sábado, 1 mayo, 2021
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El fútbol es un terreno plagado de injusticias. En Argentina aun hoy le recriminamos a Cesar Luis Menotti no haber convocado para la Copa del Mundo 1978 a un tal Diego Armando Maradona. En Japón pasa algo similar con el ex entrenador del seleccionado Takeshi Okada, quien privó de jugar Francia 98 al inoxidable Kazu Miura. Y en Australia está el caso de Pablo Cardozo.

Nacido en Buenos Aires, pero criado en la ciudad de Sidney, Pabs ocupa el sexto lugar en la lista de goleadores históricos de la liga nacional australiana – 127 tantos en 303 partidos – y, aunque no tuvo una dilatada carrera en los Socceroos (sólo cuatro partidos y un gol a Islas Salomón), es considerado como uno de los delanteros australianos más importantes de los ´90. Tal fue su impacto que el legendario Tim Cahill lo elevó a la categoría de ídolo de la infancia.

Surgido futbolísticamente en la academia del Sydney Olympic, Cardozo rápidamente llamó la atención no solo por su capacidad goleadora, sino también por su depurada habilidad con el balón. En 1990 tuvo su bautismo de fuego en la vieja National Soccer League y, aunque todavía le faltaban unos años para desatar su verdadero potencial, ya por esos días se ganó los elogios del legendario Ferenc Puskás, entrenador del South Melbourne en ese entonces.

Dos años mas tarde, el joven delantero daría un paso clave en su carrera al firmar con el West Adelaide. En el cuadro de South Australia se destapó como un artillero implacable y durante cinco temporadas fue un elemento clave de la plantilla. Sus buenas actuaciones le valieron en 1998 la chance de pasar al futbol austríaco, en un momento donde los jugadores aussies debían esforzarse el doble para llegar al Viejo Continente. 

Si bien su experiencia en el Rapid Wien no fue del todo buena – tan solo ocho partidos – Cardozo retomó la senda goleadora en 1998, al firmar otra vez con el Sydney Olympic. La temporada 1998/99 fue sublime para el nacido en Argentina, quedando como máximo anotador de la competición con 18 tantos y muy cerca de entrar en los playoff por el título de liga. En otro contexto, Pabs hubiese tenido asegurada su chance en la selección nacional, pero para su mala suerte le tocó ser contemporáneo a grandes atacantes como Mark Viduka o Damian Mori. Aun así, a principios del nuevo milenio su carrera seguía en un punto alto. Sin embargo, era el soccer australiano el que atravesaba sus horas más difíciles.

Después de años de malas gestiones en la cúpula de la asociación nacional, el gobierno federal decidió tomar cartas en el asunto. Históricamente, el dinero de los contribuyentes había sido una de las principales fuentes de ingresos para la federación australiana y no es exagerado decir que la pelota seguía rondando gracias a la buena voluntad del estado. 

La no clasificación a la Copa del Mundo Corea/Japón 2002 (y una mala actuación en la OFC Nations Cup de ese mismo año) precipitó el final de una era. El gobierno del Primer Ministro John Howard ordenó una comisión revisora para determinar que estaba fallando en el futbol local y, pese a que la FIFA al principio no se mostró de acuerdo, finalmente Howard pudo convencer a Sepp Blatter de que un cambio en la federación era necesario si se quería potenciar el deporte en Australia. El suizo, siempre ávido de abrir nuevos mercados que reporten cuantiosos dividendos, dejó correr el agua y finalmente en 2004 la Football Federation Australia tuvo un nuevo presidente.

Frank Lowy, hombre histórico del futbol de Sídney y multimillonario propietario de los centros comerciales Westfield, llegó a lo más alto prometiendo modernidad y resultados. Una de sus primeras medidas fue la creación de una competencia totalmente profesional que reemplace a la ya obsoleta y poco popular National Soccer League. La A-League se miraría en el espejo de la Major League Soccer, con equipos/franquicias y jugadores de renombre internacional. 

Aunque el nuevo torneo tuvo un número reducido de clubes – y solo tres entidades de la NSL hicieron efectivamente la transición hacia la A-League (los restantes bajaron a las categorías estatales) -, algunos futbolistas ya tenían asegurada su fuente de trabajo. Pero Cardozo no era uno de ellos.

Por extraño que parezca, el atacante no fue considerado siquiera para integrarse a alguna de las ocho franquicias que dieron inicio formal a la nueva Primera División en agosto de 2005. Lejos de ser una cuestión futbolística (en su peor temporada en la NSL Cardozo marcó 9 goles) su omisión se trató de una cuestión política. Entre el fin de la National Soccer League y el comienzo de la A-League, Pabs se declaró en contra del tope salarial impuesto por la federación a todos los clubes. Pensada como una garantía de fair play financiero, para el delantero la medida suponía un ataque a los derechos laborales de los futbolistas. Sin lugar en la primera, Pablo Cardozo debió refugiarse en los campeonatos estatales y en la liga de Nueva Zelanda para continuar su carrera. Mas allá de alguna prueba durante la primera temporada del extinto Gold Coast United (2009 – 2012) lo cierto es que su nombre quedó vedado en la A-League.

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Juan Manuel D´Angelo
Changarín de la palabra, termo de la A-League. Una vez me insultó toda la comunidad croata de Melbourne.

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