lunes, 18 octubre, 2021
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En el grotesco mundo del fútbol, el individuo no lo es todo. Es, en ocasiones, nada. Lo último. Decía Ortega y Gasset que “yo soy yo y mis circunstancias“, y no pudo estar más acertado para definir, sin saberlo, el engranaje y el funcionamiento del fútbol europeo. La factoría de la que sale un futbolista es igual -o más, de mucho depende- de importante que el futbolista en sí. Sus aptitudes. El currículum que redactas con tus pasos, con tus pies, puede definir tu vida. Y que el Stuttgart sea tu primer paso en el fútbol de élite mundial, del contexto de las archicomentadas cinco grandes ligas, es el mejor sello de verificación y aptitud que puedes recibir. No en vano son la mejor cantera de Alemania, aportando alrededor de 60 futbolistas entre Bundesliga y 2. Bundesliga. Que te escojan es siempre una buena señal.

Por eso Ozan Kabak, que apenas estuvo 6 meses en la formación de Baden-Württemberg, pero que aprovechó ese tiempo y lo invirtió en sus propias acciones, ha subido como la espuma desde que un 17 de enero de 2019 aterrizara en el vestuario del Mercedes-Benz Arena y diera un golpe sobre la mesa de los grandes de Europa. Aunque su nombre ya lleva escrito en ella desde tiempo atrás.

 

 

Siempre activo, siempre moviéndose

Sus padres emigraron antes de su nacimiento desde la ciudad de Derik, en la región sureste de Anatolia, hacia Ankara, capital de Turquía, pues al padre le habían destinado allí como funcionario del Estado. Un 25 de marzo del año 2000 ve la luz del mundo y desarrolla su infancia en Silivri, un distrito que forma parte de la ciudad de Estambul, donde envían a su padre para dirigir una prisión, y en donde comienza a jugar al fútbol, siguiendo la progresión típica de un joven estudiante. Del patio de su colegio al fútbol amateur, por parte del Silivrispor, donde empieza a jugar de delantero centro, y del fútbol amateur a los prolegómenos del fútbol profesional, cuando el Galatasaray decide hacerse con sus servicios a los 11 años.

De los Leones, con los que únicamente fue regateado en 3 ocasiones en 13 partidos disputados, se mudó a Alemania en enero de 2019 por 6 millones y medio de euros. Donde acabó convirtiéndose, tras marcar un doblete como sus primeros goles como futbolista profesional ante el Hannover 96 el 3 de marzo de 2019, en el turco más joven, el central más joven y el 3º jugador del Stuttgart más joven en hacerlo en la Bundesliga. Llegando a promediar una intercepción, un robo de balón, cada 8 minutos (según Bundesliga.com). 

Esto provoca en ese momento, a pesar de haber disputado únicamente la mitad de la temporada -y ni eso, pues no alcanzaría los 17 partidos que suponen una primera o segunda vuelta completa-, que reciba la nominación y el posterior reconocimiento como “rookie” del curso, es decir, el mejor debutante de la categoría.

O que el Bayern München comience a mover los hilos para hacerse con él. Habrá contactos entre él y su agente, incluso conversaciones sobre su rol y papel en el equipo, pero finalmente lo acaba rechazando. Llegando el 30 de junio de 2019, a cambio de 15 millones, a un Schalke 04 que le ofrece la oportunidad de alcanzar un escalón intermedio, brillar en la zona tranquila de la competición, y granjearse entonces sí el escalón de jugador hecho para brillar en el siguiente nivel. Deja un equipo recién descendido como el Stuttgart para unirse a otro que, sin saberlo, acabaría estando en una situación similar, o incluso peor.

Porque si hay que ponerle atenuantes a las posibles críticas al nivel del joven turco estas últimas dos temporadas es que el contexto no le ha acompañado. A mediados de la 19/20 comenzaron la que acabaría siendo la segunda mayor racha de la historia de la Bundesliga sin ganar, y en la 20/21 se hundirán hasta las profundidades más insospechadas del pozo liguero alemán. Por ello, que el equipo en conjunto sea el que más goles ha encajado hasta el momento de su marcha a Inglaterra, con 49 en 19 partidos, y el que más tiros recibió por partido, con 17 de media, no es del todo culpa suya. Es algo de lo que no se le pueden eximir responsabilidades, pero que puede ayudar a entender el porqué de determinadas sensaciones o estadísticas individuales.

Algo de culpa tiene en el hecho de que el Schalke hubiera recibido 11 goles a balón parado hasta su marcha, pues son un tipo concreto de acción, al igual que los centros laterales, en los que no siempre cubre la zona más indispensable. Tiene la agilidad y la velocidad de reacción suficiente para corregir sus propios errores sobre la marcha, pero hay situaciones en las que no es suficiente y llega algo tarde -pudiendo incluso pecar en ocasiones de penaltis provocados en contra-. Esto, al igual que su impetuosidad a la hora de salir con el balón jugado, o en cuanto tiene que hacer una cobertura en ayuda defensiva a un compañero, son los puntos débiles más claros de Kabak, pero que sin duda serán fáciles de rectificar y superar, pues la materia prima del joven central es digna de la élite europea. Tal y como ya ha demostrado en las brillantes “noches europeas” de Budapest.

De sus tiempos como delantero centro en categorías inferiores amateurs en Turquía sigue guardando una gran capacidad para brillar por alto y marcar diferencias, tanto en ataque como en defensa. Por algo fue el 4º jugador de la Bundesliga esta temporada en duelos aéreos ganados, y es el 12º de la Premier desde su llegada. Tiene un trato de balón excepcional, y le gusta aventurarse en campo contrario conduciendo el balón y regateando a los rivales que se encuentre, completando el 89% de los pases que realiza cada partido. 

Para quien no le haya visto con asiduidad, su físico puede resultar extraño a simple vista y despertar dudas en los primeros movimientos que se vean de él. Aparenta ser un jugador un tanto tosco, podría incluso decirse que bruto, y que no posee la mayor agilidad o velocidad -que no es lo mismo- que podría esperarse, pero es un auténtico engaño. La verdad es que aunque la portada del libro aparenta una cosa, una vez se indaga en sus páginas la realidad es otra. A pesar de que se le vayan en el uno contra uno regateando tiene el físico suficiente para mantener la carrera y distancia con el jugador rival, y recuperar la posición. Al igual que puede pecar de tratar de abarcar demasiado campo en las ayudas a sus compañeros en defensa, lee correctamente las situaciones de transición defensiva, y suele tomar la mejor decisión de posicionamiento, cubriendo los huecos que puede llegar a ocupar el rival o sabiendo dónde colocarse en función a lo que decide su contrincante o su propio portero.

Todo esto, demostrado desde que aterrizó en el Liverpool, y en la Premier League. En los 9 partidos disputados con el conjunto Red, ya ha dejado la puerta a cero en 5 ocasiones, prácticamente igualando lo logrado con el Schalke en Bundesliga en el año y medio anterior. Junto a Nat Phillips, le ha dado a Jürgen Klopp los suficientes argumentos para volver a colocar a Fabinho en el centro del campo, y así el orden natural de las cosas ha vuelto a quedar establecido. El césped de Anfield ha respirado de alivio, tal y como han hecho todos y cada uno de los integrantes de la marea roja que inunda el globo terráqueo. Aunque haya traspiés en liga, y sonrojantes derrotas en competición continental, el escudo del Liverpool se va cosiendo poco a poco en la piel de Ozan Kabak, que entusiasma a propios y a extraños, y hace pensar que el precio pedido por el Schalke quizá es hasta “barato”, a largo plazo.

Por algo ha sido comparado con Sergio Ramos, y por algo idolatra a Virgil van Dijk, pues siempre ha sido un admirador de la Premier League. Tiene las condiciones justas y necesarias para convertirse en indiscutible en el lado rojo del río Mersey esta nueva década en la que hemos entrado. Como él mismo dijo en una entrevista en 2018, quiere convertirse en uno de los más grandes, y llegar a Merseyside ha sido el mejor primer paso para lograrlo. Ahora falta por ver si el grupo Fenway decide apretar el gatillo, o apostar por Ibrahima Konaté, central del Leipzig, este próximo mes de julio, pero hay una cosa que es evidente. Kabak está aprendiendo del mejor, para un día ocupar su lugar. O jugar de la mano con él.

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En el 2004 el baloncesto me abrió las puertas de la imaginación, y Manu Ginóbili fue quien se encargó de que nunca más se volvieran a cerrar. La velocidad con la que mis dedos teclean historias nunca ha menguado, y la pasión de revivir relatos de sudor y sacrificio es la motivación mas grande que mueve mi redacción. Soy alemán, español y gallego, sin orden, y desde 2012 vivo ligado al traqueteo de las teclas de mi ordenador.

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