lunes, 1 julio, 2019
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De 2017 a esta parte, Madagascar fue creciendo a pasos agigantados. De los seleccionados presentes en la Copa Africana de Naciones (CAN), los malgaches son los que empezaron primero su camino a Egipto. El tener uno de los rankings más bajos los llevó a tener que comenzar en la etapa preliminar de las Eliminatorias. Allí despacharon a Santo Tomé y Príncipe en una serie que no fue fácil.
Siguió el Grupo A y, de la mano del francés Nicolas Dupuis, clasificaron como segundos de Senegal y por delante de Guinea Ecuatorial y Sudán. Primera clasificación a una CAN y creciendo día a día, con jugadores como Faneva Andriatsima o Carolus Andriamatsinoro.
En los días previos a que la delegación malgache abandonara su país con destino a territorio egipcio, a muchos les extrañó ver a un hombre barbado, con el número 11 y Pedro en su dorsal, entre el grupo de jugadores de Madagascar. En el centro del campo, el Padre Pedro Opeka hizo tomar de las manos a toda la delegación con el objetivo de dar unas palabras de aliento de cara a la primera participación de los Bareas en una CAN.
El presidente, Andry Rajoelina, eligió al Padre Pedro para que diera la bendición final al seleccionado nacional para su experiencia en Egipto. Además, fue el acto oficial para que Rajoelina entregara a la Federación Malgache el cheque con los fondos para costear la estadía en suelo faraón.

Pedro Opeka es un religioso argentino que llegó a la isla en 1970 y con sólo 22 años. Pronto se interiorizó por la realidad de un país sumido en la pobreza. “Si están dispuestos a trabajar, yo los voy a ayudar”, dicen que dijo en una casucha de cartón cercana a las colinas de Ambohimahitsy, donde la gente vivía en viviendas próximas a un basurero municipal.
“Más de veinte mil personas viven en los cinco pueblos de la Asociación. Miles de chicos asisten a las escuelas y otros miles de personas trabajan en las distintas actividades de Akamasoa que van desde la explotación de canteras, fabricación de muebles y artesanías, hasta la prestación de  los servicios comunitarios: educación, salud, y mantenimiento. Cada pueblo cuenta con su dispensario y tienen un hospital. Asimismo, desde su fundación más de quinientas mil personas han pasado por su Centro de Acogida, donde reciben ayuda temporal y son encaminados a reorientar sus vidas”, contó en Valores Religiosos el escritor Jesús Silveyra.
En un documental llamado “El hombre que puede salvar al mundo”, Opeka llega a un campo de tierra de Madagascar y, de jean y zapatillas deportivas, se pone a jugar un partido con los jóvenes malgaches. Hace un gol y golpea sus manos con el joven que lo habilitó. “El fútbol me ha dado amigos en todo el mundo. Mis primeros amigos en Madagascar los hice con el fútbol”, afirma.
Mismos amigos que, seguramente, estarán muy felices por el triunfo del equipo de Dupuis en la última fecha del Grupo B sobre Nigeria -campeón en cinco ocasiones- para quedarse con la cima de la zona con 7 puntos.
Un 2-0 histórico para este grupo de jugadores que, como aquella gente que Opeka visitó en las colinas de Ambohimahitsy, estuvieron dispuestos a trabajar de la mano de Dupuis y siguen haciendo historia, ahora con el pase a los octavos de final.

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Francisco
Suipachero de nacimiento y amante del fútbol africano. Casi una década de periodismo con pasado en Diario Clarín y El Gráfico. Colaborador en Revista Don Julio y El Enganche. Apostando por un nuevo periodismo en The Line Breaker.

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