ciudad habrá un Mundial, que eso nunca ha pasado antes. En una misma locación estarán todos los países clasificados, todas las selecciones en una sola ciudad como Doha me parece bastante difícil de manejar porque, aunque hayan hecho un gran esfuerzo, cuando jugábamos una final era un infierno salir del estadio, no sé cómo harán con las selecciones. Estoy seguro que lo están evaluando porque quieren dar un mensaje al mundo de que son especiales y organizados.

 

En tu estadía, ¿pudiste ver esa imagen especial que quieren mostrar?

Tienen mucho dinero y son muy pocos para repartir. Viven con un nivel de vida exagerado: ves camionetas 4×4 por todos lados, hoteles cinco, seis, máximas estrellas en cada rincón; viven muy bien. Luego está la parte de los trabajadores o indios que están en la calle con 50 grados, y que están en peores condiciones.

 

¿Cuál fue tu próximo paso luego de Qatar?

Vuelvo a Libia porque el entrenador se peleó con el presidente del Al-Duhail. Clemente aún no se había ido y me dijo que “vaya con él hasta que consiga algún otro trabajo”.

 

¿Cómo encontraste al país luego de que volviste?

Peor. No podíamos ir casi nunca a la ciudad por la situación política, pero tuve que viajar igual para juntar jugadores para la selección.  Estuve un año y luego volví a Catar pero a otro equipo: Al-Rayyan.

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En Catar no cambió nada supongo…

No, el mismo sistema de siempre. Fuimos a otro equipo solamente, que había salido campeón del torneo anterior. Allí estuvimos dos años con el mismo entrenador, salimos segundos en ambos años, perdimos dos veces las Emir Cup; no nos fue tan bien como la primera vez, teníamos peor equipo que Al-Duhail. Sin embargo no nos podíamos quejar: las condiciones de trabajo eran buenas, nos pagaban bien y seguíamos viviendo de lo que nos gustaba.

 

¿Cómo siguió tu carrera?

El entrenador no quiere entrenar más y me dicen que hay una academia de habla española en Bagdad y que si quiero ir a montarla. Pues voy y la verdad es que fue duro porque no tenían muchos medios, fuimos a jugar a Barcelona unos partidos amistosos y me dije que allí no volvía. Tres meses estuve allí. Luego pasé a China. La selección femenina de China necesitaba un preparador físico y me contactaron para firmar con ellos. Me trasladé a la ciudad de Pekín y tuve un frío que me moría. Estuve dos meses y me llaman del JEF United de Japón, se los comento a los chinos que no les gustó nada, me hicieron pagar una cláusula que tenía por irme.

 

¿Te estableciste en Japón?

No le estaba yendo bien al entrenador Juan Schneider. Estuvimos esa pretemporada, un mes más y nos echaron a todos. Luego me contactan algunas personas del Barcelona con Kiev para llevar adelante la academia de jugadores. Ya llevo aquí cuatro meses.

 

Un año movido…

Sí, pero yo siempre acababa los proyectos. No este último año, pero nunca quedaba a medio hacer, menos esta experiencia con el club de Japón que, además, el entrenador Juan Schneider fue a hablar con Mauricio Pochettino y le consulta sobre su experiencia y él le dice que me lleve a mí, que yo lo voy a ayudar en Japón. Juan me insistió tanto que yo rompí mi contrato con los chinos. Pero con estos yo no veía a mi familia que estaba en Barcelona, pero con los nipones sí lo podía hacer, así que ese fue otro factor.

 

¿Cómo te está yendo ahora en la academia en Kiev?

Llevo cuatro meses y estamos llevando adelante el fútbol ucraniano, haciendo crecer a los jugadores, esperamos poder dejar una huella aquí.

 

Si es que se da alguna oportunidad, ¿qué es lo que haría que vuelvas a trasladarte?

Me encantaría seguir haciendo lo que hago, pero en un lugar en el que me entendieran. Estoy un poco cansado de traductores y todo eso. Pero me encanta vivir del fútbol, ya sea de preparador físico, de segundo entrenador o de director de academia.

 

De todas tus experiencias, tanto a nivel local como internacional, ¿cuál fue tu favorita?

De todas guardo un gran recuerdo. A nivel personal, la época en el Espanyol fue trabajar en el fútbol profesional en mi casa, con mis amigos, mi familia, tienes todos los aspectos de tu vida cubiertos: vivir del deporte que amas y luego tener una vida normal, como todo el mundo.

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Lucas Acosta
Porteño nacido en 1996 que está en una constante búsqueda de conocimientos. Plasmo mi pasión por el periodismo en cada nota que escribo. Amante del deporte y la sociología, las cuales busco combinar a menudo. Entusiasta en aprendizaje.

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