lunes, 16 septiembre, 2019
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El pasado fin de semana se inició la liga inglesa de fútbol femenino. En el año 1998 comenzaron a llegar los patrocinadores y se promovió la creación de centros por todo el país para el fútbol base, a once y diez años de la creación del Arsenal – el equipo más laureado – y del Manchester City respectivamente; y cuatro años después de la creación de la Premier League de mujeres. Ahora mismo, con el patrocinio de Barclays y tras el éxito del Mundial de Francia el pasado verano, la competición ha decidido crear una aplicación, The FA Player, gracias a la que se pueden ver todos los partidos de la jornada en todo el mundo de manera gratuita.

A esto hay que añadir un evento de gran repercusión: en la primera jornada el Etihad y Stamford Bridge se vistieron con sus mejores galas – la pirotecnia de los eventos del masculino incluidos – para dos partidos históricos. Uno de ellos especialmente (del que ya hablamos), el derbi de Manchester que tras 138 años ha llegado en clave femenina. El otro, el encuentro entre dos equipos londinenses: el Chelsea dirigido por una figura clave en la evolución del fútbol femenino en el país como es Emma Hayes, contra el Tottenham. Partido en el que apareció por primera vez como capitana, tras la retirada de la emblemática Karen Carney, Magdalena Eriksson, la lateral en la que Hayes y sus compañeras confían para dirigir a su conjunto por su espíritu de liderazgo.

En las gradas del derbi mancuniano pudimos ver a Ole Gunnar Solskjær, técnico del conjunto rival. ¿Significa esto que veremos el partido de vuelta en Old Trafford? Casey Stoney, entrenadora del equipo femenino, habló el año pasado de lo importante que sería si el equipo subía a primera – objetivo conseguido – que las niñas de todo el país vieran a su club disputando el balón en el Teatro de los Sueños. El estadio de las Citizens contó con 31.213 espectadores. Récord histórico en Premier League para un partido de fútbol femenino.

En Londres, César Azpilicueta animó desde sus redes sociales en los días anteriores y acudió a ver a sus compañeras. A esto se refería la capitana Blue cuando dijo -como recogimos en nuestra historia sobre la futbolista sueca- que el respeto con sus compañeros masculinos está creciendo. Un apoyo que ve como vital. Ejemplos para los niños y niñas que ven el fútbol, y que pueden ver en el interés y promoción de los futbolistas una forma de acercarse a la disciplina femenina.

No es la primera vez que The Bridge abre sus puestas a sus jugadoras. En 2013 tuvo lugar un partido de Champions League, frente al Wolfsburg – uno de los grandes equipos de Europa –, ante 3.783 personas. La cifra se ha multiplicado por diez en tan sólo seis años, ante el principal rival de la ciudad.

Suzy Wrack, redactora de The Guardian, planteaba en redes sociales y en sus artículos, si esta moda inicial no debería ser una práctica común para acercar el fútbol femenino a las familias, gente joven y otros espectadores a los que sería mucho más sencillo acudir a un templo del fútbol inglés, como es el estadio en el que juega el Chelsea masculino, y no tener que desplazarse hasta Kingsmeadow. Otro ejemplo de esto lo encontramos en el club con más trofeos en sus estanterías de la liga inglesa femenina: el Arsenal no juega en el Emirates, sino a horas de Londres, en el condado de Hertfordshire, en el Boreham Wood’s Meadow Park. No es de extrañar entonces que la página del club incluya una sección en la que explican cómo llegar en coche o tren hasta allí.

El caso del recién ascendido Manchester United es otro más que curioso: ni siquiera hay una estación de tren cerca para el acceso a Leigh Sports Village. El único club que muestra una excepción es el Manchester City con The Academy Stadium, a una distancia corta del Etihad.

Quizá no todos los fines de semana, pero que de vez en cuando las puertas de los grandes estadios se abran al femenino sería una forma más de animar al público a ver los partidos, de normalizar su práctica, de demostrar lo llevamos tiempo diciendo: hablamos de lo mismo.

Son muchas las familias y niñas y niños que se acercaron a ver a sus ídolos en Inglaterra, que buscan en ellas referentes y que disfrutan del juego. Obviamente, los desplazamientos de larga distancia a algunos de los espacios donde juegan normalmente imposibilitan que las familias puedan incluir en su fin de semana una visita al estadio, como toda la vida, para disfrutar de un partido de fútbol.

Hay algo que aprender de lo vivido en San Mamés, el Metropolitano o el Juventus Stadium. Los aficionados bianconeros hicieron un esfuerzo por ir a ver a su equipo la pasada semana, cuando con motivo de la Champions League la Juventus recibió al Fútbol Club Barcelona. De haber jugado en la capital de Piamonte, seguramente hubieran podido acercarse muchos más espectadores, porque el partido se disputó en el Giuseppe Moccagatta de Alessandria, a más de una hora de Torino. En Firenze recibieron al Arsenal y abrieron el Artemio Franchi. Podríamos pensar que es un estadio más modesto, pero las futbolistas que allí jugaron merecen estadios grandes porque ellas lo son. Treinta y nueve mil personas se reunieron para ver a las bianconeras frente a las viola en marzo. Duelo histórico de la liga italiana, pero recibir a un club que fue finalista en la pasada Champions y con la creciente afición por el fútbol femenino tras la participación de Italia en el Mundial, podría haber sido motivo para dar otro paso más en la promoción del deporte femenino.

Aún queda mucho, pero medidas como la de Inglaterra -con la importante difusión de los partidos- nos dan esperanza de que poco a poco se produzca el ansiado cambio y el fútbol femenino sea algo al alcance de todos. Sólo así la imagen de algunos cambiaría, y no se trataría a las jugadoras como si no fueran profesionales, y en un escalón por debajo de sus iguales de los conjuntos masculinos. Todos son parte de un mismo club.

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Maria Valentina Vega
Traductora, redactora y entrenadora de fútbol Nivel 1

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