martes, 12 noviembre, 2019
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La vida de Ramón Catalá está atravesada por la influencia del deporte rey. A menudo afirma que todo lo que le está pasando es parte de fortuna de vivir del juego que tanto lo movilizó en su juventud, aquel al que intentó jugar de manera profesional y no pudo, pero encontró una alternativa que lo mantuvo ligado al fútbol.

La experiencia del catalán es extensa y recorre un camino lleno de emociones, enseñanzas, encuentros con figuras míticas del fútbol mundial, ascensos, títulos, zonas de descenso. En esta primera parte de la entrevista que le realizamos para The Line Breaker su vida girará en torno a España, país del que no emigró hasta los 50 años para trabajar en lo que ama de manera profesional.

 

 

 

Sos un hombre de 58 años que pasó por muchos lugares del mundo. Básicamente, sos un trotamundos.

Bueno sí, hasta el 2011 no había salido de mi país, pero he conocido muchos lugares. He estado en cinco o seis clubes de primera y segunda división. Entrené con muchos entrenadores muy buenos y puedo vivir de lo que me gusta, que ya es mucho.

 

¿Cómo surgió la idea de ser preparador físico?

Me encantaba jugar al fútbol, pero no tenía el nivel para ser profesional, llegué a tercera división nomás. Estudié educación física, hice una maestría en fútbol y me dediqué a eso. Primero como entrenador de equipos pequeños, luego de preparador físico de equipos mayores y a los 30 años, Alberto Giráldez, director del Real Madrid, preparador físico de Valdano -un personaje- me dijo que iba a Madrid, que si yo quería ir al Celta, que les ha contado de mí. Acepté y así empecé.

 

¿Siempre supiste que tu vida iba a estar ligada al fútbol?

No, era un sueño. Cuando empecé solo jugaba todo lo que podía. Cuando ya no podía jugar más pues me pregunté cómo seguir ligado al fútbol y tuve suerte que, en ese momento, empezaba la carrera de educación física y enganché una época buena de mi vida, de pura casualidad. La verdad es que tuve suerte.

 

Me dijiste que tu primera experiencia fue en el Celta, ¿cómo te resultó tu primera experiencia?

Yo soy de familia numerosa y nunca había salido de Barcelona. Salir a una ciudad nueva, a mil kilómetros de distancia, me supuso estar solo en un piso. Cuando era preparador físico, no era ni técnico, porque antes estaba con uno que era un jugador vasco muy famoso que era el Chechu Rojo. Había jugado en la selección, un mito en España, y claro, él tenía su vida y yo la mía y no podía ir con los jugadores, pero a nivel personal fue duro.

 

También hubo un ascenso con el equipo, ¿no?

Sí, y luego jugamos un final de copa.

 

¿Cómo fue ese proceso de estar en segunda y luego jugar una final con el mismo equipo?

Perdimos contra el Zaragoza en campo del Atlético de Madrid por penaltis, pero el trabajo era espectacular, nunca había estado con profesionales, había estado con categorías amateurs, para mí era un placer absoluto. Para mí fue un sueño hecho realidad. Aguanté dos años más y el míster quiso ir a Pamplona y nos fuimos al Osasuna.

 

¿Cuál fue la principal diferencia que notaste en ese cambio?

Es otro tipo de club, uno más familiar, más pequeño, una ciudad deportiva muy bonita, más cerca de Barcelona. La verdad es que disfruté esa experiencia, me gustó mucho. Y a partir de allí fui al Lleida de segunda división, que fue un año duro, no se dieron los resultados. Luego pasé al Salamanca en primera división, donde tuvimos resultados importantes como ganarle al Barcelona de Louis Van Gaal y al Valencia de Claudio Ranieri.

 

Hasta ese punto, ¿qué tipos de conocimientos sentiste que adquiriste?

Intentaba estar siempre actualizado, estar pendiente de los congresos, con el tema de los GPS y las herramientas que iban apareciendo. Cuando ves triste a los jugadores tratas de animarles y ellos ya no te toman como parte de la autoridad sino como que estás allí por ellos como ayuda.

 

A la hora de elegir las opciones de tu futuro, ¿qué evaluabas?

Nada, yo iba con el entrenador, en este caso Chechu, con quien estuve 16 años. A donde él me decía de ir yo iba. Luego, ya en el club, iba por la tarde en mi tiempo libre y por cuestiones personales recorría el club, tenía mis intereses de ver cómo se formaba la academia, cómo se entrenaban las divisiones inferiores.

 

Luego del Salamanca, ¿Zaragoza fue un salto en tu vida profesional?

Hasta ese momento, era el equipo más importante en el que nos tocó estar. El Celta era un equipo pequeño que era un ascensor porque subía a primera y bajaba a segunda. El Salamanca no era un club habitual de primera. El Osasuna, al igual que el Celta, alternaba de categoría. Por lo que llegar al Zaragoza, que era un histórico con capital, campeón de UEFA, un buen equipo con jugadores como el Toro Acuña, el Kily González. Entonces sí, fue un salto grande en el que estuvimos dos años. En el segundo éramos quintos, pero en la última jornada fuimos líderes un cuarto de hora para ganar La Liga, era otro club.

 

Luego fuiste al Espanyol, volviste a Zaragoza y retornaste al club catalán, ¿por qué alternaste tanto entre esos dos clubes?

En ese momento, a Chechu le ofrecen volver al Bilbao, que era del club que era él, pero no me puede llevar porque están todos sus amigos y el club de Zaragoza me ofrece quedarme. Con el Espanyol pasó que tuvieron problemas con el preparador físico y buscaban a alguien de mi perfil y me ofrecen un contrato largo allá. Además, pues, es mi ciudad. Luego volví al Zaragoza por un par de años y después al Espanyol de nuevo por seis años más. Tuve la fortuna de estar en contacto con el fútbol profesional en mi propia ciudad, que eso es como ganarse la lotería.

 

¿El Espanyol es un club especial para vos?

Claro, pues de pequeño yo vivía entre el campo del Barcelona y el Espanyol, entonces cuando jugaba el Barcelona en su casa los iba a ver y el mismo caso con el Espanyol. Desde pequeño he seguido la historia del club y cuando ves jugar a uno de los dos es un poco diferente porque son los clubes de tu ciudad, los que seguías en tu infancia y estas cosas que se convierten en realidad (estar trabajando en uno de esos clubes) es especial. Además, al estar en el Espanyol coincidieron con buenos resultados deportivos porque ganamos una Copa del Rey, jugamos una final de Europa League, coincidí con entrenadores como Lotina, Ernesto Valverde y Pochettino, así que fue una buena época.

 

Hablando de Pochettino, en su libro, “Un mundo nuevo”, relata que en ese momento, vos entrenabas al equipo femenino.

No, yo entrenaba al primer equipo del Espanyol. Me pidieron que colaborara y que dirigiera el femenino porque entre el transcurso entre el Lleida y el Salamanca pasaron como siete u ocho meses, y una alumna, a la que le daba clases luego de terminar mi carrera, me pidió que entrenara al equipo del Espanyol femenino. Ganamos una Copa de la Reina, entre otros. Entonces, como los directivos sabían que tenía algo de relación con las jugadoras me pidieron de coordinar la sección del fútbol femenino. En eso, Mauricio (Pochettino), nos pide hacer las prácticas. Él había dejado de jugar porque Ernesto Valverde había llegado al club y acabó con su vida deportiva. Por lo que se retiró, estudió para ser entrenador y le solicitaron realizar prácticas. Él eligió hacerlas ahí, en el femenino y ahí coincidimos.

 

Con el tiempo se fue quedando en el equipo.

Cuando finaliza las prácticas, al año siguiente, al masculino le va mal con Tití Márquez, prueban a otro que tampoco funcionó y recién ahí lo llaman para que se haga cargo del primer equipo del Espanyol.

 

En una nota, Sara Serna recordaba que Pochettino gritaba mucho más que Emilio Montangut (el director técnico de ese momento) por la Copa de la Reina. ¿Había mucho compromiso con el equipo femenino?

Tiene una personalidad muy fuerte y él fue y es ídolo del club, ya se notaba cuando jugaba. Además se veía que tenía mentalidad de líder, entonces no es cualquiera el que viene a entrenarte, es Mauricio Pochettino, es jugador del club y lo que él dice tiene importancia. Ya se le veía que iba a ser entrenador.

 

¿Tenías relación con él?

Yo lo tuve de jugador, lo conocía mucho. Cuando llegué al Espanyol en la primera época con Paco Flores, él está un año y se va al PSG porque el club no puede pagarle. Luego de entrenador estuve con él dos años porque en el tercero me voy yo.

 

Hay una anécdota sobre Pochettino y vos en el que suben a Monserrat, ¿cómo fue?

Fue en 2009. El equipo está en zona de descenso y era casi imposible salvarnos, teníamos que ganar un montón de partidos. Ganamos como dos o tres y decidimos subir caminando. Entonces nos prometimos que si ganábamos y nos salvábamos volvíamos a subir. Lo hicimos y cumplimos con Mauricio y De Blasi.

 

¿Costó?

No, es como una caminata, pero si lo prometes debes cumplirlo, por si acaso jaja.

 

Volviendo al equipo femenino, me dijiste que en realidad entrenabas al primer equipo masculino del Espanyol, ¿pero era parte de la toma de decisiones del femenino?

Yo iba a muchos entrenos porque estaba Mauricio, porque Emilio es mi amigo y al equipo no le estaba yendo muy bien, todos poníamos lo que podíamos, pero si fuimos parte en la convivencia. Mauricio pagó un par de cenas para la plantilla, hizo la convivencia más fácil.

 

¿Qué pensás del desarrollo del fútbol femenino, de la Liga Iberdrola?

Es un cambio espectacular en tan poco tiempo, en diez años. Nos daban a entrenar los peores campos a las nueve de la noche, viajábamos en condiciones difíciles, y ahora las chicas pueden cobrar algo y las condiciones han mejorado mucho. Además, atraen a muchos espectadores que quieren ir a verlas.

 

Con el equipo masculino ganan la Copa del Rey.

Sí, fue en el segundo año de Lotina, un buen año en el que estaban Maxi Rodríguez, Ibarra, a Mauricio. Luego, Maxi se va al Atlético Madrid y realizamos algunos fichajes y el equipo anda a los tumbos, pero llegamos a esa final de Copa contra el Zaragoza, que tenían a Diego Milito, su hermano Gabriel, Ponzio, Everton arriba; tenían muy buen equipo y eran favoritos. Les ganamos 4-1 con un rendimiento increíble de nuestra parte.

 

¿Cómo fue el clima del vestuario previo a la final?

Estuvimos en la ciudad de Las Rosas, luego el último día fuimos a Madrid para sentir el aliento de la gente. Recuerdo que Mauricio no jugó ese partido porque no contaba mucho para Lotina en el segundo año, pero él dio la charla motivacional a los jugadores. Fue emocionante antes del partido. Se me ponen los pelos de punta de solo recordar cuando reunió a todo el equipo en la charla antes de salir al campo.

 

En otro orden de temas, ¿fuiste miembro de la selección catalana dirigida por Johan Cruyff?

Si si. Es un partido al año y estuve tres con él, es decir, tres partidos. Jugamos contra Argentina con Maradona como entrenador en el Camp Nou y les ganamos 3-1. Y bueno, estar solo compartiendo la sobremesa, Cruyff venía y comentábamos más o menos lo que íbamos a hacer en el partido, pero bueno, comíamos tres o cuatro horas con él. Yo recuerdo que, cuando yo tenía 14 años, lo veía y era un ídolo absoluto, todos queríamos ser como Cruyff jugando.

 

Solo nombrar a Cruyff genera una sensación especial.

Era un genio jugando y como entrenador. Tenía un cambio de ritmo fantástico. Cada vez que tocaba el balón era poesía pura. Era un espectáculo.

 

Estás sentado en la mesa con Cruyff y están hablando de hablando de fútbol, ¿qué le preguntaste?

Nada, yo solo escuchaba jaja. Estábamos algún jugador más, con el padre de Busquets, entre otros y nos contaba anécdotas que tuvo en el Barcelona y de sus problemas con Nuñez (presidente del club catalán en ese momento) y empezaba a hablar y hablar y nosotros encantados.

 

¿Qué historia te gustó más?

Hay algunos que no te puedo contar, pero el que me llamó la atención fue uno en el banquillo: el no conocía a los jugadores, salvo a los del Barcelona, pero los del Espanyol no. Entonces teníamos a un chico que jugaba de mediocentro y dijimos de ponerlo. Cuando tocó dos pelotas él dijo: “No no, a ese pónganlo de central atrás”. Lo veía clarísimo. Lo veía todo. Respiraba fútbol. Era encantador. También conocí a Menotti, que era igual de encantador.

 

¿Cómo fue eso?

Una vez yo entrenaba tres jugadores argentinos muy simpáticos: Mauro Navas, el Cholo Posse y Pablo Rotchen. El Cholo me invitó a comer con ellos y en la mesa estaba Menotti. Fue un espectáculo. Él es un orador increíble, un seductor nato. Él estaba con un preparador físico suyo y contaba anécdotas suyas de México, de Mauro, el Cholo y Pablo, y yo también solamente escuchaba.

 

¿Vos sentís que sos una persona que también respira fútbol?

Yo soy como muchas personas que le entusiasma el deporte, solo que yo tuve la suerte de poder vivir de él y estar todavía aquí, en este mundo. No tengo los conocimientos ni las relaciones para poder seguir estudiando a ese nivel.

 

De todas las experiencias que tuviste con los clubes en España, ¿con cuál te quedás?

Es difícil. De todas saqué algo bueno y cada uno tuvo su momento. Vigo fue mi primer equipo profesional, fue el descubrimiento de este mundo. Luego en Pamplona también estuve muy bien. Zaragoza fue la ciudad en la que me encontré más a gusto, después del Espanyol del Barcelona que nos tocó una buena época. Quizás el que más me ha marcado fue el Espanyol porque tiene a tus amigos cerca, a tu familia, y cuando pierdes lo vives más, todo tiene más trascendencia cuando estás en tu ciudad.

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Lucas Acosta
Porteño nacido en 1996 que está en una constante búsqueda de conocimientos. Plasmo mi pasión por el periodismo en cada nota que escribo. Amante del deporte y la sociología, las cuales busco combinar a menudo. Entusiasta en aprendizaje.

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