lunes, 2 agosto, 2021
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Situada en pleno Océano Pacífico, Tonga es un conjunto de más de 170 islas poco conocidas mundialmente dado que sólo 36 de ellas están habitadas y, combinadas, apenas pasan los 100 mil habitantes. No es potencia en ninguno de los indicadores que mueve el amperímetro del planeta, no es conocido por tener paraísos exóticos como otros países de la Polinesia y no suele contar con apariciones de atletas que sean protagonistas en cualquier deporte. Eso hizo que el surgimiento de Paea Wolfgramm fuese tan reconocido y recordado por los habitantes de este conjunto de islas ya que este hombre puso llevó a la bandera de su nación a un podio olímpico, el único en conseguirlo hasta el momento.

Como todo tongano con cierta propensión al deporte, Wolfgramm comenzó su vida atlética jugando al rugby. La pelota ovalada, al igual que en los países insulares cercanos como Fiji y Samoa, es prácticamente una religión en esa zona y nuestro protagonista tenía un físico prominente que lo ayudaba en su desempeño: 1,93 y más de 100 kilos. No fue hasta los 21 años que decidió calzarse los guantes y darle una oportunidad al boxeo, disciplina con poco desarrollo en su ciudad, y ver si podía trasladar la ventaja de su porte físico al ring.

Su ascenso fue inmediato. En menos de cinco años obtuvo una medalla de bronce en los Juegos de la Commonwealth 1994 y un oro en el campeonato oceánico de 1995 en su tierra natal, que le garantizó un lugar en los Juegos Olímpicos de Atlanta del año siguiente. Tan solo 25 peleas como amateur le bastaron a Wolgramm para representar a su país en el evento deportivo más importante del planeta y, como frutilla del postre, ser el abanderado de la delegación de cinco atletas que el Comité Olímpico Nacional envió a Estados Unidos.

Ya desde el inicio, Wolfgramm fue el protagonista de los mejores momentos de la categoría de los súper pesados: En su primer enfrentamiento derrotó ajustadamente al bielorruso Serguei Lyakhovich, catalogado como el favorito por el tipo de rivales que dejó en el camino en su camino a Atlanta, por 10-9 para asegurarse un día más de vida en el evento. Su segundo rival era más que temible: el cubano Alexis Rubalcaba que no solo provenía de la tierra de Felix Savón y otros grandes boxeadores, sino que abusaba de sus 2.04 metros de altura para mantener alejado a su oponente a base de jabs constantes. Poco le importó al tongano ya que, en una de sus peleas más atractivas en Estados Unidos, se impuso 17 a 12 luego de tres rounds de constantes intercambios de bombas con el cubano para asegurarse un lugar en semifinales.

Del otro lado esperaba el nigeriano Duncan Dokiwari para tener un duelo de campeones: el de África vs el de Oceanía. Si la pelea frente a Rubalcaba fue la más atractiva, esta frente a Dokiwari fue la más atrapante ya que a falta de 15 segundos para el final del tercer round estaban igualados en seis puntos. Como si del destino se tratase, Wolfgramm consiguió asestar un último golpe que le daría el 7-6 definitivo que lo depositó en la final del torneo que, por ende, le garantizaba una medalla, la primera para su país independientemente del color del metal. 

¿La mala noticia? Debía pasar por sobre Wladimir Klitschko para llevarse la de oro. En aquel entonces el ucraniano era una de las fuerzas dominantes del boxeo amateur: desde 1993 conseguía una medalla en cualquier evento en el que se presentaba, desde Campeonatos Europeos juveniles y de mayores hasta Juegos Militares. En su camino a la final se mostró implacable con victorias sobre Lawrence Clay-Bey (10-8), Attila Levin por walkout en cuartos y su revancha personal contra Alexei Lezin (4-1), quien lo había dominado en la final del Europeo en Dinamarca (1-6) en marzo de ese mismo año.

El 4 de agosto se vivió un día especial en Tonga ya que el rey Taufa´abou Topou decretó feriado nacional para que su pueblo pudiera apoyar a su guerrero. Mientras tanto, a miles de kilómetros de su país, en Atlanta el público del Coliseo Alexander Memorial, posteriormente rebautizado Pabellón Hank McCamish, nunca tuvo claro a quién apoyar. Por un lado llegaba Wolfgramm con un físico menos propio de un boxeador pero con una historia y un trayecto a lo largo del torneo que lo convertía en el “underdog” al que las masas tienden a apoyar ante el poderoso. En el otro rincón había un ucraniano con una cara inexpresiva, un cuerpo estilizado y tonificado y un juego de piernas envidiable. La decisión era difícil de por sí y el desarrollo de la pelea la dificultó aún más. Al final del primer round Klitschko se encontraba 1-0 arriba pero en el segundo el tongano respondió y revirtió el marcador 3-2 en su favor con un derechazo que impactó de lleno en la cara del ucraniano que despertó a los presentes.

Tres minutos más y Wolfgramm podía estar llevándose la medalla de oro, pero Klitschko tenía otros planes. No contamos con traductores para comprender qué fue lo que le dijo su entrenador pero se puede asegurar que lo que le haya dicho surtió efecto. En menos de 30 segundos el marcador estaba 5-3 para el ucraniano mientras el tongano sangraba por la nariz, lo que obligaba al árbitro a detener el enfrentamiento cada cierta cantidad de segundos para limpiarle la zona nasal. El puntaje final fue un 7-3 lapidario que le dio a Klitschko la medalla de oro y, en consecuencia, relegó a Wolfgramm a contentarse con la de plata, algo que valoró con el tiempo ya que era imposible dejar de lado la impotencia del momento.

 

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Luego de su experiencia en Atlanta ambos finalistas dieron el salto al profesionalismo con resultados totalmente distintos. Klitschko dominó la categoría de los pesados junto a su hermano Vitali, defendió exitosamente su título 23 veces, cuenta con un récord de 64-5, ostenta el reinado acumulativo más largo de la historia con 4382 días y fue elegido para integrar la clase 2021 del Salón de la Fama del Boxeo en su primer año de elegibilidad.

Wolfgramm, por su parte, tuvo un récord de 20-5, dos de esas derrotas en peleas por títulos mundiales en el 2000. La primera fue la revancha de Atlanta 1996 contra el propio Klitschko por el campeonato de la WBC, con un humillante knockout en 90 segundos, y contra el cubano Eliecer Castillo por el de la IBO. Se retiró en 2001 aunque dos años después intentaría sin éxito un regreso a la escena internacional del boxeo al sumar la quinta derrota de su carrera.

Esa sería la última incursión del tongano en el deporte dado que le dio un giro rotundo a su vida y decidió emprender en el negocio de alquileres de autos. Hoy es dueño de una empresa de ese rubro en su país, aunque su legado seguirá ligado al deporte incluso después de su muerte. Han pasado 25 años y cinco Juegos Olímpicos desde su logro y ningún compatriota fue capaz siquiera de acercarse a lo que Paea consiguió en 1996. Es por esto que siempre que en Tonga e incluso en las Islas del Pacífico, se hable de olimpismo, surgirá la figura de nuestro protagonista.

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¡Buenas gente! Soy Facundo Osa, tengo 20 años y me gusta escribir de todo un poco. Últimamente estoy en una parte más polideportiva de mi escritura ya que me alejé del fútbol porque dejó de atraparme como antes. Así que ya saben, cada vez que vean alguna nota que sea de algún deporte que no frecuentamos tanto en la página, seguro sea mía jajajaja. Ya que están, síganme en Twitter (@FacuOsa) si no se quieren perder de nada del mundo polideportivo (especialmente rugby, básquet y automovilismo).

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