lunes, 23 septiembre, 2019
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Cuando Pia Mariane Sundhage le dijo que si a la selección de los Estados Unidos, definitivamente sabía a donde se metía. El Team USA, poderoso y dominante durante la década de los 90´ (ganando en el proceso dos Mundiales y un oro olímpico), comenzó a ceder terreno en el decenio siguiente, donde, si bien obtendría otras dos preseas doradas más, no podría alcanzar nuevamente la final del torneo de la FIFA, cayendo en el 2003 y en el 2007 en las semifinales. El problema no era en si no levantar la copa (aunque las norteamericanas son, quizás, la selección que posee mayor la presión a nivel global, tanto por parte de la prensa como de los aficionados), sino el cómo las derrotas dejaron en claro que ya no eran más respetadas. A saber, Alemania ganaría por 3-0 -y, encima, en la propia Estados Unidos-, mientras que Brasil le propinaría, quizás, la peor humillación de su historia, venciendo por 4-0 y con una Marta jugando en modo Dios. Algo, definitivamente, tenía que cambiar.

Pero a Sundhage la presión, en vez de paralizarla, la llenaba de vitalidad. Por ejemplo, siendo jugadora fue campeona con Suecia de la primera Eurocopa de la historia (1984) convirtiendo, además, el decisivo el último penal ante Inglaterra. También levantaría varias ligas y copas en su país, al cuál, de paso, ayudaría con sus goles a construir en toda una potencia mundial, alcanzando un tercer puesto en el Mundial de 1991, un par de subcampeonatos europeos o varios torneos nórdicos, erigiéndose como una leyenda. Esa misma presión que sentía en los estadios la necesitaba en su día a día, por lo que ni siquiera terminó de colgar los botines cuando decidió convertirse en futbolista/entrenadora, primero, para luego si decidirse por quedarse sentada en los banquillos.

La sexta mejor jugadora del siglo pasado (según la FIFA) comenzaría siendo asistente en varios clubes suecos, antes de pasar a la WUSA (Women´s United Soccer Association), estando primero en el Philadelphia Charge, antes de lanzarse a la aventura en solitario con las Boston Breakers, a las cuales ayudaría a ganaría la fase regular, aunque perderían finalmente en semifinales. Sin embargo, esto no evitó que la escogieran como la entrenadora del año de la última temporada de este primer intento de liga profesional en norteamérica. Allí coincidiría con Kristine Lilly, quién diría que hubiera deseado que Sundhage la dirigiera más, ya que se había sentido plena al jugar bajo sus órdenes. Pia escuchó las declaraciones de la capitana de la escuadra bicampeona mundial, por lo que la llevaría a jugar en la Damallsvenskan, aunque estas declaraciones tendrían su repercusión en el futuro.

Llegamos, entonces, al 13 de noviembre del 2007. Las norteamericanas venían de sufrir su peor humillación y el sentimiento de pesimismo era elevado en la patria del Tío Sam. En aquel encuentro ante Brasil el entrenador, Greg Ryan, había decidido sacar a su portera titular, Hope Solo, por Briana Scurry, algo que enojó sobremanera a la volátil Solo, que declaró ante la prensa que ella hubiera podido atajar todos los remates, algo que enfureció a todos. Se necesitaba cambiar el rumbo, antes de que todo se derrumbara. Y Pia sería la indicada. Si, ella sabía donde se metía…Lilly, de paso, volvería a tenerla con seleccionadora, lo cuál la hacía sumamente feliz.

La primera prueba de fuego sería durante los Juegos Olímpicos de Pekín en el 2008. Sundhage, pese a las críticas, contaría con Solo para el torneo, pero también habría otras grandes estrellas, como Christie Rampone, Shannon Boxx o Carli Lloyd, una muchacha de 26 años que sufría problemas de autoestima y a quién Pia potenciaría hasta un punto tal que la convertiría en una de las mejores jugadoras del mundo.

Si bien comenzarían perdiendo ante Noruega, el equipo se recuperaría ganando los cinco partidos restantes, entre ellos la final ante Brasil por 1-0. ¿El gol? Lloyd -quién si no-, a los 6 minutos del tiempo suplementario. Los Estados Unidos seguían reinando a nivel olímpico pero, aunque parecía que este sería el golpe de efecto que el equipo necesitaba, aun les quedaba un escalón profundo por el cuál transitar. Un detalle: Pia Sundhage se negó, luego del triunfo, a visitar la Casa Blanca, ya que allí se encontraba George W. Bush. Ella, una “vieja comunista” -como Sundhage misma se denominaba- no podía verse con semejante derechista. Ante todo, los principios claros.

 

 

En el 2010 a Sundhage le tocó vivir, justamente, el piso del seleccionado norteamericano. En las eliminatorias rumbo al Mundial de Alemania caerían ante México en las semifinales (quizás, el resultado más sorprendente de la historia del fútbol femenino), lo que las obligó a tener que ganar el partido por el tercer puesto para disputar un repechaje intercontinental ante Italia. Allí, y con tanta presión encima, se decidió por una universitaria para definir la serie en lugar de apostar por jugadoras experimentadas, y esta elección le daría réditos. Aquella chica que le dio el pasaporte mundialista se llamaba Alex Morgan. Casi nada.

Ya en tierras teutonas, la historia parecía repetirse. Luego de vencer a Corea del Norte y Colombia, Suecia se interpondría en el camino, derrotando a las norteamericanas por 2-1 y obligándolas a enfrentarse, otra vez, a la Brasil de Marta, Cristiane y Formiga. Pese a que las de Sundhage se pusieron prontamente 1-0, las sudamericanas lograrían dar vuelta el marcador en el tiempo suplementario.

Los minutos pasaban, la tensión crecía, y la historia parecía repetirse. Pese al oro olímpico, el USA Team parecía derrumbarse en la máxima competencia del fútbol. ¿Este era el fin? ¿Así se acababa la hegemonía norteamericana? La respuesta parecía ser un si rotundo, pero Abby Wambach decidió que todavía no era tiempo para morir. Ella se animó a marcar en el minuto 122, mandando todo a los penales, donde finalmente las suyas ganarían.

Este triunfo épico, sufrido, excitante, hizo que el público, que había dejado un poco de lado a la selección luego del éxito del 99´, volviera a volcarse con cuerpo y alma, haciéndolas la cara visible del soccer. No importó que luego perdieran la final ante Japón: las muchachas de Sundhage fueron recibidas como verdaderas campeonas en su patria, algo que no había pasado ni siquiera con las medallas doradas anteriores.

Luego de conseguir el tricampeonato olímpico en Londres 2012 (con un triunfo en semifinales ante Canadá que quedará en la historia) Pia decidiría que hasta allí había llegado. Se había convertido en la entrenadora necesaria para volver a hacer grande a los Estados Unidos, terminando con un récord de 91 triunfos y apenas 6 derrotas.

El paso final lo daría en casa. La que había sido durante años la máxima goleadora del seleccionado era llamada para ocupar un puesto que sabía que, tarde o temprano, le correspondería por mérito propio. Con las Blagult (que venían de hacer podio en Alemania 2011) lograría llegar hasta las semifinales de la Euro 2013, aunque en el Mundial 2015 las cosas se torcieron, terminando el camino en los octavos de final. Sin embargo, Sundhage tenía guardada una última bala en su cajón.

Luego de una primera fase bastante floja en los Juegos Olímpicos de Rio 2016 (en donde vencieron a Sudáfrica y empataron ante China, pero perdieron por 5-1 ante Brasil) tuvieron que verse cara a cara ante la actual campeona mundial…los Estados Unidos. Si, la base dejada por Pia había logrado romper con el maleficio y ahora querían mantener, también, su hegemonía olímpica. Pero no: Sundhage usaría justamente su última bala para plantarle cara a su ex equipo y las suyas terminarían ganando el encuentro por penales. Si, quizás fueron bastante defensivas aquel día (lo que provocaría un nuevo ataque de rabia de Solo), pero era lo que debía hacerse. Finalmente, las nórdicas llegarían hasta la final, perdiendo ante Alemania, aunque la plata sería la primera medalla en la historia del seleccionado, por lo que se lo celebró por todo lo alto. 

Sus logros fueron tales que incluso los hinchas la pidieron para la selección masculina, idea que hasta llegaron a tratar los medios pero que no prosperaría. Sin embargo, ella siguió trabajando con el mismo ahínco de siempre hasta la Euro del 2017, cuando decidió dejar la dirección técnica.

Pese a esto, ella sigue observando fútbol (ha estado en los mundiales juveniles) y realizando informes o hasta apareciendo en la televisión, además de ser una de las defensoras más firmes en cuanto a la igualdad se refiere.

Seguramente, este firme dentro de unos días para ver a sus pupilas medirse nuevamente, esta vez en el marco mundialista. Y, si ambas son favoritas, será en parte gracias al trabajo que ella realizó en ambos conjuntos, no solo mejorando su nivel de juego, sino -y sobre todo- su mentalidad. Porque ella siempre jugó a ganar.

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Juan Pablo Gatti
Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

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